Tres semanas
Hoy es mi tercera cumplesemanana. Pero tranquilos, no penséis que voy a ir posteando todas ellas, si no menudo aburrimiento. Sólo hasta que cumpla el primer mes a partir del cual, lógicamente, postearé mis cumplemeses. ¿Es así como se hace no? Y luego cuando llegue al año… uf, ¡para eso aún queda mucho tiempo!
Esta última semana podríamos calificarla de “la de la revolución”. Aunque sigo siendo un bebé muy buenecito para dormir ahora el tiempo que no estoy en brazos de Morfeo (a veces Morfeo es mamá) o comiendo estoy bastante inquieto y llorón. Y no, no es para llamar la atención. Bueno, a veces sí, pero sobre todo es por culpa de los gases que se acumulan en mi tripita y no me dejan tranquilo. Me encojo, me estiro, me pongo rojo, lloro y por fin después de mucho dar por saco, puedo echarlos. Los de vía aérea los tengo dominados, que salen como si me hubiera bebido tres cervezas, pero los de escape posterior… jo, lo que me cuestan. Mi mamá me da masajitos, me pone a hacer ejercicio con las piernas, me coloca boca abajo, boca arriba, haciendo el pino… pero aún así me incomodan un montón. A veces me da el dolorcillo en mitad de un tranquilo sueño y me pongo a llorar desconsoladamente. Pobre de mí. Algunos dicen que es culpa de la inmadurez de mi aparato digestivo, otros de que si trago mucho aire comiendo o llorando. A mi sinceramente no me importa la causa, ¡sólo quiero una solución!
Pero como no todo son malas noticias, he de decir que el otro día me escribieron unos señores para informarme de que ya tenían los resultados de mi prueba del talón, esa que me hicieron el día en el que los mayores se dedicaban a votar y en la que una señotita con bata blanca decoró un papelito con mi sangre. Alguien debería decirle que para eso existen las acuarelas, las ceras, los lápices de colores y hasta la pintura de dedos, así evitaría que los bebés indefensos como yo pasáramos un mal rato. Por suerte yo no tendré que repetirla como le pasó a Leo, ya que según esos señores mis resultados son normales, ¡qué bien!
Lo que también marcha estupendamente es mi peso. Mientras ahora todo el mundo está pensando en la “operación bikini” yo estoy metido de lleno en la “operación chicha”, engordando a un ritmo trepidante y lo que es más iportante, feliz por ello. Hoy mamá me ha pesado en la farmacia y la maquinita nos ha dicho que este que ya se deja caer va por los 4.500 gr. Vale que habría que quitarle unos 200 gr por la ropa, el pañal y la leche que llevaba en el estómago, pero aún así he hecho más de un kilo en sólo estas tres semanas. No, si ya se nota en mi cara redonda y en mis mofletones. Como diría mi tita Teresa… ¡parezco un obispo!

