Leo y Luca en nunca jamás

diciembre de 2010

2010

31 de diciembre de 2010 en Esperando al bebé, La vida de Leo

Si le preguntase a los mayores su opinión sobre este año que hoy termina seguramente la mayoría utilizaría adjetivos un tanto catastrofistas: problemas con la economía, el trabajo, los desastres naturales, otra vez la economía…

Sin embargo desde la perspectiva quizás un tanto sesgada de un niño de (casi) dos años y medio los últimos 365 días han sido increíblemente espectaculares. Bueno, siempre hay sus momentos de sombra, pero como son pocos y yo soy de naturaleza optimista prefiero quedarme con lo bueno que ha sido mucho. En 2010 he crecido un montón, y no sólo en el sentido físico de la palabra… Aunque también, ¡que menudo estirón he pegado desde la última nochevieja! He madurado mi personalidad y he aumentado mis conocimientos. Ahora ya casi se puede mantener una conversación conmigo porque empiezo a dominar el lenguaje de los mayores y cada día se convierte en un reto porque al despertar sé que me esperan miles de cosas por seguir aprendiendo y descubriendo.

2010 me ha convertido en todo un niño, y estoy feliz por ello.

El año que llega sé que será igual de especial, sobre todo porque un nuevo miembro llegará a nuestra familia. El bebé ayer cumplió 20 semanas de vida, lo que significa de está en mitad de su viaje. Y aunque a veces me muestre indiferente, en realidad estoy deseando conocerlo.

Espero que 2011 llegue cargado de buenos momentos, de pizzas de jamón de york, de risas, de canciones, de amigos de guardería (¡y de colegio!), de viajes, de autobuses, de juegos en el parque y de cariño desde cualquier parte del mundo.

Adiós 2010.

¡¡¡ FELIZ 2011 !!!

Feliz Navidad

24 de diciembre de 2010 en La vida de Leo

Felicitación de Navidad: Toma 1

Felicitación de Navidad: Toma 2

Felicitación de Navidad: Toma 3

Felicitación de Navidad: Toma 4

Felicitación de Navidad: Toma ya-he-perdido-la-cuenta… ¡pero es la definitiva!

De parte de esta familia de tres y uno que está por venir para todos nuestros amigos alrededor del mundo.
Sed felices.

Un gordo de 314 gramos

22 de diciembre de 2010 en Esperando al bebé

Hoy se ha celebrado el sorteo especial de Navidad, ese que todos llaman “el del gordo”. Lo único que se ve en la tele hoy son imágenes de gente celebrando su buena suerte, brindando, abrazándose con todo el que pasa por la calle y felices porque por fin podrán hacer de Manny Manitas tapando agujeros.

Nosotros no somos esa gente, vamos, que aquí los millones ni asomarse. Mi mamá dice que no importa, que aunque a nosotros no nos vendría mal algún kilito que otro hay gente que lo necesita mucho más. Y dice también (es que mi mami dice mucho) que este año ya nos ha tocado nuestro propio gordo: nuestro bebé. Por eso hoy se ha ido a ver al tipo de la bata blanca, también conocido como sexador se niños, para que echara un vistazo a mi hermanito y ya de paso le hiciera un reportaje completito. Lo normal en estas fechas es que los niños aparezcan vestidos de Papá Noel, de pastorcillos y el más osado hasta de Rey Mago. Pero no, nuestro peque insiste en salir en blanco y negro, como si fuera Cary Grant en sus comienzos. Sin decorado, sin efectos especiales de estrellitas o delicados copos de nieve. Nada. Pero bueno, lo importante es que todas esas fotos reflejan que está estupendamente, por eso la insistencia de mi mami en que le ha tocado el gordo. Y yo añado… ¡por segunda vez, hombre!

En fin, que para los que gusten de datos concretos, ahí van unos cuantos:

Su cabeza mide 46,11 mm. Pero tranquilos, la de Einstein en su día seguro que midió más o menos lo mismo.

Su fémur mide 29,72 mm. Pero tranquilos, el de Pau Gasol en su día seguro que midió más o menos lo mismo.

Su abdomen nos da un peso de 314 gramos. Pero tranquilos, el mío en su día seguro que midió más o menos lo mismo.

Y su perfil, aunque no tiene medidas, nos dice que aún tiene que mejorar. Pero tranquilos, el de Cary Grant en su día seguro que también parecía el de un alien.

¡Un beso bebé!

