Leo y Luca en nunca jamás

abril de 2011

El hermanito

29 de abril de 2011 en Esperando al bebé, La vida de Leo

Por si no ha quedado suficientemente claro, voy a tener un hermanito. La teoría me la sé a la perfección, y a las pruebas me remito. Ahora…¿qué pasará con la práctica?

Ya veis que como mis papás no dicen ni pío del nombre uno tiene que usar sus propios recursos (aclaro que Carla es el bebé más pequeño del grupo de amigas de mamá, por eso yo a todos los bebés los llamo así ;) )

Hermanito, te estamos esperando… ¡o no!

El agua de la que mamá sí bebió

27 de abril de 2011 en La vida de Leo

Ser pequeño tiene un montón de ventajas: eres el rey de la casa, todos te mimam, te llevan en brazos (algo fundamental para comodones como yo), te dejan hacer un montón de cosas que siendo mayor estarían prohibidas… Sin embargo también tiene sus inconvenientes. Uno de los que a mí personalmente más me ha fastidiado ha sido el de ver limitada mi capacidad para tomar mis propias decisiones, y aunque la cosa ya va cambiando, que uno empieza a imponer su sabio criterio, hasta hace poco todo pasaba antes por la criba de mis papás: qué tenía que comer y qué no, cuándo debía irme a dormir, qué ropa me ponía… Bueno, esto último más bien era cuestión del sector femenino de la casa. Hasta lo que podía ver en la tele lo elegían ellos. Cierto es que uno es bastante flexible en este aspecto y se adapta casi a cualquier cosa, pero vamos, que aún así fue más o menos por imposición el que yo tuviera mis dibujitos favoritos.

Como todo el mundo sabe empecé (léase mamá decidió que empezara) con mis Baby Einstein. Aquello de las marionetas de animalitos y la música clásica molaba. Está claro que empaparme de ellos no me ha convertido en un intelectual como algunos afirmaban, pero oye, ¿y los buenos ratos que he pasado viéndolos? Luego la cosa evolucionó y me pasé (léase mamá decidió que me pasara) a los conejitos de Bunnytown, esos que viven rodeados de flores de colores al estilo de los 70. Desde entonces el tema se diversificó bastante, descubrí (léase mis papás se dignaron a descubrirme) Clan y Disney Channel y comencé a ver otras cositas: Sésamo, Dora la Exploradora, Lazy Town, Pat el Cartero, Phineas y Ferb… y mi favorito, la Casa de Mickey Mouse y derivados.

Sin embargo había una cosa que permanecía vetada en casa, algo que toooooooodos los demás niños veían pero yo no: Cantajuegos. Mi mamá se negaba rotundamente a que fuera abducido por esos tipos de peto vaquero (algo que ella considera que después de los 90 se demostró que debe ser una prenda exclusivamente infantil) que cantaban a los niños como si éstos fueran tontos. Vamos a ver mamá, de tontos nada, ¡que somos niños! Qué quieres, ¿que escuchemos a Bob Dylan y veamos Redes? Pues no, a nosotros lo que nos gusta es el patio de mi casa, el señor don gato y hasta la tetera y la cuchara esa. Pero nada, que no había manera.

El día del cumpleaños de mi amigo Juan Antonio, hace ya más de tres meses, pusieron los famosos Cantajuegos en el ordenador y mis papás se quedaron de lo más sorprendidos cuando empecé a cantar y bailar todas las canciones. Aquello sólo tenía una explicación: alguien que no eran ellos pensó que un poco de música infantil coreografiada no me haría ningún daño. Y descubrieron que ese alguien eran mis seños de la guarde, que allí no todo es pintar y aprender. Sobra decir que me los gané enseguida con mi dulce voz y mis movimientos (a)rítmicos, así que desde entonces de vez en cuando, y en contra de sus principios, mamá me los ponía en youtube. El problema que había era el de siempre, que los vídeos se paraban, tardaban en cargarse… así que le dio la orden a mi papá de que me grabara un cd para evitar estos temas que desesperan enormemente a un niño de casi 3 años como yo. Mi papá, “Sinde-masiados” remordimientos, me grabó el cd. De esto hace una semana y desde entonces en casa sólo se ve “cantar”, como lo llamo yo.

