Leo y Luca en nunca jamás

octubre de 2010

Importando tradiciones

31 de octubre de 2010 en La vida de Leo

En España somos unos fiesteros. Sí, es así, tenemos la fama y además cardamos la lana. Prueba de ello es que hemos patentado el puente, que es cuando una fiesta cae en martes, por ejemplo, y tú vas y te coges también el lunes. Yendo más lejos, somos los creadores del acueducto, que es cuando una fiesta cae en miércoles y casualmente te pones malo el lunes y el martes. No hay mes que no haya un día de fiesta, y más si ese mes es diciembre, con un total de tres días de descanso nacional. Y en los primeros seis días de enero, otras dos. Así da gusto, ¿verdad?

Sin embargo parece que no tenemos suficiente con nuestras propias fiestas nacionales que ahora estamos importando las de otros países. Vale que aún no son oficiales, pero a juzgar por la cantidad de gente que las celebra poco tardarán en aparecer en el BOE. Es el caso de Halloween, esa tradición del miedo llena de calabazas que hace que los niños se disfracen de fantasmas, monstruos o brujas y vayan pidiendo caramelos por la calle. A mí la verdad es que no me parece una mala idea esto de halloweenear, es divertido, pero como dice mi mamá, siempre que también se respeten nuestras tradiciones. En nuestro caso la más importante el 1 de noviembre es la de hacer gachas dulces y comérnoslas. Antes, en la prehistoria por lo menos, por lo visto los niños se dedicaban la noche del día 1 a echar este postre altamente pegajoso en las cerraduras de las puertas de las casas. Vaya tela, y luego dicen que si los chiquillos de ahora somos cafres…

En fin, el caso es que como muestra de esta mezcla de culturas que a los más peques nos está tocando vivir, y porque no podía resistirse, la verdad, mi mamá me compró un pijama de Halloween que yo luzco todo entusiasmado. ¿Verdad que me queda bien?

Por cierto, si queréis ver las galletas especiales que mi tita Teresa ha hecho para celebrar este día no dejéis de pasaros por su blog.

No podía ser de otra forma, yo me comí la de esqueleto ;)

A toda velocidad

27 de octubre de 2010 en La vida de Leo

Tengo un apéndice. Y no me refiero a la cosa esa del intestino ciego que no sirve para nada más que para que te la quiten cuando se te inflama. Me refiero a un algo añadido a mí, un algo que ya casi, casi forma parte de mi anatomía.

Se trata de un correpasillos que me regalaron en mi primer cumpleaños, aunque bueno, yo cariñosamente lo llamo cooooooche. El chisme en cuestión estuvo olvidado en casa de mi abuelo práticamente desde aquél día. Muchos os preguntaréis por qué allí y no en mi casa. Bueno, es que mi mamá aprovecha que la casa de mi abuelo es mucho más grande que la nuestra para usarla como trastero, armario ropero, garaje o lo que haga falta. Por eso mis juguetes más trastos siempre acaban allí. En fin, a lo que iba. Que resulta que el pobre correpasillos pasó el invierno dejado de la mano de Dios en el patio, a la intemperie, pasando frío, aguantando todo el agua que cayó, incluso la nieve. Muy mal hecho, lo sé, que los juguetes hay que cuidarlos, pero es que ahí se quedó… y ahí se quedó. Se le cayeron todas sus pegatinas y se estropeó un poco, pero eso no fue inconveniente para que hace unos meses lo redescubriera y lo convirtiera en mi mejor amigo. Desde entonces cooooooche y yo somos inseparables. Quiero ir con él a todos sitios, incluso me empeño en subirlo al tobogán conmigo, o al columpio. Si por mi fuera hasta subiría con él las escaleras hasta llegar a casa (un 2º…). Lo busco, lo llamo, cooooooche…

Lo mejor de todo es que tengo un vicio con él ya… menudas velocidades cojo. Acelero, acelero y acelero y cuando veo que ya he alcanzado la velocidad máxima permitida por la ley de circulación de correpasillos levanto las piernas para dejarme llevar. Es muy divertido. Mi papá, como buen aficionado al mundo del motor, me dijo que casi más importante que saber correr es saber frenar, así que yo he tomado buena nota y sé cuándo hay que hacerlo y cómo: volviendo a poner los pies sobre el suelo y haciendo fuerza con ellos.

