Leo y Luca en nunca jamás

junio de 2011

De revisión en revisión

29 de junio de 2011 en La vida de Luca

Y tiro porque estoy hecho un tiarrón.

Ya me lo advirtió mi hermano Leo hace poco: “Que sepas Luca que te espera un añito de médicos de lo más intenso, así que vete preparando“. Y digo yo, ¿cómo se prepara uno para que lo exploren de arriba a abajo manejándolo como si fuera un saco de patatas, para que le miren la boca como si de un caballo en venta se tratase, para que le toquen sus partes nobles sin ningún respeto a la propia intimidad o para que lo banderilleen cual toro de lidia en Las Ventas? Pues de ninguna manera, que para eso no hay entrenamiento posible, sólo resignación. Y para colmo de males mis papás siguen conmigo al igual que con Leo la filosofía nada barata de hacer revisiones dobles. Por eso en cinco días he pasado por dos diferentes.

La primera fue en el Centro de Salud en el programa de control del niño sano que se llama y que mi hermano ya explicó en su día. Allí la señorita agujereadora de talones, que por cierto llegó una hora tarde a la consulta (para cabreo monumental de mis papás), me tumbó sobre una camilla y me trauqueteó todo lo que quiso y más. Me midió, me pesó, estudió mis reflejos, miró el rompecabezas que es mi cabecita… todo ello amenizado por un llanto desconsolado, el mío. Suerte que al menos en esta ocasión me libré de los pinchazos. Me dijo lo que es evidente, que estoy fenomenalmente bien, cosa que corroboraron mis medidas: 5.310 gr y 54,5 cm. Un tipazo.

Eso ocurrió el viernes. Pero ayer tocaba cita con nuestro Doc particular, el que de verdad nos saca las castañas del fuego según mis papás. Acudí a su consulta de lo más pacífico, durmiendo como un angelito, que ya se sabe que el sueño también alimenta. Dejé que mis papás le contasen cómo soy y cómo me comporto, aunque como a mí no me gusta que hablen por mí en cuanto me despertaron les demostré lo que querían saber. Me puse a llorar con todas mis fuerzas y el Doc, que previamente había sido advertido por mi mamá de que tengo mucho genio y de que lloro hasta ponerme rojo como un tomate y quedarme casi sin respiración, confirmó que seré un niño con mucho carácter. Pero el tipo es listo y no sólo sabe destacar la parte “negativa” de mi personalidad. Por eso en un momento en el que me tranquilice me cogió, me miró detenidamente y les dijo a mis papás: “Jo, cómo está el tío. Aunque sólo tome teta deberían enviar su foto a los de las leches artificiales, ¡seguro que la ponían en los paquetes!” Y es que no se puede negar, soy guapo hasta decir basta y tengo un cuerpo que ya lo quisiera el Kortajarena ese. Ayer, a punto de cumplir las seis semanas que hago hoy, pesé 5.550 gr y medí 56 cm. ¿Es posible que haya crecido tanto desde el viernes? Pues debe ser que sí porque en ambos casos estaba en pelotica, acababa de liberarme intestinalmente hablando y no había comido antes.

Así que como veis me hago grande a marchas forzadas. Suerte que ahora mismo el único alimento de mi dieta es gratis, que cuando diga de hincarle el diente a lo sólido entre Leo y yo… ¡arruinamos a nuestros papás!

La madre de todos los toboganes

27 de junio de 2011 en La vida de Leo

En esta vida tiene que haber de todo, y en cuestión de niños la cosa no iba a ser diferente. Hay niños de teta como el mamón de mi hermanito Luca y niños de biberón. Que conste que lo de mamón no se lo digo como insulto, sino en el sentido más literal de la palabra, que el tío no veais como mama… Están los niños de guardería y los niños que se quedan en casa con mamá o los abuelos, o los niños de parque y los que son más hogareños. Yo, por poner el ejemplo más cercano que conozco, he sido mamón, voy a la guarde y, definitivamente, soy niño de parque al 100%.

