Leo y Luca en nunca jamás

mayo de 2011

Nuevo miembro en la familia

30 de mayo de 2011 en La vida de Leo

Pensareis que soy un pesado, que si es que voy a hablaros otra vez del pájaro de mi hermanito Luca. Pero no, la cosa va por ahí… o casi.

Dicen que todos los niños vienen con un pan debajo del brazo, aunque yo a Luca la verdad es que no le he visto ni media hogaza. Pero sí que ha traído otras cositas, esos regalos de los que mis papás estuvieron hablando durante todo el embarazo. Cuando fui a verlo al hospital me encontré con un peluche de mi amigo el ratón orejudo. Supongo que Luca supo gracias a mamá cuánto me gusta Mickey y pensó que sería un regalo genial. Yo se lo agradezco, pero no sé explicar por qué motivo pero el muñecajo en cuestión no me hizo ninguna gracia, así que decidí que mejor se lo quedaba él y desde entonces ahí está en su minicuna, de siesta permanente.

Suerte que Luca como yo tiene dos papás (dicen que son los mismos, pero yo no quiero creerlo mucho) y también tuvo el asesoramiento del sector masculino de la familia. Así que cuando llegamos a casa mi papa me llevó a mi cuarto y me enseñó una caja de cartón. “Toma, un regalo de Luca“, me dijo. Pensé que el peque no mejoraba lo del peluche, que era un poco cutre, que uno se conforma con poco pero con tan poco… Entonces fue cuando papá abrió la caja y descubrí lo que había dentro: ¡un lorito! Era pequeño, pequeño, como Luca, y un poco desplumado, aunque se intuía perfectamente el color que ya tiene: verde, azul turquesa y amarillo. Menuda sorpresa me llevé. Y es que mi papá pensó que ahora que mamá pasa mucho tiempo cuidando a Luca sería bueno para mí  que yo también tuviera la responsabilidad de cuidar a otro ser vivo. Por eso le ayudo a darle de comer su papilla de cereales, que se la damos con una jeringuilla. Gracias a ella mi agapornis está creciendo tanto que desde ayer vive en una jaula con columpio y todo, menudo chalecito. Aunque me ha dicho mi papá que esta especie de loros, también llamados inseparables, pueden volar libremente por la casa sin miedo a que se escapen, que son muy fieles.

Mi mamá crree que hubiera sido mejor idea comprarme un pez o una planta de tomates cherry, pero es que como no le gustan los animales… Y yo que lo siento mami, pero si tú te has traido a Luca a casa sin preguntarme… ¡yo me quedo a mi lorito quieras o no!

Una semana

25 de mayo de 2011 en La vida de Luca

Hoy cumplo mi primera semana de vida. Siete días en los que poquito a poco estoy descubriendo y haciéndome a este mundo, que oye, la mayoría porque no se acuerda, pero no es nada fácil… Dentro de la barriguita de mamá yo tenía todas mis necesidades cubiertas sin ninguna clase de esfuerzo. Ella me protegía y me daba calor y alimento, de modo que yo lo único que tenía que hacer era nadar y dormir cuando me apetecía. Pero aquí fuera la cosa es diferente, y aunque ella sigue estando dispuesta a ofrecerme todo eso y más ahora experimento un montón de sensaciones nuevas a las que, como ya he dicho, voy acostumbrándome.

De momento la mayor parte del tiempo me la paso durmiendo o comiendo, que por lo visto son las dos funciones básicas de un recién nacido. Aunque a veces me pongo en modo “on” y soy capaz de estar despierto hasta dos horas seguidas. No sé por qué pero a los mayores esto les encanta cuando eso grande y amarillo que dicen que se llama sol está arriba en el cielo. Aprovechan para jugar conmigo, hacerme monerías, cantarme cancioncillas… Sin embargo si es su amiga plateada la que lo ha relevado no se ponen tan contentos ni están tan participativos. Tendré que estudiar el motivo.

En cuanto a la comida el tema marcha bien. La teta de mamá me encanta, y no sólo para alimentarme, también busco en ella calorcito y consuelo para dormir. Me agarro muy bien desde que por primera vez me la ofreció apenas media hora después de nacer y poco a poco vamos superando los inconvenientes iniciales de superproducción láctea. Ella dice que la naturaleza es muy sabia pero que en este sentido cometió un fallo, que en lugar de abastecer de entrada a las mamás como para alimentar a un regimiento debería ir suministrándoles el rico y nutritivo alimento progresivamente, que no veáis las tetas que se le pusieron, aquello parecía la fábrica de Puleva. Por la frecuencia, textura y color de mis deposiciones y sobre todo por la enorme la cantidad de pipí que hago (ahí tenéis a mi mami analizando cada uno de los pañales que me cambia) estoy tomando bien. Se supone que la báscula debería corroborarlo y que hoy tendría que tener cita con ella, pero mañana me va a visitar por primera vez el Doc del que mi hermano Leo me ha hablado (y no muy bien que digamos, aunque mis papás confíen mucho en él) y ya se encargará él de pesarme de nuevo como Dios me trajo al mundo. Por cierto, no comenté que pesé 3.250 gr. y medí 49 cm.

