Leo y Luca en nunca jamás

julio de 2011

Vuelta y vuelta

29 de julio de 2011 en La vida de Luca

Una de las peores cosas que tiene esto de ser un bebé es la poca independencia que uno tiene, que siempre hay algún adulto que decide por ti qué es lo que debes ponerte, a dónde has de ir o en qué postura tienes que estar. Podría añadir incluso lo de qué comer y cuándo, pero está claro que ahí el que manda sí que soy yo a base de llorar en el mismo instante en el que empiezo a notarme el gusanillo en el estómago.

Por suerte algo de esto empieza a cambiar, gracias sobre todo a que día a día voy consiguiendo mayor control sobre mi cuerpo. Dicen que hay una cosa en la cabezota que se llama cerebro y que si tú quieres hacer una cosa tienes que hacerlo funcionar mucho, mucho para que él dé las órdenes pertinentes al resto del cuerpo y así consigas tu objetivo. La verdad es que no sé por qué el cerebro es del género masculino, si está claro que tiene toda la pinta de ser del otro sexo ahí venga a mandar y organizar todo… En fin, a lo que iba, que mi cerebro empieza poco a poco a obedecerme. Prueba de ello es que desde hace algunos días si me colocan en una posición en la que no estoy cómodo yo le ordeno que orqueste todo mi cuerpo para cambiar de postura. Así cuando estoy boca abajo soy capaz de girarme y ponerme mirando al techo y, lo que es más difícil, si estoy boca arriba y me apetece estar apoyado sobre mi barrigota allá que me doy la vuelta. He de decir que lo primero lo hago bastante mejor y más a menudo que lo segundo. Mi mami cree que es porque la cabeza me pesa lo suyo y en cuanto que la dejo caer un poco allá que va el resto de mi cuerpo, como si no tuviera mérito el esfuerzo que hago con mis musculosos brazos ni mi giro de caderas magistral.

Esto es sólo el comienzo. Luego vendrá lo de aguantar la cabeza, lo de quedarme sentadito, ponerme de pie, el gateo, caminar… Ya véis que la teoría me la sé al dedillo, ahora sólo me queda practicar, practicar y practicar ;)

Nota para mami: La próxima vez graba hasta el final, mami, y ya si eso editas el vídeo, que no se ve cómo conseguí ponerme totalmente boca arriba.

Nota de actualización: Hace unas semanas escribía una entrada sobre los bloguerregalos que había recibido. Pues bien, a la lista he de añadir uno que aprovechando el cumple de Leo me enviaron nuestros amigos Laia y Àlex. Y que tiemblen las nenas de La Torre, ¡gracias! ;)

Mis fiestas de 3 años

26 de julio de 2011 en La vida de Leo

Qué bien suena a veces el plural, ¿verdad? Y es que otro año más vuelvo a ser un chico con suerte, que no sólo tengo una, sino dos fiestas de cumpleaños. La primera, como viene siendo habitual, en la guarde. Y la segunda, también tradicional, en el patio de mi abuelo, que ya se ha convertido en el escenario perfecto para todo tipo de saraos. Los dos últimos años las he posteado por separado, pero ahora con lo de compartir el blog con Luca tengo que aprovechar muy bien cada una de mis entradas, así que preparaos porque esta promete ser completita, que van las dos de una vez.

La fiesta en la guarde la celebramos el viernes día 22, ya que mi cumple este año ha caído en sábado y ese día, claro está, no tengo que ir (y anda que no lo dejé claro cuando me levanté… “¡hoy no hay guarde, mamá”!). Allí me lo pasé bomba, porque ese día fui el protagonista, con corona de rey incluida, y eso mola un montón. Después del éxito de la tarta-tren del año pasado el listón había quedado alto, así que mis papás tenían que currárselo: él puso a trabajar la thermomix, ella se aprovisionó de lacasitos como para un ejército de pequeñajos y juntos consiguieron dar forma a la famosa tarta-pez, con la que nuevamente volví a triunfar.

Luego tocaba el turno del regalito a los compis (¿no es al revés, que el cumpleañero es el que recibe?). El año pasado sólo éramos doce niños en la clase, así que mi tita Teresa tuvo a bien hacerme sus famosas galletas decoradas para repartirlas como detallito. Pero ahora los niños se habían multiplicado por tres, treinta y seis terremotos en total, así que la sorpresa para mis amigos fue más sencillita. Mi mamá, que casi acaba con diabetes de manejar tanta azúcar, me hizo unas brochetas de chuches que envolvió con su pegatina y su lacito y todo y que yo encantado repartí a mis compis.

