Leo y Luca en nunca jamás

septiembre de 2010

Pupa

26 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

Me encanta abrir y cerrar cosas: armarios, cajones, puertas, ventanas… Aún no me lo he propuesto pero quizás incluso de mayor me dedique a abrir y cerrar negocios, una cosa que por lo que veo está muy de moda últimamente. Mi mamá, siempre intentando sacar provecho de mí, ya me ha dicho que si me voy a dedicar al mundo de los negocios mejor lo haga en el sector de la hostelería, y más concretamente de la hotelería, que ella lo que quiere es que abra un hotel, a ser posible en alguna zona costera con palmeras y chiringuitos varios y que le ponga una habitación para ella y mi papá, una suite de esas todo lujosa con servicio de habitaciones permanente. A mí la verdad es que la idea no me disgusta, lo del hotel digo. Otra cosa es eso de tener a mis padres siempre vigilándome…

De momento me conformo con abrir y cerrar otras cosas, aún arriesgándome a salir seriamente perjudicado con la entretenta. De hecho harto estoy de escuchar a los mayores advertirme de que me voy a pillar un dedo, una mano, un brazo o la cabeza. Leo deja ya la puerta… Leo deja ya la ventana… Leo que te vas a pillar alguna parte de tu cuerpo… Pero Leo ni caso. Y claro, al final tanto va el cántaro a la fuente que se rompe.

Me pillé un dedo. Sí, me hice mucha pupa. Y lloré, lloré un montón cuando vi que mi uña se ponía de un color morado intenso. Que yo no quería manicura ni nada de eso, que no soy una niña de las de mi guarde. Yo sólo quería jugar a abrir y cerrar la puerta y asustar a mis papás y a mi abuelo. Pero no, la diversión acabó de la peor de las maneras posibles, bruscamente y con resultado lesivo en mi pequeño y delicado dedito, el que frió el huevo.

Debería decir que desde entonces no he vuelto a jugar a abrir y cerrar los elementos de la casa pero la verdad es que eso no es del todo cierto. Y es que me gusta el riesgo, qué le vamos a hacer. A ver si te piensas mamá que lo del negocio hotelero no tiene también los suyos, ¿eh? Vale que quizás no acabe dañado físicamente pero igual económicamente acabo con mucha pupita.

Mi uña está recuperándose y… ¿cómo se llama esa parte desde donde nace? Mmmmm, ni idea. Bueno, no importa, que desde esa parte donde nace ya me está saliendo con su color habitual. Quién sabe, puede que para navidad el color morado haya pasado a la historia.

Un pinche de lujo

21 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

De sobra es conocida mi afición por la buena mesa. Y cuando digo buena me refiero a la calidad, por supuesto, pero también a la cantidad. A mí no me va esa cocina moderna de deconstrucción en las que todo es plato y casi hay que hacer un máster para saber lo que uno está comiendo. Yo me decanto más por lo tradicional, y si es un pucherito, mejor que mejor. Un cocido, unas lentejas, un potaje de acelgas, un buen arroz con verduras… eso sí que son comidas, las que te dejan el pecho como una tabla.

Pero este amor va más allá de sentarse cuchara en mano, que uno también tiene inquietudes y le interesa todo ese proceso en el que unas patatas, unas verduritas y unas legumbres se convierten en esos deliciosos platos. Por eso cada vez que veo a alguien cocinando, cada vez que veo una olla o una sarten me emociono y grito ¡¡¡comeeeeeeeer!!! A ver, no es que en ese momento esté exigiendo que me pongan el babero y me sienten a la mesa, lo que realmente quiero decir es ¡¡¡cógeme en brazos que quiero ver lo que hay en esa olla para comer!!! Mamá dice que soy un cocinillas, y creo que eso le gusta. Por eso cuando el otro día insistí en ayudarla a preparar un rico arroz no le importó demasiado y a pesar de que no tenía un delantal de mi tamaño me sentó a su lado, retiró cuchillos y demás herramientas peligrosas y me puso delante unas cuantas judías verdes para que las partiera, cosa que evidentemente hice a la perfección ( :P ).

Luego me encomendó una tarea un poquito más complicada: cortar unas hojitas de perejil, echarlas en un mortero y machacar, machacar y machacar.

Lo malo es que la diversión acabó cuando hubo que encender el fuego y aquello empezó a hacer el chuf, chuf que tanto me gusta. Menos mal que la retomamos un par de horitas después, como no, ¡en la mesa!

