Leo y Luca en nunca jamás

marzo de 2011

Súper bebé

30 de marzo de 2011 en Esperando al bebé

Como lo prometido es deuda y uno no quiere ser deudor de nada, y menos a una edad tan temprana, hoy traigo las últimas imágenes en movimiento de nuestro bebé aún sin nombre. Pero antes… os cuento.

Hace un par de semanas (el tiempo que la pesada de mi mamá ha necesitado para montar el vídeo) el pack compuesto por mi papá, mi mamá con peque y yo fuimos a la casa de otro tipo de esos con una súpermáquina fotografiadora de bebés para que nos contara cómo iba creciendo el chiquitín y de paso nos diera un DVD que ella guardará como oro en paño para el recuerdo. Después de dejarle un regalito de bienvenida en forma de apestosa deposición (es que pensaba que a quien iba a visitar era a mí y esa es mi manera de defenderme, en plan mofeta) pasamos a la sala de cine donde en una pantalla enorme pudimos ver al bebé mientras yo gritaba, “¡miiiiiiira, el bebé!”. Es que no sabía si los demás se habían dado cuenta, por eso. Entonces el señor de la bata blanca, a la sazón director de la peli, comenzó a darnos un montón de explicaciones sobre su anatomía (que al ser tan grande el bicho tuvimos que ver por partes), muchas más de las que mi mamá había escuchado antes, lo cual es de agradecer porque a veces no basta con que te digan que “todo está bien”, sino que gusta saber por qué. Es lo que tenemos las mentes inquietas. Nos habló de su cerebro, de sus ojos, de su boca, de su columna, de su estómago… ¡hay que ver lo que sabe esta gente! Escuchamos latir su corazón y pudimos ver cómo fluía la sangre de mamá a él. Ya veis, el renacuajo le da al vampirismo. Andaba un poco tímido, que otra vez se escondió detrás de eso-que-acaba-en-enta. También le tomo las medidas, a lo que ya estamos más acostumbrados pero que siempre es un dato a tener en cuenta, sobre todo el del peso. El señor nos dijo que el bebé pesará más que yo al nacer (que recuerdo fueron 3.080 gr) y no me extraña, porque en sólo dos semanas había aumentado hasta los 1.728 gr, ¡casi 400 gr! Como siga a este ritmo la ropa mini que mi mamá le está comprando le va a quedar pequeña desde el primer día, y es que… ¡está criando un súper bebé!

Dedicamos el vídeo a nuestro tito Alfonso, que siempre está dispuesto a ayudarnos en las cuestiones técnicas e informáticas de este blog (y en las demás, también ;) )

P.D. ¡Hoy quedan 50 días para el 19 de mayo!

Una tarta un poco rara

28 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Me gustan las fiestas de cumpleaños. Hay un montón de niños, globos, patatas, chuches, sandwiches… y como no, una tarta para el homenajeado. La verdad es que puestos a elegir entre lo dulce y lo salado, prefiero lo salado. Ha sido así siempre y creo que así seguirá siendo. Por eso, y a menos que la tarta sea de gusanitos como aquélla que me hizo mi mamá cuando cumplí dieciocho meses, suelo pasar de hincarle el diente a la de la celebración en cuestión, que a mí lo que en realidad me gusta son las velas y la cancioncilla.

Gracias a mi tita mamimanitas he descubierto que las tartas pueden ir más allá del bizcocho, el chocolate, la nata o el merengue. Ahora sé que con un poco de maña, imaginación y paciencia (paciencia para la repostería :P ) pueden ser auténticas obras de arte comestibles. Y ese es el quid de la cuestión, que una tarta se supone que es… comestible.

Pero mi mamá, que como todas las mamás siempre está dispuesta a enseñarme cosas nuevas, me ha hecho ver que esto no siempre es así, que hay tartas que como las pruebes lo único que puedes conseguir es una indigestión de cuidado. Como la que le hemos hecho a mi seño de la guarde, que hace unas semanas ha sido mamá por primera vez.

Cuando me comentó su intención de hacerle un regalito pensé que otra vez nos tocaría ir a la tienda del señor gallego, pero no, en su lugar visitamos otros establecimientos: el Carrefour (“Caful” en mi idioma), una mercería, una papelería y la subsede de la China de al lado de casa, y me dijo que con todo lo que habíamos comprado íbamos a hacer una tarta. Y yo no supe qué pensar, porque sólo veía pañales, papel rojo, unas cintas, globos, pegamento y muchas gomitas, y hasta donde yo sé como metas eso en el horno se puede armar una buena. Entonces es cuando me explicó que lo que íbamos a hacer era una tarta sí, ¡pero una de pañales!