No me lo dice, pero creo que mi mamá empieza a estar un poquito harta de mi vehículo especial, que dice que ya lo quiero más que a ella y que a este paso la arruinaré gastando zapatos. Hoy ha insinuado no sé qué de quemarlo, pero no creo que se atreva. O sí…

Uy, por poquitas le quito una pensión a Zapatero…

Planes sencillos

24 de octubre de 2010 en La vida de Leo

A veces no es necesario tener un plan espectacular para pasárselo en grande.

Esta frase, que igual resulta un poco lapidaria, es toda una filosofía en nuestra pequeña familia. A ver, si es que no nos queda otro remedio, digo yo. La semana suele transcurrir casi siempre igual: por la mañana mis papás se van a trabajar mientras yo me quedo en la guarde. Por la tarde paso mi tiempo entre el abuelo y mi mamá hasta que llega mi papá, momento en el que los tres nos vamos a casa para seguir con nuestra rutina de baño, cena, chupe y a mimir.

Cuando llega el fin de semana siempre pensamos en hacer muchas cosas pero al final entre todas las tareas que hay que hacer en casa, en las que yo por supuesto colaboro (quizás más desayudando que otra cosa ;) ) y las pocas ganas que tiene mi mamá de hacer más kilómetros casi siempre acabamos sin movernos de casa (entiéndase casa como “pueblo”, que cualquiera me tiene a mí encerrado 48 horas en casa “hogar”). De modo que al final nuestra salida más excitante es a hacer la compra de la semana, que bueno, no está mal del todo porque puedo correr por los pasillos del centro comercial y coger todo lo que mi mamá me deja coger.

Ayer, sin embargo, como hacía muy buena tarde, mis papás decidieron llevarme a un parque enorme que hay aquí donde los vecinos de Úbeda. Que yo he llegado a la triste conclusión de que el tamaño, cantidad y calidad de los parques va en proporción con el tamaño del sitio en el que vives. Y como mi pueblo es pequeño, pues sus parques tristemente también. Pero bueno, descubrí este que está cerquita y que me encantó porque tiene un montón de columpios en los que pasar un rato muy divertido. Corrí, salté, me tiré por un tobogán, por dos, por tres… crucé una red en la que cada dos por tres metía el pie (que risa, ¿verdad papá?), jugué con las chinas… Tan bien me lo pasé que no quería irme de allí y mis papás tuvieron que sacarme llorando, con la promesa eso sí de volver otro día.

Lo bueno es que el berrinche se me pasó cuando llegamos al centro comercial y descubrí que allí ya huele a Navidad. En las estanterías había un montón de juguetes que yo, faltaría más, me dipuse a probar, ya sabéis, para luego tenerlo bien claro a la hora de escribir la carta a los Reyes Magos.  Más de media hora estuve con mamá en el pasillo de los juguetes de preescolar. Algunos ya los conozco del año pasado pero como cada temporada hay novedades. La que más me impresionó fue una muñeca de Dora, Dora, Dora la Exploradora que bailaba como si la hubiera poseído la niña esa del Exorcista. Vamos, que no me explico cómo no se le ha salido la cadera de plástico ya a la pobre. Más aún después de lo que yo la hice bailar. Una vez, y otra, y otra… ¡a todas!

En fin, que lo que quería decir es que quizás no hagamos grandes cosas estos que viven conmigo y yo, pero bueno, que aún así…¡nos lo pasamos muy bien juntos!

