Leo y Luca en nunca jamás

enero de 2011

Se busca nombre

31 de enero de 2011 en Esperando al bebé

La barriga de mamá sigue creciendo, lo cual significa que el individuo que la ocupa también. Ya sólo quedan tres meses y medio para que abandone ese hogar tan calentito (y húmedo) que ocupa ahora y tenga que enfrentarse al mundo de sensaciones que le espera en él. Conocerá el hambre, el sueño, el dolor… ay, pobre bebé. Aunque también le esperan un montón de cosas buenas, como los brazos de mis papás y el mejor hermano del mundo mundial (eso seguro). Otra cosa que descubrirá cuando nazca es su nombre… si es que mis papás se deciden a ponerle alguno, claro está.

De momento sigue llamándose bebé porque ninguno de los dos está por la labor de “discutir” el tema. Yo sé que mamá tiene pensados unos cuantos (shhhh, es un secreto) pero de ahí a que elijan uno de ellos… Papá opina que él no opina porque cree que al final será mamá la que lo decida. Y yo, bueno, en la medida de mis posibilidades doy mis propias ideas. Un día que estaba disfrutando de un rico baño de espuma mamá me preguntó como quería que se llamara el bebé. Yo le contesté algo que ella interpretó como “Óscar”, cosa que le sorprendió porque no conocemos a nadie llamado así. Luego descubrió que no le estaba prestando atención a ella, sino a una mosca que pasaba por allí, de ahí la confusión, jejeje.

El caso es que esto del nombre se está complicando. Bueno, para ser más exactos habría que decir que la que lo complica es mi mamá, que al igual que ocurrió en mi caso también busca un nombre original pero que no sea demasiado extravagante, a ser posible sin diminutivos (aunque seguro que mi primo Miguel le saca alguno), no compuesto, que se pronuncie prácticamente igual en todos los idiomas… vamos, como encontrar una aguja en un pajar. Con lo hermoso que sería ponerle Antonio, como mi papá. Ah no, que nombres familiares tampoco quiere. Y por si estos requisitos no fueran suficientes ahora se ha sacado de la manga uno nuevo. Resulta que el acento de Jaén es un tanto peculiar. Podría decirse que tenemos hambre de letras, porque nos comemos unas cuantas, y que existe cierta tendencia a “abrir” demasiado las vocales. Así que otra de las condiciones del nombre debe ser que cuando se diga sea con todas su letras, con lo que ahora la aguja hay que buscarla en un pajar del tamaño de un campo de fútbol.

Me da a mí que con tanta exigencia no nos va a quedar otro remedio que llamarlo bebé y santas pascuas, a menos que muy amablemente nos sugiráis alguna idea, ¿alguien se anima?

Cumplepapis feliz

29 de enero de 2011 en Esperando al bebé, La vida de Leo

No, si al final voy a ser agorero o medio genio de la lámpara…

Hace justo un año, cuando escribía el post del cumpleaños de mis papás, sugería quizás sin demasiada convicción la posibilidad de que tal vez fuera necesario que, dada su avanzada edad, se plantearan tener un nuevo bebé. Nunca imaginé que se tomarían tan en serio mis palabras (¡si nunca me hacen caso!) y que a día de hoy mi hermano lleve 24 semanas (y dos días) dentro de la barriguita de mamá. No sé por qué se decantaron por él, con lo fácil que hubiera sido lo del perro…

En fin, que para el que no lo sepa ya… ¡hoy es el cumple de mis papás! Sí, sí, de los dos, y por tercer año consecutivo me siguen racaneando la doble tarta, la doble fiesta, las dobles velas y los dobles globos, ¿os lo podéis creer? Lo bueno, según ellos, es que de esta manera nunca a ninguno se le olvida el aniversario del otro, aunque he de decir que para que eso le pasara a mi mamá, que en tema de fechas señaladas es un calendario humano, muchas neuronas tendría que perder. Aunque va por el camino, no penséis…

Este año aún tengo complicado lo del regalo, sigo sin paga y no tengo acceso directo al papel ni a las ceras de colores para poder hacerles uno de mis estupendos dibujos, así que van a tener que conformarse con muchos besos y abrazos y con un cumpleaños feliz a capela bastante perfeccionado ;)

¡FELICIDADES PAPIS!

Mis trabajos de la guarde

26 de enero de 2011 en La vida de Leo

Cada día, cuando mamá llega de trabajar y después de una intensa sesión de besos, abrazos y gritos de alegría varios, ella me pregunta:

- A ver Leo, ¿qué has hecho hoy en la guarde?

