Leo y Luca en nunca jamás

noviembre de 2010

¿Preparados para el frío?

28 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

Hace apenas mes y medio que dábamos la “bienvenida” al otoño con la primera de las borrascas de la temporada. La lluvia, la caída de las hojas, las castañas, los días más cortos… son las cositas típicas de esta estación que, supuestamente, debería durar hasta casi el día de Nochebuena. Y digo supuestamente porque yo diría que este frío que tenemos no es muy propio de esta época del año.

La culpa la tiene la primera ola de frío que padecemos. Que aquí bien retirados del mar que vivimos pero que no paran de acecharnos las olas, no lo entiendo. Que si en verano las de calor, que si en invierno las de frío… ¿y no podían ser de agua saladita como es normal? Esta vez no sé si el frío nos llega de Siberia, del Polo o de Groenlandia, pero lo que sí tengo muy claro es que se acabaron mis días de calle. Ahora salimos más bien poquito y cuando lo hacemos… ¡la que hay que organizar! ¿Queréis saber cómo se prepara uno para combatir el frío? Pues atención a estos consejos.

Lo primero es taparse bien la cocorota, que por la cabeza se pierde mucho calorcito humano. Y si de paso nos ponemos una buena bufanda para evitar que los bichos malos entren en nuestro cuerpo, mejor que mejor.

Después hay que colocarse un buen abrigo, uno que nos transforme en una mezcla entre Michelín y Robocob. Así evitamos que la rasca se cuele hacia capas interiores.

Si llueve es fundamental recurrir a las botas de agua, para que así nuestra mamá no se enfade si vamos pisando los charcos (gracias tita Lola por tu aportación a la causa).

Y para las tardes de invierno, cuando ya sí que no se puede salir a la calle ni forrado hasta las cejas, lo mejor es buscarse un plan alternativo de ocio a cubierto, como por ejemplo… ¡la bolera!

La bolera es un sitio genial, porque aunque parece así muy estilo yanki nada más lejos de la realidad. Está adpatada a las costumbres españolas, y más concretamente de Jaén, y allí también se sirven sus buenas tapas. Un plan ideal para grandes y pequeños.

Aunque lo mejor de lo mejor, no sólo para divertirse sino también para entrar en calor es… ¡el parque de juegos! Que con lo que yo echo de menos visitar cada tarde mi tobogán eléctrico, mi columpio y mi balancín, esto me viene de perlas de majorica. Y si no… mirad, mirad…

Fijaos si se calienta uno brincando que al final hasta el jersey le sobra. Suerte que mis bodis son bonitos hasta para lucirlos en público ;)

En fin, espero que estos consejos os sirvan porque esta es la primera ola de frío pero… ¡no será la última!

El hombre de la tele

26 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

Tengo un nuevo ídolo televisivo. Y aunque pueda resultar extraño en un pequeño de mi edad, no es un personaje de dibujos animados, ni sale en Clan TV ni en Disney Channel. Se trata de alguien de carne y hueso, alguien que según me cuenta mi mamá lleva un montón de años asomándose a la pequeña pantalla. Es un hombre pero… ¿qué hombre? ¿el del tiempo? ¿el de las noticias? Pues no, es… ¡el hombre que cocina!

Ya comenté hace un tiempo lo que me gusta ver a la gente cocinar y ayudar como pinche siempre que me dejan. El problema es que a veces los mayores no me lo permiten, que si salta aceite, que si esto quema, que si te puedes cortar… Un rollo. Por eso me gusta tanto el hombre que cocina, porque puedo observar todo lo que hace sin peligro, ese manejo del cuchillo para cortar cebolla, ese movimiento de muñeca para saltear los ingredientes en la sartén, ese mete y saca la bandeja del horno… Me fascina.

Ahora mientras ceno ya no veo a los conejitos ni al ratón de enormes orejas, veo a ese señor. Por lo visto es muy famoso y tiene un montón de estrellas del gordito ese de las ruedas. Al principio lo llamaba “hombe”, pero desde que mi papá me ha dicho que se llama Karlos intento llamarlo por su nombre de pila, “Kallllllos”. Seguramente soy su fan más pequeño y tal vez se lo debiera hacer saber, a ver si así un día de estos, como dice mi tita Lola, me invita para agradecérmelo a su restaurante de Zarautz. Sobra decir que daría buena cuenta de todos los platos, faltaría más. Porque eso es lo malo de ver cocinar en la tele, ¡que no puedes probar la comida!

