Crisis
Desde que nací he descubierto que hay una serie de palabras recurrentes en mi vida. Está el “ea” por triplicado, o sea, el “ea, ea, ea”, ese mantra que mis papás e incluso mi hermano me repiten cuando intentan calmarme. Está el “precioso”, que se alterna con el “bonico” o el “guapo” y que escucho cientos de veces a lo largo del día. Digo yo que con toda la razón del mundo. Y luego está una palabra maldita, “crisis”.
En el chisme que mis papás tienen en el salón, cuando Leo no está viendo dibujitos, no paran de hablar de la dichosa crisis. Por lo que he podido observar hay varios tipos, la económica, la política y en los últimos días la del pepino. Y no digo yo que no sean importantes, pero para mí hay otra crisis que está por encima de todas ellas, la mía propia. Me hace estar llorón e inquieto, dormir peor, agarrar la teta de mamá y soltarla quejándome, volver a agarrarla… Mamá, que por suerte ya estaba prevenida e informada, me ha contado que esto que me pasa es de lo más normal, que todo se debe a que mi cerebro está madurando y que en un par de días se me pasará… ¡hasta dentro de un mes! Son los brotes de crecimiento que los llaman, y por lo visto los bebés tenemos que pasarlos cada cierto tiempo. No es agradable estar así de chinchoso, os lo digo yo, aunque su parte buena tiene todo esto. Porque con mis llantos en mitad del sueño he conseguido que mi mamá se olvide de (casi) todo lo demás y me tome en brazos para seguir durmiendo, como hacía con Leo. Y es que ser el segundo es lo que tiene, mamá y papá ya no son exclusivos para el recién llegado, que los tiene que compartir con el primogénito… y con sus juguetes por el suelo, la plancha, la fregona, el trapo del polvo, la comida, la cena, el trabajo… Un rollo. Menos mal que uno parece que ha nacido con la lección aprendida y se porta bien durmiendo en su minicuna bastantes ratos a lo largo del día para que los mayores puedan hacer sus tareas. Pero vamos, que tonto no soy y puestos a elegir…¡prefiero unos buenos brazos!

P.D. Mi mamá agracede en el fondo lo de la crisis. Sé que tiene remordimientos por no poder cogerme tanto como a Leo y esta… ¡es su excusa perfecta!






