Fin de curso
El pasado miércoles terminó oficialmente el curso en mi guarde. Han pasado once meses (que se dice pronto) desde aquel día del mes de septiembre en el que equipado con mi mochila de la vaca Connie y mi agrocamiseta conocía a los compañeros y la seño con los que compartiría tantas y tantas horas. Porque, para qué vamos a negarlo, he pasado en la guarde casi tanto tiempo como en mi propia casa. De ahí que en ella haya aprendido un montón de cosas que aún hoy sorprenden a mis papás.
Entré siendo un ex-bebé y he salido siendo un pro-niño. De comer triturado exclusivamente he pasado a sentarme solito a comer croquetas y tortilla de patatas (aunque a veces algunos niños me boicoteasen). De no saber sujetar una cera he pasado a decorar con bastante maestría una hoja en blanco. Aprendí a bailar, a llamar a mis compañeros, toqué la pandereta en Navidad y el tambor en Semana Santa y hasta me bañé en una picina. He tenido mis notas y mi propia actuación en la fiesta de fin de curso (y digo propia porque fui el único que dramaticé el papel
). Ha habido malos momentos, sí, como cuando apenas un mes después de empezar los mocos empezaron a campar a sus anchas entre todos nosotros (continuando así durante toooooodo el invierno) o como cuando llegué a casa señalado, pero bueno, prefiero quedarme con lo positivo. Me libré de la varicela cuando el resto de los niños andaban llenos de granitos, pobres, y también de un virus horrible que los llenó a todos de llagas en la boca. Debe ser que a mí sólo me afectan los mocos, y hasta voy a tener que dar gracias por ello y todo…
El año que viene me esperan más compañeros y una seño nueva. Lo de los compañeros no me importa porque ellos serán nuevos y yo tendré ventaja por mi antigüedad: ya conozco la comida, los juguetes, las clases… Pero lo de la seño… eso me mosquea y bastante. Sé que la que me toque será buena conmigo, porque ya las conozco a todas y siempre me tratan muy bien. Pero es que yo ya me había adaptado a mi seño Laura, que me quiere mucho y yo a ella. Ella sabe lo que más me gusta comer, sabe cuándo necesito un abrazo, sabe qué hacer para que no me enfade, incluso cuándo se acerca el momento de dejarle un regalito en el pañal. Es muy cariñosa, mucho, mucho, mucho, y aunque estará en la clase de al lado la extrañaré un montón. Snif.
¡Te echaré de menos Laura!


