mi nunca jamás

La vida de Leo

La luz roja

09 de Marzo de 2010 en La vida de Leo

Las nubes siguen llorando. Y lo entiendo, por lo que sé el mundo está bastante fastidiado…

El problema es que lloran tanto y tan a menudo que creo que las cosas empiezan a encoger. Como las paredes de casa, que cada vez se hacen más y más pequeñas. Todo lo contrario que algunos días de la semana, como los domingos, que a veces se hacen larguísimos, sobre todo cuando el asfalto se convierte en río de tanta lágrima que derraman las nubes.

Nuestro nuevo recurso para evitar quedar atrapado entre el sofá y el mueble de la tele en estos días tan eternos es salir de paseo en coche. Lo sé, entre la celulosa de los pañales que gasto y el consumo de combustible en estos viajecitos no estoy contribuyendo mucho al sostenimiento de los recursos naturales del planeta, pero es que a veces hay que hacer lo que hay que hacer. Y punto.

Nada más montarme en el coche pido con vehemencia que suban la bandeja donde en los trayectos largos mis papás me ponen mi ya muy bien amortizado DVD portátil. Pero cuando veo que arrancan y meten la primera sin él me doy cuenta de que el recorrido va a ser rural, vamos, sin salir del pueblo. Así que no me queda otra que mirar por la ventanilla para entretenerme.

Y vaya si me entretengo, sobre todo cuando llegamos a los semáforos. Está la luz verde, pero esa no me gusta demasiado porque como tenemos obligatoriamente que pasar apenas me da tiempo a verla. Luego está la de color ambar, ahí ya me pongo nervioso. Y por último mi favorita, la roja. ¡ Me encanta la luz roja ! Es verla y decir: ataaaaaaaa (ahí estaaaaaaa). La señalo con mi dedo índice y me pongo a hacer palmitas. Tan brillante, tan poderosa y autoritaria… Sí, me gusta.

Puede que este no sea un plan demasiado excitante, pero así os podéis hacer una idea de cuál es nuestro grado de de-ses-pe-ra-ción tras este largo, frío y llorón invierno.

Así que sólo me queda añadir…

¡¡¡ QUE LLEGUE YA LA PRIMAVERA !!!

Lluvia

Señorito Leo

07 de Marzo de 2010 en La vida de Leo

Cuando nací apenas sabía hacer nada por mí mismo, salvo comer y descomer. Debería añadir que dormir, como el resto de los niños, pero para eso también necesitaba a mi mamá, un lecho mucho más calentito y cómodo que aquél en el que intentaban dejarme cada vez que caía en los brazos de Morfeo. Hablo de la minicuna, reconvertida en objeto decorativo de nuestro salón.

De modo que me daban de comer, me cambiaban el pañal, me bañaban, me dormían, me paseaban… y yo encantado de la vida porque pequeño sí, pero de tonto ni un pelo y ya entonces descubrí que si alguien puede hacer las cosas por ti, ¿que necesidad hay de hacerlas uno mismo? Vale sí, supongo que la satisfacción personal de valerse por sí mismo, de lograr lo que uno se propone, el reconocimiento al esfuerzo, al tiempo invertido… pero es que todo eso cansa t a a a a a a a n t o…

Yo prefiero emplear mis energías en otros menesteres más gratificantes y enriquecedores como subirme a las sillas, tirar todos mis juguetes, sacar la ropa de los cajones, meter objetos extraños en la lavadora… en fin, esas cosas divertidas y chispeantes de la vida. Para lo demás, lo reconozco, soy un señorito comodón. Me sigue gustando que me den de comer y sobre todo que me lleven en brazos. Pero creo que a los mayores esto último no les mola demasiado, dicen que peso mucho y que les duelen los brazos y la espalda, que esto de ir en plan garrapatilla tiene que acabar porque ya soy un niño grande que sabe andar. Que para un ratito vale, pero que así todo el santo día nada de nada. Habrase visto, primero te dan el caramelito y luego cuando ya estás diabético perdido te lo quieren quitar de golpe. Eso debería ser delito.

