Pisando fuerte, volando alto
Que me hago mayor es una verdad innegable. Que lo hago muy rápido, también. Ya veis, caminito que voy de los diez meses ya… ¡y parece que fue ayer cuando vine al mundo! Pero es lo que dice mi mamá, que en este primer año de vida los bebés evolucionamos tanto, tanto, tantísimo que los días parecen semanas y las semanas meses. Y si hace apenas muy poquito era incapaz de permanecer sentado yo solo, por ejemplo, ahora no sólo he conseguido mantener mis posaderas bien firmes sobre el suelo sino que además puedo desplazarlas gateando, elevarlas poniéndome de pie y hasta dar pequeños pasos agarrado a lo que sea que en ese momento esté a mi altura, que lo mismo es una silla, un banco del parque o las piernas de mamá. Es por eso, porque ahora paso bastante tiempo de pie (aunque no tanto como en brazos, que desde allí la perspectiva del mundo siempre es mucho mejor) por lo que me han comprado mis primeros zapatos de mayores. Guardaditos para el recuerdo, que dudo para un futuro hermanito, están ya mis zapatos de suela blandita, esos que sólo servían para adornar mis mullidos piececitos y que yo me empeñaba en quitarme siempre (sobre todo el izquierdo). Porque aunque mi mamá insistía en que algo me protegían del frío, en mi opinión no servían absolutamente para nada. Y es que no sé qué manía tiene con vestirme los pies, con lo bien que se va descalzo o como mucho con unos calcetines, ¡eso es lo natural! Pero nada, al final se ha salido con la suya y me ha colocado los zapatos. Aunque como a cabezón no me gana nadie, estos también me los quito. Me cuesta más trabajo, pero al final no se me resisten
Así que nada, ya tengo mis herramientas para estar con los pies en la tierra, que dicen es cómo se debe estar en esta vida. Lo que no sé es cuándo me darán las que necesito para volar… Que sí, que yo he visto a los pajarillos hacerlo y eso debe de molar un montón, menudas vistas tienen que tener, ¡mucho mejor que en brazos! Y anda que no se llega pronto así a los sitios, hala, de aquí a allí en línea recta, sin tener que esperar semáforos, ni atravesar calles, ni sufrir atascos… Sí, definitivamente volar sería mucho más divertido que caminar. Lo malo es que por lo visto hay un problema de aerodinámica o no sé qué historias y por mucho que yo espere que me den esas herramientas dice mi mamá que lo siente mucho pero que no van a llegar nunca, que mejor me conformo montándome en un columpio y que aunque sea a pequeña escala disfrute así de la sensación del vuelo libre para menores de un año guión metro. Jo, pues vaya faena. Pero bueno, si no queda otra… ¡habrá que montarse en el columpio!
Aunque me cueste reconocerlo a veces mi mamá tiene razón (no le digáis que lo he admitido) y la experiencia en el columpio fue genial. Ya antes me había montado con mis papás en los de los mayores porque en el parque al que siempre vamos el columpio de los peques lleva roto casi un año y no hay manera de que lo arreglen. Claro, que este que encontramos tampoco es que estuviera en muy buenas condiciones que digamos… Pero bueno, el caso es que esta fue mi primera vez en solitario, cual pajarillo feliz y que me lo pasé bomba balanceándome animado por Leo y mis papás. Sólo espero que pronto arreglen el columpio de mi parque (y los de los demás por si acaso, también) porque ahora que se acerca el buen tiempo iré allí cada tarde… ¡y voy a necesitar mi dosis de vuelo libre!
P.D. El otro día fui a la ITB de los 9 meses. Mi Doc dice que tengo un excelente contacto social, mucho genio y más fuerza. Que estoy sano y que coma tan bien para seguir creciendo, que es de lo que se trata. Pesé 10.200 gr y medí 71,5 cm

