Soy malo, ¿y qué?
Esto de ser un recién llegado despierta la curiosidad de todo el mundo. Cuando voy paseando por la calle la gente nos para para ver cómo soy si aún no me conocen o cómo he cambiado si ya han tenido el gusto de hacerlo. Lo que más suelo escuchar es lo guapo que soy y, como ya he comentado, lo hermosísimo que estoy. Hay quien dice que si es que me pegan la carne, quien me ha echado de tres a cuatro meses y quien se sigue sorprendiendo cuando mi mamá les dice que mis chichas son gracias sólo a su pequeña pero muy productiva teta. Pero al margen de las cuestiones sobre mi portentoso físico, hay una pregunta que se repite una y otra vez, la nueva pregunta del millón: “Y qué, ¿es bueno?“. O su versión en negativo: “Y qué, ¿es malo?”
Vamos a ver, ¡que acabo de nacer y mi historial delictivo está aún (y esperemos que por mucho años) limpio! Que yo no he robado, ni matado a nadie. Que no miento, ni ando metido en temas de corrupción, ni trafico con drogas ni con armas… ¡ni siquiera he roto un plato! ¿Pero qué se piensa esta gente? Mi mamá me ha dicho que no me lo tome así, que cuando preguntan eso lo que quieren saber es básicamente si duermo toda la noche del tirón, si como cada tres horas o si no se me escucha durante el día y que eso, según la gente, es “ser bueno”. Ah, pues vaya, entonces mejor les digo que me vayan preparando el traje a rayas y una celda en Alcalá Meco sin derecho a tercer grado penitenciario porque soy malo malísimo. Soy lo peor.
Por lo visto mis delitos son varios: despertarme dos o tres veces cada noche para comer y muchas más porque ando molesto por el calor, los gases o la postura, querer brazos para dormir o simplemente estar, llorar y llorar si me dejan solo y comer como una pupa viva cada dos por tres. Cualquier juez que se tercie los calificaría dentro de una única figura delictiva: ser un bebé.
El caso es que me he repasado el Código Penal de principio a fin, y mira que es un tocho gordo, y no he encontrado recogido este delito en ninguno de sus apartados. Debería estar asustado, lo sé, pero la verdad es que no lo estoy en absoluto, que si tienen que enchironarme por ejercer de lo que soy, un bebé, que lo hagan. Que soy malo, sí, ¿y qué pasa?