Este cuerpo no es mío

23 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

De un tiempo a esta parte he profundizado muy mucho sobre el tema de la propiedad. Pero de la propiedad propia, valga la redundancia. Porque sí, porque he decidido que todo lo que me rodea “e mío”. El tobogán del parque “e mío”, mi chupe por supuestísimo que “e mío”, incluso el coche que amablemente me deja mi amigo Rubén, ese también “e mío”. Y lo que “e mío” no se presta a nadie, ni tan siquiera a mamá o a papá que andan bastante preocupados con ese sentido tan agudizado de mis dominios. Que dicen no sé que rollo de que tengo que compartir…

Sin embargo hay una cosa que más mía no puede ser pero que estos días desconozco totalmente: mi cuerpo. Y todo porque uno de esos villanos llamado virus y apellidado intestinal lo ha invadido de nuevo mermando todas mis defensas y aniquilando mis siempre animosas ganas de comer. No, el de estos días atrás no era yo ni mi cuerpo era mío. Casi 48 horas sin probar bocado, sólo un poco de jamón y algo de pan con sorbitos pequeños de agua. Una tragedia. Me quedé sin fuerzas, sólo quería estar en brazos de mamá, incluso me volví a dormir en ellos como cuando era pequeño… ¡tres veces en un día! Pero es que como dice ella la naturaleza es muy sabia y lo mejor para recuperarse de algo así es dormir a pierna suelta.

Ahora ya estoy bastante mejor y mi cuerpo parece que “e mío” de nuevo. Vuelvo a tener ganas de comer, de jugar y de hablar sin parar. Y lo que es mejor, en mi letargo he reflexionado sobre la conveniencia o no de seguir acaparando la propiedad de las cosas, así que siguiendo los sabios consejos de mis papás he decidido empezar a compartir. Y ese virus que en principio era sólo mío… ahora también es de mamá.

Bueno, ¿no era eso lo que querías, mami?

¿Niño, niña o protoceratops?

19 de noviembre de 2010 en Esperando al bebé

Cuando se sabe que alguien está esperando un bebé, como es nuestro caso, después de la alegría inicial que el acontecimiento suele despertar surge INEVITABLEMENTE una pregunta, ¿será niño o niña?

Lo sé porque estoy harto de escuchárselo a la gente cada vez que hablan con mis papás, que esto de la curiosidad está muy extendido. Su respuesta hasta el momento siempre es la misma: “Uy, aún es pronto para saberlo”. Entonces es cuando viene la pregunta INEVITABLE número dos: “Y vosotros qué queréis, ¿niño o niña?”

Es una de esas disyuntivas de la humanidad, como cuando hay que decidirse entre muslo y pechuga, entre pasillo o ventanilla, entre papá y mama… Yo la verdad es que aún no me he planteado mis preferencias. Por un lado me gustaría tener un hermano porque así mis gustos serían los suyos y no tendríamos que pelearnos (mucho) por ver las motos o la gimnasia rítmica. Luego pienso que si fuera una niña no estaría mal del todo, porque entonces yo seguiría manteniendo mi estatus de rey único de la casa.

Entre mis papás la cosa tampoco está muy clara. Mamá, que todos sabemos quería que yo fuese una niña, dice que esta vez no le importa el sexo, que si es un niño genial y eso que se ahorra en ropa, y que si fuera una niña genial también, porque así podría cumplir la ilusión de comprar cientos de vestiditos. Papá, que cuando yo estaba por venir le daba igual si era era o no pichita, dice que ahora quiere una niña para así tener la famosa parejita.

Mi primo Alejandro (el ÚNICO que acertó cuál sería mi fecha de nacimiento) al ver la foto del bebé ya hizo su pronóstico: “Creo que es una niña”. Aunque Miguel no lo tuvo tan claro y para él el bebé “se parece a un protoceratops“.

Así que ahí estamos, con las dudas y la ilusión por saber si finalmente la cigüeña nos traerá una princesita, otro machote o una cría de dinosaurio del Cretácico Superior. Yo, a juzgar por el ritmo de crecimiento de la barriga de mi mamá, creo que tendremos nuestro propio Parque Jurásico en casa…

Pero sí, tranquilos, que cuando lo sepamos… ¡se lo diremos a TODO EL MUNDO!

