Leo y Luca en nunca jamás

noviembre de 2011

El botón del off

02 de noviembre de 2011 en La vida de Luca

Los mayores siempre se quejan de que los bebés venimos sin un manual de instrucciones que les ayude a solucionar los problemas que surgen en nuestro día a día o que les permita saber qué es lo que necesitamos para un correcto funcionamiento y mantenimiento. Claro, como si ellos llevaran el suyo debajo del brazo. Porque, seamos sinceros, por muy desarrollada que esté su capacidad comunicativa a ellos a veces tampoco hay quien los entienda. Que están deseando que caminemos y cuando lo hacemos nos meten en esa especie de cárcel multicolor que mi mamá está a punto de rescatar para que no vayamos por ahí destrozándoles la casa. Que esperan ansiosos que les digamos papá y mamá y cuando aprendemos a acompañar sus nombres de un “ven”, un “quiero” o un “tráeme” se hacen los suecos cada vez que los llamamos. Además, ni que nosotros fuéramos una tele o un tostador que pueden encender y apagar a su antojo. Que ahora me conviene que el niño esté espabilado y que haga gracias al personal, pues venga, lo pongo en modo on. Que lo que me interesa es que esté tranquilito, sin dar un ruido y si me apuras durmiendo, hala, lo pongo en modo off. Pues no señores, no tenemos ese botón mágico que a todos os gustaría que trajéramos de serie en la espalda. Aunque tal vez…

Me he planteado si desvelar o no el truquito que voy a contar a continuación, pero viendo que el del ruido blanco era desconocido para algunos y, sobre todo, apiadándome de los mayores (mereceré un premio a cambio) he decidido contarlo al gran público. Existe una artilugio muy sencillo, barato y generalmente fiable de ponernos en ese modo off que a veces los adultos necesitan para tranquilizar sus nervios: el chupete. Dicen que es por no sé qué succión no nutritiva que los bebés solemos calmaros chupando cosas y para eso inventaron el chupe, para cuando ya nos hemos cansado de comer, en mi caso de la teti de mamá (si, ¡incluso yo me canso!), y simplemente lo que queremos es chupar. Así que nos lo ponen y hala, ya no hay niño.

He de decir que yo me he resistido a hacer uso de este invento hasta hace apenas diez días. Bueno, no es que no lo quisiera, es que no sabía como mantenerlo en mi boca. Porque yo chupaba como si aquello fuera lo que me da de comer y no, por lo visto había que hacerlo de otra forma. Pero ya he aprendido, y gracias a ello les doy a mis papás algunos (sólo algunos) momentos de paz a lo largo del día. Ellos no entienden cómo un trozo de caucho puede obrar ese milagro, ni cómo a los bebés puede llegar a engancharnos tanto, pero es así. Misterios de la vida.

Así que, oficialmente, me he convertido en un chupóptero. Lo malo de todo es que he oído por ahí que luego, cuando a ellos ya no les interesa que lo tengas porque ya eres mayor, se te estropean los dientes y bla, bla, bla, van y te quitan eso que con tanto ahínco insistieron en colocarte en la boca, lo cual no me parece NADA justo (¿verdad Leo?). Ahora que lo pienso… tal vez no debería haber tenido consideración con los mayores y debería haberme guardado este gran secreto de la humanidad para mí solito. Ay, cuánto me queda por aprender…

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