De modo que así trascurren mis primeros días, entre pañales, teta, sueñecitos y un baño diario que de momento y a pesar de provenir de un medio acuático no me gusta nada. Soy un bebé tranquilo según mis papás, que esperan que esta tónica se mantenga durante mucho tiempo, ¡que para terremoto ya está mi hermano!

Mi hermanito Luca

23 de mayo de 2011 en La vida de Leo

Al final mi mami tenía razón y el bebé acabó saliendo de su barriguita.
Y como ella me había dicho fui a conocerlo al edificio grande por el que tantas veces he pasado.
Y efectivamente ha venido a casa y duerme con nosotros.
Y, y… ¡estoy muy contento!

Se ve que tengo madera de hermano mayor porque me estoy portando fenomenal con el peque. En cuanto llora, que por suerte es poco, voy corriendo a ver qué le pasa. Me río con sus guiños y monerías, como cuando le da por sacar la lengua, es que es más gracioso… Incluso he compartido con él el que hasta ahora era mi blog, y mira que yo no soy mucho de compartir. Pero es que a ver, ¿quién se resiste a una cosita tan pequeña? Si vierais sus manos y sus pies… jo, qué chicos son. Eso sí, menudas uñas se gasta el bicho, que se pone la cara hecha un cristo de tanto arañarse. Tiene muy poquito pelo, como yo cuando nací, y aunque al principio todos decían que nos parecíamos mucho con el paso de los días se está viendo que el parecido no es tanto. Los dos somos preciosos, eso no hay más que verlo, pero cada uno en su estilo. Me gusta ayudar a mamá a quitarle las cacotas del pañal y aunque eso de verlo enganchado a su teta me causó un pequeño shock poco a poco lo voy superando y ya no me importa tanto. Cuando pido cogerlo lo abrazo con tanto entusiasmo que mis papás creen que lo voy a espachurrar y no dejo que me lo quiten porque él, Luca, también es mío. Vigilo si duerme y cuándo se despierta, y a todos por la calle les voy diciendo cuando nos paran a felicitarnos y conocer al nuevo miembro de la familia que es mi hermanito.

Mis papás están muy orgullosos de mi actitud tan positiva, y también bastante sorprendidos porque hasta ahora yo era el rey de esta casa, uno al estilo Luis XVI, o sea, absoluto, y de momento la llegada de Luca no me está afectando demasiado. Sin embargo sospecho que mi mamá tiene más sentimientos al respecto, quizás un poco de pena porque ha descubierto que “su” Leo no la necesita tanto como ella pensaba, a pesar de lo que hasta ahora éramos el uno para el otro: inseparables. Pero tiene que entender que uno se hace mayor y que estas nuevas responsabilidades le hacen madurar la personalidad. Si no… ¿cómo iba a convertirme yo en el mejor hermano mayor del mundo?

¡¡¡BIENVENIDO QUERIDO LUCA!!!

¡Hola mundo!

21 de mayo de 2011 en La vida de Luca

Madrugada del día 18 de mayo. Hay luna llena, lo cual tengo entendido que significa que la noche es mágica. Y vaya si lo fue.

El mundo acuático en el que vivo lleva sufriendo pequeños tsunamis varios días, pero en las últimas horas son cada vez más intensos y seguidos. Llega un momento en que la situación se vuelve tan estresante que decido que ha llegado el momento de abandonarlo. Entonces es cuando veo una pequeña luz en medio de toda aquella oscuridad y una voz a lo lejos que dice: “no empujes más, ¡ya está aquí!” Detrás de aquella voz había un chico alto con gafas y traje verde que puso sus manos sobre mi cabecita y me llevó directamente del interior de mamá hasta su pecho. Sí, esa era mi mamá, la reconocí por su voz, por su olor, por su manera de acariciarme aún cuando estaba todo pegajoso. A su lado vi a un tipo con una sonrisa de oreja a oreja y pensé, “sí, este es mi papá“. A mí sin embargo me dio por llorar, pero a ver, es que el cambio fue muy brusco: tener que comenzar a respirar, sentir frío, dolor (¡me agujerearon el muslo dos veces!), hambre… Sin embargo no me arrepiento de la decisión que tomé porque sé que aquí fuera también me esperan un montón de cosas buenas. Para empezar mis papás, a los que he hecho infinitamente felices con mi llegada. Luego mi hermano Leo, que para sorpresa de todos se ha tomado bastante bien eso de tener un bebé en casa. Todos me dicen que es un niño increíble, simpático, alegre, cariñoso… así que creo que tengo mucho bueno que aprender de él. Ha sido precisamente mi hermano el que me ha hablado de este blog, donde está contando su vida para que cuando sea mayor pueda recordarla desde el primer momento. Y me ha parecido una idea tan genial que me he animado yo también. Así que a partir de ahora este será un espacio compartido, que es lo que tienen que hacer los hermanos, ¿no? Espero que también compartamos todos los amigos que me ha dicho que tiene alrededor del mundo y que estoy deseando conocer.