El imperio del ratón

14 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

Existió el imperio romano, el del sol naciente y hasta el que se pasó toda una peli contraatacando. Ahora existen otra clase de imperios, como el de los petrodólares, la Coca Cola o el de Zara, que es el que mi mamá siempre se pide para los Reyes pero que nunca le traen. Y luego está el que más me gusta a mí, el imperio del ratón.

Es la mayor potencia de los dibujos animados, domina en todo el planeta y no tiene rival que le haga sombra. Todo el mundo lo conoce y a todo el mundo, grandes y pequeños, les gusta. ¡Es el imperio Disney!

Yo hace tiempo que sucumbí a su poder, que desde los Baby Einstein a los conejitos de Bunnytown son producto de la fábrica de los sueños. Pero ahora es que me he metido de lleno. Empecé con la peli de la niña falta de color y los siete enanitos. Luego me enganché a esa otra que iba por ahí perdiendo zapatos (sí, qué pasa, los niños también podemos ver pelis de princesas). Y ahora me ha atrapado su estrella más mediática, Mickey Mouse. Desde hace unos días lo único que se ve en casa cuando llega la hora de ver algo (que es lo mismo que decir cuando llega la hora tonta vespertina) son un episodio detrás de otro de la Casa de Mickey Mouse. Ya sé llamar a Toodles (aunque en mi idioma suena más a “túnel”) y que para conseguir la herramienta hay que decir “teta” (pimienta).

Mis papás ya se están temiendo lo peor, y es que descubra que hay un sitio allá donde se encargan los bebés que es el paraíso de los devotos del ratón y compañía y les empiece a calentar la cabeza con lo de llevarme. Lo que no saben es que yo ya conozco la existencia de ese lugar, que se llama Eurodisney y que en cuanto aprenda a decir Eurodisney con todas sus letras van a tener que empezar a ahorrar ;)

Regalitos de santo

11 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

Como yo muy bien suponía, hubo regalitos el día de mi santo. Que yo la verdad muy consciente del día tampoco es que fuera, pero oye, cuando llegas a tu casa y te encuentras unos paquetitos envueltos en papeles de colores  situados estratégicamente sobre la mesa del salón dices… ah, pues genial, ¡regalos!

En cuanto los vi me fui derechito hacia ellos como atraído por una fuerza magnética irrefrenable, la fuerza de la sorpresa que la llaman los científicos. Apenas les di tiempo a mis papás a encender la luz o a quitarnos los abrigos que allí ya estaba yo abriendo el primer paquete. Entonces llegó la cortarrollos de mi madre, que si espérate siéntate en el sofá, que si un momento que te tienes que poner el gorro de cumpleaños (¿pero no habíamos quedado en que era mi santo?), que si un segundo que cojo la cámara… Vale, vale, ¡VALE! Me dejé hacer porque sino no había manera de abrir los regalos y una vez que me lancé de verdad… ¡no hubo quien me parase!

El primer regalo fue un tractor, otro John Deere para mi colección. No puedo evitarlo, soy un chico de campo.

Luego nuestro tradicional juguete de la tienda de las letras amarillas, que por cierto mi madre tardó más en montar que el armario de puertas correderas de su cuarto.

Y por último un puzzle que rápidamente mis papás quitaron de mi alcance ante mi insistencia por enseñarles a todas las piezas cada rincón de nuestra casa.

Mis primos además me regalaron el fin de semana una cámara de fotos digital apta para mis manitas, aunque yo sigo prefiriendo la de mi mamá…

La verdad es que fue un buen entrenamiento para el día de Reyes, que como he sido taaaaaaan bueno seguro que me traen un montón de paquetitos. Y ese día habrá millones de kilonewtons de esa fuerza mágica de la sorpresa.

Aunque donde sí que había kilos, y no precisamente de fuerza que sí de azúcar y calorías, fue en la tarta que mi mamá me preparó para llevar a la guarde. Ella quería hacer algo más personal, un detallito como el del año pasado, pero teniendo en cuenta que ahora somos 3 veces más niños en mi clase la cosa estaba complicada. Así que preparó lo que en principio sería algo más sencillo y rápido: un pastel. Madre mía, yo no sé para qué se mete en estos berengenales después de ver las cosas que hace mi súper tita mamimanitas, eso es ganas de sufrir. Es como si a uno de los chapuzas de mi pueblo lo llevaran a ver la Sagrada Familia y le dijeran, hala, ¿me haces algo parecido? Pues imposible de los imposibles.

