Leo y Luca en nunca jamás

diciembre de 2011

2011

31 de diciembre de 2011 en La vida de Leo, La vida de Luca

Se va el año en el que el cole de mayores entró en nuestras vidas, el año de los paseos en vehículos varios y en fulares naranjas, el año en que dijimos adiós a los pañales de la talla 5 para sustituirlos por otros de recién nacido porque sí… ¡se va el año en el que nuestra pequeña familia creció!

2011 será un año inolvidable para nosotros, lleno de juegos al despertar cada mañana, de risas con papá y mamá, de nuevos descubrimientos, de enormes avances, de amigos de acá y de allá, de sueños hechos realidad… sí, ha sido un buen año y lo recordaremos toda la vida con muchísimo cariño.

Al 2012 le pedimos sobre todo salud, salud para nosotros y para todos los que queremos, que son muchos. Que no falten los buenos momentos, el trabajo, los besos, las fiestas y las aventuras. Que sea un año lleno de diversión y alegrías y que dentro de 365 días lo despidamos con el mismo buen sabor de boca con que decimos adiós a este 2011.

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

Objetivo de mamá para el nuevo año: Conseguir una foto decente de los dos hermanos juntos ;)

A mi manera

29 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

Sé que muchos pensarán que a mis casi tres años y medio aún soy demasiado pequeño para tomar decisiones o saber qué es lo que quiero en cada momento. Pues dejadme que os diga que todo el que sea de esta opinión se equivoca de cabo a rabo. Suy un chico con carácter, eso creo que ha quedado ya demostrado en más de una ocasión. Me gusta que las cosas se hagan cuando y dónde yo quiera y que se hagan… a mi manera.

Poco me importa, por ejemplo, que mis papás me digan una y otra vez cómo han de lanzrse los bolos en la wii, nuestra entretenta familiar en las tardes (muy) aburridas del invierno. yo tengo mi técnica particular para hacerlo. Puede que no sea la más ortodoxa del mundo, pero es igual de válida, y lo que es más importante, de efectiva. Porque sí, amigos, con este orquestado hipermovimiento de brazo, aquí el que escribe ha sido capaz de hacer hasta seis plenos (cuatro seguidos) en una sóla partida.

Y aunque insistan en que para ponerme el abrigo no es necesario que antes barra el suelo con él, a mí me gusta hacerlo como me han enseñado en el cole. Y qué que se ensucie, para eso está la lavadora, ¿no?

Así que tomad nota, papás del mundo, que no porque seamos pequeños nos falta criterio propio. Por eso cuando insistamos en hacer algo a nuestra manera, dejadnos, que de esta forma ganamos confianza y mejoramos nuestra autoestima. Y qué porras, ¡porque nos gusta!

Un novato de la Navidad

27 de diciembre de 2011 en La vida de Luca

Lo sé, soy como el borriquillo del villancico. Mejor voy arreando… ¡que se me está haciendo tarde! Que ya ha pasado la lotería, la nochebuena, el día del gordito de rojo, nos encaminamos vertiginosamente a fin de año y yo aún no he hablado de la Navidad, ¡mi primera Navidad! No, no, eso no puede ser, que la primera vez de todo siempre es especial y por tanto hay que contarlo, a pesar de todo el rollo ese que dicen de que soy demasiado pequeño para darme cuenta de lo que pasa. Pero vamos, hasta donde yo sé la edad no es incompatible con tener ojos en la cara… Y es que estos días casi todo entra por la vista: las luces de las calles, los adornos en casa, los juguetes en las tiendas… Aunque no hay que descartar el resto de los sentidos. Por ejemplo, gracias a mi desarrollado oído estoy pudiendo escuchar cancioncillas típicas de esta época, como esa la del Burrito Sabanero que Leo canturrea de vez en cuando mientras hace cualquier cosa. Lástima que el del gusto aún lo tenga limitado, porque ya he visto cada cosa por ahí que la boquita bidentada se me ha hecho agua. Ese jamón, esas gambas… desde luego, estos mayores sí que saben organizar fiestas de cumpleaños. Porque lo de la nochebuena es un cumpleaños, ¿verdad? Sí hombre, de un niño me han dicho, uno que por lo visto es un suertudo porque ya han pasado más de dos mil años desde que nació y la gente aún se reúne para homenajearlo. Se nota que era chico porque de haber sido niña seguro que hubiera parado la cifra allá por los 30, je, je, je.