Sin malos humos

21 de octubre de 2010 en La vida de Leo

Hoy escribo este post por delegación, aunque más bien debería decir por obligación.

Todo surgió de esta conversación:

Mamá: Venga Leo, ya estás cogiendo el ordenador y sentándote a escribir en el blog tuyo ese sobre un hecho histórico que cambiará el rumbo de nuestras vidas.
Yo: No fastidies mamá, ¿se ha encontrado agua en la luna? ¿han descubierto el remedio definitivo para combatir los mocos? ¿a partir de ahora los billetes del monopoly valdrán como moneda de cambio oficial?
Mamá: No hijo, nada de eso pero… ¡a partir del año que viene no se podrá fumar en los locales cerrados, ni en los parques infantiles, ni (casi) en ningún sitio que no sea la casa de uno!
Yo: Ah, pues vale. ¿Escribo entonces sobre eso, mami?
Mamá: ¡Por supuesto!

Así que aquí estoy, cumpliendo órdenes. Me he informado del tema y resulta que los señores políticos de este país por una vez se han puesto de acuerdo en algo (lo que significa que SI pueden hacerlo) y han decidido eso, que a partir del año que viene el fumar se va a acabar. A ver, que yo respeto a la gente que lo hace, peeeeeeeeero, resulta que también hay que respetar a los que no lo hacemos, incluidos los niños como yo y los papás como los míos.

A nosotros nos gusta salir de vez en cuando. En mi pueblo, como ya conté por aquí, hay un montón de bares donde ponen unas tapitas deliciosas que yo, amante del buen comer, disfruto un montón. El problema está en que sólo puedo hacerlo en veranito cuando ponen las terrazas al aire libre. Llegado el frío sólo se puede estar dentro donde a veces el humo del tabaco podría servirse en raciones dobles. Y como comprenderéis no es el ambiente más adecuado para mis jóvenes pulmones. Dicen que los jamones que tienen colgados en muchos bares, o el embutido, o los quesos son curados, pero no, yo diría que más bien están ahumados. Y no exagero cuando digo que las cajas de las pizzas que los viernes pedimos para cenar apestan a tabaco. Por eso estoy contento, porque a partir de ahora podré ir a bares, restaurantes y cafeterías sin miedo a salir oliendo como un cenicero.

Sé que este post no será del agrado de todo el mundo, pero tenía que escribirlo. Porque sí, porque bastante contaminado está ya nuestro mundo (políticos, ¿os ponéis de acuerdo para esto también?) como para contaminar también nuestros lugares de ocio. Aquí los de esta casa queremos que sean espacios donde se pueda respirar aire limpio y sano, que no hay que olvidar que el tabaco hace mucha pupa.

He dicho.

Uno, tres, ocho . . .

19 de octubre de 2010 en La vida de Leo

Ultimamente parece que es mucho más importante saber de números que de letras. Lo sé porque uno se cosca de todo y no hay más que ver las noticias de la tele para darse cuenta de que allí de lo único de lo que se habla es de cifras, cifras y más cifras: que si el IPC, que si el PIB, que si el Euribor… Yo es que con la que está cayendo ya me he hecho un experto en macroeconomía mundial. Y he llegado a la conclusión de que quizás si la gente se interesase más por las letras y menos por los números es posible que nos fuera un poquito mejor… Es sólo una idea mía, no sé.

El problema está en que si quieres moverte por el mundo con soltura tienes que saber de todo, incluido de números. A ver, que no quiero desmerecer su importancia, que la tienen. Si no… ¿cómo iba yo a llamar por teléfono a mis amigos si no me sé su número? ¿ O cómo iba a darles mi dirección si sólo sé el nombre de la calle? Peor es que vayas a comprar gusanitos e intenten engañarte con el cambio, que hay mucho espabilao suelto por ahí. No, no, hay que saber contar.

Yo ya me he puesto manos a la obra y aunque a veces coloco el cuatro después del dos y el cinco después del ocho empiezo a dominar el asunto.