Sabed que yo la (des)ayudé un montón. Saqué todos los pañales de la bolsa para que ella los fuera enrollando y luego saqué todas las gomitas para que los fuera sujetando. Me aseguré de que la barra de pegamento no estuviera seca y de que las cintas midieran lo que tenían que medir. No sé por qué me excluyó del proceso de los globos, pero bueno, al final con un poco de astucia conseguí (re)colocarlos en la tarta.

Es nuestra primera tarta de pañales, ¡espero que a mi seño le guste!

Treinta y dos semanas

24 de marzo de 2011 en Esperando al bebé

O lo que es lo mismo, doscientos veinticuatro días de embarazo. Madre mía, no quiero ni pensar en lo que tiene que ser la gestación de una elefanta…

Pues eso, que hoy cumplimos las treinta y dos semanas y todo sigue marchando estupendamente, tanto en el contenido como en el continente. Mi mami ahora es como un huevo kinder, gordita y con sorpresa dentro. Por suerte lo que salga de ahí no vendrá por piezas ni tendremos que armarlo, aunque con la práctica que tiene interpretando las instrucciones de los muebles de la tienda de las letras amarillas podríamos estar tranquilos si así fuera, que no le pondría los ojos donde la boca ni las piernas donde los brazos como hago yo a veces con mi Señor Patata.

Ya sólo quedan ocho semanas (cincuenta y seis días, ¡cincuenta y seis!) para que llegue el señalado como el probable de parto, que por si no os lo había dicho es el 19 de mayo. ¿Se adelantará? ¿Se atrasará? ¿Será puntual como un reloj suizo? Misterio misterioso. Lo que sí está claro es que mi mamá va a tener que ponerse las pilas en preparar todo lo que el bebé necesitará, que de ropa sólo no va a vivir el pobre. Hay que rescatar mi cochecito, comprar esas cremitas y geles delicados de la farmacia (yo es que ya voy a saco con el del Mercadona), los pañales, las mantitas… por no hablar de poner la casa a punto, que luego ya se sabe que el tiempo escasea y las pelusas se acumulan. Ella dice que no la agobie con estas cosas (sobre todo con lo de las pelusas), que lo que se necesite ya se irá viendo sobre la marcha, que si algo sacó en claro de su anterior post-parto es que hay muchas cosas de las que se compran que son absolutamente innecesarias. Pues vale mamá, tú misma, pero luego no me vengas con las prisas de última hora, te lo advierto.

Hoy, como viene siendo habitual, os dejo una foto de su barriga…

… ¡y una del bebé en 3D!

Esto es sólo un adelanto. Atentos a este blog porque próximamente veréis imágenes en movimiento del bebé, y no hablo de lo que se ve desde fuera, no, ¡desde dentro!

Esto… hay qué ver qué guapo es mi hermanito, ¿eh?

La lengua azul

23 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Abrimos la olvidada Leopedia:

“La lengua azul es una enfermedad vírica aguda del ganado ovino, caprino y bovino, transmitida por dípteros hematófagos, de presentación estacional y curso febril, caracterizada por lesiones hiperémico-hemorrágicas en mucosa bucal, pezuñas y musculatura, con desarrollo de erosiones y ulceraciones”

Cerramos la Leopedia.

Líbreme Dios de padecer una enfermedad similar, que yo ya tengo suficiente con mis mocos y mi tos. Además, hasta donde yo sé de oveja, cabra o vaca tengo poco, salvo que me gusta el melón (eso que otros llaman queso). Bueno, y que soy bastante del campo… Pero no tengo pezuñas, a pesar de que mi mamá algunas veces cuando “accidentalmente” rompo algo confunda mis manitas aún regordetas con los apéndices de estos animalitos, ni me comunico con sonoros beeeeee ni muuuuu (ya no).

Así que espero que no se desate la alarma sanitaria internacional cuando diga que yo, el ya no tan pequeño Leo… ¡he tenido la lengua azul!

Pero tranquilos, que no es por culpa de ningún bichejo. Más bien el origen está en las toneladas de azúcar coloreada de esas que mi tita Teresa utiliza para sus creaciones. Vale que es un daño colateral (junto con la hiperglucemia), pero creo que con lo ricas que están…¡podré soportarlo!

