Virus a domicilio: UPDATE
Estoy un poco mosqueado. Resulta que uno vino a nacer en una época del año en que los días están cargados de luz, el solecito calienta y apenas se necesita ropa para estar guapo. Así, disfrutando del buen tiempo y en la calle, he pasado los cinco primeros meses de mi vida. Pero ahora, lamentablemente, la cosa ha cambiado.
Empezó como el que no quiere la cosa cuando esos pantalocillos cortos que mi mamá me ponía y que dejaban al aire mis torneadas carnes fueron sustituidos por otros de pernera larga. Luego lo que se cubrieron fueron mis bracitos. Y yo no lo entendía. ¿Acaso ya no estaba bien visto lo de ir enseñando mis arruguitas? Con lo bien que yo las lucía… Total, que hasta ahí vale, iba más recatado pero seguía tardando poco en vestirme. Lo malo comenzó cuando a mis prendas de uso diario se añadió una especie de camiseta abotonada por encima del pañal, el body, que según tengo entendido me acompañará hasta por lo menos mi primer cumpleaños. Una gracia. Mi mamá se empeña en ponérmelo cada día, a pesar de que cuando hago una de mis megacacas rebosantes lo pongo espesico y hay que cambiarlo, cosa que me cabrea sobremanera. No, no me gusta que me pongan ropa, así que entenderéis por qué estoy tan enfadado, porque después del body vinieron las sudaderas y jerséis varios y lo peor, el abrigo. Desde hace una semana voy tan empaquetado cuando salgo a la calle que no puedo ni moverme. Y encima luego se quejan de que si monto tal o cual pollo mientras me visten, ¿pues no veis que es que no lo soporto?
Mis papás dicen que lo de vestirme en plan cebolla es por mi bien, porque ahora hace mucho frío y hay por ahí un montón de bichejos indeseables deseando encontrar un tierno y cálido cuerpecito como el mío para colonizarlo y hacer de las suyas. Por lo visto sus lugares favoritos para atacar son aquellos en los que se concentran niños, como la guardería o el cole. Y si no que se lo digan a mi hermano Leo, que no pilló su primera itis hasta que no pisó el famoso edificio multicolor. Se suponía que yo de eso me libraría, que de momento y por suerte para mí no me pondré el baby a cuadros en un tiempo, pero con lo que yo no contaba es con que los virus malvados vendrían directamente a mí. Porque son como Dios, omnipresentes, y porque aquello de “donde estén dos o más reunidos, allí estaré yo” también les es de aplicación. Y esos dos mismamente podemos ser Leo y yo. Él es el que trae los virus a casa y yo el que me los como con patatas.
Desde hace casi un mes encadeno un resfriado detrás de otro. Los mocos se han adueñado de mí y no hay manera de esquivarlos. Ya sé lo que es un antibiótico, el paracetamol (que estuve con fiebre un par de días), el agua de mar y el sacamocos. Ha habido noches en las que lo he pasado realmente mal porque no podía respirar y me despertaba cada dos por tres. Y si encima sumamos la tos pues os podéis imaginar el cuadro.
La verdad es que doy mucha lastimica, porque soy tan pequeño… No entiendo porqué nos lanzan al mundo así, tan indefensos. Sin saber caminar, ni hablar y con un sistema inmunológico prácticamente inexistente. Vale, sí, sería raro nacer con tres o cuatro años (además de físicamente demoledor para nuestras mamás), pero es que eso nos ahorraría un montón de disgustos.
En fin, que por lo visto lo de “mocosos” no nos lo dicen en tono despectivo, resulta que es la cruda realidad. Ay, ¿se puede estar ya harto del frío aún cuando acabe de empezar?*

*: Podéis quitar los signos de interrogación
UPDATE:
Esta tarde he estado en la consulta de mi Doc y vengo un poco extrañado. Porque hasta donde yo tengo entendido el tipo es médico, de esos de fonendo y palito de madera, y no músico. Lo digo porque estando en su camilla me ha puesto una cosa que él ha llamado trompeta y me ha dicho que sea bueno y practique con el mismo instrumento en casa tres veces al día durante doce días. Creo que eso no me convertirá en Louis Armstrong, pero por lo visto aliviará la primera itis que han provocado esos indeseables mocajos colonizando mi pechito. Así es, tengo bronquitis. Ligera, pero bronquitis al fin y al cabo
Pero tranquilos, ¡acabaré con ellos como que me llamo Luca!