En realidad lo suyo sería decir que lo que soy es callejero de nacimiento, aunque el lugar donde más agusto me encuentro es el parque. Voy casi cada día desde que tenía siete u ocho meses, eso sí, siempre que no haga demasiado frío o llueva, así que me conozco cada uno de sus rincones y columpios. De algunos, la verdad, ya me he aburrido un poco por lo que últimamente busco nuevas expriencias en los que antes me habían sido vetados por ser demasiado peligrosos para mi edad o nuevas formas de uso en los que ya conocía, como el tobogán. Y es que ahora me ha dado por tirarme de cabeza. Bueno, yo lo intento, pero ahí está siempre alguno de mis padres como siempre chafándome la diversión, que a veces es lo que mejor saben hacer: padres, de profesión aguafiestas. Por ejemplo, nunca me han dejado subirme a esas colchonetas inflables gigantes que ponen en las fiestas. Las excusas (en este caso las esgrimidas por mi mami) siempre eran las mismas. A saber:

1. Que si era muy pequeño para montar.
2. Que si había muchos niños grandes haciendo el gamberro y me podían hacer daño.
3. Que si me iba a poner a sudar y luego podría enfriarme al bajar.

Pero el otro día todas sus excusas se fueron al garete. Justo al lado del parque inflaron un castillo enorme con un tobogán incluido que daba miedo. Bueno, a mí me infundía respeto porque yo eso del miedo no lo conozco, que soy un chico intrépido y osado donde los haya. Quise montarme y mis papás no tuvieron más remedio que acceder porque:

1. Ya soy un niño grande que va a cumplir tres años.
2. La atracción estaba vacía.
3. Ya venía sudado (aunque recién bañado) de casa, que menudo calorazo hace estos días.

Esos y los que siguieron durante todo el fin de semana han sido los 2 euros mejor amortizados de mi vida. Boté, brinqué, salté… y por supuesto, me subí al súper-mega-tobogán gigante.

Al día siguiente invité a mi amigo Francisco a subir, también en su primera vez, y volví a botar, brincar y saltar, ¡qué bien nos lo pasamos!

Soy malo, ¿y qué?

23 de junio de 2011 en La vida de Luca

Esto de ser un recién llegado despierta la curiosidad de todo el mundo. Cuando voy paseando por la calle la gente nos para para ver cómo soy si aún no me conocen o cómo he cambiado si ya han tenido el gusto de hacerlo. Lo que más suelo escuchar es lo guapo que soy y, como ya he comentado, lo hermosísimo que estoy. Hay quien dice que si es que me pegan la carne, quien me ha echado de tres a cuatro meses y quien se sigue sorprendiendo cuando mi mamá les dice que mis chichas son gracias sólo a su pequeña pero muy productiva teta. Pero al margen de las cuestiones sobre mi portentoso físico, hay una pregunta que se repite una y otra vez, la nueva pregunta del millón: “Y qué, ¿es bueno?“. O su versión en negativo: “Y qué, ¿es malo?

Vamos a ver, ¡que acabo de nacer y mi historial delictivo está aún (y esperemos que por mucho años) limpio! Que yo no he robado, ni matado a nadie. Que no miento, ni ando metido en temas de corrupción, ni trafico con drogas ni con armas… ¡ni siquiera he roto un plato! ¿Pero qué se piensa esta gente? Mi mamá me ha dicho que no me lo tome así, que cuando preguntan eso lo que quieren saber es básicamente si duermo toda la noche del tirón, si como cada tres horas o si no se me escucha durante el día y que eso, según la gente, es “ser bueno”. Ah, pues vaya, entonces mejor les digo que me vayan preparando el traje a rayas y una celda en Alcalá Meco sin derecho a tercer grado penitenciario porque soy malo malísimo. Soy lo peor.

Por lo visto mis delitos son varios: despertarme dos o tres veces cada noche para comer y muchas más porque ando molesto por el calor, los gases o la postura, querer brazos para dormir o simplemente estar, llorar y llorar si me dejan solo y comer como una pupa viva cada dos por tres. Cualquier juez que se tercie los calificaría dentro de una única figura delictiva: ser un bebé.

