Tapas
Pues resulta que como dice la canción, aquí no hay playa. Nada de olas, brisita, chiringuitos en la arena, palmeras… Aquí seguimos rodeados de olivos y, la verdad, tanto secano no es que refresque demasiado. Por eso tenemos que buscarnos métodos alternativos para combatir el calor. Durante el día lo mejor es ir ligerito de ropa, beber agua tita (fresquita), dormir la siesta con el aire acondicionado y bañarse en la piscina. O fuera de ella, que ya he comprobado que no hace falta zambullirse para acabar empapado.
Y por la noche, a la calle. Hay que ver cómo cambian las cosas de una estación para otra. En invierno a eso de las 9 de la noche ya estoy bañado, empijamado, cenado y buscando un chupe para ir a acostarme, mientras que en verano a esa misma hora es cuando salimos para ir al parque. Si vamos antes el tobogán quema, y ya lo que faltaba, que además de sufrir descargas eléctricas acabáramos con el culete achicharrado. Mis papás me llevan, dicen, para que juegue un rato y vea a mis amigos, aunque su verdadera intención es cansarme para que por la noche los deje dormir mejor. Sin embargo lo único que consiguen con tanto correr es abrirme el apetito. Hay quien diría que yo el apetito siempre lo tengo abierto, pero no hagáis caso de lo que dicen por ahí. Lo que pasa es que hay que aprovechar que en esta época del año abundan las terracitas y como en mi pueblo salir a tapear es deporte casi olímpico y yo soy un amante del deporte, pues no nos queda otra que sentarnos en una de ellas y tomarnos un algo fresquito con tapa que nos alivie el calor. Porque sí, hemos quedado que en mi pueblo no hay playa, pero también tenemos nuestros atractivos turísticos. Uno de los mejores son las tapas, esos aperitivos que se sirven (gratis) acompañando una bebida, aunque en mi caso como lo que me interesa es la comida diría que más bien es la bebida la que se sirve acompañando a la tapa. Sea como fuere el caso es que ellos se piden su cervecita y yo me como su tapa: picadillo, calamares, bombas, lomo con patatas, con huevo, con más lomo… ensaladilla rusa, brochetas de sepia, pinchos, hamburguesas, roscas de jamón… la variedad es enorme, os lo digo yo, que soy casi medalla de oro en tapeo.
El problema es que tanto comer da sed y cuando yo ya me he acabado mi botellita de agua y lo único que tengo a mano es la cervecita de los mayores pienso… pues si ellos se la beben tan rebién y se quedan tan agustito después, ¿por qué no le doy yo un traguito?
Nota para el defensor del menor: ¡era sin alcohol!