Pero bueno, uno tiene recursos para todo así que creo que mientras pueda practicaré la ley del mínimo esfuerzo. Como cuando voy en mi silleta comiendo gusanitos. Me cansa mucho ir cogiéndolos de la bolsa así que se la doy al piloto de turno y yo sólo tengo que levantar la mano para que me los vayan suministrando. No tengo ni que mirar para atrás ni nada. Levanto mi mano y automáticamente se depositan en ella. Aunque a veces el conductor no está muy avispado y entonces abro y cierro la manita llamando su atención. Si es que tengo que estar en todo…

Señorito Leo

Marcha atrás

03 de Marzo de 2010 en La vida de Leo

Está la marcha Radetzky, que es la que unos señores vestidos de pingüinos tocan el primer día del año en un lujoso teatro mientras las personas que los escuchan alrededor del mundo hacen palmitas. Crecer para esto…

Está la marcha atlética, que es una modalidad del atletismo que no entiendo muy bien y que está a medio camino entre uno que anda y uno que corre.

Está la marcha verde, que tampoco sé muy bien de qué va. Por lo visto de un montón de gente que fue a “liberar” al Sáhara de nosotros los españoles. Yo es que en temas de política no me meto mucho, que sólo tengo un año y medio…

Está la marcha doble o marcha, marcha, que es el ambiente festivo que algunos niños buscamos a altas horas de la madrugada, en mitad de la noche vamos.

Y luego está la marcha atrás. Porque aunque digan que en esta vida lo mejor es ir siempre hacia delante, a veces retroceder para tomar carrerilla o ver las cosas con perspectiva tampoco viene mal del todo.

Leo, Leo y. . .¿Leo?

28 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

Mi nombre no deja indiferente a casi nadie, sobre todo porque no es muy común que digamos. Seguramente ya todos sabréis que mis papás lo mantuvieron en secreto hasta el día que nací y bueno, aunque ahora ya no resulte extraño para casi nadie, ese día más de uno me miraba con cara extraña. ¿Leo? ¿Qué clase de nombre es ese?

Sin embargo con el paso del tiempo he ido descubriendo que hay muchas otras personas que se llaman como yo. Las hay de carne y hueso, y que conste que no es porque yo sea del Real Madrid, pero entre ellas no está Leo Messi, que en realidad se llama Lionel. Tampoco Leo di Caprio, ni siquiera otro futbolista como Leo Franco, que ambos dos son Leonardos. Vaya, si al final va a resultar que no hay tantos Leos como yo pensaba… En fin, pero siempre quedarán los personajes de ficción, ahí sí que hay al menos un par de ellos que se llaman como yo.

Uno es el amigo panocho de Caillou, el pelirrojo quiero decir. Yo más bien lo conozco de oídas porque a mi mamá este niño le resulta un poquito repelente y no me lo pone mucho en la tele. Él, su hermanita, su mamá, su papá, los abuelos y hasta el vecino y la maestra. Creo que le tiene manía a estos dibujos. A mí tampoco es que me importe demasiado, porque yo creo que lo mejor de Caillou es la camioneta que mi prima Mónica me regaló en mi cumple, me lo paso bomba haciéndola correr por todo el salón ;)

El otro es un personaje de los Little Einstein. Y aquí sí que tengo que fiarme de lo que me dicen porque esos dibus aún no los he visto, que son para niños más mayores. Por eso cuando una de las habituales tardes de lluvia a las que obligatoriamente estamos acostumbrados fuimos a Carrefour y mi mamá me compró un peluchito de un niño negrito con gorra diciéndome que era Leo, yo me lo creí a pies juntillas. Sin embargo algo en mi en mi interior me hacía dudar y acabé por no hacerle ni caso al muñequito en cuestión. Con razón. Resulta que mi mamá no se entera de la misa la mitad y el individuo ese no se llamaba Leo, sino Quincy. Así que no conectábamos los dos… Para enmendar el error no nos quedó más remedio que adquirir el auténtico Leo, otro panocho, pero este de pelo pincho y gafas con cara de listillo. Y este y yo sí que congeniamos, sobre todo porque… ¡es de mi tamaño! Esto viene muy bien cuando necesitas un compañero de juegos sumiso, aunque no tanto si quieres que duerma contigo, que los dos no cabemos en mi cuna. Y bueno, ya os diré si estos dibus están chulos o no!