Pues bien, nosotros celebramos el cumple en casa de mi tita en Algeciras. Esta vez el viaje ha sido relámpago, apenas 48 horas pero muy bien aprovechadas. No sé por qué mis papás no me sacan más por ahí, porque la verdad es que esto de cambiar de aire me sienta fenomenal. Puede que lo que les asuste sea el viaje en sí, tantas horas con el culo pegado a una silla no es lo mío, pero vamos, nada que no pueda arreglarse con la entretenta que pueda proporcionar un DVD, un hermano gracioso, unos globos, un libro de plástico, un juguete de luces y sonidos, unas llaves, una botella de agua medio llena, un cable o… ¡unos gusanitos! Que mira que se han hecho esperar (más que con Leo), pero por fin el día de nochebuena en un punto indeterminado de la AP-45 probé mis primeros gusanitos. Bueno, yo, mi silla, mi camiseta, mis cejas, los lóbulos de mis orejas y hasta mis calcetines. Así que nadie se escandalice si digo que mi mamá me dio cinco de esos palos salados, que hay que quitarle todo lo que dejé por ahí pegado. Pero oye, ¡cómo los disfruté!

Y ya puestos a destacar las últimas novedades gastronómicas, ahí va otra: ¡ya he probado la papilla! Sí, por fin mi mamá se decidió a empezar con el cuchareo y desde el día 19 en que debuté me tomo cada noche un rico preparado de cereales sin gluten mezclados con su leche. Lo bueno de haber empezado tan tarde (dice ella) es que ya no tengo ese reflejo tan divertido (añado yo) de escupirlo todo, así que de momento salimos más o menos airosos del momento papilla, que todo hay que decirlo, está bastante buena.

Así que ahí voy, experimentando cada día nuevas cosas. Lo mismo me da que sean unas fiestas llenas de ilusión, un grupo alimenticio diferente o alguna nueva destreza. Y dicen que pronto descubriré también lo que son los Reyes Magos, unos tipos que al parecer traen un montón de juguetes a los niños. No veo el momento, ¡qué nervios!

¡Feliz Navidad!

24 de diciembre de 2011 en La vida de Leo, La vida de Luca

Las notas del cole: UPDATE

21 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

A estas alturas de mi vida académica lo de las notas al finalizar un trimestre no es nada nuevo para mí. Si ya en la guarde nos daban puntualmente nuestro “Boletín Informativo” con todos los progresos que íbamos haciendo, además de las cosas en las que aún teníamos esforzarnos para conseguir, en el cole de mayores el tema no iba a ser diferente, ¡ni mucho menos! Así que aquí estoy, a punto de empezar las vacaciones de Navidad y… ¡con mis primeras notas del cole recién sacadas del horno!

Los mayores siempre me dicen que con mi edad esto de ir a la escuela está chupado, que nos pasamos el día jugando, pintando, haciendo plastilina, manualidades varias y cantando canciones. Pues qué queréis, ¿que me ponga a hacer integrales y derivadas? ¿Análisis sintáctico? ¿Que me aprenda la tabla periódica? Vamos, lo que faltaba, con tres añitos que tengo. Lo que pasa es que esa es nuestra forma de aprender, a base de divertirnos. ¿O acaso no es así mucho mejor? A mí desde luego este sistema me funciona, y a las pruebas me remito, que entré allá por el mes de septiembre sin saber una sóla letra y llego a Navidad conociéndo el alfabeto enterito. ¡Enterito! Y no sólo eso, que también reconozco todos los nombres de mis compañeros de clase y escribo el mío propio. Sí, sin duda el descubrimiento de las letras ha sido lo mejor de este trimestre. Aunque no todo. Además he aprendido un montón de canciones (also in english) y poesías, a observar el tiempo, que Pablo Picasso pintó “El niño del pichón” (Niño con paloma), que hay un montón de animales en peligro de extinción (Oso pardo, tortuga del mediterráneo, foca monje, mariposa isabelina, lince ibérico y águila imperial. ¡Todas las reconozco y me las sé!) e incluso algo tan práctico como ponerme el abrigo yo solito con una técnica muy particular que nuestra seño nos ha enseñado y que incluye el lanzamiento de la prenda con un gracioso estilo al suelo para luego meter los brazos y a la de una, a la de dos y a la de tres levantarlos y colocárselo. Quizás debería poner un vídeo de todo ello…