Todo empezó el 18 de mayo, un día para la historia, el día que comenzó la vida de LUCA.

 

Tractorada

17 de mayo de 2011 en La vida de Leo

Dicen que España es un Estado aconfesional, o lo que es lo mismo, que no se acoge a ninguna religión oficial. Sin embargo si repasamos el listado de fiestas nacionales la mayoría tienen que ver con Santos y Santas. Y yo no tengo nada que objetar a eso, que mientras haya celebración y jarana lo mismo me da rendir culto a Santa Rita que al año nuevo chino.

La última fiesta de la que he podido disfrutar es la que se ha celebrado en honor a San Isidro Labrador, el patrón del campo. Y vamos, otra cosa no, pero aquí campo hay todo el que queráis y más. Olivos básicamente, ya sabéis… Pero a ver, ¡de algún sitio tiene que salir el aceite de oliva más rico del mundo mundial! Y yo, que soy un chico de campo en toda regla, no pude perderme la procesión en honor al Santo en cuestión.

La verdad es que al principio no me hizo mucha gracia porque la encabezaba el “tío pesado” de los cohetes, que de lejos están bien y son hasta divertidos, pero cuando te los lanzan cada minuto y a menos de dos metros la cosa os digo yo que no tiene tanta gracia. Luego venían un montón de niños vestidos con trajes típicos de aldeano, muy graciosos ellos, pero que tampoco terminaron de convencerme porque yo para ir al campo es que soy más de chándal. Les seguían jinetes a caballo, que bueno, eso ya me gustó más. Algunos eran realmente bonitos y otros realmente apestosos, que menudas boñigas iban dejando por la calle. Los caballos digo, no los jinetes. Pero lo que más, más me gustó fueron los tractores, ¡menudo desfile! Los había rojos, verdes, azules, naranjas… con aperos, sin aperos… más grandes, más pequeños… pero eso sí, todos relucientes. Se ve que la gente del campo le tiene mucho respeto a San Isidro y los dejan niquelados para acompañarlo en su día. Yo a todos los llamo John Deere, pero es sólo porque así se llaman los míos de juguete. Quién sabe, igual algún día puedo comprarme uno de verdad y ser el más chulo de toda la procesión ;)

Mi primera excursión

14 de mayo de 2011 en La vida de Leo

Dicen que los niños de hoy en día somos mucho más espabilados que los de antes, que crecemos muy rápidamente y que hacemos cosas de grandes a una edad cada vez más temprana. Y no digo yo que no, pero es que los tiempos cambian y hay que evolucionar con ellos.

Para comprobarlo les he preguntado a mis papás cuándo fueron ellos por primera vez de excursión. La primera que recuerda mi mamá fue una que hicieron en el cole a patita a unos dos o tres kilómetros de casa cuando tendría unos 7 u 8  años. La de papá fue menos cutre, que dice que él con 11 años fue en autobús ni más ni menos que a Ronda. Ahora me pregunto a mí mismo…

- A ver Leo, ¿y tú cuándo hiciste tu primera excursión?

A lo que me respondo…

- Espera que piense… uy no, si no tengo que pensar, ¡si fue ayer mismo!

Como lo leéis, ayer con mis sólo dos años y casi diez meses de vida… ¡me estrené como excursionista! Con mi mochila, mi gorro y mi crema protectora y todo, vamos, completísimo. Aunque a punto estuve de no ir, que mi mami decía que si era muy pequeño, que si lo iba a pasar muy mal todo el día preocupada… Menos mal que mi papá es menos dramático y la animó que si no menuda experiencia me hubiera perdido. En clase llevaban unas semanas preparándonos para lo que íbamos a ver pero nada de lo que nos contaron fue tan chulo como lo que allí vivimos.