Fue un buen preámbulo para lo que me esperaba el día 23, ¡el día de mi cumpleaños! Nada más despertar mis papás me llevaron a mi cuarto de juguetes donde me esperaban un montón de globos y de regalos: un túnel súperchulo (¡¡¡me encantan los túneles!!!), un libro de pegatinas, juegos de piezas de parte de un amigo de mi papi, una moto de mi abuelo Melchor (sí, otra moto, la mía la olvidamos papá y yo un día en el parque… :( ) y unas gafas de sol la mar de molonas que me enviaron mis amigos Laia y Àlex (gracias :) )

Ya por la tarde, después de reponer fuerzas con una buena siesta y dejar al personal de catering y decoración hacer su trabajo, llegó el turno de recibir a mis invitados. Que vamos, luego dicen que si la Preysler es una perfecta anfitriona, ¡pues porque no me han visto a mí! Cada vez que alguien aparecía por la puerta salía corriendo a saludarlo con la mejor de mis sonrisas y lo llevaba dentro a enseñarle los montones de globos que había en la piscina y que mi papá había inflado hasta casi quedarse sin pulmones. Y sí, como no podía ser de otra manera… ¡la fiesta fue de Mickey!

Este año mi mamá tuvo que optimizar con la decoración, que dice que tener un bebé de dos meses en casa no le ha dejado mucho tiempo para el recorta-pega de cartulina. Eso y que por lo visto tiene la mala costumbre de dormir… Pero bueno, aún así quedó resultona con la súper figura de Mickey presidiendo la mesa roja, negra y blanca, los colores de la fiesta.

Lo que tampoco hubo este año fue tarta de mi tita mamimanitas. Bueno, la hubo pero a medias. No hubo tiempo para modelar figuritas de fondant aunque sí para hacer un delicioso relleno que encantó a todo el mundo. La verdad es que la eché de menos porque si hubiera podido seguro que le queda una tarta alucinante. Para compensar mi mamá se buscó unas figuiritas que dieron bastante el pego y recicló los banderines de la tarta de mi santo, así quedó una tarta muy chula.

Lo importante, como ya he dicho, es que estaba buenísima, y si no que se lo pregunten a mi amigo Francisco, que juntos nos sentamos junto a la piscina y ahí que echamos un mano a mano a ver quién se la comía antes.

Mi tita Teresa, que ya podría dedicarse en serio a lo de las parties, montó además un improvisado taller de globoflexia y nos hizo a todos los niños sables, flores, gafas, gorros…

Nos divertimos un montón y casi nadie echó de menos los diez botes de pompas de jabón y las bengalas que mi mamá había comprado y que luego se olvidó de sacar. Suerte que no pasó lo mismo con las caretas de Mickey y de Minnie. Ay, si es que no se puede con tanto, mami…

Mi hermanito Luca se portó fenomenal durante toda la fiesta, que no se le escuchó a pesar de que a última hora del día es cuando más empachosillo se pone. Claro, el tío iba como la falsa moneda, de mano en mano, encantado de la vida. Tiene toda la pinta de que será tremendamente sociable, casi tanto como yo.

La verdad es que fue una fiesta muy chula, sobre todo porque vino un montón de gente… con sus respectivos regalos, jejeje.

Madre mía, estoy agotado de tanto escribir. Pero bueno, no puedo acabar sin dar las gracias a todos los que desinteresadamente organizaron el fiestón: a mi mamá por los viajes a la papelería y al megachino para que no faltase detalle, a mi papá por los viajes a Mercadona, a mi abuelo Paco por asegurarse de que hubiera bebida suficiente y por ayudar a mamá en la preparación del escenario, a mi tita Teresa por la tarta, a mi tito Alfonso por el recorta-pega digital y a mi tita Lola por todo lo demás (¡es que hace mucho!). Da gusto saber que hay tanta gente pendiente de que uno sea feliz, ¡gracias a todos!

 

Tres años

23 de julio de 2011 en La vida de Leo

Dice mi mamá que el tiempo no pasa igual cuando eres un niño. Yo no es que sea Einstein ni entienda mucho de relatividad que digamos, al menos no de momento, pero hasta donde yo se la horas, los días, los meses y los años tienen la misma duración seas del tamaño que seas. Aunque creo entender a qué se refiere. Ellos, los mayores, experimentan ya pocos cambios en sus vidas. Han aprendido casi todo lo que sabrán y han descubierto casi todo lo que el mundo les ofrece. Sin embargo, nosotros los niños vivimos cada día al máximo porque siempre encontramos algo nuevo que hacer, ver, decir o conocer. Por eso un año en nuestra vida no se puede equiparar a uno de la de un adulto, por eso a nosotros se nos hace tan largo, porque lo vivimos intensamente y en él suceden miles de cosas emocionantes.