Pero en las notas no sólo se evalúa el que aprendas más o menos, sino que además se tienen en cuenta un montón de aspectos no tan… ¿académicos? Por ejemplo, el que participe en las fiestas que se hagan, que recoja cuando llegue la hora de recoger, que me integre con los compañeros, que muestre interés por lo que se haga en clase… En general también he salido airoso en estos apartados, aunque en lo del tema de “conocer y respetar las normas” aún tengo que mejorar. Aunque yo creo que el ítem está mal planteado. Deberían haber separado los conceptos y poner por un lado “Conoce las normas” y por otro “Respeta las normas”. Con total seguridad lo primero hubiera estado conseguido, aunque lo segundo muy probablemente no. Porque yo las normas las conozco, sé que no hay que levantarse de la silla mientras se trabaja o estamos en la Asamblea, que no hay que pegarle a los compañeros (yo añadiría, salvo en defensa propia), que no se corre por el pasillo… Sí, si yo todo eso lo sé, pero es que… es que a veces se me olvida. Aunque ya cada vez menos. Os explico por qué. El caso es que nuestra seño suele dar pegatinas de formas al terminar la mañana a los niños que han hecho bien sus tareas y no han cometido ninguna atrocidad. No lo hace todos los días, pero el día que las saca y veo que no me pone una… uf, el disgusto que pillo me dura hasta que me acuesto esa noche. Salgo del cole todo triste y compungido, haciendo pucheros y diciéndole a mamá que no me han puesto pegatina porque tal y cual. Entonces mamá (y antes mi seño) me explica que es que tal y cual no se puede hacer por esto y por lo otro y que si el próximo día no lo hago y me porto bien entonces recibiré mi forma geométrica de colores (que, como casi siempre, me colocaré en la frente). Sé que el objetivo es aprender lo que no se debe hacer y por qué esta mal hacerlo, pero, sinceramente, a mí lo que realmente me importa es la pegatina, así que aunque sólo sea por ella soy capaz de portarme como un santo.

En fin, que se puede decir que este trimestre me he empapado de conocimientos, cosa que no sólo me satisface enormemente sino que además me hace crecer a una velocidad de vértigo. Y lo mejor de todo es que me lo he pasado fenomenal haciéndolo. Me encanta ir al cole, aprender divirtiéndome y divertirme aprendiendo. Probablemente cuando llegue a eso de las integrales y la sintaxis verbal todo será mucho más aburrido, así que, como de momento es lo que me toca… ¡seguiré disfrutando de la escuela el próximo trimestre!

UPDATE:

Uf, menos mal que dieron las notas ayer y que el incidente de hoy con mi amigo Carlos no se ha podido tener en cuenta en la evaluación. Espero que para Semana Santa a mi seño ya se le haya olvidado lo de la inundación del cuarto de baño…

Siete meses

18 de diciembre de 2011 en La vida de Luca

Cuando eres un bebé tu vida transcurre entre rutinas: las siestas, las salidas, las comidas… dicen que así la vida es más fácil para nosotros porque nos permite anticiparnos a todo aquello que va a suceder, dándonos seguridad y confianza. Y cuando tus días se suceden uno igual que el otro parece que el tiempo no pasa. Pero sí, como diría mi mamá, no sólo pasa, sino que además lo hace volando.

