Leo y Luca en nunca jamás

junio de 2011

Crisis

06 de junio de 2011 en La vida de Luca

Desde que nací he descubierto que hay una serie de palabras recurrentes en mi vida. Está el “ea” por triplicado, o sea, el “ea, ea, ea”, ese mantra que mis papás e incluso mi hermano me repiten cuando intentan calmarme. Está el “precioso”, que se alterna con el “bonico” o el “guapo” y que escucho cientos de veces a lo largo del día. Digo yo que con toda la razón del mundo. Y luego está una palabra maldita, “crisis”.

En el chisme que mis papás tienen en el salón, cuando Leo no está viendo dibujitos, no paran de hablar de la dichosa crisis. Por lo que he podido observar hay varios tipos, la económica, la política y en los últimos días la del pepino. Y no digo yo que no sean importantes, pero para mí hay otra crisis que está por encima de todas ellas, la mía propia. Me hace estar llorón e inquieto, dormir peor, agarrar la teta de mamá y soltarla quejándome, volver a agarrarla… Mamá, que por suerte ya estaba prevenida e informada, me ha contado que esto que me pasa es de lo más normal, que todo se debe a que mi cerebro está madurando y que en un par de días se me pasará… ¡hasta dentro de un mes! Son los brotes de crecimiento que los llaman, y por lo visto los bebés tenemos que pasarlos cada cierto tiempo. No es agradable estar así de chinchoso, os lo digo yo, aunque su parte buena tiene todo esto. Porque con mis llantos en mitad del sueño he conseguido que mi mamá se olvide de (casi) todo lo demás y me tome en brazos para seguir durmiendo, como hacía con Leo. Y es que ser el segundo es lo que tiene, mamá y papá ya no son exclusivos para el recién llegado, que los tiene que compartir con el primogénito… y con sus juguetes por el suelo, la plancha, la fregona, el trapo del polvo, la comida, la cena, el trabajo… Un rollo. Menos mal que uno parece que ha nacido con la lección aprendida y se porta bien durmiendo en su minicuna bastantes ratos a lo largo del día para que los mayores puedan hacer sus tareas. Pero vamos, que tonto no soy y puestos a elegir…¡prefiero unos buenos brazos!

P.D. Mi mamá agracede en el fondo lo de la crisis. Sé que tiene remordimientos por no poder cogerme tanto como a Leo y esta… ¡es su excusa perfecta!

A la conquista de la ATP

03 de junio de 2011 en La vida de Leo

Hoy 3 de junio es un día de cumpleaños un tanto especial. Por una parte está el de mi tita Lola, que cumple… tranquila tita, ¡que no lo voy a decir! Y luego está el de Rafa Nadal, a quien de sobra todo el mundo conoce. ¿Será una mera coincidencia? Mmmmm… pues visto lo que sucedió hace unos días yo creo que no.

Dicen que a Rafa le regalaron su primera raqueta con tan sólo tres años, que precisamente es la edad que yo voy a cumplir en apenas un mes y medio. Desde entonces está venga a echar músculos y ganando un torneo detrás de otro hasta llegar a convertirse en el número uno del mundo mundial, que lo suyo le ha costado, que el suizo ese que no suda ni se le menea un pelo en la pista se lo ha estado poniendo bastante difícil durante un montón de años. Pero el chico lo consiguió. A mi mamá le gusta mucho Rafa, y no es un secreto que le encantaría verme llegar tan alto como él (aunque mi papá insista en lo de las motos). Por eso está pensando que quizás en mi tercer cumpleaños deba hacer lo mismo y regalarme una raqueta para que me vaya familiarizando con este deporte. Mi papá sería mi entrenador, que ya tiene su propia raqueta, y Luca y ella irían a animarme a la pista. Como veis lo tiene todo pensado.

Seguís sin establecer la relación entre los cumpleañeros, ¿no? Vale, lo explico. Resulta que el otro día mi tita Lola puso en mis manos mi primera raqueta y juntos lanzamos mis primeras bolas al otro lado de la red. Fue muy divertido, sobre todo al ver que la pelota volvía y teníamos que correr para volver a golpearla. Lo de correr tengo que perfeccionarlo, quizás incluso bajar un poco de peso, pero bueno, eso no me va a impedir entrenar a tope. Vale que además era una raqueta de paddel y no de tenis, eso también habrá que corregirlo, pero para empezar yo creo que es mejor, que son más pequeñitas.