¡Hola primavera!

21 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Hace apenas unas horas que ha llegado, de madrugada, mientras dormía, como los Reyes Magos. Y al igual que los tres de Oriente, para traernos cosas buenas.

Ya está aquí, ¡es la primavera!

Por fin decimos adiós al invierno y saludamos a esta fantástica estación del año que nos trae calorcito, flores, días mucho más largos y este año hasta un bebé. Vale, ya sé que los alérgicos no estarán tan contentos como yo, pero bueno, nada que no pueda solucionar un buen chute de ventolín.

La verdad es que estoy muy emocionado, sobre todo después de que estos dos últimos días apenas hayamos parado en casa. Hemos pasado mucho tiempo en el parque (¡sin abrigo!), donde si por mí fuera viviría permanentemente. Ahí, con mi chalecito entre el tobogán y el columpio, sería genial. Pero es que allí me lo paso muy bien, y estén o no mis amigos de la guarde yo me las ingenio para divertirme al máximo.

Y también hemos estado en el campo=olivos. He de decir que yo hubiera preferido volver al parque, pero mi papá me dijo que íbamos a ver una vaca y me convenció. Cogí mi sombrero, mi mochila y, al igual que hicimos el año pasado, allá que nos fuimos a buscar espárragos bajo un espléndido sol. Al final ni vaca ni nada, que lo máximo que vi fue un caballo, unas cuantas lagartijas y un montón de mariposillas blancas que me empeñé en perseguir sin conseguirlo. Pero me lo pasé bien, mi mamá me dejó jugar con la tierra y ensuciarme todo lo que quise y más mientras mi papá iba a la caza y captura de los famosos palos verdinegros.

Ya sé que es difícil que tengamos estos días tan buenos durante toda la primavera, que alguna borrasquilla que otra nos visitará, pero bueno, no me importa, porque sé que a partir de ahora el tiempo sólo puede ir a mejor y eso, amigos míos, ¡es para animarse!

Doble celebración

19 de marzo de 2011 en La vida de Leo

El día de hoy promete ser genial.

Para empezar es sábado, así que nadie me ha despertado para ir a la guarde. Luce un sol espectacular y se prevé una temperatura máxima de 22ºC, con lo que la mañana de parque está asegurada. Y por si esto no fuera suficiente, estamos de doble celebración.

Esto último se lo debemos al carpintero más famoso de la historia, y no, no me refiero a Harrison Ford. El artesano del que hablo tiene un montón de años (aunque a pesar de que mi mamá diga no sé qué de su atractiva madurez, yo creo que el Indi ya está viejete también) y es conocido como el papá no cromosómico más internacional. Por si no lo habéis adivinado ya, hablo de San José. Este tipo se encargó de cuidar a Jesús hasta que a los 30 años se independizó (y luego dicen que los jóvenes de hoy en día tardan en emanciparse…). Lo hizo a pesar de que por aquél entonces aquello de haber acogido a una mujer embarazada de otro, por muy Espíritu Santo que fuera, no estaba demasiado bien visto. Yo creo que por eso alguien tuvo la genial idea de aprovechar el día de su onomástica para dedicárselo a todos los papás del mundo, entre los cuales, por supuesto, está el mío. Ayer le he regalé una tarjeta personalizada que he hecho en mi guarde con mis deditos y pintura de dedos sospechosamente blaugrana según mi mamá. Creo que con eso me he ganado unos cuantos gusanitos ;)

Y como de onomásticas hablamos, la segunda de las celebraciones va por mamá, que aunque le pusieran el María delante para hacerlo más femenino y bonito, no deja de ser una José, así que aquí está, celebrando su santo. A ella no le he hecho nada, pero espero que mi papá le haya comprado algo de parte de los dos.

Hoy termino ya, ¡que queda mucho día para disfrutar por delante!

¡Feliz día del padre, papá!

¡Feliz santo, mamá!

Hacia el cole de mayores

17 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Tenía seis meses cuando comencé mi andadura escolar. Sí, lo sé, demasiado pronto, sobre todo teniendo en cuenta que con suerte no la acabaré hasta los veintipocos…

Mi etapa en la guarde ha estado plagada de luces y sombras. He de reconocer que allí me lo he pasado muy bien, he aprendido un montón de cosas, he hecho buenos amigos, he comido de fábula… pero no puedo negar que, aún hoy en día, preferiría quedarme cada mañana en casa con papá o con mamá, viendo dibujos, ayudándolos a preparar la comida, jugando, yendo a comprar, paseando con mi abuelo…Lástima que eso no pueda ser posible, ya sabéis, culpa del maldito Adán ese que obliga a los mayores a ganarse el pan con el sudor de sus frentes.

