Leo y Luca en nunca jamás

marzo de 2011

El meloneso

08 de marzo de 2011 en La vida de Leo

España es un país de una enorme riqueza gastronómica. Tenemos además algunos de los mejores y más innovadores cocineros del mundo, entre los cuales pronto espero encontrarme, que a mí eso de estar entre fogones ya sabéis que me encanta. Yo creo que es porque tenemos unas materias primas estupendas y de primera calidad en todo el país, que sí, que yo lo sé: los jamones de Jabugo o de Guijuelo, los vinos del Duero o de Rioja, la ternera gallega, los plátanos de Canarias… y así un larguísimo etcétera.

Uno de los productos más variados y ricos es el queso, y entre ellos el queso manchego. Y da la casualidad que esa tierra, La Mancha, da también unos melones buenísimos (con permiso de los murcianos). Y… ¿qué pasa cuando unes queso y melón? Pues que obtenemos un producto original made in Leo al que últimamente me he aficionado bastante: el meloneso. Algunos (y cuando digo “algunos” quiero decir mis papás) me dicen en que estoy algo confundido, que lo que yo como es queso a secas, de ese que dan las vacas o las ovejas, a pesar de que yo insisto (y mucho) en llamarlo melón. Pero como soy de mollera dura y no doy mi brazo a torcer por eso he creado el nuevo vocablo, para contentar a los productores del derivado lácteo y a mí mismo. Y es así como nace el meloneso, desde hace poco un complemento imprescindible en todas mis cenas. Probadlo, porque incluso con ketchup (insertar cara de asco de mi mamá)… ¡sabe riquísimo!

Guerra a los parásitos

06 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Hay un dicho que afirma que todos los días te acuestas sabiendo algo nuevo. A mí eso me parece exagerar un pelín, pero la verdad es que cuando tienes dos años y medio y estás en plena etapa de descubrimientos dicho dicho es una verdad como un templo, y he dicho.

Yo sabía que en el entorno infantil en el que me muevo los virus campan a sus anchas y pasan de un niño a otro con la rapidez de un rayo, sin preguntas, sin permisos. Y quien dice virus dice bacterias… Pero lo que yo no sabía es que además existen otros bichejos igual de indeseables que tampoco se quedan cortos a la hora de lanzar ataques en masa e indiscriminados: los parásitos. Y lo peor es que lo he descubierto no porque me hayan informado al respecto, sino porque los he sufrido en carne propia, o mejor dicho, en pelo propio.

Efectivamente, por si no lo habéis adivinado ya he tenido piojos, ¡piojos! La verdad es que no me extraña que estos bichos me hayan elegido a mí, que mi cabellera era de lo más sana y vigorosa. Y mi sangre… bueno, debe saber deliciosa con ese saborcillo a chorizo… Y digo era porque mis rizos helénicos, esos que tanto trabajo me costó criar, han desaparecido por completo. Cayeron uno a uno cuando mamá, a la que aún le pica todo, agarró la máquina de esquilar de mi papá y se propuso acabar radicalmente con todos esos parásitos y sus huevecillos, que los muy petardos habían resistido al tratamiento del flis-flis.

La verdad es que me porté bastante bien durante la mutilación, ni punto de comparación con mis experiencias en la peluquería, que ya se sabe que no hay nada como la confianza del cuarto de baño propio. Cuando terminamos mi papá me decía que estaba igual que él, y a mí eso me gustó. Luego mi mamá empezó a decirme que estaba muy raro pero guapisisisisisisisisimo, así que yo desde entonces cada vez que me veo en un espejo digo, “¡el pelo, qué guapo!”. Ahora parezco mayor y más travieso, cosa que me encanta. Lo único malo es que con estos fríos que aún tenemos no puedo salir de casa sin un gorro, que sin pelo el calor se escapa mucho antes. Espero que con las ideas no pase lo mismo…

Así que amigos, ¡ha vuelto el peloncete!

Veintinueve semanas

04 de marzo de 2011 en Esperando al bebé

El embarazo de mamá sigue su curso. Estamos (sí, en plural, que a mí también me hace partícipe de él) en la semana 29, a tan sólo 11 de la meta… si es que el bebé decide aguantar dentro hasta el final, claro. Y me parece que eso es precisamente lo que ella quiere. Sin embargo cuando estaba embarazada de mí, sé, porque así lo he podido leer en este blog, que estaba deseando que naciera. Vamos, que no le hubiera importado que me adelantara un par de semanas por lo menos. No sé si eran las ganas que tenía de verme, lo pesada que estaba ya o el calor de la época, pero el caso es que hasta a la luna imploraba que acelerara el proceso natural. Pero no, ahí que estuve yo haciéndome esperar hasta el final. Veremos a ver qué pasa con el bebé, porque en todas las revisiones de las fotos raras sus medidas siempre han ido una semana por delante. Por cierto, que la última de esas visitas fue esta semana. Y la cosa no puede ir mejor.

Bebé ya está colocado cabeza abajo, aunque bueno, eso no quiere decir nada, que yo en esa misma semana también lo estaba y luego en una de mis numerosas piruetas me coloqué de culo. Es que me movía mucho… El peque ya pesa la friolera de 1.346 gr, casi un cuarto de kilo más que yo entonces, que esa diferencia en un poco de choped apenas se nota, pero oye, en un bebé tiene su importancia. Tanto que mis papás están un poco asustados, que si yo soy tragón este que viene tiene pinta de aventajarme. A este paso van a tener que domiciliar sus nóminas en el Carrefour, aunque bueno, mejor ahí que en la farmacia, ¿no? Mi mamá vino muy emocionada de la sesión con el sexador de niños porque pudo ver muy bien a mi hermanito, cómo se ponía los pies en la cara, se acercaba la manita a la boca e incluso tragaba liquido amniótico (puaj, ¡qué ásco!). Y dice que es precioso. Bueno, bueno, eso habrá que verlo cuando nazca, digo yo. Aunque eso sí, como se parezca a mí tan sólo un poquito no habrá duda, ¡será un adonis!

Y ahora las fotos, esta del continente (que no Carrefour)…

… y estas del contenido.

¡Un beso bebé!

Con nombre propio

02 de marzo de 2011 en La vida de Leo

Desde luego… unos tanto y otros tan poco. Mientras el bebe que dice ser mi hermano y que vive dentro de la barriguita de mama aún está sin nombre (seguimos aceptando sugerencias) yo tengo el mío muy pero que muy asimilado. Vale que es fácil, Leo, eso se aprende rápido, pero es que ahora la cosa no queda sólo ahí, que resulta que también hay que saberse los apellidos para que te identifiquen perfectamente. Aunque yo la verdad es que tampoco los necesito de momento, que mi nombre no es muy común (a pesar de que ahora con eso de que el hijo de Pe y Bardem se llama igual seguro que empieza a proliferar) que más complicado lo tendría si me llamara Javier (¿qué Javier?) o Juan (¿qué Juan?). En estos casos sí que es prácticamente imprescindible añadir los apellidos. Pero oye, teniéndolos… ¿por que no usarlos? Así que mi mamá, que aprovecha cualquier oportunidad para que aprenda cosas nuevas, se propuso enseñarme los míos. Y vaya sí lo ha conseguido. Atentos:

Que conste que lo de culo no me lo enseñó ella, que eso es cosa de mis primos, jejeje.

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