Sonrisas a go go
Dicen que no es casualidad que a partir del mes y medio de vida más o menos los bebés comencemos a sonreir. Y es que después de las primeras semanas, que no podemos negarlo son algo durillas tanto para nosotros que tenemos que aprender a vivir en un mundo nuevo como para nuestros papás a quienes revolucionamos sus rutinas, este pequeño gesto hace que las energías de ambos se renueven para seguir adelante con más entusiasmo si cabe que al principio. Porque está claro, la vida con una sonrisa en la cara siempre es mucho mejor.
Yo, como vengo siendo un bebé estándar, llevo sonriendo ya un par de semanitas. Al principio eran pequeñas muecas aisladas pero ahora… ahora son risas y gorgoritos en toda regla. La que más me hace sonreir, básicamente porque es con quien paso más tiempo, es mi mamá, aunque soy capaz de regalarselos a cualquiera que me haga alguna monería. Y es que me encanta que estén pendientes de mí y que me digan cositas, incluso cuando lo hacen con esa voz cantarina que usan los mayores cuando se dirigen a nosotros. Bueno, y también los niños, que como está claro que todo se pega hasta Leo me habla de esa manera y me dice cosas como”¡hola chiquitiiiiiiiiiiiín!“, así, alargando las palabras y cantándolas. Es muy gracioso.
Por lo visto últimamente las cosas en este mundo no andan demasiado bien, vamos, que motivos para sonreir dicen que no hay muchos. Pero yo no estoy de acuerdo. Está el sol que sale cada día, los besos de la gente que me quiere (incluso los babosos como los de mi hermano Leo), los paseítos de cada tarde, las caricias y juegos después del baño, el sueño en brazos de mamá… Y seguro que cada uno de vosotros es capaz de añadir por lo menos otras dos razones para hacerlo. Asi que yo no pienso cortarme y he decidido que voy a ser feliz y demostrarlo, como no, ¡sonriendo!