El caso es que me he repasado el Código Penal de principio a fin, y mira que es un tocho gordo, y no he encontrado recogido este delito en ninguno de sus apartados. Debería estar asustado, lo sé, pero la verdad es que no lo estoy en absoluto, que si tienen que enchironarme por ejercer de lo que soy, un bebé, que lo hagan. Que soy malo, sí, ¿y qué pasa?

¡A la piscina!

21 de junio de 2011 en La vida de Leo

Hoy es un día muy especial porque oficialmente comienza la mejor estación del año, el verano. Habrá quien no esté de acuerdo conmigo, quien diga que si en esta época hace demasiado calor, que si no se puede dormir por las noches, que si cuesta más ir a trabajar… Y a toda esa gente yo le respondo que sí, que vale, pero que para eso inventaron las piscinas, el aire acondicionado y las vacaciones.

La piscina… Sí, definitivamente eso es lo mejor del verano. La piscina gusta a todos, a los papás porque nos mantienen entretenidos en un recinto limitado durante horas, porque hacemos deporte, porque abre nuestro apetito (aunque en mi caso habría que decir que lo dispara) y porque reblandece las uñas de los pies y así es más fácil cortárnoslas (a mí es que me gusta llevarlas en plan aguilucho). A los niños nos gusta básicamente por una sóla cosa, porque podemos jugar con el agua sin miedo a que nadie nos regañe por ello. El año pasado mi abuelo Paco tuvo a bien comprar una piscina para mis primos y para mí, una enorme que instalamos en el patio de su casa. Hace ya casi un mes nuestro vecino Santiaguillo, el hombre que trabaja desde que se levanta hasta que se acuesta, domingos y festivos incluidos, le ofreció a mi abuelo el agua de su pozo para llenar el charco, y como tenía que ser ese día sí o sí no quedó otra que montarla. Mi mamá decía que era demasiado pronto, que aún no hacía calor suficiente y que le iba a costar pelearse conmigo cada tarde por la dichosa piscina. Y tenía razón en todo, que luego vino otra vez el fresquito y las lluvias y ahí que estaba yo queriendo meterme. Suerte que desde hace unos días los termómetros se han disparado hasta tal punto que hay quien dice que podríamos echarle unos fideos al agua, de modo que ya no hay ninguna excusa y por fin he podido zambullirme en ella. Este año sin temor, todo decidido, luciendo tipazo. Y es que ya lo dice mi mami, que en otra vida… ¡seguro que fui pez!

Un mes

18 de junio de 2011 en La vida de Luca

Cuando Leo nació el día 23 quedó marcado para siempre en rojo en los calendarios de mis papás. Desde el mes pasado hay que añadir otro día señalado, el 18, fecha en la que por fin me decidí a venir a este mundo. Y como hoy es día 18, toca celebrarlo porque… ¡cumplo mi primer mes de vida!

Sé que suena a tópico, pero aún no me puedo creer lo que ha cambiado mi mundo en tan poco tiempo. De estar cobijado en la barriguita de mamá sin sentir nada más que el vaivén de las olas uterinas y el latir de su corazón, sin saber qué era el hambre o el calor… ¡sin tener gases!… de todo eso he pasado a un lugar ruidoso, donde hay noche y día, en el que hace calor, luego frío y después otra vez calor. Un sitio en el que la comida tienes que pedirla, a veces a grito pelado, para qué vamos a engañarnos. Pero por suerte para mí, también un mundo lleno de gente que me quiere y que está dispuesta a ofrecerme sus brazos para mecerme y hacerme cariñitos. En este grupo por supuesto que incluyo a mi hermano Leo, que aunque a veces es un poco brusco, siempre me trata con mucho cariño.