Leo&Leo

Por cierto, que el día que Leo se vino con nosotros a casa tuve un encuentro muy especial en el pasillo de la leche, entre las semidesnatadas y las de omega 3. Allí estaba con sus papás Alberto, un amigo blogero de Cazorla, qué casualidad, ¿verdad? ¡Un saludo a Alberto!

Autorretrato

25 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

Ella y yo somos viejos conocidos. Nuestro primer contacto fue el día que nací, así que se puede decir que la conozco de toda la vida. De hecho llegó a nuestro hogar exactamente nueve días antes de aquél 23 de julio del 2008, con lo cual también puedo afirmar que somos prácticamente de la misma edad. Ella también era esperada y deseada, tan azul y tan pequeñita, aunque por mi propia autoestima espero que no con tanta emoción, intensidad y ganas como lo era yo.

Desde entonces hemos crecido juntos. Ella ha sido testigo de mis grandes gestas, de mis risas y de mis llantos. Cuando conseguí darme la vuelta, ahí estaba ella. Cuando logré mantenerme sentado, ahí estaba ella. Con mis primeras papillas y dientes, fiel compañera. Cada vez que balbuceaba, gateaba, caminaba… sí, ahí estaba ella, testigo permanente de mi vida.

Pero algo nos separaba, algo la hacía inalcanzable para mí, prohibida. Eran mis papás y su constante y rotundo “no se toca bajo ningún concepto”. ¿Por qué? ¿Por qué se empeñaban en mantenernos alejadas?

No era justo, así que desafiando esa estricta regla en aras de luchar por nuestro destino común y aprovechando un descuido de sus captores, por fin la liberé de su cárcel de piel y la hice mía.

Leo y la Sony Cyber-shot DSC T2, juntas para siempre.

Autorretrato

Otrorretrato

Leo al aparato, dígame

23 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

El teléfono es un invento maravilloso. Puede que últimamente con esto de internet, las videoconferencias, skype y demás haya perdido algunos usuarios, pero vamos, que sigue habiendo millones de millones de personas en todo el mundo que lo usan a diario y lo consideran imprescindible. ¿Cómo sino le iba a pedir yo una pizza a Agustín? ¿Cómo podría mi mamá saber cada día como me ha ido en la guarde estando a 65 kilómetros de distancia?

Yo he nacido en la generación de los móviles, todo el mundo tiene uno. Creo que cuando el ratoncito Pérez y yo digamos de hacer negocio seguramente ya no me dejará dinerito, un cuento o unas chuches sino que directamente me regalará la sexta generación del iPhone, el cual mi querida mamá con toda probabilidad requisará por considerarme demasiado joven para usarlo (y ya dará cuenta ella de él, que suspira por uno). Pero mis papás me han contando que antes no existían y sin embargo… ¡¡¡ vivían !!! Uf, la verdad es que a mí me cuesta imaginarlo. Eso de no saber dónde estaban, qué hacían, a qué hora volverían a casa… Debía ser como cuando ahora estás sin batería o fuera de cobertura, que se genera un estrés y una angustia que no es normal. O peor aún, cuando te lo dejas olvidado en casa… Entonces pierde la categoría de “móvil” y se convierte en un teléfono a secas. En casa tenemos dos de estos, de los que no son móviles digo. Se llaman inalámbricos y me encanta jugar con ellos, aunque mis papás como siempre se empeñan en chafarme la diversión porque dicen que cuando me canso de hablar con algún niño de la China o del cono sur lo tiro y luego se escucha un ruidito muy desagradable, como grsgrsgrsgrsgrsgrs, que les impide mantener una conversación decente con cualquiera.