Hoy cumplo tres años y, echando la vista atrás, veo que cada uno de los últimos 365 días me han llevado a convertirme un todo un niño grande. El cambio más espectacular se nota en mi vocabulario. Si cuando cumplía dos años apenas decía unas cuantas palabras ahora el diccionario se me queda corto. Razono, pregunto y hablo por los codos, incluso con la gente que no conozco. Porque si ya entonces era simpático y educado ahora es que me salgo. Los abuelillos que en esta época se salen a tomar el fresco a las puertas de sus casas lo saben bien, que cuando paso por delante de ellos siempre los saludo. Atrás he dejado también mi carita de bebé y poco a poco el cuerpecito, aunque todo hay que decirlo lo de la barrigota aún se me resiste un poco. Además he desarrollado mucho carácter. Bueno, lo suyo sería decir que lo he acentuado, que genio he tenido desde la cuna. Sé lo que quiero y no paro hasta que lo consigo. Mis papás ven esto como una virtud defectuosa, es decir, les gusta mi determinación pero desaprueban que no les obedezca cuando me dicen que algo no se puede hacer y yo me empeño en hacerlo. Pero es que uno es así, para lo bueno y para lo malo.

La llegada de mi hermanito Luca me ha hecho más mayor si cabe. Con él he aprendido lo que significa tener que cuidar a alguien, cosa que hago a las mil maravillas. Ayudo a mama a bañarlo, llevo las toallitas cuando me las piden, lo acaricio, lo beso, lo achucho, le digo cositas… Siempre estoy atento por si se despierta y cuando lo hace voy corriendo a saludarlo. Ahora él es el que lleva los pañales en casa (tema para otro post) que yo, como he dicho, ya soy un niño grande que pronto irá al cole y no los necesito.

Incluso mis juegos han cambiado en este año, que dicen que me he vuelto un poco brutote. Mi compañero favorito para ellos es mi papá porque con él los juegos de chicos, esos de caerse, pegarse de broma o volar son más divertidos. A mamá también la busco, pero más para el tema creativo. Y para los mimos, que grande sí, pero mimoso más.

En fin, que el último año ha dado para muchísimo. Ahora toca celebrar cuánto he crecido y disfrutar del niño tan genial en el que me he convertido.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS A MI!!!

Dos meses

18 de julio de 2011 en La vida de Luca

Hoy es mi segundo cumplemés. Ya véis, poco a poco que me voy convirtiendo en toda una personita. Atrás ha quedado definifivamente ese recién nacido que apenas hacía sino estar y dejarse llevar. Y es que si por algo destaca este último mes es porque he aprendido a interactuar con el mundo que me rodea, sobre todo con las personas que día a día me acompañan, descubriendo que soy capaz de responder a sus estímulos y, lo que es más gratificante, que ellas responden a los míos. La prueba más evidente de esta relación son mis sonrisas. Como ya comenté aquí me encanta que se dirijan a mí y me digan cositas, gesto que yo compenso con una preciosa aunque desdentada sonrisa. Mis momentos más chistosos son sin duda los que regalo cada mañana al despertarme o después de una buena siesta, que está claro que cuando uno está descansado es más feliz. En esos momentos además me salen unos gorgoritos que ya los quisiera el Plácido Domingo ese. Y es que esa es otra de las novedades de este último mes, estoy descubriendo mi voz. A veces me emociono y chillo y todo. Por eso mi mamá dice que voy a ser como Leo, parlanchín.

Pero mi relación con el entorno va más allá. Me llaman mucho la atención los sonidos y desde hace unas semanas busco insistentemente de dónde proceden, sobre todo si lo que escucho es una voz humana. Giro la cabeza y me fijo hasta que descubro a la persona que me lleva en brazos. Tanto es así que en una de estas me va a dar tortícolis de tanto girar. Lo de fijar la mirada no sólo sirve para las personas, sino también para la tele, por ejemplo. Ah, y hablando de cabeza, poco a poco voy logrando mayor control sobre ella. Aún soy incapaz de mantenerla completamente erguida pero todo se andará. Mi mamá, que es mi entrenadora particular, me somete a ejercicios diarios después del baño, me coloca boca abajo y me enseña cositas para que yo alce la cabeza y así fortalezca mi cuello de tres pliegues.