Así es, fuimos a una granja escuela. Estaba a unos 45 km de casa, con lo cual evidentemente tuvimos que ir motorizados. Después de ver como unos tres mil autobuses desde que nací pasando por mi calle (y emocionándome con cada uno como si fuera el primero) por fin me subí a uno para hacer un viajecito de verdad, ¡fue increíble! Íbamos unos veinticinco niños acompañados por tres de nuestras educadoras de la guarde, unas valientes en opinión de mi mami. Al llegar los monitores de la granja nos dieron de desayunar unas ricas tostadas con aceite que nos ayudaron a coger fuerzas para todo lo que nos esperaba. Vimos un montón de animales como gallinas, cerditos, pollitos, conejos y hasta una burra llamada Pepa en la que paseamos (la de críos que habrá cargado la burra…). Recogimos plantas aromáticas que luego guardamos en una bolsita para traernos a casa, hicimos pan de sierra… Sí, sí, ¡hicimos pan! ¿Verdad que es fantástico? Mirad, ¡mirad mis creaciones!

Tan, tan intenso fue el día que en el viaje de vuelta sólo tres de mis compañeros permanecieron despiertos. Los demás caímos rendidos de sueño. Y nuestras mamás se asustaron cuando vieron llegar el autobús fantasma porque no se nos veía a ninguno, jajaja, ¡estábamos espachurrados en los asientos! Al bajar la directora de mi guarde le dijo a mamá que había disfrutado muchísimo y que me había entusiasmado enormemente con todo, lo cual no debería de extrañar a nadie porque yo soy así por naturaleza.

Espero que en el cole de mayores también hagan este tipo de actividades porque yo pienso apuntarme a todas, ¡son geniales!

Treinta y nueve semanas

12 de mayo de 2011 en Esperando al bebé

Ropa del bebé: lista
Cochecito del bebé: listo
Minicuna del bebé: lista
Chupetes para el bebé: listos
Pañales para el bebé: listos
Regalitos que traerá el bebé: listos
Besos para el bebé: listos
Bebé… ¿listo?

Pues no, parece que aún no, ¡y eso que ya sólo queda una semana para la fecha prevista! Me da a mí que este va a ser como yo, de puntualidad británica. Aunque bueno, la verdad es que en los dos últimos días la cosa se está animando, o al menos eso es lo que dice mi mamá que ya sabéis que es la que lleva al inquilino dentro… Por lo visto un tipo también del país donde conducen al revés, un tal Braxton Hicks, le está mandando cada dos por tres no sé qué contracciones raras que hacen que la barriga se le ponga dura como una piedra. Yo no entiendo mucho de esto, pero parece ser que eso es un signo de que queda poquito tiempo para que por fin pueda conocer a mi hermanito.

En casa la emoción por la llegada de este nuevo miembro es la misma que cuando hace casi tres años era yo el que estaba por llegar. La única diferencia es la logística de esta ocasión, y cuando digo logística quiero decir yo mismo. Porque… ¿qué van a hacer mis papás conmigo cuando tengan que salir pitando para el hospital? Que alguien tendrá que cuidarme al menos un par de días, digo yo. El que tiene más papeletas para ello es mi abuelo, y yo encantado porque me lo paso muy bien con él. Por suerte además el hospital está muy cerquita de casa y mi papá podrá venir muy a menudo para ver cómo van las cosas. Aunque lo mejor sería que mi mamá no tuviera que estar allí mucho tiempo y que pronto vuelva a casa con el enano para que así podamos empezar esta nueva etapa.

El 15 de julio de 2008 mi mamá publicó este post justo cuando se cumplían las mismas treinta y nueve semanas de embarazo. En él enseñaba la última foto de su barriga antes de que yo naciera. Y ahora… ¿volverá a ocurrir lo mismo? ¿Será la siguiente foto la de la carita de nuestro esperado bebé?

Nieve primavera

11 de mayo de 2011 en La vida de Leo

Encontré un bote de nieve artificial en casa de mi abuelo. Es un bote de esos que se usan en Navidad para adornar las ventanas. Mi tita Teresa lo había comprado en la subsede de la China de al lado de su casa para que mis primos y yo jugáramos el día de año nuevo (cosa que hicimos). Y a todo esto… ¿os dais cuenta que los chinos estos están por todas partes? No, si al final mi mamá va a tener razón y el inglés va a acabar en el cielo de las lenguas, como el latín, y dentro de poco en el cole sólo enseñarán chino mandarín, ¡que es el futuro!