Así que ahí lo tenéis, Lola, Rafa y Leo, unidos por el destino tenístico. ¡Que se preparen los de la ATP!

Prometo que si algún día llego al número uno del mundo pondré el vídeo de mi primera sesión en la pista. De momento queda reservado para la familia ;)

Dos semanas

01 de junio de 2011 en La vida de Luca

Vaya, vaya. Esto de tener un blog compartido unido al poco tiempo que uno tiene para escribir, que ya se sabe que para un bebé chiquitín como yo lo prioritario es dormir y comer, hacen que mis post vayan de semana en semana. Y hoy cumplo dos, ¡bien por mí!

En estos últimos siete días la novedad más destacada en mi vida es que desde el domingo puedo dar por concluida mi carrera de astronauta ya que perdí el último vestigio que quedaba de ella. Efectivamente, ¡se me cayó el cordón! Y oye, menudo alivio, que la pinza esa que me colocaron como si yo fuera un vulgar trapo de cocina tendido al sol era de lo más incómoda. Se me clavaba cuando estaba boca abajo, me tiraba si se enganchaba el pañal, no podía bañarme enterito… Pero ahora por fin soy libre. Mi mamá sintió un poco de pena porque dice que ese el primer paso que doy hacia la independencia, aunque yo creo que exagera un poco. Menos mal que mi hermano Leo ya me había advertido que a veces le pasa eso de exagerar. Ay, si yo la necesito un montón… bueno, al menos para comer y calmarme, dos cosas que sólo consigo enganchándome a su teti. Porque aunque veo la devoción con que Leo agarra su chupete para ir a dormir, que no hay quien se lo quite en toda la noche, yo no le encuentro ninguna utilidad al caucho ese, que por más que chupes de ahí no sale nada de nada. Yo prefiero el chupete natural de mami, así es como consigo dormirme. Pensaréis que soy un aprovechado, pero para un vicio que tiene uno… Que por lo demás soy un bendito, que no doy un ruido, que me dejan en la minicuna y ahí que sigo dormido hasta dos horas sin apenas moverme. Un angelito, eso soy.

Y claro, tanto tetear da sus frutos, que al igual que todo lo que sube ha de bajar, todo lo que entra… ¡pues tiene que salir! Lo gracioso es que lo que meto no siempre sale cuando mejor le viene a mi mamá, que es la que me cambia los pañales, y ya no ha ocurrido una, ni dos, ni tres veces, es que casi siempre pasa que espero a que lo haga, a que me cambie, para justo después soltarle el regalito. No es que lo haga intencionadamente, es que mi ritmo intestinal es así, jeje. La segunda consecuencia es menos escatológica y tiene que ver con mi crecimiento. Os comenté que el jueves pasado tenía cita con el Doc, que además de hacerme una exploración completa y de estudiar todos mis reflejos volvió a pesarme y medirme. En ocho días había pasado de 3.250 a 3.600 gr., lo cual según él está fenomenal, que perdí los 200 gr. de rigor pero luego gané 550, ¡más de medio kilo! Además medí 51 cm. Mamá le preguntó si era posible que hubiera crecido 2 cm en tan poco tiempo y él le dijo que es que probablemente me medirían mal en el hospital, cosa que ya intuía porque estaba delante cuando lo hicieron y según ella el método no fue muy fiable que digamos. Vamos, que las gitanas del mercaíllo miden mejor los retales usando la técnica del brazo-hombro. Pero bueno, datos aparte, no hay más que verme para comprobar que voy cambiando día a día, obviamente a mejor, que como dice mi papá se ha vuelto a cumplir esa regla matemática que dice que menos (él) por menos (ella) es más (yo). Creo que me van a gustar las matemáticas… ;)

Por cierto, otra cosita. Ayer mamá y yo dimos nuestro primer paseo dos en uno, que me envolvió en la tela kilométrica esa que le regalaron los Reyes Magos y allá que nos fuimos con mi papá y Leo a la calle, donde por cierto, la gente nos miraba algo extrañados. Creo que aún tiene que practicar la técnica de nudos y vueltas, pero vamos, muy mal no debió hacerlo porque después de llevar un rato refunfuñando me colocó ahí y menudo sueñecito cogí con el meneillo y el calorcito de mamá. He aquí la prueba.

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