El de las letras comprenderéis que con la verborrea que demuestro en este mi blog lo tengo superado, ¿no? ;)

El primero de la temporada

17 de octubre de 2010 en La vida de Leo

Hay muchos mitos entorno a los niños. Como ese que dice que si un día apenas duermes y juegas mucho para cansarte más dormirás del tirón toda la noche. Falso, que puede que la madrugada sea animada y te la pases de jarana para disgusto de tus papás. O ese otro, el que dice que si te cortan el pelo te sale mucho más fuerte. Mentira, sino con tres esquilados a mis espaldadas yo ya debería tener la melena de Sansón y no.

Uno de mis favoritos, pero por la risa que me da no por otra cosa, tiene que ver con los virus. Hartico estoy de escuchar a todo el mundo decir que cuantos más cojas más te inmunizas y así conforme te haces mayor te vas poniendo menos veces malo. Y una miércoles frita. Para ejemplo, yo, que ya he pillado todo lo habido y por haber gracias a mi estancia desde los seis meses en la guardería y aquí sigo, cogiendo todo bicho que se me pone por delante. Que tengo un trancazo encima que pa qué, el número no-sé-cuántos-mil de mi corta pero intensa vida. Y que no me vengan ahora a decir que es que seguramente el virus que lo provoca ha mutado y no es el que había derrotado antes porque no me lo creo, que los resfriados son resfriados los mires por donde los mires.

Tengo mocos para dar y regalar, tantos que la convención de caracoles se queda corta y esto ya es más bien un congreso interplanetario de babosas. Vuelta a los lavados nasales y al pañuelillo de tela. Y si la cosa se queda ahí no está mal del todo, que lo peor es cuando los malditos empiezan a expandirse hacia la garganta y el oído. Ahí es cuando me veo yendo al pediatra a por el bote de Augmentine.

El otoño acaba de empezar como aquél que dice y yo ya tengo mi primer gran resfriado. A un ritmo (siendo optimista) de un resfriado por mes hasta mayo calculo que me quedan siete más. Una media de seis días chungos, tres de transición y cuatro para la mejoría definitiva hacen un total de trece días convaleciente por mes, lo que supone 91 días de enfermedad hasta la primavera.

Y tras este brillante pero desmoralizador pronóstico, sólo me queda una cosa por decir,

¡¡¡Socorroooooooooooooooo!!!

En el excusado

13 de octubre de 2010 en La vida de Leo

Imaginemos a una persona muy glamurosa. Un poner, la Leti, toda fina y delicada, siempre perfectamente vestida para cada ocasión (es lo que dice mi mami, no es que yo sea un entendido en estas cosas…). O en el caso masculino, al tipo ese de los cafeses, el tal Clooney, cuando va a la gala de los Oscars enfundado en su impecable traje de Armani que le sienta taaaaaaaaaaaaan bien (es lo que dice mi mami, no es que yo sea un entendido en estas cosas…). Esta gente es todo elegancia y saber estar, todo educación y buenas maneras. Vamos, que pareciera que esta gente no tuviera culo y no lo usara para lo que lo usamos todos. Pero sí, aquí el que más y el que menos tiene sus “momentos Roca” y… ¡hace caca! Y su caca será más o menos frecuente, consistente y pestosa, pero lo que está claro es que haberla hayla.

Yo no niego que soy un pequeño cagoncete, pero es que ya lo dice el refrán, así come el mulo así caga el culo. Hoy sin ir más lejos he regalado al mundo cinco deposiciones ni más ni menos, y sin virus de por medio: una para la guarde y cuatro para mamá. Creo que ella no está muy contenta con la proporción y siempre me insiste, como hacía mi tita Teresa con mis primos, en que la caca se hace en la guarde, no en casa. Pero es que hay un problema, y es que necesito mi excusado particular para poder concentrarme en la tarea en cuestión. Sí, como todo hijo de vecino.