Hoy cumplo siete meses, el número mágico. Poco a poco me voy convirtiendo en un pequeño hombrecito al que hay que tener muy en cuenta en esta casa. Que yo ya lo vengo avisando con mi carácter desde hace tiempo, así que ahora que no se sorprenda nadie. Nunca he sido el típico bebé tranquilo que apenas da un ruido, de hecho soy diametralmente lo opuesto a este tipo de churumbel. A mí me gusta llamar la atención y que todos estén pendientes de mí y lo mismo me da hacerlo a base de sonrisas que de llantos. O de gritos. Sí, esa es una de las cosas que he aprendido este mes, a chillar. Me gusta cómo me oigo y, aunque suene un poco malvado, ver que los mayores se ponen algo nerviosos cuando lo hago. Así acuden antes a satisfacer mis necesidades, lo tengo todo pensado. Pero no penséis que soy siempre así de bichejo, que la misma intensidad que le pongo a los gritos también se la pongo a las risas. Yo lo veo en los demás, que cuando se ríen todo funciona mucho mejor, así que, ¿por qué no hacer lo mismo? Y es precisamente el proceso de imitación otra de las novedades de estas últimas semanas. El caso es que me ha dado por hacer una especie de ruidito-gesto-guiño que parece un besito. A veces me acuerdo de mi nueva habilidad y me pongo a hacerla yo solito pero otras veces es mi mamá la que empieza y yo la imito. Lo mismo si me saca la lengua. Es muy divertido. Últimamente también he empezado a vocalizar algunas sílabas. Mis favoritas son la ta, la da y la te de dien-te. ¿O debería decir de dien-TES? Que sí, que cumplí los seis meses mellado como un abuelillo y llego a los siete con dos, ¡dos dientes! Me ha pasado exactamente igual que a Leo, que el primer inquilino de mi boca no venía sólo, sino con un compañero que ha tardado un par de días más en instalarse. Yo creo que es genial, porque desde que la gente tuvo conocimiento del blanquito que asomaba no paran de decirme que siga así porque ya pronto podré probar el bocadillo de jamón. Y oye, eso me tiene intrigadísimo, ¿estará tan bueno como dicen? De momento me conformo con ir degustando cositas, lo último patatas cocidas con judías verdes y el toque especial de nuestra tierra, chorreoncito de aceite de oliva. Plato lleno, plato vacío. Se ve que soy de buen diente (y medio).

En cuanto al tema de la psicomotricidad estoy que me salgo. Ya logro quedarme de pie en el parque un ratito cuando me dejan en esa posición. De hecho esa es la única forma en la que aguanto dentro de esa cárcel multicolor. Por que sí, un mes más, yo sigo prefiriendo vivir la vida en brazos. Y el que piense que eso es impedimento para poner la lavadora, pasar la aspiradora, fregar el suelo, doblar la ropa, recoger juguetes y un largo etcétera de tareas domésticas, se equivoca. Pero, ¿y lo que yo estoy aprendiendo? Vamos, que lo del programa delicado y el orden en casa ya lo tengo más que superado, una joyita para las niñas, eso es lo que soy. Mi mamá está que no puede tirar más de mí, sobre todo ahora que me ha dado por intentar lanzarme en plan kamikaze desde sus brazos cuando algo a mi alrededor me llama la atención. Sé lo que quiero y no me corto a la hora de intentar alcanzarlo. Y por lo visto sujetar mis más de 9 kilazos no es nada fácil. Pesas, esos es lo que deberías hacer mamá, pesas.

También estoy empezando con mis pinitos dentro del mundo del gateo, aunque ahora de momento lo único que hago es arrastrasrme e impulsarme con los pies, donde por cierto, tengo un montón de cosquillas. Mis noches siguen siendo también muy moviditas, cosa que también mosquea bastante a los que duermen (o intentan dormir) conmigo. Desde luego, qué ingratos que son. Yo lo hago por su bien, porque aún de noche siempre hay que estar alerta por si cualquier cosa pasara. Desde hace un par de semanas ya viajo también en silla de mayores en el coche, lo cual agradezco un montón porque eso de ir mirando hacia atrás no era nada agradable. Así puedo ver el DVD con Leo e incluso aguantar un poquito más sin mosquearme. Mi mamá tiene pendiente ponerme también la silla de paseo de mayores, pero vamos, prisa ninguna porque yo sigo siendo bebé de fular, y eso… ¡creo que seguirá igual en mi próximo cumplemés!

Do it yourself

15 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

Vivimos en un mundo de tendencias. El cine, la música, el diseño, los trapitos y ropajes varios… todo se mueve por lo que se lleva y lo que no. Si hasta la economía ha tenido su boom del año con la prima esa que es como la pesada de la famila, sí, esa que nadie quiere recibir de visita en su casa porque de escucharla al final te entran ganas de pegarte un tiro. La misma. Y yo, como persona sociable que vivo en una sociedad, al fnal siempre acabo influido por lo que está a la última.

