Siete meses
Cuando eres un bebé tu vida transcurre entre rutinas: las siestas, las salidas, las comidas… dicen que así la vida es más fácil para nosotros porque nos permite anticiparnos a todo aquello que va a suceder, dándonos seguridad y confianza. Y cuando tus días se suceden uno igual que el otro parece que el tiempo no pasa. Pero sí, como diría mi mamá, no sólo pasa, sino que además lo hace volando.
Hoy cumplo siete meses, el número mágico. Poco a poco me voy convirtiendo en un pequeño hombrecito al que hay que tener muy en cuenta en esta casa. Que yo ya lo vengo avisando con mi carácter desde hace tiempo, así que ahora que no se sorprenda nadie. Nunca he sido el típico bebé tranquilo que apenas da un ruido, de hecho soy diametralmente lo opuesto a este tipo de churumbel. A mí me gusta llamar la atención y que todos estén pendientes de mí y lo mismo me da hacerlo a base de sonrisas que de llantos. O de gritos. Sí, esa es una de las cosas que he aprendido este mes, a chillar. Me gusta cómo me oigo y, aunque suene un poco malvado, ver que los mayores se ponen algo nerviosos cuando lo hago. Así acuden antes a satisfacer mis necesidades, lo tengo todo pensado. Pero no penséis que soy siempre así de bichejo, que la misma intensidad que le pongo a los gritos también se la pongo a las risas. Yo lo veo en los demás, que cuando se ríen todo funciona mucho mejor, así que, ¿por qué no hacer lo mismo? Y es precisamente el proceso de imitación otra de las novedades de estas últimas semanas. El caso es que me ha dado por hacer una especie de ruidito-gesto-guiño que parece un besito. A veces me acuerdo de mi nueva habilidad y me pongo a hacerla yo solito pero otras veces es mi mamá la que empieza y yo la imito. Lo mismo si me saca la lengua. Es muy divertido. Últimamente también he empezado a vocalizar algunas sílabas. Mis favoritas son la ta, la da y la te de dien-te. ¿O debería decir de dien-TES? Que sí, que cumplí los seis meses mellado como un abuelillo y llego a los siete con dos, ¡dos dientes! Me ha pasado exactamente igual que a Leo, que el primer inquilino de mi boca no venía sólo, sino con un compañero que ha tardado un par de días más en instalarse. Yo creo que es genial, porque desde que la gente tuvo conocimiento del blanquito que asomaba no paran de decirme que siga así porque ya pronto podré probar el bocadillo de jamón. Y oye, eso me tiene intrigadísimo, ¿estará tan bueno como dicen? De momento me conformo con ir degustando cositas, lo último patatas cocidas con judías verdes y el toque especial de nuestra tierra, chorreoncito de aceite de oliva. Plato lleno, plato vacío. Se ve que soy de buen diente (y medio).
En cuanto al tema de la psicomotricidad estoy que me salgo. Ya logro quedarme de pie en el parque un ratito cuando me dejan en esa posición. De hecho esa es la única forma en la que aguanto dentro de esa cárcel multicolor. Por que sí, un mes más, yo sigo prefiriendo vivir la vida en brazos. Y el que piense que eso es impedimento para poner la lavadora, pasar la aspiradora, fregar el suelo, doblar la ropa, recoger juguetes y un largo etcétera de tareas domésticas, se equivoca. Pero, ¿y lo que yo estoy aprendiendo? Vamos, que lo del programa delicado y el orden en casa ya lo tengo más que superado, una joyita para las niñas, eso es lo que soy. Mi mamá está que no puede tirar más de mí, sobre todo ahora que me ha dado por intentar lanzarme en plan kamikaze desde sus brazos cuando algo a mi alrededor me llama la atención. Sé lo que quiero y no me corto a la hora de intentar alcanzarlo. Y por lo visto sujetar mis más de 9 kilazos no es nada fácil. Pesas, esos es lo que deberías hacer mamá, pesas.
También estoy empezando con mis pinitos dentro del mundo del gateo, aunque ahora de momento lo único que hago es arrastrasrme e impulsarme con los pies, donde por cierto, tengo un montón de cosquillas. Mis noches siguen siendo también muy moviditas, cosa que también mosquea bastante a los que duermen (o intentan dormir) conmigo. Desde luego, qué ingratos que son. Yo lo hago por su bien, porque aún de noche siempre hay que estar alerta por si cualquier cosa pasara. Desde hace un par de semanas ya viajo también en silla de mayores en el coche, lo cual agradezco un montón porque eso de ir mirando hacia atrás no era nada agradable. Así puedo ver el DVD con Leo e incluso aguantar un poquito más sin mosquearme. Mi mamá tiene pendiente ponerme también la silla de paseo de mayores, pero vamos, prisa ninguna porque yo sigo siendo bebé de fular, y eso… ¡creo que seguirá igual en mi próximo cumplemés!