A lo que yo siempre (SIEMPRE) respondo:

- Ha pinnnnnntao.

Es una escena que se repite, insisto, todas las tardes, como si estuviéramos en la peli esa de la marmota, lo mismo. Ella cree que ni pienso lo que digo, que tengo la respuesta automatizada, porque no entiende que no haga otra cosa en las seis horas que paso allí cada mañana. Ni plastilina, ni juegos, ni canciones, ni bailes… Vale, sí, hacemos todo eso y más, pero al final casi siempre acabamos pintando, por eso es lo que yo le cuento. Y para que deje de dudar de mí les he traído a ella y a mi papá las fichas de los trabajos que hemos hecho en el primer trimestre, reflejo por otra parte de mi enorme creatividad.

Así que créeme, que es lo que hago cada día mami: ¡ha pinnnnnntao!

Dos años y medio

23 de enero de 2011 en La vida de Leo

Desde que nací todos los días 23 están marcados en rojo en nuestro calendario, y aunque yo ya no celebre cada uno de los meses que cumplo, hay dos excepciones importantísimas. La primera, obviamente, es la del 23 de julio, día de mi cumpleaños. La segunda, la del 23 de enero, día de mi cumplemedioaño.

Así que hoy, 23 de enero, es un día especial porque… ¡cumplo dos años y medio! Ni yo mismo puedo creerme lo mayor que soy ya, que ahora estaré más cerca de los tres años que de los dos. Mis papás son de la misma opinión y no entienden cómo el tiempo puede haber pasado tan deprisa, si parece que fue ayer cuando estaba dentro de la barriguita de mamá… ¡y ahora es otro el que habita dentro de ella!

Precisamente eso, el hecho de que pronto seré hermano mayor, es un de los signos más evidentes de que crezco y me convierto en una toda una personita, con sus responsabilidades pero también con sus ventajas. Últimamente he ganado en independencia. Insisto en quitarme solo el abrigo, el lavarme solo los dientes, en comer solo, en bajar solo las escaleras, en montarme solo en el coche… Creo que habréis adivinado que la palabra clave de todo este asunto es “solo”, ¿verdad? Esto no significa sin embargo que no necesite a mis papás, todo lo contrario, porque también soy un niño muy sensible y cariñoso y los reclamo a mi lado muchas veces para hacerme mimitos o… para cambiarme el pañal, para recoger mis juguetes, para hacerme la cena, para lavarme la ropa, para llevarme a la bolera… Lo mismo pensáis que ahora la palabra clave es otra, pongamos… ¿jeta? Pero es que a ver qué queréis, que son dos años y medio, ¡tampoco es que haya entrado en la pubertad!

Lo más notable de esta etapa en la que ahora me encuentro es lo rápido que aprendo y cómo voy desenvolviéndome con lo del lenguaje. Ya sé un montón de palabras y soy capaz de construir frases sencillas. Cuento del uno hasta el diez saltándome el dos, aunque si me preguntas cuántos años tengo no lo dudo, dos. Ahora, y a pesar de que casi todo lo que me rodea “es mío”, he aprendido también el concepto del “tuyo”. Distingo el masculino y el femenino y por eso cuando mamá me pregunta, “¿y cómo es Leo?”, yo le respondo: “¡guapo!”, pero si me pregunta “¿y mamá?”, yo le digo, “¡guapa!” (es que le pongo mucho énfasis…). Ya he comentado que como sólito y aunque esté de más decirlo, de casi todo. El pescado se me atraviesa un poco, pero nada que no se pueda solucionar con un buen chorreón de ketchup. Y desde hace poco he descubierto que ir andando a los sitios como los mayores puede ser muy divertido, eso sí, siempre y cuando te dejen pararte cada dos segundos a mirar una hormiga, coger una piedrecita, saludar a algún transeúnte, mirar un escaparate… Lo malo es que esto desespera un poco a quien me acompaña, así que al final acabo yendo en mi silla o en brazos. Aunque a mí, la verdad, tampoco es que eso me importe demasiado, que soy comodón por naturaleza.

En fin, que son muchos mis avances en estos dos años y medio. Seguro que de aquí al próximo 23 de julio hay muchísimos más y como siempre… ¡aquí estaré yo para contarlo!

Conmigo vale, de mí. . . ¡no!