En fin, que ella hizo lo que pudo y la cosa (cosa = tarta) quedó más o menos así:

Lo bueno es que mis amigos de la guarde no conocen a mi tía ni sus creaciones, así que la tarta les gustó un montón.

Y bueno, esto es lo que dio de sí el día de mi santo, que para alguien que no tiene mucho derecho a celebrarlo no está mal del todo, ¿no? ;)

Cumplesanto feliz

10 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

El 10 de noviembre sería un día más en el calendario de no ser porque…

¡¡¡ ES EL DIA DE MI SANTO !!!

Que sí, que ya os lo dije hace dos años, y el año pasado… Pero bueno, los más despistados y los nuevos por aquí que no se preocupen que ya estoy yo para recordar la fecha.

Hoy recibiré regalitos, que sí, que lo sé de buena tinta, y llevaré una cosita a mi guarde para celebrarlo allí con mis compis. ¡Espero pasármelo genial!

Sé que hoy debería cantar aquéllo de “Feliz, feliz en mi día…”, pero como esa cancioncilla aún no me la sé me voy a homenajear a mí mismo con una versión plo, plo, plo del cumpleaños feliz ;)

¡¡¡Y a celebrarlo!!!

P.D. Muchas gracias a todos los que nos habéis felicitado por la llegada del bebé. Al final voy a pensar que eso de convertirme en hermano mayor no va a ser tan malo del todo :P

Carta a la cigüeña

08 de noviembre de 2010 en Esperando al bebé

Querida cigüeña:

Soy Leo, Leo de La Torre. Supongo que me recordarás porque pocos niños habrás dejado en este lugar con un nombre como el mío. Por lo visto hace ya más de dos años hicimos un viaje juntos desde la ciudad de la Torre Eiffel, pero si te soy sincero, yo no me acuerdo absolutamente de nada. Es más, lo que me viene a la memoria de aquél entonces es una piscina que cada vez se hacía más pequeña y un columpio un poco raro.

Dicen que ese es tu trabajo, llevar bebés a los que serán sus papás y mamás.

Y dicen, dicen… que en mayo nos traerás uno a nosotros.

Hace tiempo que lo sé, pero la verdad es que me ha costado asimilar la noticia. ¿Un bebé en nuestra casa? Pero… ¿por qué?, ¿para qué? Si mis papás ya tienen su joya de la corona, su actor principal, su ración de risas, llantos y cacas pestosas, de besos y abrazos a cualquier hora del día…

Un bebé…

He llegado a preguntarme si acaso no tenían suficiente conmigo y eso me ha dejado bastante preocupado. Con lo que yo me esfuerzo por hacerlos felices, ahí venga a tirar cohetes, llamando a los autobuses con esa pasión desbordante, aprendiéndome los números, los días de la semana, bailando todo el día, cantando… Hubo un momento en que mi autoestima se resintió bastante, pero hablé con mis papás y me dijeron que si estaba loco o qué. Literal. Que yo era lo más de lo más, único e insuperable, y que si te habían encargado un bebé era porque yo los hacía tan, tan felices que querían multiplicar todo lo que yo les daba por dos. Uf, menudo alivio que sentí… Si es por eso, vale. Pero que sepa ese bebé que va a tener el listón muy alto, que yo soy mucho Leo.

Mis papás terminaron de convencerme diciéndome que él no va a tener la suerte que yo he tenido de tenerlos a ellos en exclusiva, que va a tener que heredar todas mis cosas y que a partir de ahora habrá más juguetes en casa. Por lo visto yo como tengo más experiencia tendré que enseñarle un montón de cosas, como a meter objetos extraños en la lavadora, a tirar de la cisterna aunque no hayas hecho pipí, a pintar en sitios prohibidos… en fin, todo lo básico que ha de saber un niño.

Así que vale cigüeña, que puedes traernos al bebé cuando quieras, que prometo intentar ser un buen hermano mayor.