Y aunque ellas no sean del entorno propiamente dicho, que más bien pertenecen a uno mismo, también he descubierto mis manos. Poco a poco mis movimientos son menos bruscos y estoy consiguiendo que algunas partes de mi cuerpo vayan donde yo quiero que lo hagan. Estoy empezando con eso, con las manos, y el lugar al que más me gusta llevarlas es a mi boca. Allí las chupo y rechupo hasta casi desgastarlas y la verdad es que eso me consuela un montón. Porque la teti de mami está bien, pero no siempre está a mi alcance, y el chupe a veces se me cae y no hay manera de que vuelva a su sitio.

Lo único malo de este día es que he tenido que pasar por la correspondiente revisión. Que digo yo, ¿qué diablos tendrán tanto que revisar si no hay más que verme para comprobar que estoy hecho un torete? Total, que no me he escapado. Las enfermeras sustitutas de la afortunada que está de vacaciones me han pesado y medido. Atentos a los datos: aquí el menda ha subido la báscula hasta los 6.340 gr y alargado el metro hasta los 59 cm, casi nada. Aunque eso ha sido la parte light de la visita, que luego las niñas de blanco me han “regalado” tres pedazo de banderillazos, dos en un muslo y uno en otro. Suerte que los tengo bien servidos, pero aún así vaya daño que hacen los condenados. Yo no me he cortado y he expresado mi opinión al respecto como debe ser, a grito pelado y con todas las lágrimas que he sido capaz de fabricar en ese momento. Mis papás dicen que es por mi bien, para prevenir enfermedades y eso, pero claro, como a ellos no les han pinchado…

Pero bueno, yo, como viene siendo habitual, he acabado poniéndole una sonrisa al mal momento. Si es que soy más simpático…

Y para no perder la tradición, tal y como hizo Leo en su segundo cumplemés, os dejo con mi primer vídeo oficial haciendo todo eso que ya sé hacer y os acabo de explicar. De aquí a la fama, os lo digo yo, ¡un paso!

 

Mis últimos trabajos de la guarde

16 de julio de 2011 en La vida de Leo

Mis días en la guarde rozan ya su fin. Este ha sido un curso intenso en el que he aprendido un montón de cosas, algunas de las cuales saltan a la vista, como mi espectacular evolución con el lenguaje. Otras, como mi faceta artístico-educativa, necesitan de una expresión gráfica para demostrarla. De ahí los trabajos que cada día hemos ido haciendo en clase. Ya os enseñé una pequeña muestra de mis actividades del primer trimestre, aprobadas con nota por supuesto. Hace una semana mis seños nos entregaron nuestros últimos trabajos. Ay, echaré de menos esa horita y media pintando y aprendiendo con mis amigos… En fin, aquí dejo, para el recuerdo, algunas de las fichas que hemos trabajado estos últimos meses.

 

Sonrisas a go go

13 de julio de 2011 en La vida de Luca

Dicen que no es casualidad que a partir del mes y medio de vida más o menos los bebés comencemos a sonreir. Y es que después de las primeras semanas, que no podemos negarlo son algo durillas tanto para nosotros que tenemos que aprender a vivir en un mundo nuevo como para nuestros papás a quienes revolucionamos sus rutinas, este pequeño gesto hace que las energías de ambos se renueven para seguir adelante con más entusiasmo si cabe que al principio. Porque está claro, la vida con una sonrisa en la cara siempre es mucho mejor.

Yo, como vengo siendo un bebé estándar, llevo sonriendo ya un par de semanitas. Al principio eran pequeñas muecas aisladas pero ahora… ahora son risas y gorgoritos en toda regla. La que más me hace sonreir, básicamente porque es con quien paso más tiempo, es mi mamá, aunque soy capaz de regalarselos a cualquiera que me haga alguna monería. Y es que me encanta que estén pendientes de mí y que me digan cositas, incluso cuando lo hacen con esa voz cantarina que usan los mayores cuando se dirigen a nosotros. Bueno, y también los niños, que como está claro que todo se pega hasta Leo me habla de esa manera y me dice cosas como”¡hola chiquitiiiiiiiiiiiín!“, así, alargando las palabras y cantándolas. Es muy gracioso.