En mis post de cumplesemanas ya he ido contando los avances de este mes, aunque tal y como empezó la cosa alguno que otro diría que más bien lo que he hecho es ir para atrás como el cangrejo. Lo digo porque al principio yo era una marmotilla que se pasaba casi todo el día durmiendo sin apenas dar un ruido y ahora… bueno, ahora digamos que me he convertido en una culebrilla que no para quieta (incluso mientras duerme), que reclama brazos y meneillo a cada instante (incluso mientras duerme) y que busca siempre estar con alguien cerca (incluso mientras duerme). Y que llora… Mis papás dicen que soy mucho más llorón que Leo, pero es que a ver, con esto de tener que compartirlos con él alguna estrategia he de buscar para que me hagan todo el caso que merezco. Aunque ahora que empiezo a sonreir estoy descubriendo que me los gano más con una buena mueca que con un llanto atronador, así que en ello estoy. Me encanta que me den besitos, que me hagan pedorretas en la barriga, que me saquen a pasear y que mamá me cante cancioncillas. Sin embargo odio que me cambien el pañal o que me vistan, tanto traqueteo no debe ser bueno. Leo me ha dicho que mejor me voy a costumbrando, que a mamá le chifla lo de vernos con distintos modelitos, incluso a lo largo del día: que si para salir de bonito, para salir y poder ensuciarse, para estar en casa, para ir a la guarde… No, si ya me voy haciendo a la idea, Leo…

En fin, que ha sido un mes muy intenso lleno de cambios y descubrimientos asombrosos. Y… ¡esto no ha hecho más que empezar!

Por cierto, ¿adivináis cuál es la parte de mi cuerpo que más ha crecido en este mes? Y no me seáis mal pensados, ¡que son las pestañas! Vamos, que si fuera chica los de L’Oreal ya me estarían fichando para anunciar su máscara de pestañas, ¡menudos abanicos! ;)

Mi amigo Rubén

17 de junio de 2011 en La vida de Leo

Rubén es mi mejor amigo. Nos conocemos desde hace ya más de dos años, lo cual teniendo en cuenta que apenas llegamos a los tres podríamos decir que es más de media vida. Y oye, eso une mucho.

Todo surgió en el parque (como no), donde nuestras mamás comenzaron un día a hablar viéndose tan identificadas la una con la otra al tener bebés de la misma edad. Bueno, él en realidad es un poquito mayor que yo, aunque sólo un par de meses. Desde entonces nos hicimos íntimos, relación que se consolidó el septiembre pasado cuando él también empezó a ir a la guarde. Suerte que además vamos a la misma clase. Nuestras seños dicen que siempre estamos juntos y que nos alegramos mucho cuando vemos al otro aparecer por la puerta. A mí me gusta ir a su casa y por supuesto me gusta que él venga a la mía, aunque a veces ambos defendamos con demasiado ahínco los juguetes que tenemos en ellas. Bueno, vale, yo un poquito más que él… La verdad es que Rubén piensa mucho en mí y cuando se lleva sus coches de juguete al parque siempre incluye un par de ellos para dejármelos y poder así hacer carreras. Aunque para carreras las que nos echamos con las motos, eso sí que nos gusta. Y chocarnos, y fingir caídas… uy, eso nos encanta, tirarnos por el suelo. Nuestras mamás ya se han resignado y nos dejan hacer, a pesar de que luego nuestra ropa y nosotros mismos acabemos para lavado a 60ºC.

Rubén y yo tenemos además en común que ambos nos hemos convertido en hermanos mayores prácticamente al mismo tiempo, él en abril de una niña llamada Nuria y yo como ya sabéis en mayo del terremotillo de Luca. Pero hay una cosa que nos separa y eso me pone muy triste: Rubén y yo iremos a colegios diferentes. Y ya es mala pata habiendo sólo dos en todo el pueblo… Nuestras mamás dicen que no nos preocupemos, que seguiremos viéndonos en el parque, que quedaremos los sábados lluviosos para ir a la bolera, que iremos al cumple del otro… pero yo sé que ya no será lo mismo. ¿O tal vez sí? ¿Será Rubén mi primer y mejor amigo para siempre? ¡Ojalá que sí!