Y ahora viene el cole, ¡el cole de mayores! Por eso esta mañana mi mamá y yo hemos entregado mi solicitud de plaza en uno de los dos colegios que hay donde yo vivo. Aún no tengo muy claro qué significa todo esto, si tendré nuevas responsabilidades o sí se espera de mí algo más. Sólo sé que el sitio al que iré será enorme y con muchos más niños de los que hay en mi guarde. Eso me da un poco de miedo, la verdad. ¿Seré capaz de llevarlo bien? ¿Lloraré amargamente cada vez que me dejen allí? Ay, qué sinvivir…

Por suerte aún quedan más de cinco meses para ese momento, con un verano que espero llegue pronto por medio para disfrutar e ir haciéndome a la idea de que mi etapa de niño pequeño ha terminado, que a partir de septiembre… ¡seré un colegial!

 

Aprendiendo las formas

15 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Todo aquel que piense que los niños que vamos a la guarde lo hacemos para pasar el rato, jugar, pintar o bailar están muy equivocados. Vale, que eso también lo hacemos, pero es que además allí nos enseñan un montón de cosas. De ahí su nombre oficial, “Centro de Atención Socioeducativo”, es decir, hacen una labor social porque cuidan de nosotros mientras nuestros papás trabajan, y también otra educativa, que hasta tienen un plan de estudios preparado para nosotros y adaptado a nuestro nivel, aunque ese nivel sea el más básico.

Estos días estamos con el tema de la geometría. Eh, pero no os vayáis a pensar que nos están enseñando los poliedros o el teorema de Pitágoras, ni que vamos cargados de escuadras, cartabones y compases, que ya he dicho que allí el nivel es el más sencillo posible. En realidad estamos aprendiendo las formas, más concretamente dos: el cuadrado y el círculo.

Y mi mamá se ha enterado. Horror. Ahora cuando vamos por la calle se pasa el rato señalándome objetos para que yo le diga qué forma tienen: que si una ventana, que si una baldosa, que si una señal de tráfico… Al principio era divertido, pero llega un punto en que el tema cansa, que yo lo que quiero es ir cogiendo piedrecitas, buscar pipis y observar los coches pasar. Pero bueno, me resigno en pro del desarrollo intelectual. En casa la cosa tampoco cambia mucho, aunque aquí mi mamá se ha tirado el rollo y me ha comprado un puzzle de formas para que vaya practicando con el cuadrado y el círculo y ya de paso amplíe mis conocimientos a otras como el rombo o el triángulo. Podría decir que lo adquirió en una tienda de esas de juguetes didácticos tan chulas, pero lo cierto es que lo encontró en la subsede de la China que hay más abajo de casa al módico precio de dos euros y medio. Estos chinos son la bomba. Peeeeeeero… la cosa no termina ahí, que no conocéis a mi mamá cuando se empeña en algo. Además de todo esto ha rescatado mi DVD de Baby Newton, el de las formas, claro, y ahora casi después de un año volvemos a ver al payaso desproporcionado hecho a base de óvalos, triángulos y rectángulos.

Al final mi mamá ha conseguido su particular reto didáctico, que ya distingo perfectamente el cuadrado y el círculo. Y, aunque me cueste decirlo, con lo del puzzle y el DVD… ¡hasta me he divertido!

Sólo hay una cosa que no logro entender del todo. ¿Por qué me dice mi mamá que soy un cabeza cuadrada?

Moviéndose, la tradición continúa

14 de marzo de 2011 en Esperando al bebé

Hace casi tres años (¡tres años!), cuando este blog era propiedad de mis papás, mi mamá, que todo hay que decirlo no tiene el mismo don de palabra que yo, eso es evidente, escribió este post sobre lo que me movía dentro de ella. Aquéllo no era sino un preludio de lo que le esperaría fuera, que yo nunca he sido un bebé tranquilo. Vamos, que siempre fui el polo opuesto a esos dulces bebés que se ven quietecitos en su silleta, durmiendo plácidamente, entretenidos horas con un sonajero… A mí me iba la marcha, el movimiento. Y bueno, ahora que soy un niño de dos años y medio ni os cuento.