Yo aún llevo pañal. Para mí es más cómodo porque con esta frecuencia me pasaría el día en el w.c. y así puedo hacerlo dónde y cuándo me apetezca. El cuándo puede ser en cualquier momento, y no necesariamente después de comer que es cuando a uno se le mueven los intestinos. Y el dónde… pues está claro, debajo de la mesa. Hay quien se encierra en su baño, coje un libro o una revista y hala. Pero el lugar ideal para mí, el que me da más intimidad, es debajo de la mesa porque me escondo bajo las faldillas donde nadie puede verme apretar y me concentro. Creo que los mayores ya han descubierto mi predilección por este sitio y en cuanto me ven llegar corriendo desde cualquier rincón de la casa y esconderme empiezan a preparar el material para la descontaminación.

Quizás la gente “importante” haga sus necesidades fina y limpiamente y no se escondan debajo de una mesa como yo. A mí la verdad es que no me importa dónde lo hagan, sino que lo hacen. Que aunque intenten disimularlo pero…¡todos ponemos el huevo!

El arte es así

10 de octubre de 2010 en La vida de Leo

La primera borrasca del otoño ya está aquí y eso para un culillo inquieto amante del aire libre como yo es una mala noticia. Que los hombres del campo no opinarán igual, que este agüita les viene muy bien para que las aceitunas se pongan hermosas y tengan una buena cosecha, pero ya se sabe lo que dice el refrán, nunca llueve a gusto de todos. Y a mí el agua, para qué negarlo, me gusta en la piscina o la bañera, como mucho en el vaso, pero eso de verla caer del cielo… no, no me gusta porque me limita muy mucho mi actividad favorita, que es salir a la calle a pasear a jugar o a ver los coches y camiones. Y lo peor es que el otoño no ha hecho más que empezar…

Pero bueno, a grandes males, grandes remedios. Mi mami, enterada del tiempo borrascoso que se avecinaba, me compró unas pinturas de dedos para entretenerme durante los momentos de crisis. Teníamos en casa un papel blanco tamaño sábana bajera y por fin le íbamos a dar uso. Ella pensó que me gustaría y que al menos la actividad pictórica me mantendría entretenido un buen rato. Mi papá pensó que me gustaría, pero más realista, él supuso que la diversión no duraría demasiado. ¿Adivináis quién estuvo más acertado y digo “o”?

Mis papás me plantaron delante del papel blanco. Previamente mi mamá me había colocado una camiseta de la talla XXXXL apta para ser ensuciada pensando que así no me mancharía la ropa. Ilusa. Dale a un niño de dos años cinco botes de pintura y a ver qué es lo que NO te mancha. Mi papá por su parte me dio un pincelito que guardaba en su caja de herramientas pensando que con él haría delicados trazos. Iluso. Dale a un niño de dos años cinco botes de pintura y a ver qué dedo NO mete en ellos.

Por si no ha quedado claro, había cinco botes de pintura: afú, veive, llillo, jojo y un color extraño que ellos identificaron como marrón. Una de las cosas que aprendí con esta actividad lúdico-ensuciadora es que los colores se pueden mezclar para obtener otros diferentes, algunos de los cuales yo creo que aún no están ni definidos. Es más, no sólo se pueden mezclar en el papel sino también en los propios botes. Esto último no le gustó mucho a mi mamá, aunque al final me dejó hacer. Así me gusta mami, que respetes mi libertad creadora. Y si mi arte necesita meter todos los dedos en los botes de pintura, sacar pegotes, decorarme la cara y mancharme toda la ropa, pues así será.

Fueron 15 minutos de creación intensa que acabaron, como bien predijo mi papá, porque liquidé todos los botes de pintura en un plis plás. Después, como no, fui derechito a la bañera previo prelavado en la ducha donde…¡el agua salía de colores!