20 de enero de 2011 en La vida de Leo

Últimamente estoy sembrado. Y con esto no quiero decir que de mis orejas crezcan lechugas ni de mi barriga estén brotando tomates, no. Lo digo en sentido figurado (otra de las lindezas del castellano…), vamos, que estoy la mar de gracioso y ocurrente.

La verdad es que siempre he sido un niño muy simpático y alegre. Saludo a mucha gente por la calle, aunque no los conozca ni ellos a mí. A las cajeras de los supermercados, al panadero, a mis vecinos… Si alguien me pide un beso yo gustosamente se lo doy, que ya he aprendido que son de esas cosas que hacen feliz a quien los recibe y encima son gratis. Puede que suene un poco pretencioso que yo lo diga, pero todo eso, unido no olvidemos a mi impresionante presencia física, hace que sea un niño que llame la atención.

Pero es que ahora con mis genialidades me he convertido en un artista, como dice mi papá. Cuando canto, cuando bailo, cuando hablo, cuando juego… Causa sensación mi “cachinguengues” (me cachis en los mengues) y cada vez que lo digo si algo no me sale bien (o si quiero hacer gracia, que todo hay que decirlo), consigo que los demás se partan de la risa. Y yo me crezco y pienso, jo, qué tío más molón soy. Es así, me gusta que la gente se divierta y se ría conmigo (¡y vaya si lo hacen!). Pero otra cosa es que se rían de mí. Eso sí que no me gusta nada de nada. El que más lo hace es mi papá (no lo niegues, papi) que dice que le hago mucha, mucha gracia. Se ríe cuando digo alguna palabreja extraña o si hago algo que él considera divertido pero en lo que yo pongo todo mi empeño. Entonces no busco hacer gracia y me molesta que se rían, aunque la escena acabe con un beso sonoro y un “ay, pero qué arte tiene mi Leo“. Y lo demuestro, me pongo serio y digo “papaaaaaaaaaaá“, así, alargando la última “a” y con un tonito de cierto cabreo. En ese momento él se da cuenta y me dice, “perdona hijo, ya no me río“.

Más te vale papá, porque te recuerdo que de mayor seré yo el que te administre las pastillas de la tensión.

A todo esto, y como bien dice mi papá, sólo hay una persona en todo el mundo mundial que desconoce mi auténtica personalidad feliz y dicharachera: mi Doc. Quizás debiera pasarle la dirección de este blog…

El paraíso del campófilo: UPDATE

18 de enero de 2011 en La vida de Leo

Seguimos a vueltas con el idioma. Como comenté en el post anterior, me he dado cuenta de que el castellano no es que sea precisamente una lengua sencilla. Aunque para no ser excesivamente duro, he de confesar que también tiene sus cosas positivas. Una es que todo se pronuncia tal cual se escribe, no como en otros idiomas raros como el inglés. Un poner, aquí una table es una “table”, no una “teibol”, que yo no veo por ningún sitio la e, la i ni la o. Otra es que es una lengua tan rica y variada y se habla en tantos países que siempre están apareciendo nuevas palabras venidas de diferentes lugares.

Pues bien, yo he querido hacer mi pequeña aportación al castellano y he ideado una nueva palabra: campófilo, que he autodefinido como aquél que ama el campo y todo lo relacionado con él. Si este vocablo estuviera recogido en el Diccionario de la RAE aparecería como ejemplo del mismo: Leo, de la Torre. Me gusta ir al campo, y de sobra es conocida mi aficción por los tractores, los Land Rover (ahora llamados con todas sus letras) y los hace un tiempo descubiertos Nissan Patrol, todos ellos vehículos que se usan para las tareas del campo. Me entusiasma verlos y estos días, en plena campaña de recogida de la aceituna, me estoy hinchando. Uno, y otro, y otro, y otro… así durante todo el día. Venga tractor para arriba, venga Land Rover para abajo…. Todos con sus remolques bien cargaditos. Es una buena entretenta pasarse la tarde mirándolos por la ventana, sobre todo teniendo en cuenta que poco más se puede hacer en esta época del año. Lo malo es que esta diversión tiene los días contados, y de aquí a unas semanas todas las aceitunas de los olivos estarán ya bien exprimidas y convertidas en nuestro rico aceite. Entonces es cuando tocará podar las ramas para que crezcan con más vigor y sigan dando una buena cosecha el año que viene. Hay quien ya ha empezado con esta tarea, y suerte que así sea porque sino… ¡no hubiéramos podido hacer la hoguera de San Antón!