Leo con botas

21 de diciembre de 2010 en La vida de Leo

Cuenta la leyenda que una vez existió un molinero que al morir dejó a sus hijos una herencia desigual. Al más pequeño le tocó un gato, pero no era un gato cualquiera no, era uno muy listo. Tanto, que apenas con una bolsa y un par de botas consiguió que su dueño pasara de ser un pobre campesino a convertirse en todo un príncipe consorte, con las enormes ventajas que eso supone (y sino que se lo pregunten al Urdangarín ese).

La verdad es que el tipo del gato deja un poco que desear, ahí teniendo que recurrir a un minifelino para que le resuelva la vida… Por eso el gato es el protagonista y héroe de la historia, y por eso la historia se llama “El gato con botas”. Yo he llegado a la conclusión de que fue ese calzado el que le dio el valor y la astucia para salvarle el pellejo a su amo y por eso he decidido que, sin esperar a que ningún animalito interceda por mí, yo mismo a partir de ahora calzaré mis propias botas y me dedicaré a la caza y captura de mi princesa, que tengo entendido que hay por ahí dos más o menos de mi edad que vivirán para siempre con todos los gastos pagados… ¡si es que la Tercera República no lo impide!

He dicho.

Dieciocho semanas

19 de diciembre de 2010 en Esperando al bebé

Nuestro bebé sigue creciendo ajeno a todo este frenesí prenavideño en el que los mortales f.d.u (fuera del útero) estamos inmersos. Él no entiende ahora mismo de luces, ni de regalos, ni de anuncios en la tele… ni siquiera de eso que llaman el gordo. Él estará feliz nadando dentro de la barriguita de mamá y con todas sus necesidades básicas satisfechas sin tener que hacer el más mínimo esfuerzo. Desde luego, menuda vidorra que se está pegando.

El pasado jueves cumplió dieciocho semanas de vida y conforme se va haciendo mayor reclama más espacio. Así que la que será su casita de aquí al mes de mayo está creciendo por momentos. Sin obras ni ampliaciones hipotecarias ni nada de eso que nos complique la existencia, que todo corre a cuenta de la naturaleza. Y a mí la verdad es que no me importa mucho siempre que no me afecte. Que mamá se pone gorda y está más patosa de lo normal, pues a ver, son los “daños” colaterales… El problema está en que al final todo este desarrollo prenatal sí que termina salpicándome y ahora por ejemplo mi mamá me aupa en brazos mucho menos que antes. Dice que yo peso demasiado y que ya con el paquete que trae tiene suficiente. Sinceramente, no me hace ni chispa de gracia, aunque bueno, he de decir que siempre están cerca los brazos de mi papá o de mi abuelo para compensar.

La novedad de estas últimas semanas es que el bebé ya se manifiesta. Mi mamá dice que se mueve mucho y que lo siente (yo quería poner “nota”, pero ella insiste en que diga “siente”) un montón. Yo me hice un poquito más de rogar y a estas alturas de mi gestación (que podéis recordar aquí) aún estaba bastante más paradito. Ella me dice que ponga la manita en su barriga para comprobarlo pero es que no tengo mucha paciencia para esperar a que el enano decida hacer alguna pirueta y enseguida encuentro otra distracción más interesante. Esperaré a más adelante porque dice mi mamá que como sea como yo algún día podré agarrarle hasta un pie. Desde luego, anda que se olvida de mi pasado de controsionista…

La almohada perruna

14 de diciembre de 2010 en La vida de Leo

Me encanta lo de los Reyes Magos. Saber que tres tipos en camello son capaces de repartir millones de regalos en una sóla noche, y más a su edad, y más aún gratis, es increíble. Este año es cuando verdaderamente estoy empezando a ser consciente de ello y si me preguntas Leo, ¿qué traen los Reyes?, yo te responderé: juguetes. Y por la propiedad conmutativa de la pregunta si me dices Leo, ¿quién trae los juguetes?, yo te diré: los Reyes.