Mis papás han soportado estoicamente el “¡meeska, mooska, mickey mouse!” del ratón orejudo, el “mapa, mapa, mapa, mapa, soy el mapa” de la niña con cabeza de melón y hasta las “sportchuches” del tipo saltarín, pero creo que definitivamente NO SOPORTAN a los del peto vaquero. Mamá dice que tiene las cancioncillas metidas en el sentido, de día y de noche (y sus noches últimamente son muuuuuy largas) y que me va a cortar el suministro pero ya. Lo que ella no sabe es que yo ya sé reconocer los cd´s (sí, aunque no sepa leer) y ponerlos en mi lector portátil, así que, sorry mami, a partir de ahora…¡yo decido lo que quiero ver!

Treinta y seis semanas

23 de abril de 2011 en Esperando al bebé

Uy, uy, uy… ¡qué poquito queda ya! Tan sólo cuatro semanas para que llegue la famosa fecha en la que mi hermanito tiene previsto asomarse a este mundo. Puede que sea antes o puede que después, pero vamos, que su llegada es inminente es algo más que evidente. Y qué bonito pareado me ha salido.

Desde hace un tiempo cada vez que pasamos por el hospital donde yo nací mi mamá me dice que pronto iremos allí por el bebé y que luego lo llevaremos a casa donde yo tendré que cuidarlo mucho y decirle ea, ea, ea para que se duerma, darle un chupe pequeñito que compraremos para él (que se olviden de que le deje uno de los míos) y ayudar a mis papás a cambiarle los pañales. A cambio me han dicho que el peque traerá un regalo para mí. Yo les he dicho que si puede ser un autobús, pero no sé si podrá cargar con semejante peso siendo tan pequeñito. Aunque bueno, igual tiene ayudantes como los Reyes Magos… veremos a ver qué pasa.

De momento el bebé sigue moviéndose mucho y aunque parezca que a estas alturas de embarazo pocas novedades puede haber sí que hay una: ahora le da hipo. Ocurre desde hace más o menos diez días. Mi mamá estaba un poco extrañada por no haberlo sentido en este embarazo porque a mí me daba un montón cuando estaba dentro de ella. Dicen que es un signo de buena vitalidad, y yo digo, no, si viendo cómo se mueve el bicho… ¡vitalidad tiene de sobra!

Recuerdo al principio del embarazo cuando todos nos preguntaban si el bebé sería niño o niña y que qué preferíamos nosotros. Creía que no habría pregunta INEVITABLE número tres, pero sí que la hay. Ahora todo el mundo, hasta personas a las que apenas conoce, interroga a mamá con un “¿y cuánto te queda?“. Debe ser que el tamaño de su barriga delata el principio del fin de esta aventura. Y es que no lo niegues, mami, ¡menuda panzota tienes!

Y aunque esto no tenga nada que ver con el embarazo de mami, no puedo dejar pasar la ocasión de decir que hoy es el día del tres: es mi cumplemés número 33 y sólo faltan 3 meses para que cumpla 3 años, ¡bien! Además, así aprovecho y pongo una foto mía con mi camiseta del Madrid, que para una vez que ganamos algo en los últimos tiempos…

Mamá pájaro

19 de abril de 2011 en Esperando al bebé, La vida de Leo

Desde hace unos días mamá espera en casa la llegada de mi hermanito, que según la famosa fecha prevista debería estar aquí justo dentro de un mes, porque si no me equivoco hoy es día 19… Yo es que sólo sé contar hasta el doce, pero bueno, ya se ha encargado ella de recordarme qué día era hoy.