Por ejemplo, sé que desde hace un tiempo está de moda una cosa que se llama Do It Yourself, lo que viene siendo el Hazlo Tú Mismo de toda la vida vamos, el recorta pega, el cose por aquí y pespuntea pos allá, el pinta y decora…Pues yo que me apunto a lo que sea he decidido practicar esta filosofía tan económica y gratificante. No tenéis más que darme un papel, unos cuantos colores (preferiblemente rotuladores que hay que apretar menos. Sí, qué pasa, creativo pero vaguete) y enseguida tendréis un precioso lienzo al que no hay más que ponerle un marquito para que luzca original y único decorando tu habitación.

O ahora que estamos en Navidad, nada como un aro de lo que encuentres por tu casa (o la de tu abuelo) y unas lanas del año de la polca para fabricar tu propio adorno para colgar en el árbol del cole. Sí, ¡lo hice (casi) yo solito!

También sé que se lleva lo del reciclaje y la reutilización, que aunque no lo parezca son dos cosas diferentes. Me ha dicho mi mamá que esto es muy importante porque aunque por lo visto hay cosas que son inagotables, como las pelusas de nuestro salón o los mocos, hay otras que no se regeneran tan fácilmente y algunas que incluso cuando acabemos con ellas… cero, desaparecerán para siempre. Y en nuestro cole, que también estamos concienciados con el tema, a veces le damos a los objetos otros usos diferentes a los originales. Somos un poco como Dios, regalándoles una nueva vida. Es así como una nuez, después de alimentarnos con su fruto, se puede convertir en una encantadora tortuguita o en un delicado barquito.

¿Y qué me decís de la comida? La satisfación que da entrar en la cocina con unos cuantos ingredientes y salir de ella un par de horas y un fregadero lleno de cacharros sucios después con un delicioso plato con el que disfrutar junto a un buen trozo de pan y un vaso de agua fresquita. Sí, aún con estos fríos que padecemos me gusta el agua como si la trajeran del polo. Aunque bueno, como no sólo de platos de cuchara vive Leo, también puedo meterme entre fogones para elaborar ricas galletitas. Vale, las galletas ya me las dieron hechas, pero que conste que yo también sé hacerlas. Lo que no sabía era decorarlas como hace tan requetebien mi tita mamimanitas. Porque, hay que reconocerlo, una galleta, incluso para los que somos más de salaíllo, siempre es una delicia, pero una galleta decorada es además una obra de arte comestible. Bueno, las suyas más que las mías… ¡de momento!

Así que ya sabéis, hay que apuntarse a la moda de hacer las cosas uno mismo. Es más barato, entretiene en las interminables y oscuras tardes del invierno y encima proporciona resultados únicos además de una enorme satisfación. ¡Que viva el DIY!

Probando, uno, dos, tres. . .

13 de diciembre de 2011 en La vida de Luca

A puntito de cumplir siete meses de vida sigo con mi monodieta a base de teta. Mira, rima y todo. Hay mucha gente que aún se sorprende de ello, incluso quien ha llegado a dudar de que fuera cierto viéndome lucir carnes. Como si un tierno bebé como yo fuera contando trolas por ahí, vamos. Y como si mi mamá tuviera necesidad de mentir… En fin, que opiniones sobre el tema hay para todos los gustos. Algunos creen que hace tiempo debería estar tomando ya otras cosas como fruta, verdura, cereales e incluso algo de pollico, que la leche de mamá está bien pero que ya no debe llenarme. Y digo yo, ¿acaso esa es la finalidad de alimentarse? ¿Atiborrarse de comida hasta no poder moverse del sofá? Pues yo creo que no, si no todos los días del año serían Nochebuena y eso le quitaría gracia al asunto. Lo suyo, como muy bien dicen los que saben de esto, es comer poco pero frecuentemente. Y bueno, eso es lo que hago yo, que por suerte y para eso llevo la despensa incorporada.