Lo que más me alucina de este tema es que ellos ya sabían de mi existencia incluso antes de que yo llegara a este mundo, o sea, cuando aún estaba dentro de la barriguita de mamá como ahora lo está mi hermano. Y esas Navidades ya me trajeron mis primeros regalos. Entre ellos estaba un perrito de peluche blanco de grandes orejas y muy suavito. Mi mamá entonces ya me vio durmiendo cada noche con mi perrito, llevándolo conmigo a todas partes, siendo amigos inseparables y no pudiendo arancarme de él ni para un lavado exprés en la lavadora. La típica imagen esa de los bebés con su peluche favorito. Pero yo al perro, ni caso. Ahí ha estado dos años en mi cuna sí, pero sólo de día, de adorno. De vez en cuando jugaba con él, pero poco más. Sin embargo desde hace unos días lo reclamo a la hora de ir a dormir. El primer día que esto ocurrió mi mamá se emocionó pensando que por fin me vería durmiendo plácidamente agarradito a él con cara de no haber roto un plato en mi corta vida. Y nada más lejos de la realidad, que para lo que yo quería al perro era… ¡para que me sirviera de almohada! Jaja, menuda cara se le quedó a mi madre cuando coloqué al peluche bajo mi cabeza, puse el culo en pompa y hala, a dormir. La cosa va tan en serio que si me despierto… ejem, quitaré el si condicional… cuando me despierto quería decir en mitad de la noche primero busco mi chupe y luego mi perro. Y si no los encuentro grito “tuuuuuuuuupe” y luego “peeeeeeeroooooo”. Es más, si decido hacer una incursión… vaaaaaale, cuando cada noche hago una incursión a la cama de mis papás no penséis que dejo al can olvidado en la cuna, qué va, allá que me lo llevo conmigo para que siga ejerciendo sus funciones.

Ay, perrillo, para lo que has quedado…

Aún no es Navidad

12 de diciembre de 2010 en La vida de Leo

Todo el mundo se empeña en decir que ya estamos en Navidad. Rara es la casa que no se ha transformado ya con cientos de luces, espumillomes, con un belén y un árbol. Rara es la familia que no ha hecho acopio ya de kilos de turrones, mantecados y langostinos congelados, que ya se sabe que luego la víspera de Nochebuena están mucho más caros. Raro es el centro comercial que no está atiborrado de gente comprando regalos y juguetes. Pero no, aún no es Navidad, que resulta que estamos en Adviento, una palabra latina muy bonita que según la Leopedia significa “venida“. Por tanto la Navidad está por venir, o lo que es lo mismo, aún no ha llegado.

Lo que yo decía.

El problema está en que al Adviento este lo han mandado a tomar viento, nunca mejor dicho, y ya nadie lo tiene en cuenta. Y no me extraña, pudiendo decorar la casa el 3 de diciembre, comer mantecados después de acabar con las calabazas de Halloween y disfrutar de los juguetes gratis de las estanterías de las tiendas a final de noviembre… ¡quién se va a resistir a adelantar la Navidad! Yo desde luego que no, y aunque soy consciente de que aún falta un poquito para que llegue esa época del año que unos odian pero que otros amamos con toda la intensidad de nuestro cuerpecito, ya he puesto mi árbol, tenemos nuestros dulces típicos en la despensa y al menos dos tardes por semana inspecciono las novedades juguetiles del centro comercial. Y toco mi pandereta. Y grito ¡Feliz Navidad! cuando veo las luces de la calle. Y he aprendido a llamar a los Reyes Magos. En definitiva, ¡he sucumbido a la Navidad antes de tiempo!

Este año papá y yo hemos puesto el árbol. Ese día mi hermano le estaba dando un poco de guerra a mamá, que prefirió observarnos y sacarnos fotos desde el sofá. Yo creo que los chicos de la casa hicimos un buen trabajo pero sé que mi mamá no podrá controlar mucho más tiempo su obsesión por la simetría y el día menos pensado reorganiza todos los adornos.

Y aunque la decoración de casa está muy bien, no es tan espectacular como la de las calles. Lamentablemente no me refiero a las de mi pueblo… El rollo ese de la crisis y los presupuestos municipales, que dice mi mamá. Pero bueno, siempre están los vecinos ricos que sí se estiran con el alumbrado y allá que vamos nosotros a DISFRUTAR del espectáculo. Sí, con mayúsculas, porque si ya de por sí me emociono con casi todo estos días con las luces no puedo dejar de gritar entusiasmado… ¡¡¡miiiiiiiiiiiiiiira!!!

Así que nada de cortarse, ¡a disfrutar del Adviento navideño!

Bebé existe

09 de diciembre de 2010 en Esperando al bebé

Estaba empezando a dudar si lo que mamá tenía dentro de la barriga era un bebé o una incómoda acumulación de gases. Que yo he visto un montón de bebés y todos iban con sus mamás, sí, pero en sus brazos o como mucho paseando en sus carritos. Por eso cada vez que mamá me decía que el bebé estaba en su barriga, que lo saludara, que le preguntara cómo estaba, que le diera un besito… pues qué queréis que os diga, pensaba que se le había ido la cabeza antes de tiempo.