Por lo visto últimamente las cosas en este mundo no andan demasiado bien, vamos, que motivos para sonreir dicen que no hay muchos. Pero yo no estoy de acuerdo. Está el sol que sale cada día, los besos de la gente que me quiere (incluso los babosos como los de mi hermano Leo), los paseítos de cada tarde, las caricias y juegos después del baño, el sueño en brazos de mamá… Y seguro que cada uno de vosotros es capaz de añadir por lo menos otras dos razones para hacerlo. Asi que yo no pienso cortarme y he decidido que voy a ser feliz y demostrarlo, como no, ¡sonriendo!

Con las ideas claras

11 de julio de 2011 en La vida de Leo

Se acerca mi cumple número tres y como cada año lo celebraremos con una gran fiesta. Los que nos leeis sabéis que a mi mami le gusta que ese día y esa ocasión sea siempre especial y que, además de estar acompañados por un montón de familia y amigos que es lo que lo hace genial, le preocupa que el sarao en cuestión esté perfectamente ambientado y organizado. Este año con la llegada de Luca no ha tenido más remedio que olvidarse muy a su pesar del “perfectamente”, pero aún así creo que algo está preparando.

Pero esto de los tres años ya se empieza a notar, por ejemplo en que uno ya tiene sus propias opiniones y es capaz de defenderlas contra viento y marea. Por eso cuando sorprendentemente mi mamá me preguntó acerca de la temática de la fiesta lo tuve clarísimo, quería que fuera de Mickey, mi amigo de enormes orejas. Y por mucho que intentara disuadirme en base a alguna oculta razón que nunca descubrí, no cabía otra posibilidad: ni de Rayo Mcqueen, ni de Woody, ni de piratas… que no, tenía que ser de Mickey.

Creo que al final mi mamá me dará el gusto, que digo yo que para eso están las madres, porque veo por ahí muchas cosas rojas y negras y dibujitos del ratón en su ordenador. En cualquier caso poco queda para desvelar la sorpresa, ¡que el gran día ya está a la vuelta de la esquina!

Perdonad que hable con la boca llena, pero es que me pirra el arroz inflado y no podía parar ;)

Bloguerregalos

08 de julio de 2011 en La vida de Luca

Ser el hermano pequeño tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las primeras está que ya no eres un conejillo de indias para tus papás y que todos los errores que han cometido con el mayor se supone que ya no volverán a repetirse con uno. También que aprendemos más rápido, aunque eso sí, básicamente porque no nos queda otra… La parte negativa de venir detrás es que pierdes exclusividad, te tienen que dejar llorar más o te ves obligado a compartir o heredar cosas.

Sin embargo yo he encontrado un aspecto más que positivo a un gran incoveniente, lo de las posesiones a medias. Este blog, por ejemplo. Es una de las cosas que me ha tocado compartir con Leo. No sé qué opinión tendrá él al respecto, si le estará afectando mucho lo de que su ciberespacio ahora sea de dos, aunque la verdad es que por cómo me trata creo que se lo está tomando bastante bien. Yo por mi parte estoy encantado porque con él venían un montón de amigos suyos que ahora también lo son míos, y oye, eso mola. Más aún cuando esos amigos son tan geniales que te envían regalitos por el simple (¿simple?) hecho de nacer.

El primero que me llegó lo hizo del otro lado del charco ni más ni menos, más concretamente de México lindo. Lo enviaron mi amiga Emma y su mamá Jessica y contenía un montón de cariño. Pero como el cariño no se pone, también incluyeron unas cuantas prendas que sobra decir luciré mejor que nadie.

Decirle a Emma y a Jessica que me perdonen por no ponerme el body para la foto, pero es que es de manga larga y con los 35º C a la sombra que gastamos estos días me ponía a sudar con sólo pensarlo.

El siguiente, la primera carta que recibo sóla y exclusivamente a mi nombre, vino desde la otra orilla del charco que nos separa de México. Allí, en tierras gallegas, vive una familia de piratas que aunque ultimamente pasan más tiempo (demasiado según mi mamá) en alta mar que en tierra firme debieron encontrar un buzón en alguna de las islas en las que se refugian para hacerme llegar una camiseta que es todo un emblema.

Aunque para camiseta original y exclusiva la que me enviaron Óliver, Irati y su mamá, alegremente decorada por el pequeño mago y que me convertirá en el niño más chulo de todo el parque.

Y aunque ella no tiene blog, pero porque no se ha puesto, que las historias de Malena darían para uno muy suculento, mi amiga Karol me mandó desde Ibiza unos regalitos chulísimos.