Pero como comer también es un placer (y si no que se lo digan a Leo y a la pizza, la sopa, las salchichas, las lentejas, los macarrones, los bocadillos… bueno, que se lo digan a Leo a secas) mi mamá ha decidido, quizás por cómo me lanzo sobre la comida cuando la veo en el plato, que ha llegado el momento de ir probando otras cositas. Bueno, de hecho hace ya algún tiempo que de vez en cuando me da a probar algún que otro alimento nuevo, más que nada para que me vaya familiarizando con otras texturas y sabores. Hasta el momento he saboreado plátanos, mandarinas, peras, manzanas, ciruelas, caquis, puré de calabaza, sopa, algún que otro trocito de pollo, patatas cocidas, arroz y galletitas. Todo (salvo el puré) en trocitos. Y es que mi mamá está pensando en innovar conmigo pasando de las papillas y triturados para darme directamente comida de mayores y que yo aprenda desde el principio y a mi ritmo a comer como ellos. Pero no, no está inventando nada nuevo, que es algo que ya practica mucha gente, el baby led weaning que se llama. Yo estoy deseando que se decida de una vez, pero me temo que a mi mamá le da pánico que pueda atragantame, amén del hecho de que lo pueda poner todo perdidico (como seguramente pasaría). Así que no sé yo si al final colará lo de este método o si acabaré dándole a la cuchara y a los purés de verdura como hizo Leo. De momento he visto que ha sacado una silla súpergigante que antes era suya con bandeja extraíble y lavable (fundamental esto último en cualquier caso) y entre papá y ella la andan dejando preparada para que mi rollizo culete tome posesión de ella.

Ojalá dentro de poco pueda participar de las comidas familiares, sobre todo ahora que se acerca la Navidad y habrá tantas cosas ricas para comer. Además, así podré empezar a darle uso a mi nuevo diente, que con el trabajito que me costó echarlo… ¡como para tenerlo en el paro!

En modo Navidad

09 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

Me parece increible que ya sea 9 de diciembre y yo todavía no haya hablado de Navidad. Que los de la lotería llevan vendiendo décimos desde que aún cantaban las chicharras y yo lucía cuerpazo en bañador, que los de los mantecados y turrones hace ya meses que agotaron las existencias de harina y almendras, ¡que los juguetes se salen por las puertas de las tiendas desde hace semanas! Y bueno, no será porque este año no hemos comenzado pronto… Pero es que, digo yo, ya que te pones a plantar árboles en el salón de casa y a llenarlos de figuritas varias al tiempo que haces una reconstrucción a escala más o menos exacta del Belén de hace más de dos mil años, lo suyo es que lo hagas con tiempo y así lo puedas disfrutar lo máximo posible, ¿no creeis?

Pues eso es lo que hemos hecho nosotros este año. Normalmente esperábamos a que llegara esta especie de puente-acueducto del mes de diciembre, que este año nos ha dejado sólo dos días de clase en toda la semana, para poner la casa en modo Navidad. Pero con la excusa de inaugurar un calendario de adviento que me ha hecho mi mamá, ella, que para qué vamos a negarlo, es la que decide estas cosas en casa, pensó que ya puestos dedicábamos una tarde del recién estrenado mes de diciembre a hacer de decoradores.

Con toda la paciencia del mundo… bueno, con toda la que te permite tener un niño de tres años que no para quieto y un bebé de seis meses y medio que ha venido a hacer santo al primero, mamá me explicó que el mes que acababa de comenzar era el de la Navidad, esa época del año en que se celebra el nacimiento del niño Jesús, te juntas con la familia, empieza un nuevo año y sí, ¡en la que vienen los Reyes Magos! Y que aunque los de la lotería, los mantecados y turrones y los de los juguetes se empeñen en adelantarla, no comienza oficialmente hasta el día 24. Y eso es lo que íbamos a contar con ese calendario, los días que faltaban a partir de ese momento para que llegara la Navidad (y ya de paso, repasar los números, que esta no pierde ocasión para afianzar mis conocimientos).

Por lo visto cada sobrecito contenía un regalito y debía esperar a que llegara el día correspondiente para abrirlo y descubrirlo. Sí, claro, dile tú a un niño que tiene un montón de sorpresas ante sí que no puede abrirlas todas de golpe, a ver qué hace. Pues lo normal, que en cuanto abre el uno pues quiere abrir el dos, y luego el tres, el cuatro… Pero no, abrí el uno, me comí el coche de chocolate que escondía y me tuve que esperar al día siguiente para seguir abriendo sobres.

