El meloneso
España es un país de una enorme riqueza gastronómica. Tenemos además algunos de los mejores y más innovadores cocineros del mundo, entre los cuales pronto espero encontrarme, que a mí eso de estar entre fogones ya sabéis que me encanta. Yo creo que es porque tenemos unas materias primas estupendas y de primera calidad en todo el país, que sí, que yo lo sé: los jamones de Jabugo o de Guijuelo, los vinos del Duero o de Rioja, la ternera gallega, los plátanos de Canarias… y así un larguísimo etcétera.
Uno de los productos más variados y ricos es el queso, y entre ellos el queso manchego. Y da la casualidad que esa tierra, La Mancha, da también unos melones buenísimos (con permiso de los murcianos). Y… ¿qué pasa cuando unes queso y melón? Pues que obtenemos un producto original made in Leo al que últimamente me he aficionado bastante: el meloneso. Algunos (y cuando digo “algunos” quiero decir mis papás) me dicen en que estoy algo confundido, que lo que yo como es queso a secas, de ese que dan las vacas o las ovejas, a pesar de que yo insisto (y mucho) en llamarlo melón. Pero como soy de mollera dura y no doy mi brazo a torcer por eso he creado el nuevo vocablo, para contentar a los productores del derivado lácteo y a mí mismo. Y es así como nace el meloneso, desde hace poco un complemento imprescindible en todas mis cenas. Probadlo, porque incluso con ketchup (insertar cara de asco de mi mamá)… ¡sabe riquísimo!