Mira que me gusta a mí esta tradición, ¿eh? Ya es mi tercer año acudiendo a ver las hogueras pero esta vez sí que las he disfrutado. El primero me quedé sopa al calor del fuego y el segundo como andaba algo bronquítico… Pero ayer… ayer sí que me lo pasé bomba. Comí palomitas, tocinillo, chorizo (¡má chiso mamá!) y ochíos. Me acerqué a la lumbre tanto como mis papás y mi abuelo me dejaron, le lancé ramitas de olivo y hasta jugué al tío de la vara con papá.

Quizás aquí donde yo vivo no haya grandes cosas como centros comerciales, museos, cines, teatros… pero tenemos nuestro campo que nos da un montón de cosas ricas y de tradiciones que yo estoy dispuesto a seguir cumpliendo.

¡Que viva San Antón!

UPDATE

Acabo de darme cuenta de que esta es la entrada nº 300 de “La vida de Leo”. ¡¡¡FELICIDADES A MÍ!!!

Qué complicado es el castellano

16 de enero de 2011 en La vida de Leo

Cuando uno está aprendiendo a hablar, como es mi caso, se enfrenta a un reto muy complicado. No sólo hay que saber qué palabra usar en cada momento, sino que además hay que saber pronunciarla lo mejor posible para que los demás te entiendan. Pero esto sólo son pequeñas menudencias lingüísticas comparado con lo que realmente está por venir. Ayer sin ir más lejos comprendí lo difícil que va a ser dominar el idioma gracias al descubrimiento de dos monstruos del castellano: la homonimia y la polisemia.

Estuve en el cumpleaños de mi amigo Juan Antonio, en el que he de decir que me lo pasé genial. Lo celebró en el bar-salón del Centro de Día de nuestro pueblo, abierto expresamente para él y todos sus invitados. Imaginad la de sitio que había para correr y jugar. Pues bien, en un rincón del lugar encontré un objeto extraño que no había visto nunca. Se trataba de una especie de caja transparente en cuya tapa había una ranura muy finita. Intenté abrirla, pero no pude. Entonces vino mi papá y me dijo que eso era una urna electoral y que servía para votar. ¿Qué hice yo? Pues ponerme a botar con toda la coordinación que pude. Primer descubrimiento, las palabras homónimas: una cosa es votar con “v” y otra botar con “b”, que aquél chisme no era para que saltásemos de manera entusiasmada. Tuvieron que explicarme que se usa para votar con “v” que es cuando muchas personas eligen algo o alguien de entre varios candidatos. Ah, vale, entonces cuando mi hermano y yo tengamos que elegir un juguete para jugar tendremos que votar, ¿es eso, no? Mi papá me explicó cómo se votaba, me dio una servilleta de papel y juntos la introdujimos en la urna por la rajita de la tapa. A partir de entonces el bar se quedó sin servilletas.

Voté una vez…

… y otra…

… y otra…

… y otra más.

Entonces vino mi mamá y me dijo que qué clase de democracia era esa, que aquello no era una votación sino un pucherazo. Vamos a ver, ¿pero no habíamos quedado en que la caja transparente era una urna? ¿A qué viene ahora lo del puchero grande? ¿Pretendes poner esto al fuego con huesos de jamón, alubias, patatas, zanahorias y demás verdura? Y aquí es donde vino el segundo descubrimiento: las palabras polisémicas, que resulta que el pucherazo puede ser una olla muy grande, un plato de puchero contundente (como los que a mí me gustan) o un fraude electoral, que era lo que yo estaba cometiendo con tanto voto a mi favor. Jesús madre mía, pues sí que es complicado esto del idioma…

Sin embargo decidí no estresarme, que para eso ya vendrá la primaria. Así que aprovechando que estaba en un bar hice lo que los hombretones como yo se supone que hacen para relajarse: me fui a la barra con mi papá, que me enseñó algo menos cultural quizás que la riqueza del castellano pero fundamental en la vida de cualquier persona: a abrir una cerveza.

Y aunque no fue tarea fácil, conseguí abrirla. Vale que contaba con algo de ayuda, que la cerveza estaba vacía y que el tapón se lo colocaba flojito mi papá, pero lo que importaba no era la fuerza sino la técnica, y esa la aprendí perfectamente. Así que ya no quedaba más que brindar y…¡seguir con la fiesta!