Suerte que acepté lo de la espera, que si no ya veía al Rey dando el discurso el mismo día uno…

Lo del árbol ya más o menos sabía cómo iba, que ya el año pasado me titulé en lo de colgador de bolitas. El árbol sigue siendo el mismo, los adornos siguen siendo los mismos y hasta las luces con música incluida, también las mismas. Pero yo… yo sí que he cambiado. Ahora soy un niño decidido, independiente y con carácter así que lo que entonces hice con ayuda este año he exigido hacerlo yo solito. Porque sí, proque me basto y me sobro para dejar el abeto que ni el de la Puerta del Sol.

Después de acabar mi obra vino mamá. Siempre viene mamá. Me dijo que si es que en el árbol había no sé qué agujero negro que tendía a tragarse las bolas y por eso todas estaban concentradas en el mismo sitio, esperando a ser devoradas. Yo la miré con cara de “pero qué narices me estás contando, mamá, si está la mar de bonito”. Ella decía que uy sí, que qué maravilla de árbol, que qué precioso me había quedado, que era el campeón de las bolas… pero que mejor las poníamos así, asá, subíamos esta, bajábamos la otra… vamos, ¡que mejor lo hacíamos a su manera! De nuevo la ortodoxia y la simetría se impuseron a la creativividad, pero te lo advierto mamá, que esto no quedará así. Algún día tendré mi propio arbolito y lo dejaré como a mí me dé la gana, ¿entendido? Pues eso,

¡Feliz pre-navidad!

Especial informativo

07 de diciembre de 2011 en La vida de Luca

Interrumpo la programación habitual de este blog saltandome previo consentimiento suyo el turno de Leo porque hay una noticia de vital importancia que debo comunicar.

El pasado 3 de diciembre fue el día. Amanecí febril y muy apagado, cosa bastante extraña en mí porque, como ha quedado más que claro, soy un bebé inquieto y activo por naturaleza. Aparentemente no había ningún síntoma que indicara que padeciera alguna de las enfermedades propias del (odioso) invierno: ni mocos, ni tos, ni vómitos… Así que todo apuntaba a que el origen de mi malestar estaba en algún bichejo indeterminado de esos que sólo se pueden combatir con muchas dosis de paciencia. Sí, ese gran curalotodo que por desgracia no venden en farmacias. O… ¿acaso era posible que…? Total, ya son seis meses y medio los que tengo y no sería nada raro. Podría ser entonces, sí, que algo de eso había oído antes. Esa fiebre asintomática… Sí, mi mamá, que en esto ya tiene una dilatada experiencia, debió pensar lo mismo que yo, así que con la expectación propia de las grandes ocasiones y la ilusión de un gran descubrimiento por hacer comenzó la búsqueda. Y sí, allí estaba…

¡¡¡MI PRIMER DIENTE!!!

Fue en la puerta de la casa de mi abuelo, mientras Leo jugaba y yo tomaba el solecito del otoño. Allí, con toda la luz del mundo para iluminarlo, mi mamá lo vio por primera vez. Era el pequeñito de abajo, el izquierdo, el que asomaba su puntita por mi dolorida encía. Y eso que yo ya llevaba varios días avisando, que lo único que decía era “te, te, te“.

Dicen que esto del primer inquilino de la boca es todo un acontecimiento para cualquier bebé, y no lo dudo, porque eso supone que comienza el camino hacia la era de la masticación (si es que algún día mi mamá se decide a darme otra cosa que no sea teta), pero vamos, yo bastante ocupado he estado mantenerme lo más animoso posible a pesar de los tres días enteritos (con sus tres noches interminables, añade mi almohada particular) en los que la fiebre no me ha dado tregua. Baños de madrugada, jeringuillazos de paracetamol, ropa fuera (esta parte no ha estado mal del todo) y brazos, muchos, muchos brazos. Y es que eso de estar malo es muy malo.

Mi hermano Leo me ha dicho que sea paciente porque por lo visto aún queda mucho para que complete mi dentadura y la luzca tan radiante como él, Y yo digo, sí, claro, a toro pasado todo se ve mucho más fácil. Es como si él me saludara desde la cima del Everest mientras yo lo miro desde abajo viendo toda la mole que me queda por escalar. Diecinueve campos base antes de colocar mi banderita, quién sabe si con tempestades como la de estos días. Pero bueno, mejor no adelanto acontecimientos y disfruto de mi recién estrenada sonrisa monodental, ¡bien por mí!

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