Mamá espera que este otoño no sea demasiado lluvioso porque sino a este ritmo acabaré decorándole toda la casa antes de Navidad. Dos veces. Pero a mí con actividades tan divertidas como esta en el fondo… ¡no me importaría!

He tomado una decisión

07 de octubre de 2010 en La vida de Leo

Mi post anterior, que trataba sobre si debía, podía o necesitaba echar una siestecita a media tarde, ha generado un montón de opiniones. Los hay que pensaban que es mejor dormir del tirón toda la noche y aprovechar el día al máximo, acostándose tempranito eso sí, y los que estaban más por la cabezadita vespertina para no llegar a la hora de la cena con un humor de perros.

Pues bien, a pesar de que al principio no tuviera demasiado clara mi postura al respecto, cinco días sin siesta me han aclarado bastante, de modo que puedo decir sin temor a equivocarme que he tomado una decisión:

Y por mucho que mi mamá me deje sacar todos los juguetes de mi cuarto para entretenerme…

Por mucho que lo intente convertir en un circuito…

Por más que juguemos y juguemos…

… ¡¡¡ YO PREFIERO DORMIR LA SIESTA !!!

Nota: La foto está tomada en el sofá de casa. Estaba viendo los Hermanos Koala mientras mamá me preparaba la merienda cuando me quedé sopa. Nada, dos segundos y me transporté al maravilloso mundo de los sueños.

Ya lo sabes mami.

Dos mejor que uno

04 de octubre de 2010 en La vida de Leo

El otoño empieza a notarse, ya ha doblado la esquina y enfila la calle de la meteorología adversa a toda pastilla. Hace bastante fresquito, sobre todo a primera hora de la mañana cuando este pobre que escribe tiene que ir a la guarde. Además, los días son mucho más cortos. Bueno, hasta donde yo tengo entendido esto no es del todo cierto, que todos los días del año duran exactamente lo mismo, 24 horas. Lo que quiero decir es que amanece más tarde (insisto, doy fe que casi llego con la luna a la guarde) y anochece mucho antes, con lo que hay menos luz. Y si hace unos meses a las 9 de la noche era cuando salíamos al parque hoy a esa hora ya estoy planchando la oreja. Esto es una novedad, porque hasta hace muy poco me iba a la cama algo más tarde. Pero “gracias” a que mi mami ha pensado que debería eliminar la siesta de mi rutina y dormir todo lo que necesito durante la noche pues llegada cierta hora mi cuerpecito no puede más y pide a gritos que Morfeo venga a por él. Si me preguntáis lo que opino de esta medida os diré que a las 4 de la tarde me parece una idea estupenda. A esa hora pasan un montón de autobuses por mi calle, ponen Dora la Exploradora, mi mami acaba de llegar del trabajo con unas ganas enormes de jugar conmigo y mientras come puedo re-comer con ella. Es genial. Eso sí, preguntadme cuatro horas después y os diré que es una idea nefasta, que un niño necesita dormir su siesta para poder estar fresco y aguantar hasta las 9 que ponen Bob Esponja (coja para los amigos). Pero bueno, ellos, mis papis, se apiadan de mí y cuando empiezo a ponerme tontillo rápidamente sacan la artillería ligera para calmarme: ¡meeeeer! (¡a comeeeeer!) La deliciosa cena consigue tranquilizarme pero el espejismo dura poco y cuando el plato está vacío enseguida reclamo la artillería pesada: ¡upeeeeeeeee! (¡chuupeeeeeeeee!)

Así que en esa disyuntiva me encuentro, que no se si es mejor un sólo sueñecito o dos. Eso sí, lo que tengo claro, claro, clarísimo es que en cuanto a chupes se refiere… ¡¡¡dos mejor que uno!!!

Y porque no me caben más en la boca que si no… ;)

Por cierto, hablando de bocas, otra novedad que se me había olvidado comentar: ¡ya tengo una muela de esas de los dos años, bien!

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