Cuatro semanas

15 de junio de 2011 en La vida de Luca

Hoy vuelve a haber luna llena. Eso significa que se ha completado un ciclo lunar completo desde el día que nací, o lo que es lo mismo, que han pasado veintiocho días igual a cuatro semanas desde entonces, ¿verdad que el tiempo vuela?

En esta última semana he seguido con mi evolución exponencial, crezco a un ritmo vertiginoso y aprendo muy rápido. Levanto mi cabeza cual tortuguita prácticamente desde el primer día de vida, aunque ahora lo hago manteniéndola bastante tiempo. También soy capaz de fijar mi mirada en las cosas que me interesan, como las caras de mis papás o de Leo cuando se me acercan a decirme cositas. Comienzo a esbozar sonrisas, pero no esas entre sueños que son sólo un acto reflejo, no, unas de verdad. Y ya se intuye lo evidente, que me voy a llevar a las nenas de calle con ella… Incluso el pasado miércoles, justo después de postear mi tercera cumplesemana y estando boca abajo en la cama de mis papás, me di la vuelta yo solito. Mamá se quedó con la boca abierta y temió eso que todo el mundo dice, que los segundos son mucho más espabilados que los primeros. Yo creo que cumpliré con esa regla no escrita, porque apunto maneras ;)

El problemilla de los gases continúa, uf, menudo incordio son. Leo, que pasó por lo mismo, me dice que no me angustie y tenga paciencia, que el malestar pronto pasará… y que luego vendrán los dientes, los virus varios, los mocos… Animándome, ¿eh, Leo?

Estos días también estoy empezando a descubrir el calor. Sudo como un pollico en un invernadero, sobre todo por las noches, por eso de dormir pegadito al máximo a mami, así que ha decidido que ya va siendo hora de que me meta de lleno en mi papel de heredero y ha rescatado la ropa más mini que Leo usó sus primeros y veraniegos días. Ahora luzco tipazo en manga y pantalón corto, con lo que quedan al descubierto para disfrute del personal mis recién estrenadas arruguitas y roscas. Y es que todo el mundo me lo dice, que estoy hermosísimo (esa es la palabra que usan) y que parezco mayor. Normal, ¡ya peso 5 kg! Se quedan sorprendidos cuando mamá les dice que aún no tengo un mes y que todas mis chichas son gracias a su teti solamente, ¡como si eso no alimentara! Vamos, que se me ha puesto un cuello que ni el de Fernando Alonso.

Esta semana también hemos cambiado de vehículo. Atrás ha quedado el capazo menos explotado de la historia y ahora paseo (cuando me dejo pasear) en el huevito verde pistacho que tanto usó Leo. Me gusta más porque es más recogidito y sobre todo porque me permite ir viendo el mundo. Y es que… ¡tengo mucho que descubrir!

P.D. ¿Habéis visto el nuevo encabezado de nuestro blog? ¿A que es chulo? Lo ha hecho mi tito Alfonso (gracias tito). Si alguien no lo ve que pruebe a vaciar la caché de su ordenador. A mi mamá le pasó, llevaba puesto una semana y ni se había enterado la muy torpe…

El patinete

13 de junio de 2011 en La vida de Leo

Hay una vieja adivinanza que pregunta cuál es el animal que al principio de su vida camina con cuatro patas, cuando es adulto con dos y al final de sus días con tres. Supongo que todos sabéis la respuesta, ¿no? Es el hombre, que comienza gateando, luego camina erguido y cuando se hace viejete lo hace ayudándose de un bastón, lo que aquí llamamos la garrotilla.

Yo tengo mi propia versión de esta adivinanza. A ver, ¿adivináis cuál es el animal que circula primero con cuatro ruedas, luego con dos y finalmente con tres? Venga, os doy pistas. Se trata de un niño simpático, alegre, guapo, cariñoso y que aunque algunos digan que a veces se comporta como tal, de animal tiene poco. Efectivamente, ¡soy yo!