Veintidós semanas

13 de enero de 2011 en Esperando al bebé

Hoy mi hermanito cumple 22 semanas con mamá. Ay que ver que suerte tiene el enano este que está todo el día con ella… A mí ya me gustaría, pero con esto de que ella trabaje por las mañanas es misión imposible. Por eso el resto del día, cuando vuelve a casa, procuro no separarme mucho de su lado. Y con mi encanto personal y unos cuantos abrazos y besos no tardo nada en conseguir que ella haga lo mismo. Si es que cuando quiero soy más cariñoso… Tal es mi apego que he decidido pasar olímpicamente de mi cuna, que por otro lado ya se me va quedando pequeña, aviso. Ahora cada noche, al terminar el bibi que me tomo haciendo de mortadela entre papá y mamá en su cama, cuando ellos me dicen, “venga Leo, a la cuna”, yo les respondo con un rotundo “no, a cama”. Le echo a mamá el brazo (o la pierna, o la cabeza, o yo enteramente) encima y así dormimos, juntitos los tres. Bueno, los cuatro, que no hay que olvidar al bebé que es de quien debiera estar hablando hoy.

Los Reyes Magos, que ya ha quedado claro que son muy sabios y saben lo que cada uno necesitamos, han tenido muy en cuenta esta tendencia familiar al garrapatismo materno y le han traído a mamá un portabebé con el que ella está encantada. Para mí no deja de ser un enorme trozo de tela naranja elástica con el que alguien se está ganando muy bien la vida, pero ella dice que con unas vueltas por la espalda, un nudo por allá y otro por acá se convertirá en un transporte perfecto para el bebé que dejará sus manos libres para atender mis propias exigencias. Por lo visto descubrió este sistema mucho después de que yo naciera, cuando mi peso ya no había tela que lo resistiera. Así que aquellos que piensen que los segundos no aportan ninguna novedad están muy equivocados, que aquí está nuestro enano que va a poder disfrutar de algo que yo no tuve. Y a saber cuántas cosas más que hicieron “mal” conmigo no vuelven a repetir con él, para que luego digan que los primogénitos tenemos ventaja en todo. Y una porra. Más bien somos como los muñecos esos de cabezas a cuadros que usan en los test de seguridad de los coches. Nos usan para probar, mejorar y aplicar los resultados en otros.

Así que bebé, sí, tú, ese que no para de moverse ni un segundo dentro de mamá, te lo advierto: no me vengas con carita de pena lamentándote de ser el segundo que al final vas a salir ganando. ¡Y todo gracias a mí!

P.D. Estos días ando bastante malito, con fiebre, mucha tos e infinitos mocos. Como buen hermano mayor…¡espero que el bebé no sufra lo que yo con los resfriados!

Un día de Reyes inolvidable

09 de enero de 2011 en La vida de Leo

Si ya lo decía yo, que lo de los Reyes Magos era lo mejor de la Navidad, que mira que son enrollados los tres. Yo creo que por eso los llaman Majestades, no porque sean Reyes, no, sino por lo Majetes que son.

Este año la lluvia no nos impidió ir a verlos a la cabalgata del día 5. Allí, entre caramelazo y caramelazo, les pedí gritando todo lo fuerte que dan de sí mis pulmones que me trajeran muuuuuuuuchos regalos. La técnica, y no olvidemos, el hecho de que en 2010 fui un niño bueno elevado a infinito, debió funcionar a la perfección porque este es el aspecto que presentaba el salón de casa cuando el día 6 muy tempranito me levanté:

Eso, que vivan muchos años y que todos sean igual de generosos. Y de apañados, que mira que tienen trabajo esa noche y hasta globos inflaron. Bueno, igual eso lo hicieron los pajes… El caso es que mi cara de sorpresa fue mayúscula al ver tanto regalo junto, ¡qué felicidad!

Había una cocina, una mesa y unas sillas (¡los Reyes también encargan sus regalos en la tienda de las letras amarillas!), un juego de plastilina, una pizarra para pintar, unas pegatinas de un barco pirata para medirme, comidita para jugar con la cocina, un patinete de Bob Esponja, un juego para pintar de Pocoyó… y hasta tuvieron el detalle de traerme personalmente los regalos que mi abuelo y mis titos de Algeciras habían pedido para mí: un ordenador, un camión de bomberos, un tranvía y hasta un Rayo Macqueen chino. Oficial, pero chino ;)

Ah, también le trajeron al bebé el peluche que pedí para él, aunque lo dejaron sobre “mí” mesa…

Me encantó la plastilina, sobre todo porque tiene un montón de accesorios para jugar con ella. Creo que mi mami no opina lo mismo…

Lo de la cocina fue un detallazo, que hasta venía con su delantal, su gorro y su manopla. Tiene luces, lavadora que por supuesto pongo cada día, un horno, fregadero, frigorífico… ¡y todo de mi tamaño! Se acabó eso de andar suplicando a los mayores que me dejen ayudarles a preparar la comida.