Cada cosa por su nombre

18 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

La gente que pasa conmigo mucho tiempo apenas nota mis cambios. Es cuando llega alguien a quien no veo desde hace tiempo, digamos dos o tres semanas, cuando les llama la atención lo que he crecido o he aprendido. Eso ha pasado con mis seños de la guarde, por ejemplo, que se han quedado muy sorprendidas de lo que he evolucionado en el tema del lenguaje desde el pasado mes de julio, cuando empezaba a defenderme en esto de la lengua de Cervantes.

Mis papás dicen que estoy hecho un loro, que todo lo repito. Y además, añado yo, uno de los listos, que a veces es suficiente que me digan el nombre de algo una sóla vez para que yo lo aprenda de inmediato. Eso pasó con los quad, esas motos raras de cuatro ruedas. Un día paseando con mi tita Lola vimos uno y ella me dijo, mira Leo, ¡un quad! En ese momento mis frescas neuronas asimilaron el nombre y ya aquella tarde y desde entonces cuando volvimos a ver uno yo dije recordando lo aprendido: ¡quad! Bueno, más bien suena como si llamara a un pato, cua, cua, pero lo importante es que sé lo que es. Y como esta, muchas, muchas más. Reconozco y llamo a las ansias (ambulancias), las ijas (lagartijas), las oscas (moscas) o las vacas (vaca, claro). Sé lo que es una teta (eeeeeh, ¡una trompeta!), me gusta oír las tanas (campanas) salir a la alle (calle) e ir al caque (parque). Mis papás están muy orgullosos de mis progresos y se sorprenden un montón con cada palabra nueva que aprendo. Lo que no les gusta demasiado es la confianza que me he tomado con ellos, y es que mamá ya no es mamá, sino Sé. Y papá ha dejado de ser papá, que ahora es Gali. Y así voy por toda la casa: Seeeeeeeeeeeeeeeeé… Gaaaaaaaliiiiiiiiiiii… Hasta he descubierto que ambos comparten un apellido: queeeeeeeeeeeeé. Lo sé porque cada vez que los llamo ellos me dicen: queeeeeeeeeeeeé, y claro, yo he deducido que ese debe ser su apellido de casados. Así que a veces el Seeeeeeeeeeeeeeeeé y el Gaaaaaaaliiiiiiiiiiii se convierten en Seeeeeeeeeeeeeeeeé queeeeeeeeeeeeé y Gaaaaaaaliiiiiiiiiiii queeeeeeeeeeeeé. Así, todo seguido.

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Notaréis que el escenario del vídeo es clavadito al del anterior post. La razón es que últimamente no soporto la manía persecutoria de la cámara de mamá (¿o es directamente de mamá?) y cada vez que la veo (a la cámara o a ella. O a ambas, creo que son una sóla) salgo huyendo. Así que se aprovechó (el támdem cámara-mamá) de que estaba bien atadito y sin nada a mano que me dispersara para que demostrara mis amplios conocimientos. Explotadora…

El tamaño sí importa

15 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

Porque no es lo mismo un autobús, que es gaaaaaaaaaaaaande, que una hormiga que es queeeeeeeeeeeeeña, aunque la hormiga sea capaz de levantar no sé cuántas veces su peso…

Yo soy un tío gaaaaaaaaaaaaande, aunque a veces mi modestia sea muy queeeeeeeeeeeeeña ;)

De feria

10 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

Como cada mes de septiembre, y yo ya llevo tres, se celebran en mi pueblo las fiestas patronales. Que digo yo, ya las podían haber puesto en agosto que tengo vacaciones, porque esto de compaginar trabajo y diversión es un rollo. Que yo sigo con mi periodo de adpatación en la guarde y no me libro de ir ningún día, así que no puedo trasnochar ni nada de eso. Aunque bueno, casi mejor, que hay niños que “se” acuestan a las tantas y luego al día siguiente se tiran las dos horas de rigor llorando como magdalenas, claro, si es que están reventados. Y yo los veo y pienso, jo, pues vaya, si al final tendré que agradecer a mis papás su puntito de responsabilidad…

Así que nuestra feria está siendo más bien de tipo diurno. Mis papás dicen que mejor así, que ya tendré tiempo de acostarme a las mil, de levantarme a las mil catorce y de pasarme el día en la calle con mi grupo de amigos hidratándome con cosas que ahora no puedo ni oler. Desde luego, menudo concepto tienen de mí, ni que yo fuera por ahí agarrándome a los barriles de cerveza…