En fin, como iba diciendo encontré el bote, aunque para ser fieles a la verdad debería decir que quise el bote, porque a la vista había estado desde aquel uno de enero. Así que lo cogí y me lo llevé a la calle, que yo ya sabía que la nieve dentro de casa no es muy práctica que digamos. Intenté que aquél spray empezara a funcionar como había visto hacerlo a los mayores, pero no había manera, mi dedito no daba de sí presionando el tapón, y eso que soy un tío muy cachas… Entonces le pedí a mamá, que me vigilaba de cerca, que me ayudara. Pero ella estaba librando su propia batalla de fuerzas con mi silla de paseo, intentando desmontarla para darle un agüita en la lavadora, que no veáis la de pizquillas de gusanitos que aquello había acumulado en las costuras. Así que como todo un niño de recursos que soy, me tuve que buscar la vida para ver por fin la nieve. ¿Que cómo? Pues así:

Estoy por llamar a los de Sierra Nevada por si necesitan ampliar la temporada de esquí más allá del mes de abril, que además doy fe de que los pegotes esos duran días. Sólo necesitaría un contenedor de botes de nieve made in China y mi astucia innata y por un módico precio les tendría las pistas con una nieve primavera de la mejor calidad ;)

Todo un personaje

07 de mayo de 2011 en La vida de Leo

A veces puedo ser como un superhéroe, valiente, arriesgado, irresistiblemente guapo y con un cuerpo atlético que vuelve locas a todas las niñas, inteligente, siempre dispuesto a defender a los demás (sobre todo a mi mami) y hasta incluso con una identidad secreta.

En otras ocasiones me parezco más a un dibujo animado, simpático a más no poder, gracioso, lleno de ocurrencias varias, tierno, cariñoso e incluso con un puntito sensiblón que hace que caiga bien a todo el mundo (sobre todo a mi mami).

Pero la mayoría de las veces soy yo mismo, Leo, un auténtico personaje al que todos adoran (sobre todo mi mami).

 

Treinta y ocho semanas

05 de mayo de 2011 en Esperando al bebé

Sí, sí, ¡treinta y ocho! ¿A que es increíble que el tiempo haya pasado tan deprisa? Si parece que fue ayer cuando le escribía mi carta a la cigüeña y en apenas unos días vendrá a dejarnos el encarguito. Porque según me ha contado mi mamá, desde hace una semana su embarazo se considera a término, o lo que es lo mismo, que el bebé ya está listo para nacer. Aunque eso no quiere decir nada, que lo mismo se nos hace el remolón y se nos planta en el mes de junio… Mi mami espera que eso no ocurra y que nazca como yo, clavadito. Más que nada porque como tarde mucho puede que termine cargándome la minicuna que ya tiene montada y preparada para él en el salón de casa. “La cama del bebé”, como yo la llamo, tiene ruedas y yo me dedico a pasearla de un sitio a otro como si fuera un juguete más. De momento mis papás me dejan hacer, pero sólo porque está vacía. Dicen que cuando el peque esté durmiendo en ella tendré que dejarla quietecita para no molestarlo, pero que bueno, que ya si acaso cuando se ponga chinche podré darle uno de mis divertidos paseítos por nuestros dominios para calmarlo guión marearlo.

El pasado martes mamá fue al hospital donde nacerá mi hermanito para que una máquina medio sísmica registrara sus movimientos, su frecuencia cardíaca y si había o no contracciones. Lo primero a tope (para variar), lo segundo perfecto y lo tercero cero patatero. Yo la verdad es que estaba un poco asustado porque la gente últimamente le preguntaba ¿y cuándo vas a correas? Y yo decía, una de dos, o a mi mamá la van a implicar en un caso de corrupción o la van a atar a alguna especie de aparato de tortura de la edad media, de modo que la preocupación era más que justificada. Para tranquilizarme ella me explicó que es así como suelen llamar coloquialmente a ese registro y que el nombre le viene de las gomitas con que sujetan los aparatitos a la barrigota de las mamis. Desde luego, a veces la gente es más rebuscada…

En fin, como iba diciendo, que las rallitas que la máquina dibujó en el papel indican que el bebé está perfectamente donde está, cosa que certificó la eco que después le hicieron a mami. Por fortuna sigue en posición de preparados, listos, ya, o sea, boca abajo. Pesa en torno a los 3 kilos (casi nada) y parece que está muy a gusto flotando en el líquido ese de nombre raro, así que la doctora no creyó conveniente ninguna nueva cita hasta el mismo día en que debería nacer, el 19 de mayo. Ahora la cuestión es… ¿llegaremos a esa fecha? Venga, se admiten apuestas. Para el/la que acierte prometo un regalito. Y si ya de paso da con el nombre que ya por fin parece que va a tener… ¡doble premio!

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