Colores
Últimamente uno de mis juegos favoritos consiste en señalar el color de los objetos. Y digo objetos, no personas, que aunque también podría entretenerme diciendo lo canca (blanca) que está mi madre no creo que a ella le haga mucha gracia que le recuerde con mi sabiduría cromática que este año no ha pillado ni cacho de sol.
Ya sé que lo he comentado otras veces, pero para que quede claro diré que sé distinguir perfectamente el jojo (rojo), el janja (naranja), el veve (verde), el afuuu (azul) y el llillo (amarillo). Lo mejor para poner en práctica estos conocimientos son los coches. Cuando me siento en la puerta de la casa de mi abuelo o salgo a pasear con mis papás voy repasando cada uno que pasa y diciendo su color. Creo que podría ofrecer mis servicios a esos tipos de las estadísticas, por si necesitan saber cuál es el color favorito de los torreños a la hora de comprarse un coche…
Sin embargo en mis recientes nanovacaciones he descubierto una nueva forma de visualizar los colores, mucho más moderna, dinámica y divertida: unas súper-extra-mega-lámparas gigantes colocadas en mitad de un parque que iban cambiando de color, ¡qué chulería! Primero veve (mi favorito), luego afú, luego jojo… Y digo yo, ¿por qué no habrá esas cosas en el parque de mi pueblo? Mejor luces de colores que toboganes eléctricos, ¿no?