Al principio su presencia en casa me descolocó un poco porque yo estaba acostumbrado a despertarme con papá, que era el que me llevaba y recogía de la guarde y luego me dejaba con mi abuelo hasta que ella volvía de trabajar. Por eso el primer día que abrí los ojos y me la encontré en la cama pensé, “qué bien, hoy debe de ser sábado, ¡fiesta!“. Mi gozo en un pozo. Cuando vi que los juegos matinales acabaron y que tocaba vestirse de calle empecé a llorar y a gritar que a la guarde no. Incluso usé mi arma más eficaz, la carita de corderito degollado, pero ni por esas. Menos mal que luego a la salida allí estaba ella con unos gusanitos para compensar el disgusto. Suerte también que uno es de reflejos rápidos y rápidamente comprendí la nueva situación, así que el pollo no se ha vuelto a repetir. Sinceramente yo preferiría quedarme con ella toda la mañana pero por lo visto está aquejada de un síndrome que la mantiene hiperocupada el tiempo que yo estoy socializándome y aprendiendo. Ahora dedica esas horas a limpiar toda la casa y a preparar concienzudamente las cositas que necesitará el bebé. La verdad es que estoy un tanto preocupado porque mi mamá no es de obsesionarse mucho con lo de la bayeta y tanta limpieza compulsiva es desconcertante. De momento tenemos en casa a un señor que nos pinta las habitaciones cosa que no entiendo demasiado porque a mí mis papás cuando me ven acercarme con una cera o un lápiz a la pared me regañan y me dicen que eso no se hace. Y encima al tipo este van y le pagan, en fin. Está limpiando ventanas y lavando ropa como una loca. ¡Y hasta va a poner cortinas nuevas! También ha dejado listo el fórmula uno del enano, heredado claro está. Lo único nuevo es una plataforma en la que se supone que yo iré subido cuando salgamos a pasear. Creo que se acabaron mis días de ir sentado, al menos cuando salgamos en trío.

Dicen que esto que padece mi mamá se llama “Síndrome del nido”, aunque yo de momento no veo por ningún sitio ni ramas, ni hojas ni pegotes de barro. Y aunque ejerza de mamá pájaro, tampoco le han salido alitas. Aquí el único alado soy yo, pero no por pájaro, sino por angelito ;)

Monólogos de medianoche

14 de abril de 2011 en La vida de Leo

Hay dos cosas en la vida de cualquier bebé que implican un enorme cambio para ellos, al tiempo que provocan un inmensa felicidad en sus papás: caminar y aprender a hablar. Aunque en este último caso debería decir que lo que realmente supone un avance es aprender a comunicarse en el lenguaje de los adultos, que ya está más que comprobado que ellos nunca van a ponerse al nivel de nuestos ababababa y tatatatata de los primeros meses.

He dicho que estas dos cosas hacen que los papás se sientan muy orgullosos de sus retoños, que mire usted que mi niño ya anda, ay que me lo como, que oiga que mi niño ha dicho mamá, ay que emoción. El problema está en que esa explosión de júbilo de los primeros días es pasajera y ocurre que cuando ya tienes tu propia autonomía y eres capaz de decidir cuál es el mejor camino para ti (que normalmente es el más peligroso) vienen con el “estate quieto ahí y no te muevas más”. Paradójico. Con lo de hablar sucede prácticamente lo mismo, que llega un momento en el que dicen que les calientas tanto la cabeza con tu soniquete parlanchín que te mandan a callar a la primera de cambio. Y si eso ocurre de día, pues a ver, lo entiendo aunque no lo comparto, pero si ocurre de noche… ¿qué se puede hacer?

De un tiempo a esta parte me he convertido en monologuista nocturno. Sí, como esos chicos de pelo extravagante y gafas de pasta que salen en la tele, sólo que yo parece que no hago tanta gracia. Hablo en sueños, y hablo mucho. A veces me dedico a llamar a voces a mi abuelo, otras pido que me lleven a la casa de mi amigo Rubén y otras digo cosas no descifrables por mi mamá, que es la que tiene el sueño más ligero y por tanto la que se desvela con mis retahílas. Básicamente ella es mi único público. Y claro, como estoy dormido no me puede mandar a callar, sólo esperar más o menos pacientemente a que el monólogo finalice. Porque lo de despertarme queda descartado, ¡con lo que me costaría volver a dormirme!

Y yo le digo… “anda mamá, no te quejes tanto y piensa en esas interminables noches que te esperan por delante cuando llegue mi hermanito, ¡que las vas a tener de lo más amenizadas con mi show nocturno!

