¡Feria, feria, feria!
Habla Leo:
Dicen que la primera vez es especial, que no hay dos sin tres, que a la tercera va la vencida y que no hay quinta mala. Pero, ¿y la cuarta?, ¿qué pasa con la cuarta? Nadie la tiene en cuenta. Pero aquí estoy yo para sacarla del anonimato y darle la importancia que se merece. Porque ha sido este año, en mi cuarta feria, cuando por fin ha salido a la luz el feriante que llevo dentro. Que ya estaba tardando, la verdad, porque mira que me gusta a mí la fiesta… Y es que se nota que ya soy un niño grande, como no paro de decir a todo el mundo, que ya puede participar en todos los actos que se organizan estos días, algunos de los cuales por suerte están especialmente pensados para los niños, como los juegos y talleres que se organizaron un día. Salté en un hinchable, jugué al tenis, a los bolos, con un montón de globos de formas… ¡me lo pasé genial!

Y aunque otras actividades no son muy propias que digamos para los peques, si vas acompañado de un adulto llamado papá también puedes disfrutar de ellas. Es el caso del toro de fuego. Mamá pensaba que este año el animalito metálico con ínfulas de dragón también me asustaría, pero nada más lejos de la realidad. Ni las chispas, ni los petardos, ni la gente corriendo… que no, ¡que no me dan miedo! Todo lo contrario. Como dice mi papá, estaba tan emocionado chillando que hasta la vena del cuello se me hinchaba. Aunque para toros los de los encierros de cada mañana. Ya el año pasado mi mamá me llevó a echarles un vistacillo a los cornudos, pero en esta ocasión como mi papá también venía con nosotros, juntos, como dos hombretones, nos acercamos muchísimo más. El problema es que a veces los bichos no colaboraban demasiado en el “espectáculo”, y yo los entiendo, que debe ser de lo más estresante estar a pleno sol con un montón de gente alrededor gritándote para que la embistas. Suerte que para eso estaban los múltiples puestos de venta de bocadillos, hamburguesas y bebidas varias. Nada como un tentempié para pasar el rato y entretenerse.

Si es que no hemos parado. Después de los encierros había que ir a la feria de día, una de las novedades de este año. Mi parque de cada tarde se transformó en una enorme pista de baile rodeada de unas cuantas casetas donde, para variar, servían comida y bebida al personal, ¡menudo ambientazo!

Y como no podían faltar, ha habido sesiones intensivas de carruseles. Lo de los abonos de seis viajes es un buen invento.

En fin, que ha sido una feria completísima, un buen colofón a un estupendo verano.
Habla Luca:
Definitivamente este sitio donde me ha tocado vivir me gusta, me gusta un montón. Porque a pesar de que los mayores dicen que vivimos momentos turbulentos y de mucha tensión, siempre encuentran la forma de divertirse, relajarse y pasárselo bien, que por lo visto es lo que hay que hacer en esta vida, ser feliz. Y para eso se organizan fiestas como las de mi pueblo, seis días de jolgorio continuado en las que en mi primer año y a pesar de mis escasos tres meses y pico de vida ya me he doctorado. Porque sí, me va la marcha.
Todo empezó con un desfile de enormes gigantes y su séquito de cabezudos al que asistí desde mi carro primero y en brazos de mamá después. Fue muy divertido ver a los niños corriendo, a la banda de música tocando y a los mayores disfrutar de una actividad gratuita sabiendo la que se les avecinaba con los carruseles.

Me impresionaron, la verdad, aunque si algo me llamó la atención fue la enorme cantidad de luces que había por las calles. Embobado me quedaba mirándolas, tanto que apenas me distraían los cientos de decibelios de la música que se oía fueras donde fueras.

Y quién me iba a decir a mí que a mi tierna edad iba a asistir a un encierro taurino. A ver, que conste que ni Leo ni yo estamos muy a favor de que se utilicen animales para entretener al populacho (al menos no si se les hace pasar un mal rato), que soy pequeño pero sensible. Lo que pasa es que el ambientillo era ideal para un bebé marchoso como yo, así que allá que me llevaron mis papás.

Así que hemos tenido feria para desayunar, feria para comer y feria para cenar. Que eran las siete de la tarde y allá que estaba el menda en todo el follón, de brazo en brazo y bailando al son de los grandes éxitos de ayer y de hoy.

Ha sido casi una semana de salir, ver gente, comer y beber… bueno, esto último para los mayores (y para mami sin), que yo con mi teta me basto y me sobro. Dicen que el año que viene volverán estos días de fiesta y que para entonces yo ya estaré más crecidito y podré disfrutarlas mucho más, así que a ver si pasan pronto el tiempo… ¡que quiero marcha!