Pero no, aún no desvaría hasta ese extremo (poco le falta, eso sí). Tenía razón y me lo ha demostrado. Bueno, ella no, la ciencia, esa cosa que está para explicar lo inexplicable. Aunque en realidad debería decir la tecnología… Yo que pensaba que lo de la tele era lo más de lo más, incluso lo del microondas o lo de internet, y van mis papás y me llevan a un sitio donde pudimos ver al bebé… ¡en directo! Increíble. Estaba ahí de verdad, dentro de mamá y yo lo pude ver en una pantalla. Se movía, abría y cerraba sus manitas, estiraba las piernas… Vi cómo latía su corazoncito y lo escuché mientras les decía ¿lo oyes?. Sonaba arrollador. Jugó con nosotros un rato al escondite ocultándose detrás de no-sé-qué-acabado-en-”enta” hasta que de repente aparecía de nuevo. Tengo que enseñarle que entonces es cuando tienes que decir “¡bu!”. Ay, cuántas cosas tienes aún que aprender peque…

El tipo de la bata blanca nos dijo que estaba fenomenal para sus 16 semanas de vida, aunque sus 164 gr de peso a mí me parecieron algo escasos así que también tendré que enseñarle lo del picadillo de chorizo, el helado y los gusanitos, esas cosas que hacen fondo de estómago y redondean el cuerpecito.

Ah, y sí, también nos dijo su sexo…

¡¡¡ ES UN NIÑO !!!

Creo que todos están muy contentos, yo el primero porque tendré mi propio compañero de juegos en casa. Y como él será el peque tendrá que obedecerme ;)

Lo mejor de la visita fue que nos dejaron traernos una peli del bichito a casa, para que así él también tenga su recuerdo como lo tuve yo. Y cuando dentro de unos años no se crea eso de que estaba dentro de mamá yo pueda decirle… enano, no sabes nada de la vida, ¡mira!

<"

P.D. Si alguien tiene pañuelos de sobra, por favor, que se los mande a mi mami…

El nuevo Picasso

06 de diciembre de 2010 en La vida de Leo

Picasso, aparte de dar nombre a infinidad de papelerías a lo largo y ancho de España, fue un tipo de esos que la gente califica como genio. Pero no en plan genio de Aladdin, que concede deseos y tiene un extraño color azul. No, me refiero a que tenía un don, que destacaba sobre los demás, vamos. Por lo visto lo suyo era la pintura, aunque tengo entendido que tampoco le hacía ascos a eso de esculpir, entre otras cosas.

El problema es que sus dibujos son un poco raros. Que vale que mis obras de arte no puedan ser entendidas por todos, pero es que yo sólo tengo dos años y casi medio. Este señor era bien grandecito cuando hacía esos cuadros tan extraños de señoras con ojos donde debería estar la boca y bocas a la altura de las orejas. Y pese a eso, triunfó. Que yo lo sé, que esos cuadros valen una pasta gansa. Que no son como los de la tienda de las letras amarillas que tenemos en nuestro salón, ¡qué va! Estos son únicos y exclusivos y sólo están al alcance de unos pocos.

Por eso, y en mi constante búsqueda de mi vocación de futuro, he pensado que quizás debiera probar con esto del cubismo, que así es como se llamaba lo de marear las partes del cuerpo. Pero como aún soy demasiado pequeño para plasmar la anatomía humana (o animal), que lo mío son más bien los rayajos a secas, mi mamá me compró un libro de pegatinas. Supuestamente lo que había que hacer con ellas era colocarlas sobre la silueta de un animal para que el resultado fuera igualito que el de la muestra. El hocico abajo de la cara, la cola al final del cuerpo, las orejas sobre la cabeza… Un planteamiento demasiado aburrido para un artista en ciernes como yo. Por eso me tomé la libertad de poner en práctica los preceptos del cubismo este. Y quién sabe si estemos ante el nuevo Picasso. Sobra decir que mis papás encantados con la idea (ay, siempre pensando en sacarme provecho económico…)

Leo repostero

01 de diciembre de 2010 en La vida de Leo

Por fin me dejaron meterme de lleno en la cocina. Y aunque yo soy más de salaíllo y hubiera preferido hacer una empanada de sardinas o de lomo con pimientos, mi mamá pensó que sería mejor empezar con algo dulce como por ejemplo unas deliciosas galletas de almendra.

Para todas las mamás desesperadas por los días de lluvia y frío, aquí mi paso a paso gráfico de la receta:

La receta completa de las galletas de almendra en el blog de mamimanitas ;)

¡Ñam, ñam!

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