Y, aunque aún le sorprende, mamá dice que el bebé que ahora espera se mueve mucho más que yo y durante más horas al día (y por la noche, también). Por eso está bastante asustada, porque teme que lo que se le viene encima le va a dar bastante guerra, que este hermanito mío promete ser una culebrilla. A mí sin embargo no me importa demasiado, prefiero un compañero de juegos activo que no uno a la expectativa. Eso sí, mientras no me quite mis juguetes, no habrá ningún problema.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que yo le sugerí a mamá algo que no hizo conmigo (para que luego digan que los primeros nos lo llevamos todo), y fue inmortalizar esos movimientos para la posteridad. He aquí el resultado, bebé a las 30 semanas de vida en plena acción.

Y después siguió, y siguió, y siguió… Quizás la próxima vez sería mejor un montaje con sus “mejores” momentos ;)

Un Carnaval muy artístico

12 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Este año sí. Después de mi primera experiencia carnavalera, en la que lucí nada menos que tres disfraces diferentes, vino (o más bien no) la segunda, que fue aplastantemente frustrada por el agua. Pero este año la cosa pintaba bien, y a pesar de que en los días previos y en los posteriores la borrasca vino a hacernos una visita, hemos podido disfrutar de nuestro Carnaval, sin duda una de las fiestas grandes de La Torre.

Aunque por muy grande que sea, mi mamá no las tenía todas consigo, que a mí eso de colocarme cosas para hacer el payaso un rato en casa vale, pero otro tema muy diferente es salir con esas pintas a la calle, que uno tiene que mantener su estatus de dandi. Por eso no se decidió a comprar ni preparar ningún disfraz y se limitó a echar mano de uno de los de la época de guardería de mi primo Alejandro. Si me lo ponía, genial, y si no, eso que se ahorraba. Y sí, me lo puse. Al principio me resistí un poco, y no hacía más que decirle a mamá que el babero no (es que era como un megababero), pero cuando vi que ella se puso uno igual que el mío (de su talla, claro), que incluso se colocó el gorro (¡quién te ha visto, mamá!), me convencí de que no debía tener tan mal aspecto, así que cogimos nuestras brochas y… ¡a la calle! Lo de brochas es porque íbamos de pintores, ¿chulo, eh?

Y parece ser que este año la temática era profesiones artísticas, porque luego el lunes en mi guarde, como viene siendo habitual, lo prepararon todo para que fuéramos los mejores en el desfile infantil con unos trajes que confeccionaron entre todas las mamás. Ellas se vistieron de directores de orquesta, con bigote y todo (bigote pintado, no penséis que las estoy llamando peludas) y nosotros íbamos de instrumentos musicales. A mí me tocó el saxofón, a lo Lisa Simpson. Aunque tocar lo que se dice tocar sólo tocamos los silbatos que nos dieron. Vamos, que parecía más un desfile de árbitros que de párvulos. Aún así causamos sensación, que ya se sabe que a todos los mayores les encanta ver a los niños tan pequeños y tan graciosos.

He de decir que el traje acabó en la basura. Pero no porque mi mamá la que un día morirá de Diógenes no quisiera guardarlo, sino porque después del desfile jugué tanto que acabó destrozado, notas por aquí, teclas por allá… Que dicen que el pegamento extrafuerte lo pega todo, pero eso es porque no se las ha visto con un niño de dos años y medio como yo.

El martes era fiesta local, pero yo decidí que, aunque los disfraces me sentaban fenomenal, ese día saldría vestido de mí mismo. Así que me coloqué un jersey bien abrigadito y me fui a disfrutar de las máscaras. Y entonces fue cuando descubrí el confeti. Pedí, rogué que me compraran una bolsa de esos papelitos de colores que la gente se lanzaba, y como mis papás son muy buenos me la compraron. Ellos insistían en se trataba de eso, de lanzárselos a los demás (y si los pillas con la boca abierta, mejor que mejor), pero yo como viene siendo habitual los ignoré y me dediqué a tirarlos sobre mí mismo, ¡así es más divertido! Aunque lo más gracioso es que luego en casa había papelitos hasta en el pañal, jejeje.

Hoy debería haber desfile de carrozas, pero me estoy asomando a la ventana y estoy viendo venir un nubarrón negro que presagia mucha pero que mucha agua. Y no, no pienso disfrazarme de paraguas ni de chubasquero, así que mejor que lo vayan aplazando para otro día, ¡aunque ya estemos en Cuaresma!

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