Pero a ver, si es que es lo que hace la gente estos días, que yo lo veo con mis bonitos ojos marrones, comer y beber, y comer más y beber más. Bueno, e ir a los encierros. Y lo que es más sorprendente, que las tres cosas se pueden hacer al mismo tiempo. Ya el año pasado hice una crónica completita de mis visitas al toro de fuego, así que no lo vuelvo a repetir, si el Ayuntamiento quiere más propaganda que me pague. Este año, sin embargo, he descubierto que además de cornudos de metal también los hay de verdad. Y menudo poder de convocatoria tienen los animalitos. Nunca imaginé que una vaca fuera capaz de reunir a tanta gente. Pobre, ella sóla frente a un pueblo entero, me ha dado un poco de penita. Pero bueno, al menos sé que últimamente cuidan mucho de que no las maltraten.

Y como de los errores se aprende, este año mis papás me llevaron bien lejos para ver los fuegos artificiales. Es más, ¡ni siquiera salimos de coche! Fue estupendo porque estábamos sentados, calentitos (que menudo frío hacía esa noche) y apenas escuchábamos el estruendo. Vi todas las luces en el cielo y no me asusté nada de nada porque ya soy un tío grande. Aunque eso sí, para luces chulas las de mi palo luminoso, mi adquisición estrella esta feria al módico precio de un euro. Tiene tres modos diferentes, a cuál más mareante según mi mamá, que yo ya he aprendido a controlar. Jejeje, ¡me encanta este chisme!

Mi mamá sigue pensando que las ferias ya no son lo que eran pero yo creo que es ella que ya está mayor. En mi opinión no están mal, aunque bueno, para comprobarlo in situ os invito a las del año que viene ;)

Domingo de motor

06 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

Nada, que no hay manera de poner a estos dos de acuerdo. La una que si el tenis y el otro que si el motor. Así llevan desde hace dos años, y claro, yo como aún no soy capaz de decantarme por ninguno de ellos he decidido ser ecuánime en mis post. Y si el anterior, a pie de pista, se lo dediqué a ella, este va por él, vaya que luego se mosqueé y sólo me deje con mi herencia legítima.

Ya lo he dicho por activa y por pasiva, que mi papá quiere que sea piloto, preferentemente de motos aunque tampoco le importaría que condujese fórmulas uno o coches de rallyes. Y si mi mamá se empeña en llevarme a la pista de tenis para conseguir su objetivo de convertirme en el rey de la ATP, él basa su estrategia en sentarme a su lado los domingos por la mañana que hay carreras y comentarlas como si trabajara para Eurosport. Sin embargo y apremiado por los últimos movimientos de mi mamá, ayer dio un paso más y aprovechando que aquí en mi pueblo se celebraba un campeonato de coches de radiocontrol pasó a la acción directa. No era Jerez, ni Cheste, pero bueno, para entrar en contacto con el mundillo de la gasolina y las ruedas no estuvo mal la cosa. Al principio me asusté un poco porque, creedme, el ruido que hacían esos chismes era inversamente proporcional a su tamaño, pero luego, después de verlos volar por la tierra del antiguo vertedero municipal (¡genial idea la de reconvertirlo en circuito!) me enganché de lleno y si no hubiera sido porque no teníamos entrada vip para el pit lane y nos tocó quedarnos en la pelouse allí me hubiera quedado hasta saber el ganador del campeonato.

Desde el Club de Radiocontrol de mi pueblo ya han tentado a mi papá para hacerse socio, pero vamos, él lo más teledirigido que tiene es el coche de Fernando Alonso que mi mamá le regaló una vez, y eso no creo que lo admitan. Así que me parece a mí que seguiremos disfrutando del motor sólo por la tele ;)

El rey de la pista

04 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

Mi mamá lo tiene claro desde hace mucho tiempo, mucho antes incluso de que yo naciera. Aunque a mí me encantaría ser reponedor o camionero, profesiones tan dignas como cualquier otra, ella planea otro futuro para mí. Y lo hace en secreto, aunque a veces sus ganas pueden más que su silencio y lo deja caer como el que no quiere la cosa. De hecho ya lo comenté aquí cuando apenas tenía cuatro meses: ella quiere que sea tenista, pero no uno cualquiera, no, uno como Rafa Nadal, fuerte, potente, atlético… ¡y con mucha pasta!