Todo comenzó cuando redescubrí mi coche-correpasillos de Pigy sin Pigy. Con él comencé a recorrer el camino que hay desde mi casa hasta el parque donde me convertí en el rey de la velocidad. Pronto se me quedó pequeño, sobre todo porque cuando empecé a explotarlo ya me quedaba chico. Entonces pasé a la moto de carreras. No es una “kasasanwi” como esa verde que a veces vemos por las calles de mi pueblo, pero el apaño lo hace lo mismo, que más chulo que voy yo en mi moto no va nadie. Primero cuatro ruedas, luego dos. ¿Qué hay de la tercera? Pues resulta que el otro día vi a mi amigo Rubén en el parque con un nuevo vehículo. Iba montado sobre una plataforma con tres ruedas que tenía un palo largo con el que giraba para un lado y el otro. Evidentemente lo quise de inmediato. Entonces mis papás me dijeron que no me preocupase, que cuando llegáramos a casa me montarían mi propio vehículo de tres ruedas. Claro, si ya decía yo que me sonaba tener uno… Me lo trajeron los Reyes Magos, pero después de ese día mágico no lo volví a ver. Por lo visto hay unos contra-pajes que en lugar de dejarme regalos me los quitan, dicen que para no saturarme, y luego me los van dando a lo largo del año. Así que al llegar a casa papá cumplió su promesa y destornillador en mano lo montamos. Suerte que no era del IKEA que si no igual estamos todavía en ello…

Ahora cuando vamos al parque yo lo hago sobre tres ruedas, o lo que es lo mismo, sobre mi súper patinete de Bob Esponja. Bueno, vale que a veces me canso y me subo al carrito de Luca… o papá me tiene que llevar en brazos… Sí, igual la adivinanza debería contemplar también estas posibilidades de transporte ;)

Nota mental 1: Sugerirle a la recién estrenada señora alcaldesa de mi pueblo que a ver si limpiamos el parque de chicles pegados. O mejor aún, sugerirle que multe directamente a los niños (y padres) que tiran los chicles al suelo. Con la cantidad de cerdícolas que hay seguro que en un mes saneaba las cuentas del Ayuntamiento.

Nota mental 2: Felicitar a mi papá que hoy es su santo. Sí, sí, ¡resulta que no existe San Gali!

Tres semanas

08 de junio de 2011 en La vida de Luca

Hoy es mi tercera cumplesemanana. Pero tranquilos, no penséis que voy a ir posteando todas ellas, si no menudo aburrimiento. Sólo hasta que cumpla el primer mes a partir del cual, lógicamente, postearé mis cumplemeses. ¿Es así como se hace no? Y luego cuando llegue al año… uf, ¡para eso aún queda mucho tiempo!

Esta última semana podríamos calificarla de “la de la revolución”. Aunque sigo siendo un bebé muy buenecito para dormir ahora el tiempo que no estoy en brazos de Morfeo (a veces Morfeo es mamá) o comiendo estoy bastante inquieto y llorón. Y no, no es para llamar la atención. Bueno, a veces sí, pero sobre todo es por culpa de los gases que se acumulan en mi tripita y no me dejan tranquilo. Me encojo, me estiro, me pongo rojo, lloro y por fin después de mucho dar por saco, puedo echarlos. Los de vía aérea los tengo dominados, que salen como si me hubiera bebido tres cervezas, pero los de escape posterior… jo, lo que me cuestan. Mi mamá me da masajitos, me pone a hacer ejercicio con las piernas, me coloca boca abajo, boca arriba, haciendo el pino… pero aún así me incomodan un montón. A veces me da el dolorcillo en mitad de un tranquilo sueño y me pongo a llorar desconsoladamente. Pobre de mí. Algunos dicen que es culpa de la inmadurez de mi aparato digestivo, otros de que si trago mucho aire comiendo o llorando. A mi sinceramente no me importa la causa, ¡sólo quiero una solución!

