Un cumple de sorpresas, dos
Tenéis las palomitas preparadas, ¿no? Vale, así me gusta. Pues comencemos.
Hay quien piensa que los cumpleaños se deberían celebrar siempre el día que toca, quiero decir, que si va y cae en miércoles, pues ese día hay fiesta. Si te toca un lunes, pues un lunes y punto. Yo sin embargo opino que es bastante rentable celebrarlo otro día diferente, en fin de semana por ejemplo. Además de tener dos días especiales si lo organizas en sábado como yo viene mucha más gente y encima te puedes quedar hasta más tarde, ¡marcha, marcha!
Por segundo año consecutivo mi fiesta de cumpleaños se celebró después del día 23. Y por segundo año consecutivo he de decir que… ¡¡¡ fue todo un éxito !!! Que no lo digo yo, lo dicen muchos de los asistentes. Mi prima Maite, por ejemplo, dijo (y cito palabras textuales) que había sido “el mejor cumpleaños de toda su vida”. Y yo me alegro un montón, y mi mamá más, porque de eso se trataba, de que todos los asistentes lo pasaran genial.
Antes de seguir he de decir que la fiesta era en mi honor pero compartía protagonismo con mi primo Miguel que cumplió 7 años un día antes que yo. Él tuvo su propia tarta, pero no seré yo quién os la enseñe sino su mamimanitas (ya sabéis
). Aunque la verdad, a juzgar por al decoración que hizo mi mamá creo no tuvo muy en cuenta al pobre chiquillo. Pero bueno, me parece que tampoco le importó demasiado, él mientras hubiera tarta…
Ah sí, la decoración. Atentos porque al más puro estilo lluvia de estrellas el patio de mi abuelo se transformó en lo que dura la siesta de un niño de DOS años en… ¡¡¡LEOTOWN!!!
Flores de colores, conejitos, un árbol enorme, más flores (¡muchas más de las que se ven en la foto!) y globos naranjas adornaban el patio. Evidentemente el tema de la fiesta era Bunnytown, claro, mis segundos dibujos favoritos después de Baby Einstein. La cosa estuvo reñida entre conejilandia y Pocoyó, pero al final el niño de afuuuu perdió. He de decir que todo todito lo que veis (y que ahora decora las paredes de mi guarde) lo hizo mi mamá robándole horas a su sueño. Hay que ver lo que se saca de doce euros de cartulina de colores y unas ojeras, ¿eh? Ah, y de dos barras de pegamento, que dice que es la primera vez en su vida que acaba una antes de que se le seque. Menos mal que para colocarla la ayudó mi tita Lola, mucho más concertada en estas cosas. Ah, y mi papá, que repartió (e infló) todos los globos jjjjjanjjjjjas.
La que también robó muchas horas al sueño (y a la plancha) fue mi tita Teresa, nuestra explotada pastelera familiar. Ella elaboró mi tarta de conejitos, con mi héroe Súperconejito (con sus gafas a lo Rappel y todo) y el Rey Conejito presidiéndola. Otra (una más) auténtica obra de arte.
Muchísimas gracias tita por tu regalo. Creo que a este paso voy a tener que estar haciéndote mandados hasta el día del juicio final para compensarte. Como os he comentado mi primo Miguel también tenía su tarta pero para ver ésta y más detalles de la mía tendréis que pasar por su blog. Ah, y decid que vais de mi parte, así me gano más favores
Al principio quedé un poco impresionado con tanta flor, y eso que no soy alérgico, pero en cuanto me comí la primera patata frita todo cambió.
Y bueno, ya cuando empezaron a llegar los invitados con sus regalos… ¡más todavía! Hubo ropa que mi lindo palmito lucirá este invierno, coches, libros, DVDs de Sésamo, juguetes para la bañera, un triciclo de mis titos Alfonso y Ana y… ¡hasta un tractor! Increíble pero cierto, a mis DOS años de vida ya tengo un auténtico John Deere en el garaje. Mi abuelo me dijo hace tiempo que me lo compraría él pero mis primos se le adelantaron y yo, pues a ver, no le voy a hacer ascos, a tractor regalado… no le mires las ruedas. Ya sólo me faltan las olivas.
Además de estos juguetes mi mamá sacó mi tobogán, mis correpasillos, mi balancín y muchas pelotas, así que todos los niños nos entretuvimos un montón. Más aún cuando empezó a repartir globos con forma de flor made otra vez in mi tita Teresa y unos pomperos y todos nos pusimos a hacer pompas de jabón. Madre mía, aquello parecía como si le hubieran echado un bote de Fairy a la piscina (por cierto, también usada como juguete por algunos niños) y hubieran batido el agua a velocidad 3-5-7 progresiva, ¡qué de pompas! Mi amigo Francisco y yo también soplamos, ¿a que sí Fran?
Y qué hubiera sido de esta fiesta sin el megachino, porque después vino otra sorpresa, unos tubos lanzapapelitos brillantes que causaron una enorme sensación.
Menos mal que los tiramos en la calle (gracias Alfonso por barrer la puerta al día siguiente antes de que nos denunciara el Ayuntamiento) porque de haberlo hecho dentro aún estaríamos recogiendo papelitos del fondo de la piscina.
Y para terminar, como no, ¡piñata! Piñata a la española, claro, que no es tan chula como la de mi querida amiga Emma pero que de colofón a la fiesta nos va que ni pintado. Había chuches, globos y hasta pelotas amarillas que “sospechosamente” acabaron todas en las manos de mi primo Alejandro.
Después de tantas emociones y juegos, bailes y gusanitos estaba de lo más acalorado así que nada mejor que un buen remojón con agua para acabar la noche, ¡que la temperatura estaba por las nubes!
Bueno, y esta fue mi fiesta de segundo cumpleaños, ¿os ha gustado? Yo creo que estuvo genial y mereció la pena aunque todos (que son más bien todas) las que participaron en su organización acabaran exhaustas. Yo les sugeriría que para el próximo año empezaran a preparar la fiesta correspondiente en el mes de marzo más o menos, aunque igual los sandwich se custren un poquito… En cualquier caso…
¡¡¡gracias a todos los que participásteis en mi fiesta!!!









