I am a bad boy
Hay que ver, qué internacional me he vuelto, titulando mis post en la lengua de Sheakespeare ya… Pero es que hoy estoy juguetón y lo del inglés tiene algo de truquillo.
Me explico. Hace ya más de cinco meses escribí esta entrada con el mismo título pero en el idioma del más grande de los nuestros, y no, no me refiero a Pau Gasol, sino a Cervantes. En ella relataba cómo desde el punto de vista del exterior (llámese exterior todo lo que no tenga un grado de consanguinidad conmigo superior a uno) mi actitud y fuerte carácter hacían que fuera considerado un niño malo. Pero malo, malo. Por aquél entonces el consuelo de los míos, y al mismo tiempo su razón fundamental para no estrellarme alguna que otra tarde, era que con apenas un mesecillo en el mundo aún me encontraba en ese periodo de adaptación que tan de moda está últimamente. La empatía era la mejor forma de armarse de valor cuando me ponía en modo llorón o quería comer cada dos por tres, seis.
Ahora ya tengo seis meses y medio. No es que haya alcanzado la pubertad, pero vamos, bastante mayorcito sí que voy siendo ya, así que esa excusa ya no cuela. Puedo girar sobre mí mismo, permanecer sentado largo rato, de pie cuando me sujetan… Consigo alcanzar objetos, manipularlos o chuparlos e incluso mi visión es cada día más clara, con lo cual podría entretenerme sentado tan tranquilo en mi hamaquita con los dibujitos o simplemente viendo los coches pasar. Podría hacerlo, pero no. No lo hago porque soy malo. O mejor dicho, porque como dice mi mamá, soy BAD.
Y así es, amigos, ahora resulta que esa que me trajo al mundo, esa que me come a besos, me abraza, me mima y me da de comer, esa que afirma que me quiere más que a nada en el mundo, mi mamá, también piensa que soy BAD. Cuando me enteré me entristecí bastante y la verdad, también me decepcioné. Duele que la persona en la que has depositado toda tu confianza tenga ese concepto tan negativo de ti. Menos mal que luego me explicó que la cosa no iba por donde yo pensaba y que lo de BAD no era por malo, sino porque cree que soy un Bebé de Alta Demanda. ¿Mande?
Bueno, interneteando he encontrado las caracteríaticas que definen a eso que se se supone que soy, un BAD. Ahí van.
1. INTENSIDAD
Ponemos más energía en todo lo que hacemos: lloramos muy alto, comemos vorazmente, sonreimos con gusto y protestamos con más fuerza si nuestras necesidades no son cubiertas a nuestra satisfacción.
2. HIPERACTIVO
Relacionado con la intensidad arriba referida. Causa hipertonía muscular. Nos va por ello muy bien el contacto físico, que nos relaja.
3. ABSORBENTE
Chupamos toda la energía de mamá.
4. MAMA FRECUENTEMENTE
Eso significa que hay días que hace dudar a nuestras mamás si se habrán convertido en un chupete humano.
5. DEMANDANTE
Nuestras demanadas siempre tienen un carácter de “urgencia” exagerada.
6. DESPERTARES FRECUENTES
Necesitamos más de todo menos dormir. Nos despertamos cada hora, también por la noche. Y como se le ocurra a alguien toser o estornudar allí estaremos con nuestros ojitos abiertos.
7. INSATISFECHO
Con nosotros hay que jugar a prueba y error constantemente.
8. IMPREDECIBLE
¡Lo que ayer funcionaba hoy ya no sirve!
9. HIPERSENSIBLE
Nos excitamos con cualquier cosa. Estamos siempre en estado de alerta, ruidos normales nos sobresaltan. Somos muy empáticos.
10. PIEL CON PIEL
No nos basta con que mamá esté cerca, queremos tocarla, así que queremos brazos, dormir con ella… extraemos del entorno el máximo contacto físico posible.
11. NO SE CALMAN SOLOS
No sólo necesitamos ayuda para dormirnos, como cualquier bebé; también la necesitamos para seguir dormidos.
12. SENSIBLE A LA SEPARACIÓN
La canción “Only you” es nuestro tema favorito. Vivimos en una eterna fase de angustia de separación.
A ver, sí a la 1, sí a la 2… sí a la 7… sí a la 9… ¡sí a todo! Ay, madre, que va a tener razón, ¡soy un BAD! Ahora entiendo por qué me paso todo (todo) el día en brazos, por qué me cabreo tanto (tanto) cuando mamá me deja en el parque o en la alfombra para ir a hacer pipí… ¡o por qué a veces se apiada de mí y me lleva con ella al excusado! Lo de despertarme un montón de veces cada noche y sólo volver a dormirme mamando un poquito, lo de llorar a grito pelado cuando mamá sale de mi campo de visión, lo de comer (ella) conmigo en brazos, lo de sacar a pasear al carrito, lo de mis agitadas siestas en brazos o en el fular o lo de aburrirme después de estar en un sitio más de diez minutos.
En fin, sé que ponerle nombre a lo que soy no cambia las cosas, y bueno, tampoco es que me importe demasiado. Sólo lo comento, y vale sí, lo admito, porque puede que así ayude a los mayores a que entiendan un poquito mejor este carácter mío tan particular. Suerte que, con etiqueta o sin ella, me han tocado unos papás muy comprensivos que rápidamente atienden mis necesidades. Eso me hace feliz y, bueno, de eso es de lo que se trata. Porque esa es vuestra misión papás del mundo, ¡seamos BAD o no!

Y como además de demandante soy generoso, hoy dejo un vídeo en el que demuestro que muchas (muchas) veces también puedo ser anti-BAD
