De revisión en revisión
Y tiro porque estoy hecho un tiarrón.
Ya me lo advirtió mi hermano Leo hace poco: “Que sepas Luca que te espera un añito de médicos de lo más intenso, así que vete preparando“. Y digo yo, ¿cómo se prepara uno para que lo exploren de arriba a abajo manejándolo como si fuera un saco de patatas, para que le miren la boca como si de un caballo en venta se tratase, para que le toquen sus partes nobles sin ningún respeto a la propia intimidad o para que lo banderilleen cual toro de lidia en Las Ventas? Pues de ninguna manera, que para eso no hay entrenamiento posible, sólo resignación. Y para colmo de males mis papás siguen conmigo al igual que con Leo la filosofía nada barata de hacer revisiones dobles. Por eso en cinco días he pasado por dos diferentes.
La primera fue en el Centro de Salud en el programa de control del niño sano que se llama y que mi hermano ya explicó en su día. Allí la señorita agujereadora de talones, que por cierto llegó una hora tarde a la consulta (para cabreo monumental de mis papás), me tumbó sobre una camilla y me trauqueteó todo lo que quiso y más. Me midió, me pesó, estudió mis reflejos, miró el rompecabezas que es mi cabecita… todo ello amenizado por un llanto desconsolado, el mío. Suerte que al menos en esta ocasión me libré de los pinchazos. Me dijo lo que es evidente, que estoy fenomenalmente bien, cosa que corroboraron mis medidas: 5.310 gr y 54,5 cm. Un tipazo.
Eso ocurrió el viernes. Pero ayer tocaba cita con nuestro Doc particular, el que de verdad nos saca las castañas del fuego según mis papás. Acudí a su consulta de lo más pacífico, durmiendo como un angelito, que ya se sabe que el sueño también alimenta. Dejé que mis papás le contasen cómo soy y cómo me comporto, aunque como a mí no me gusta que hablen por mí en cuanto me despertaron les demostré lo que querían saber. Me puse a llorar con todas mis fuerzas y el Doc, que previamente había sido advertido por mi mamá de que tengo mucho genio y de que lloro hasta ponerme rojo como un tomate y quedarme casi sin respiración, confirmó que seré un niño con mucho carácter. Pero el tipo es listo y no sólo sabe destacar la parte “negativa” de mi personalidad. Por eso en un momento en el que me tranquilice me cogió, me miró detenidamente y les dijo a mis papás: “Jo, cómo está el tío. Aunque sólo tome teta deberían enviar su foto a los de las leches artificiales, ¡seguro que la ponían en los paquetes!” Y es que no se puede negar, soy guapo hasta decir basta y tengo un cuerpo que ya lo quisiera el Kortajarena ese. Ayer, a punto de cumplir las seis semanas que hago hoy, pesé 5.550 gr y medí 56 cm. ¿Es posible que haya crecido tanto desde el viernes? Pues debe ser que sí porque en ambos casos estaba en pelotica, acababa de liberarme intestinalmente hablando y no había comido antes.
Así que como veis me hago grande a marchas forzadas. Suerte que ahora mismo el único alimento de mi dieta es gratis, que cuando diga de hincarle el diente a lo sólido entre Leo y yo… ¡arruinamos a nuestros papás!