A todos ellos muchísimas gracias por acordaros de mí y de Leo.
Y a todos los que conozco personalmente y también me habéis hecho regalitos, lo mismo.
Y a los que no me regaláis cosas materiales, pero estáis ahí acompañándome en esta aventura que acabo de empezar, sabed que también os lo agradezco.

Ay, qué buen nacido soy…

. . . y el telón se cierra

05 de julio de 2011 en La vida de Leo

Se acerca el fin de curso y aunque mi guarde permanecerá abierta durante todo el mes de julio y yo seguiré yendo, ya se ha celebrado como cada año la fiesta que cierra el año escolar…¡por los afortunados que sí que están ya de vacaciones!

Esta era la última vez que actuaría con los que han sido mis compañeros desde que era un tierno bebé, por eso en esta ocasión debía superar definitivamente todos mis recelos a presentarme ante el público. Tras el llanto inconsolable del marinerito en tierra del primer curso y los pucheros del animador a lo canario del segundo, este año he alcanzado la madurez escénica y… ¡no he soltado ni una sóla lágrima! (cosa que otras no pueden decir, ¿eh, mami?). El problema es que estaba tan concentrado en eso de no montar el pollo que bailar lo que se dice bailar, que era de lo que se trataba, no bailé mucho. La dire dijo al presentarnos que es que el día anterior durante los ensayos lo habíamos hecho tanto y tan bien que ya no nos quedaban ni fuerzas ni ganas para volver a hacerlo. Por cierto, que mis papis en su desconcertante faceta de paparazzis salieron a espiarme mientras íbamos de la guarde al teatro para ensayar. Así veo a mi mami, teleobjetivo en mano, el día que me eche novia y me vaya de botellón…

Total, que allí que nos plantaron en el escenario, todos vestidos en plan rockabilly para la canción que sonaba, el “Bugui, bugui”. Para ser sinceros yo era un poco una mezcla entre el Fary y el Elvis de los últimos tiempos. Lo primero porque sólo movía el brazo derecho, como él hacía con el micrófono, y lo segundo por lo fondoncillo que estaba, que mis seños me metieron la camiseta por dentro del pantalón y no veais cómo marcó eso mi generosa barriga. Sé que la idea era la de un tipo más a lo Danny Zuko, espigado y con tupé. Pero vamos, aún regordete y pelón estaba guapo para reventar, que si me hubiera pillado cualquier Sandy no hubiera dejado de mí ni el cinturoncillo rojo.

Sigo pensando que lo mío es estar detrás de las cámaras, así que por mí la cosa hubiera acabado ahí. Pero, insisto, como era mi última fiesta de la guarde al finalizar la actuación estelar de los niños de mi clase volví a subir al escenario con todos los que este año la dejamos para empezar el cole de mayores, primero para hacer un megatren que acabó descarrilando, o sea, con cada niño-vagón a su aire, y luego para recoger el diploma que me acredita como un autético graduado.

Así, agarrados de las manos, estuvimos de lo más formalitos escuchando el discurso tan chulo que dio de nuestra dire y también mientras uno a uno iba entregando los diplomas, que por cierto, cuando las seños vieron el estado en que empezaban a quedar en nuestras arriesgadas manecitas, rápidamente nos sustrayeron. Cuando llegó mi turno me preguntó si había venido mi hermanito, que cómo se llamaba y si era pequeño. Si algún día Luca va a la guarde le diré que el día que le entregue su diploma le pregunte por mí. Luca fue, aunque amenazado informado de que era mi día especial se pasó toda la fiesta durmiendo en su carro para no quitarme protagonismo. También vinieron a verme mis papás, mis primos y mi abuelo. Toda una comitiva para recibir al diplomado Leo.

Debo decir que estoy muy orgulloso de haber llegado hasta aquí, que no ha sido nada fácil. Aunque bueno, dejaré los recuerdos de lo que han sido mis casi tres años en la guarde para el post de fin de curso que, como cada año… llegará.

P.D. Este post se ha retrasado más de la cuenta porque he estado malito, muy malito. Cuatro días de fiebre y una gastroenteritis que me ha tenido casi 48 horas sin comer me han dejado sin fuerzas para nada, y menos aún para escribir. Ahora ando con muchos mocos (sí, ¡en pleno mes de julio!), pero como a mí no hay bicho que se me resista, aquí estoy de nuevo, ¡dispuesto a seguir dando guerra!

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