En ocasiones veo letras. . .
Es posible que alguien piense que quizás me esté volviendo un tanto repetitivo-cansino-pesado con los temas de mis post últimamente. Aunque mejor habría que decir con el monotema: las letras. Pero es que ellas son mi gran-enorme-gigantesco descubrimiento de los últimos meses y, claro, normal que quiera estar todo el día dándole vueltas al asunto. Soy como Newton después de descubrir la gravedad, como Galileo tras afirmar lo de que la Tierra era redonda o como Einstein y su E igual a M por C al cuadrado (¡letras!). O si no a ver de qué estuvieron ellos hablando todo el santísimo día desde que lanzaron a la comunidad científica sus hallazgos. Pues el uno de lo que nos mantiene con los pies en el suelo, el otro de por aquí también puedo llegar a las Indias y el último de lo del tiempo y el espacio. Y lo famosos que se hicieron y lo que contribuyeron al mundo de la física. Pues yo lo mismo, sólo que en mi caso hablo de letras.
Y es que aunque pretendiera evitarlas me es más que imposible porque allá donde mire es lo único que veo. He visto una V en la luna delantera del coche de mi papá un día que yendo al cole tempranito dos gotas de agua que caían fueron a converger dejando tras de sí un caminito que asemejaba esa letra. He visto una L en uno de los gusanitos que me comía una tarde después de merendar. Y cuando le di la vuelta al gusanito, sorpresa, allí estaba la J. He visto la C en la galleta de chocolate que le quité a mamá después de pegarle un buen bocado y la O en una baba de mi hermano Luca sobre la sábana. He visto, he visto… ¡he visto todas las letras!
Pero lo mejor de todo esto es que ahora no sólo las veo sino que además algunas hasta las escribo. Empecé con la A, siempre se empieza con la A… y bueno, superado con nota lo de la montañita y el palito ahora en clase estamos con la E (un palito para abajo, una patita allí, otra patita allí y otra patita allí). Aunque como yo soy un tío muy espabilado no dejo que la cosa se quede ahí, no. Porque aprovechando que mis papás me pusieron un nombre tan corto (y tan bonito), y que dos de las tres letras que lo forman ya las sé escribir, que con eso de que la O es un circulito y las formas ya las traía estudiadas de la guarde… ¡he aprendido a escribir mi nombre! Ay, mi primera palabra escrita con sentido, ¡qué ilusión! Sólo quedaba añadir la L, y mi seño que es muy enrollada me ha enseñado a hacerlo (un palito para abajo, y un asiento). Así que juntando una y otra he conseguido ser de los primeros en poder firmar con su nombre de pila todas sus obras de arte (lo siento por Juan Manuel o Francisco José, pero son las ventajas del short name). ¡Y ya soy un experto!
El resultado de tanto escribir está más que claro, ¡Leo, Leo y Leo por todas partes!


Y como con esto de estar en el siglo XXI la práctica digital de la escritura también es importante últimamente también escribo en el ordenador, aunque eso sí, estoy deseando ver a mi tita Teresa para que me deje su súper teléfono con su recién instalada aplicación de ABCkit (gracias mamá de Laia y Àlex
) para hacerlo con mi propio dedito, ¡debe molar un montón!