Desde luego, todo lo que yo hago por ella y qué poco sabe apreciarlo…

Si tú me dices ven

12 de abril de 2011 en La vida de Leo

Si tu me dices ven, no lo dejo todo
Si tu me dices ven, será todo para
Mis momentos más berrinchosos serán tuyos también
Mis “no” que no son pocos también te los daré

Si tu me dices ven, nada cambiará
Si tu me dices ven, no habra felicidad
Si tu me dices ven, si tu me dices ven.

No detengo el momento con las indecisiones
Sigo hacia adelante con todo el corazón
No reiré contigo ante cualquier dolor
Llorar y mucho, llorar y mucho
No será mi salvación

Así que si tu me dices ven, no lo dejo todo
que aunque se haga tarde yo me quedo en la calle
puede que sin rumbo, y en el lodo
Porque si tu me dices ven, no lo dejo todo

Banda sonora original de nuestros últimos días:

Mamá: ¡¡¡Leo *, ven aquí!!!

Yo: ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

* insertar: no hagas eso, deja eso, no toques eso, no te subas ahí, párate ahí, etc, etc, etc…

 

Treinta y cuatro semanas

09 de abril de 2011 en Esperando al bebé

Pues esto, amigos míos, entra en su recta final. Esto es el embarazo de mamá, por si acaso os habéis despistado… Cuando queramos darnos cuenta tendremos en casa al bebé, al que ya reconozco como “el hermanito”, un chiquitín que espero no modifique mucho mis rutinas ni merme la exclusiva atención que hasta este momento me prestan mis papás. Ellos, por si acaso, siguen preparando el terreno y ahora cada vez que vemos a un recién nacido, como a la niña de mi seño a la que regalamos la tarta de pañales o a la hermanita de mi amigo Rubén (del que ya os hablaré algún día) que nació hace dos días, mi mamá se esfuerza en hacerme ver lo pequeñitos y delicados que son y me pregunta si quiero que nosotros llevemos uno igual a casa. Entonces yo siempre le respondo que no, que el bebé mejor se queda en casa del bebé. Ella, sin embargo, creo que no está muy por la labor de ampliarle el periodo de alquiler a su movido inquilino, que si ya está muy pesada, que si el baño se ha convertido en la estancia más visitada de la casa, que si tiene el estómago a la altura de las amígdalas… aunque no os confundáis, que sigue queriendo que el bebé nazca cuando tenga que nacer, ¡antes no!

Ayer fue su última visita a la consulta del sexador de niños que comprobó con su súpermáquina que el bebé sigue estando fenomenal. Le dijo que ha ralentizado un poco su ritmo de crecimiento, lo cual mi mamá agradeció porque ya se veía dando a luz a un no-bebé de 4 kilos y pico. Aún así ya pesa 2.207 gr, que no está nada mal teniendo en cuenta que quedan seis semanas para que siga aumentando su tamaño. Una buena noticia es que el peque sigue como si estuviera en Nueva Zelanda, es decir, boca abajo. Pobre, debe tener toda la sangre acumulada en la cabeza… Era algo que mamá ya sabía porque todas las patadas que le da (que son muchas) siempre son en la parte de arriba de su barrigota. Esta barrigota:

El tipo, simpático como siempre, le deseó suerte para el parto y la derivó para la siguiente visita a bienestar fetal, que por lo visto es un sitio donde controlan la frecuencia cardíaca del bebé y sus movimientos. Otra señal más de que ya va quedando muy poquito. Esta vez también le dio un reportaje completito. Os dejaría una foto de la carita del bebé, pero mi querido hermano andaba en plan boxeador y tenía los dos puños delante de la cara. Pero para compensar, hoy traigo una foto del chalecito del peque desde una perspectiva nunca vista:

Yyyyyyyyyyyyyyyyy, para que nadie piense que la barriga de mamá es un ente aislado, le he pedido permiso para dejar una foto de ambas. A ella no le gusta “enseñarse” pero no se ha podido resistir a mi capacidad de persuasión. Ay, te tengo ganada mami…

