Aprendiendo el alfabeto
Ya lo dije hace tiempo: “la A es la cabecilla de todas las demás letras porque es la primera que aprendemos”. Cuando escribí esto la A era para mí simplemente un fonema que repetía a todas horas. No tenía ni idea de que había una forma escrita de representarla y que junto con sus hermanas las demás vocales y sus colegas las consonantes podía formar un montón de palabras sin las cuales hoy en día mi vida no tendría sentido: mamá, papá, Luca, amigos, escuela, pizza, Dora… uf, ¡qué sería del mundo sin la A!
Pues resulta que en mi cole nos hemos puesto las pilas desde el primer momento y nuestra seño Rocío ha comenzado a enseñarnos el alfabeto para que en su día no sólo podamos pronunciar estas palabras y otrás más como caleidoscopio o butifarra, sino que además sepamos escribirlas y leerlas. Y como no podía ser de otra forma, ha empezado con la A. Yo, que soy un excelente alumno, aunque la verdad no sirva mucho para estar sentado, que todo hay que decirlo, capté enseguida el concepto y ya reconozco a la perfección la primera de las vocales. Sorprendí a mi mamá pronunciándola un día cuando la ví escrita en el lavavajillas, que se llama AEG. Sobra decir la cara de asombro que se le dibujó y lo contenta que se puso. Desde entonces siempre que veo una A la señalo y grito: “¡Mira, la A!“. Pero la cosa no queda sólo ahí, ¡que también sé todas las demás! Como la E, que es un peine roto o la O que es un circulito. Además estamos aprendiendo a reconocer nuestro nombre. Yo tengo la suerte de que el mío es muy cortito así que de aquí a Navidad seguro que ya sé escribirlo.
En clase Rocío utiliza el método tradicional de la pizarra y el papel para representarnos las letras y en casa… pues en casa mis papás también. No es que este sistema no me guste, tiene su encanto y es divertido, pero creo que ambos deberían modernizarse y aprovechar que las nuevas tecnologías también pueden ayudar a que los niños aprendamos el alfabeto. Es lo que hacen mis amigos Laia y Àlex que tienen la suerte de tener una mamá de lo más creativa que ha ideado una herramienta para ello que se llama ABCkit. Yo estaría encantado de probarla, estoy seguro de que le sacaría un montón de provecho, pero no puedo porque ninguno de mis progenitores tiene iPhone ni iPad. Sí, lo sé, son prehistóricos y se apañan con un simple teléfono y un ordenador de toda la vida. Así que no nos queda otra que seguir con el papel, ¡al menos hasta que le escriba la carta a los Reyes Magos!