Un beso,

Leo

P.D. Te aconsejo que le pidas a los Reyes Magos, a Papa Noël, a San Nicolás o a quién quiera que te traiga los juguetes en Navidad una nueva cámara de fotos. Esa que tienes las saca un tanto extrañas…

Permitido tocar

07 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

Estuve en la tienda de deportes con nombre de prueba atlética para supermanes, sí, esa que te vende una tienda de campaña capaz de montarse sola en cero coma dos segundos pero que luego necesita de tres días y medio con maña y suerte para ser devuelta a su estado original.

Pero además de casas plegables y forros polares a un módico precio en la tienda hay un montón de cosas más que, oh, novedad, se pueden tocar sin que nadie te regañe. Bicicletas, pelotas, raquetas de tenis, de paddel, cañas de pescar… Lógico que un niño curioso como yo se aprovechara de la situación y probara todos y cada uno de los artilugios del lugar.

Pero la cosa no acabó ahí, que luego estuve en la tienda de las letras amarillas. Otra vez. A mí lo de los muebles con nombres impronunciables me importa tres pimientos, que eso a la que le gusta es a mi mamá. Para mí lo mejor de la embajada sueca es que allí no sólo se puede tocar todo, sino que además es casi obligatorio. Así que allí me lancé. A partir de ahora podéis considerarme probador oficial de los productos de IKEA. ¿Y si cobro por esto?

Escapada

04 de noviembre de 2010 en La vida de Leo

Este pasado fin de semana, aprovechando que el lunes era fiesta, hemos hecho una pequeña escapada. Es lo que pasa cuando uno se queja de que no va a ningún sitio, que acto seguido comienza el trajín de maletas y kilómetros que hacen que uno quede por mentiroso. Y creo que esto es por venganza, que yo he oído a mi mamá un montón de veces decir que la voy dejando por trolera por ahí. Es más, no es la primera madre que se queja de lo mismo, pero bueno, esa es otra historia.

La que nos ocupa hoy es la de un viaje de cuatro horas (y pico) con varias escalas que nos llevó desde la tierra del olivar a la de los megabarcos, o lo que es lo mismo, a casa de papá. La última vez que estuve allí apenas había cumplido un añito, empezaba a caminar y tan sólo balbuceaba unas cuantas sílabas. Lo que cambia la cosa de un año para otro, que esta vez he llegado como un terremoto que todo lo habla y a todos saluda. Por que eso sí, educado soy un rato largo. Siempre que llego a un sitio saludo con un “hola” y siempre que me marcho me despido con un “adiós” o un personalísimo “cacagüego” (hasta luego) que no sé por qué pero a la gente le hace mucha gracia. En general es lo que suelo conseguir con mi presencia, hacer reír a la gente. Mi abuelo, mis tíos, mis primos… todos decían que si que gracioso era, qué simpático y alegre… ¡y qué guapo! Hombre, si es que soy un tipo con mucho carisma ;)

Me lo pasé muy bien allí, aunque la verdad si el tiempo hubiera acompañado un poquito más la cosa habría mejorado bastante. Primero fue la lluvia, y luego la lluvia acompañada de un viento impresionante. Ahora entiendo eso de que cuando uno va al Estrecho de Gibraltar debe llevarse piedras en los bolsillos para no salir volando…

Lo único bueno del temporal fue que los barcos no pudieron navegar, así que los encontramos a todos amarraditos en su muelle para disfrute de mi papá.

Yo ya le he dicho a mis papás que esto de hacer nuestras escapaditas al sur está muy bien, pero que a ser posible las hagamos cuando haga mejor tiempo y si puede ser, mejor en veranito para que pueda disfrutar de la playa con mis primos.

O con mis amigos, que fíjate la suerte que tengo que allá donde voy siempre me encuentro con uno. Esta vez fue de nuevo con mi amiga Alba, que no veáis cómo ha crecido desde aquél mes de agosto del año pasado. Estuvo un poco tímida, cosa rara según nos dijo su mamá porque por lo visto no para ni se calla ni un segundo. Se empeñó en llamarme Lalo, pero bueno, se lo perdono porque no me quitó ni una de mis Pringles. Nuestras respectivas mamás estuvieron un poco pesadas con lo de sacarnos una foto juntos, pero ninguno estábamos muy por la labor…

En fin, que fue un fin de semana de lo más completito.

Y sí, esta vez también visitamos la tienda de las letras amarillas…

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