Y lo mejor es que tengo mis propias materias primas y mis propios utensilios de cocina, ¡cómo manejo el cuchillo señores!

En definitiva, que me he convertido en mi propio hombre de la tele. Y por cierto, otro detalle más de Sus Majetes, que para que no me falten ideas en la cocina, ¿a qué no sabéis cuál fue uno de los regalos que dejaron a mí mamá?

Y como ya he dicho más de una vez que soy un niño con mucha suerte, amén de bueno buenísimo, cuando llegué a casa de mi abuelo me encontré con más regalos. ¡Él y mis titos también le habían escrito a los Reyes una carta para mí!

Más plastilina, una camiseta de Toy Story, la Casa de Mickey Mouse, una alfombra musical y un juego de cartas para aprender los opuestos. Y un cuento-puzzle para el bebé también.

Lo único que olvidaron los Reyes fue traer una caja de paracetamol para los mayores, que estuvieron todo el día quejándose del ruido que hacíamos mis primos y yo.

Y esto, que no es poco, es lo que dio de sí el día de Reyes, el más mágico del año. Estoy deseando que llegue el del año que viene, aunque dice mi mamá que será difícil de superar, sobre todo porque a partir de que cumplas tres años sólo puedes pedir tres regalos, uno por Rey. No sé de dónde se ha sacado esa ley, tendré que consultar la letra pequeña de las cartas a Sus Majetes, pero bueno, como para entoces el bebé también tendrá los suyos… ¡ya me aprovecharé de ellos!

¡Gracias Reyes Magos!

A Sus Majestades de Oriente

04 de enero de 2011 en La vida de Leo

Queridos Reyes Magos.

Sé que la Navidad tiene un montón de cosas buenas: las luces, las comidas en abundancia, la familia que vuelve a casa como el turrón (¡qué bien me lo estoy pasando con tanta gente en casa del abuelo!)… Pero, y no es por haceros la pelota, sin duda lo mejor de lo mejor sois vosotros. ¿O acaso no es fantástico que una mañana al levantarte te encuentres el salón de casa lleno de juguetes como si fuera el mismísimo Toys´r´Us? No, no se puede pedir más. Y todo por arte de magia, si es que no hay otros como vosotros.

Este año me he portado muy requetebien, cosa que por otra parte ya sabréis porque como dice mi mamá nos veis durante todo el año. Cómo lo hacéis aún no lo sé, ese es otro de los misterios que os rodean. Yo creo que tenéis instaladas cámaras secretas en plan Gran Hermano para vigilarnos. O a lo mejor, como dicen que sois astrónomos, podéis vernos con un súpertelescopio gigante. No importa, lo que cuenta es que he sido muy bueno: recojo mis juguetes, ayudo a mis papás a preparar la comida y a poner la mesa, soy buen compañero en la guarde… Bueno, a veces me excedo un poco con el “esto es mío”, pero es que uno tiene que defender sus propiedades. Y otras veces, cuando no me dejan hacer lo que yo quiero, me cabreo un poquito. Vale, es un aspecto a mejorar y prometo trabajar en ello de aquí al año que viene. Sólo es cuestión de perfeccionar mi vocabulario y hacerme entender, seguro que así cuando pueda comunicarme y exponer claramente mis puntos de vista ceden las rabietas, aunque sólo sea ligeramente.

Me he estudiado un montón de catálogos y como me gustan todos los juguetes creo que voy a dejar en vuestras manos la elección de los más acertados para un niño de dos años y (casi) medio como yo. Creo que mi mamá os ha dado unas ideas, que fue ella la que me ayudó a escribir la carta…

Para que no se diga que soy un mal hermano mayor os he pedido un peluche para el bebé, por si más adelante también lo quiere usar de almohada como yo.

Sólo hay una cosa que no he encontrado en los catálogos y que sí me gustaría que me trajerais: buena suerte y, sobre todo, salud. Que estando en plena forma podré disfrutar más de mis juguetes ;)

Y como ya os sabéis mi carita de corderito del año pasado, esta vez os dejo una de la que pondré el día 6 cuando me levante, para que así sintáis que vuestro trabajo merece la pena.

Ya sólo me queda desearos un buen viaje y advertiros que tengáis cuidado por el cielo, que los controladores aéreos la lían de buenas a primeras.

Un beso,

Leo.

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