Érase una vez una vía
Tengo entendido que hace mucho, mucho tiempo tener un coche propio era algo tan extravagante y lujoso como lo es hoy en día tener un avión privado, así que la gente solía viajar utilizando otros medios de transporte, como por ejemplo el tren. Por eso no era raro que nuestra piel de toro estuviera cubierta por miles de kilómetros de raíles. En una de estas, alguien con vivienda en la tierra del olivar que habito debió pensar que no estaría de más contar con un tren que lo llevara a pasar unos días a la costa levantina, así que proyectó una línea que le permitiría viajar a Valencia al ritmo del chucuchú del tren, línea que mire ustéd qué suerte pasaría por mi propio pueblo. Así que se pusieron manos a la obra. Nivelaron el terreno, excavaron túneles, construyeron puentes, estaciones… Me cuenta mi abuelo que su padre, que era herrero, trabajaba arreglando muchas de las máquinas que se utilizaban en la obra y que cuando él iba cada día a llevarle la comida veía cómo poco a poco aquella línea iba cobrando vida… para morir antes de nacer. Sí, algo debió de ocurrir que al final ni un mísero vagón pisó estas tierras. No sé si es que como ahora los fondos presupuestarios se agotaron o si el tipo del proyecto pensó que mejor se instalaba en Valencia, pero el caso es que después de todo lo que liaron dejaron la obra inacabada y desde entonces en mi pueblo tenemos una estación abandonada, un puente enorme y un montón de túneles.
Cuando me enteré de esto último me emocioné muchísimo porque, como ya comenté, me encantan los túneles. Más aún cuando mi abuelo me dijo que éstos se podían cruzar andando. Bueno, no todos, que algunos están cerrados porque dicen que dentro cultivan champiñones… Total, que no podía dejar escapar la ocasión de visitarlos, así que allá que nos fuimos toda la familia a ver aquellos vestigios del pasado no ferroviario de mi pueblo.

Caminamos por el interior de uno de los túneles. Dentro hacía fresquito y si gritabas tu nombre el túnel también lo hacía: Leo, Leo, Leo… A pesar de lo oscuro que estaba dentro no me asusté nada de nada.
Es una pena que al final nos quedáramos compuestos y sin tren, pero bueno, de no haber sido así no hubiera podido vivir esta aventura. Ni yo ni todas las generaciones de torreños que me han precedido, que según mi mamá lo de hacer excursiones a la vía ha sido siempre de lo más habitual. Puede que con suerte y unos cuantos rescates económicos dentro de unos años nuestra vía abandonada pase a ser una vía verde como ya lo es en uno de los tramos inacabados y podamos ir a pasear en bici, a correr o incluso en un día de mucho aburrimiento… ¡a contar olivos!















