¡Al cole!
Hace apenas un mes y medio que terminó el curso en la guarde. Durante mis últimos días allí no paré de escuchar a mis seños decir que después de las vacaciones ya no volveríamos a vernos porque ahora nos esperaba el cole de mayores. En casa la cantinela era la misma y prácticamente no ha habido día en el que mis papás no me hayan recordado lo que vendría en el mes de septiembre, supongo que para ir haciéndome el cuerpo a esto de la enseñanza obligatoria. Pero la cosa no quedó ahí, que además cada vez que pasábamos por el cole me señalaban el edificio y me decía que allí es donde iría con mis amigos de la guarde y con un montón de niños que hasta entonces no conocía.
La expectación que me generaron fue enorme, tanto que desde entonces cada vez que me preguntaban a dónde íbamos a ir yo siempre respondía que al cole de mayores, aunque el destino fuese el parque, el mercado, la casa de algún amigo o el Carrefour. He de reconocer que contestaba por inercia, que realmente no sabía muy bien que significaba eso del cole, aunque todos los adultos me decían que era un sitio genial en el que me lo pasaría muy bien y aprendería un montón de cosas. Curiosamente la opinión de los no tan grandes siempre era otra muy diferente, que si había que estudiar, hacer deberes, madrugar… Pero como no hay nada como la experiencia para formarse un criterio propio, llegado el momento no me lo pensé mucho y allá que me fui a conocer de primera mano qué tal era eso del cole, ¡el cole de mayores!
Y el momento fue el pasado día 13. Esa mañana mi mamá me vistió de bonito y con ella, Luca y mi papá nos fuimos a la que será mi segunda residencia en los próximos años. Allí me esperaba mi nueva seño, que se llama Rocío y es muy simpática. Mi mamá añade que además se la ve con mucha paciencia, cosa que parece ser es de vital importancia cuando tienes que lidiar cada mañana con veinticuatro mequetrefes. Entré sin temor, como todo un chico valiente que soy. Una vez en la clase me dediqué a explorar el territorio. Había pizarras, juguetes, botes con miles de lápices de colores, plastilina, un montón de cuentos… Entonces decidí que mi opinión sobre el cole estaba más cerca de la de los adultos que de la de los peques, ¡si era un sitio súper chulo! Lo único malo es que, como siempre, hay que compartirlo todo con los demás compañeros. De momento voy con otros cinco, aunque dice mi mamá que a partir de la semana que viene conoceré al resto y que en lugar de ir una horita cada día tendremos que estar más rato. A mí no me importa, es más, lo estoy deseando. Fijaos si tengo ganas de ir al cole cada mañana que los dos últimos días he entrado a clase antes que la seño, y hoy, viendo que se quedaba atrás hablando con las mamis, no me ha faltado descaro para soltarle: “Rocío, ¡a entrar al cole!“.
Mis papás están muy contentos con mi adaptación a esta nueva etapa y yo diría que hasta un poco sorprendidos. La verdad es que no sé por qué, ¡si yo soy un tío de lo más sociable y simpático y al que le encanta conocer gente! Así que la cosa empieza bien, sin lágrimas, con confianza y alegría, mucha, mucha alegría.

