Se busca nombre
La barriga de mamá sigue creciendo, lo cual significa que el individuo que la ocupa también. Ya sólo quedan tres meses y medio para que abandone ese hogar tan calentito (y húmedo) que ocupa ahora y tenga que enfrentarse al mundo de sensaciones que le espera en él. Conocerá el hambre, el sueño, el dolor… ay, pobre bebé. Aunque también le esperan un montón de cosas buenas, como los brazos de mis papás y el mejor hermano del mundo mundial (eso seguro). Otra cosa que descubrirá cuando nazca es su nombre… si es que mis papás se deciden a ponerle alguno, claro está.
De momento sigue llamándose bebé porque ninguno de los dos está por la labor de “discutir” el tema. Yo sé que mamá tiene pensados unos cuantos (shhhh, es un secreto) pero de ahí a que elijan uno de ellos… Papá opina que él no opina porque cree que al final será mamá la que lo decida. Y yo, bueno, en la medida de mis posibilidades doy mis propias ideas. Un día que estaba disfrutando de un rico baño de espuma mamá me preguntó como quería que se llamara el bebé. Yo le contesté algo que ella interpretó como “Óscar”, cosa que le sorprendió porque no conocemos a nadie llamado así. Luego descubrió que no le estaba prestando atención a ella, sino a una mosca que pasaba por allí, de ahí la confusión, jejeje.
El caso es que esto del nombre se está complicando. Bueno, para ser más exactos habría que decir que la que lo complica es mi mamá, que al igual que ocurrió en mi caso también busca un nombre original pero que no sea demasiado extravagante, a ser posible sin diminutivos (aunque seguro que mi primo Miguel le saca alguno), no compuesto, que se pronuncie prácticamente igual en todos los idiomas… vamos, como encontrar una aguja en un pajar. Con lo hermoso que sería ponerle Antonio, como mi papá. Ah no, que nombres familiares tampoco quiere. Y por si estos requisitos no fueran suficientes ahora se ha sacado de la manga uno nuevo. Resulta que el acento de Jaén es un tanto peculiar. Podría decirse que tenemos hambre de letras, porque nos comemos unas cuantas, y que existe cierta tendencia a “abrir” demasiado las vocales. Así que otra de las condiciones del nombre debe ser que cuando se diga sea con todas su letras, con lo que ahora la aguja hay que buscarla en un pajar del tamaño de un campo de fútbol.
Me da a mí que con tanta exigencia no nos va a quedar otro remedio que llamarlo bebé y santas pascuas, a menos que muy amablemente nos sugiráis alguna idea, ¿alguien se anima?