Pero yo no lo tengo tan claro, porque para tener un brazo como el del tipo este, que seguro es capaz de partir almendras con el bíceps, tendría que entrenar mucho, mucho y mucho elevado a infinito. Me perdería mis tardes de parque, mis ratos de televisión educativa, mis excitantes salidas a Carrefour… Lo de la dieta hiperproteica no sería problema, que a mí lo de comer se me da bastante bien. Aunque igual me suprimirían los gusanitos y las pajitas y eso no, eso es intolerable. Tampoco me importaría viajar como él, pero eso sí, mis papás tendrían que venir siempre conmigo. Pobres, a ver si de esa manera no les caduca el pasaporte sin un sólo sello en él…

Yo de momento y por si acaso veo al tal Rafa por la tele, así voy asimilando conceptos por si mi mamá se pone demasiado pesada y al final acabo haciéndole caso. Que si un revés, que si un ace, que si iguales… He de reconocer que al final estoy empezando a cogerle gustillo a este deporte y al chico del brazo de oro. Tanto, que lo animo a grito pelado: Faaaaaaaafa, Faaaaaaaafa. Y más todavía, que me da igual que sean los chicos del fútbol, o los del baloncesto, o los de la natación, para mí cualquier deportista se anima al grito de Faaaaaaaafa, Faaaaaaaafa.

En este vídeo lo demuestro y de paso muestro mis dotes de baile, magistrales. Ya soy el rey de la pista de baile, ¿seré pronto el rey de la pista de tenis?

Y una última cosa, lo que os decía, que a veces a mi madre le ciegan las ganas y… ¡mirad donde me lleva para ver si se me pega algo!

Tenis

Ultimo primer día de guarde

01 de septiembre de 2010 en La vida de Leo

Dice el refrán que hasta lo bueno cansa si es en mucha abundancia. Y aunque yo hay veces que confío plenamente en el refranero español por su sabiduría y veracidad contrastada esta vez he de decir que… ¡y una porra!

Que vamos a ver, ¿quién se cansa de levantarse a la hora que le dé la gana? Aunque esa hora sean las 8 de la mañana y en agosto eso no esté bien visto, pero si es cuando has terminado de dormir, ¿qué importa? ¿Y qué tiene de malo salir todas las mañanas a pasear y a jugar debajo de los árboles? ¿O bañarse en la piscina cuando a uno le apetezca? ¿O dormir a pierna suelta la siesta con el aire acondicionado? ¿Por qué habría yo de cansarme de salir tarde al parque y de cenar en las terracitas? No, definitivamente el que ideó ese refrán no tenía ni idea de lo que eran las vacaciones. Y por supuesto nunca debió vivir la vuelta al cole.

Entendedme, no es que volver a clase sea malo, pero… sinceramente, es un rollo. Uno que ya se había hecho a la buena vida estival y hala, ahora otra vez a madrugar y a estar un montón de horas lejos de mamá, y de papá, y del abuelo, y de todos los que me han cuidado el último mes. De nuevo a tener que compartir los juguetes con los otros niños, a pelearme por una silla a la hora de comer… jo. La verdad es que ayer ya empecé a olerme algo, cuando mamá haciendo uso de sus escasos conocimientos de bordado y sin pincharse ni una sóla vez le puso el nombre a mi nuevo uniforme que yo, pensando que sería para estar por casa, me probé encantado:

Uniforme

Pero no, el logo en el bolsillo que dice “Guardería Municipal de Torreperogil” me lo dejó bastante claro, que resulta que el babi en cuestión era para asistir ahí, a la guarde. Y allí que hemos ido esta mañana. He de decir que no me ha sentado nada bien, incluso he llorado un poco, aunque al ratito cuando he visto a mis amigos, a las seños y a las cocineras me he olvidado de las lágrimas. Además, hay un montón de niños nuevos y hay que darles ejemplo de comportamiento responsable y buena impresión.

Este será mi último año en la guardería, ¿os lo podéis creer? ¡Si parece que fue ayer cuando fui por primera vez a punto de cumplir los seis meses! Ahora ya soy todo un veterano de la clase de los mayores y este curso me licenciaré con honores, faltaría más. Creo que me esperan un montón de actividades, incluso una excursión, lo cual hace un poquito más pasable el trago de dejar atrás el veranito y sus placeres. Será un año intenso en el que, oooooootra vez, me acompañará mi inseparable mochila de la vaca Connie ;)

Último primer día de guarde

Nota: ¿Alguien ha notado alguna diferencia entre las dos fotos? Digamos… ¿en cuanto a la longitud de mi pelo? Sí, mamá pensó que sería buena idea empezar el curso con nuevo look y me llevó derechito a la tortura de la peluquería. Vale que ya parecía Jack Nicholson en “El Resplandor”, pero ¿y qué? Ay, con lo bonitos que eran mis rizos alocados…

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