Moviéndose, la tradición continúa
Hace casi tres años (¡tres años!), cuando este blog era propiedad de mis papás, mi mamá, que todo hay que decirlo no tiene el mismo don de palabra que yo, eso es evidente, escribió este post sobre lo que me movía dentro de ella. Aquéllo no era sino un preludio de lo que le esperaría fuera, que yo nunca he sido un bebé tranquilo. Vamos, que siempre fui el polo opuesto a esos dulces bebés que se ven quietecitos en su silleta, durmiendo plácidamente, entretenidos horas con un sonajero… A mí me iba la marcha, el movimiento. Y bueno, ahora que soy un niño de dos años y medio ni os cuento.
Y, aunque aún le sorprende, mamá dice que el bebé que ahora espera se mueve mucho más que yo y durante más horas al día (y por la noche, también). Por eso está bastante asustada, porque teme que lo que se le viene encima le va a dar bastante guerra, que este hermanito mío promete ser una culebrilla. A mí sin embargo no me importa demasiado, prefiero un compañero de juegos activo que no uno a la expectativa. Eso sí, mientras no me quite mis juguetes, no habrá ningún problema.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que yo le sugerí a mamá algo que no hizo conmigo (para que luego digan que los primeros nos lo llevamos todo), y fue inmortalizar esos movimientos para la posteridad. He aquí el resultado, bebé a las 30 semanas de vida en plena acción.
Y después siguió, y siguió, y siguió… Quizás la próxima vez sería mejor un montaje con sus “mejores” momentos