Pero como no todo son malas noticias, he de decir que el otro día me escribieron unos señores para informarme de que ya tenían los resultados de mi prueba del talón, esa que me hicieron el día en el que los mayores se dedicaban a votar y en la que una señotita con bata blanca decoró un papelito con mi sangre. Alguien debería decirle que para eso existen las acuarelas, las ceras, los lápices de colores y hasta la pintura de dedos, así evitaría que los bebés indefensos como yo pasáramos un mal rato. Por suerte yo no tendré que repetirla como le pasó a Leo, ya que según esos señores mis resultados son normales, ¡qué bien!

Lo que también marcha estupendamente es mi peso. Mientras ahora todo el mundo está pensando en la “operación bikini” yo estoy metido de lleno en la “operación chicha”, engordando a un ritmo trepidante y lo que es más iportante, feliz por ello. Hoy mamá me ha pesado en la farmacia y la maquinita nos ha dicho que este que ya se deja caer va por los 4.500 gr. Vale que habría que quitarle unos 200 gr por la ropa, el pañal y la leche que llevaba en el estómago, pero aún así he hecho más de un kilo en sólo estas tres semanas. No, si ya se nota en mi cara redonda y en mis mofletones. Como diría mi tita Teresa… ¡parezco un obispo!

Bares, ¡qué lugares!

07 de junio de 2011 en La vida de Leo

Mi mamá siempre dice que sólo hay dos clases de negocios que tienen garantizado el éxito en mi pueblo. Uno son las peluquerías, sobre todo y fundamentalmente las de señoras, que hay que ver lo que les gusta a ellas arreglarse el pelo para cualquier ocasión. Yo creo que la pupa que tiene la capa de ozono no está provocada tanto por los gases contaminantes emitidos por las industrias o los coches sino más por el uso indiscriminado de los sprays de laca que les dejan el pelo más tieso que la mojama. Mis experiencias en las peluquerías no son demasiado buenas, que lo único que recuerdo de ellas son pelos pegados a una cara llena de lágrimas y mocos, así que si alguna vez decido montar un negocio aquí en La Torre no elegiré esa opción. Me decantaré por la segunda… ¡los bares!

En mi pueblo, según datos del Instituto de Estadística de Andalucía (para que luego no se diga que uno no se informa) hay 38 establecimientos dedicados a la hostelería. Algunos son cafeterías y otros pubs, pero vamos, como en un momento dado éstos también sirven cerveza con tapa, los meto a todos en el mismo saco, así que calculo que tocamos a uno cada 200 habitantes, de cero hasta el agüelillo más viejo que haya censado y cuya presión arterial le permita acudir a disfrutar de ellos.

Ya he hablado otras veces de los bares, sobre todo de sus tapas que es lo que a mí me gusta. Entonces… ¿por qué me repito tanto? Bueno, la razón es bien sencilla, porque antes eran mis papás los que me llevaban a los bares y ahora soy yo el que los lleva a ellos. Me encanta eso de ahora unas patatillas, ahora un poco de lomo, luego que si un poco de picadillo de chorizo… ya sabéis, el picoteo. Por eso cuando vamos al parque, que está rodeado de bares, y se acerca la hora de cenar yo no pienso en volver a casa, bañarme, ponerme el pijama y que mis papás me sirvan la cena, no, yo pido que me lleven a “El Riñón” a comerme unas tapillas o a “Las Grecas” a zamparnos una pizza. Y si es sábado por la mañana y hemos salido al mercado, lo mismo, insisto en ir a “echar la ligá” que se dice en mi pueblo. Porque yo como buen machote que soy no me quito las ganas de comer aunque antes haya pasado por el bar, ¿a que sí papá?

Así que nada, si alguna vez alguno de mis pequeamigos venís a visitarme no os preocupéis que no vamos a necesitar a ningún adulto para que nos lleve de tapitas, que yo ya me conozco todos los sitios interesantes. Y a la hora de pagar… ¡que lo apunten en mi cuenta!

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