Niño sucio, niño feliz

06 de abril de 2011 en La vida de Leo

Por todos es sabido que, genéticamente, sólo hay una cosita que diferencia a los niños de las niñas. Esa cosita se llama pareja de cromosomas, y en ellas el tándem está formado por XX y en nosotros por XY. Pues bien, mi mamá tiene una teoría con respecto a ese palito que las niñas, chicas, mujeres tienen de más en su cromosoma X. Según ella ese trocito del que nosotros carecemos les proporciona infinidad de virtudes (virtudes según ella, que eso es discutible) que, evidentemente, nosotros no poseemos. Por ejemplo, les da la capacidad de hacer tres cosas a la vez, al tiempo que están pensando en otras catorce o hace que se despierten al más mínimo ruido de su retoño en mitad de la noche. Su palito de ADN de más es lo que les hace preocuparse de que nuestra alimentación sea equilibrada o de que nuestro aspecto sea el mejor posible, siempre conjuntados, peinaditos, aseados y con la ropa bien limpita. Lo que yo decía, que eso de virtud tiene poco… Por suerte el cromosoma en cuestión da tanto de sí que también contiene una desconcertante capacidad para pasar por alto todas estas características de buenas a primeras y sin explicación aparente, como cuando se les va el santo al cielo, nos dan gusanitos para merendar o nos dejan ensuciarnos todo lo que queremos.

Este fin de semana he estado con mamá en casa de mis primos Miguel y Alejandro mientras mi papá hacía cosas propias de su mutilado cromosoma, irse a Jerez a ver las motos (bien hecho, papá). Junto a su casa hay un parque enorme, el más grande que he visto nunca. En él cabrían por lo menos cien como el mío, y no exagero. Ya lo había visitado este verano cuando pasé allí mis nanovacaciones, pero en esa ocasión sólo estuve en la zona de las fuentes y las luces de colores. Mi mamá no me llevó a la zona de las columpios porque gracias a la capacidad adivinatoria que también guardan en su trocito extra de cromosoma, sabría que acabaría hecho un Cristo. Y, aunque me cueste reconocerlo, creo que supuso bien porque el otro día ella y mi tita Teresa nos llevaron a mí y a mis primos a esa parte del parque reservada para el juego y la diversión y sí, terminamos espesicos, espesicos.

Pero es que no era para menos, había un montón de columpios y más tierra, la mezcla ideal para que tu ropa acabe con vida propia y lista para ser sembrada de patatas.

Jugué en un tren con túnel incorporado en su locomotora…

Me subí a una especie de palo móvil yo solito…

Me balanceé en una barra…

E investigué la superficie donde nos encontrábamos.

Como recuerdo mis primos y yo nos llevamos a casa de mi tita buena parte de la tierra del parque adherida a nuestra ropa, nuestro pelo, nuestras manos… pero bueno, eso quiso decir que aquella tarde lo pasamos genial. Y es que ya se sabe, la felicidad de un niño es directamente proporcional a lo sucio que esté :P

Dentadura completada

02 de abril de 2011 en La vida de Leo

Uno de los temas más recurrentes en este blog, además del que tiene que ver con mocos y virus varios, ha sido el de los dientes. Y es que, no lo neguemos, la salida de los habitantes de la boca siempre es todo un acontecimiento en la vida de cualquier infante, sobre todo al principio.

Yo conté aquí la salida del primero, que al final no fue uno, sino dos. Luego fueron apareciendo poco a poco los demás, algunos a pares como los primeros y otros como las muelas, que tienen más entidad, de uno en uno. Precisamente las muelas eran las piezas que me faltaban cuando allá por el mes de agosto del año pasado hice recuento de cómo se encontraba mi dentadura en este post. Ahora, casi siete meses después, ya cuento con las cuatro reinas esmataltadas de la boca de modo que por fin puedo decir que …¡tengo toda mi dentadura de leche completa! La última, la superior derecha, ya está fuera del todo y aunque aún le falta crecer un poquito más, el trabajo duro está hecho.

Ay, no me puedo creer lo mayor que me estoy haciendo…

 

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