Hay dos cosas de estos teléfonos que me divierten especialmente. Una es cuando marco un número extraño y me responde una señorita que muy amablemente me informa de que ese número no se corresponde con el de ningún usuario. Es muy maja, aunque su voz suena algo enlatada, la pobre, es que no debe ser fácil vivir dentro del aparato ese. La segunda es cuando hago una llamada interna entre los dos terminales y mis papás se vuelven locos pensando que alguien los llama, jejeje, me encanta.

Puede ser que todo esto ocurra porque he sacado el gen telefónico de mamá, en cuyo caso las compañías telefónicas pueden estar tranquilas, su negocio está garantizado de por vida.

Teleoperador

Hoy cumplo 19 meses, así que si alguien quiere llamarme por teléfono para felicitarme estaré encantado de hablar con él/ella ;)

El beso

21 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

Y sigo aprendiendo. Es lo bueno que tiene venir en bruto, que hay un montón de cosas por descubrir e incorporar a mi particular repertorio de gracias varias. Porque, hay que reconocerlo, si ya viniéramos de serie con el adiós, adiós con la manita, las palmitas y los guiños, los bebés perderíamos gran parte de nuestro interés. Es mucho mejor mantener la expectación e ir poco a poco aprendiendo estas cosillas que, sinceramente, a nosotros no nos suponen demasiado esfuerzo pero para los mayores constituyen todo un acontecimiento.

Hace tiempo que sé dar besos, y casi al mismo tiempo que aprendí a hacerlo descubrí su enorme poder sobre los afortunados que los reciben. A veces es un simple roce de mi boca con su mejilla. Eso ocurre cuando me insisten para que les obsequie con esta muestra de afecto pero yo tengo prisa porque algo más reclama mi atención. Los dejo contentos y a otra cosa mariposa. Pero otras veces, cuando me siento más cariñoso o me interesa algo de ellos, me tomo mi tiempo y les doy un largo, baboso y sonoro muuuuuuuuuuuuua. Y ya puedo pedir lo que sea ;)

Cada día, cuando mi papá viene de trabajar, me pide que le dé un besito y, bueno, yo se lo doy porque ha estado muchas horas sin verme y creo que eso hace que se ponga muy contento. Luego está mi mamá, que me lo pide casi constantemente y a veces hasta me reclama que se lo dé en la boquita. Y lo peor es que cuando se lo doy me apachurra fuerte, fuerte, tanto que me deja sin respiración. Pero yo soy listo y para evitar que esto suceda y que me deje sin aire he desarrollado la técnica del beso a distancia. Acerco mis manos a la boca, digo el mua de turno y lo lanzo al aire para que ella lo reciba. Bueno, ella o quién se tercie, que en época de crisis como la que estamos los besos son un regalo perfecto, son baratos y su éxito está asegurado!!!

P.D. Sé hacerlo mucho mejor ;)

El heredero embatado

18 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

Hay una afición muy común entre los familiares y amigos de los recién nacidos y, bueno, de los bebés en general. Consiste en observar detenidamente al individuo en cuestión (o individua, que sino luego la baby Ministra de Igualdad se me enfada) y ver cuáles de sus rasgos se corresponden con los de sus padres, abuelos, tíos o primos. A veces, cuando no se puede encontrar el origen del carácter en cuestión, la comparativa se extiende a parientes muy lejanos como el tío que se fue a América a hacer fortuna o la tatarabuela que vivió allá por el siglo XIX. Esto último se hace más que nada para no generar dudas sobre la paternidad de la criatura, que de nuestra mamá sabemos que somos pero de nuestro papá hasta que el ADN no lo confirme…

Afortunadamente el mío no tendrá que recurrir nunca a estas sofisticadas técnicas, que si el tal Mendel las hubiera conocido le habrían dado por saco a los guisantes. Desde que era pequeñito todo el mundo dice que soy clavadito a él, que tengo su nariz, sus ojos y hasta su barriga (cuándo tenía). Aunque mi mamá también ha hecho su pequeña aportación genética, además de las convulsiones esas que no quiero ni recordar. Mi barbilla es la suya y las orejillas, también. Eso en cuanto al tema físico, que luego está lo de la personalidad. Ahí aún no sé a quién me parezco. Soy cariñoso, alegre, impaciente, comodón y tengo mucho genio. Sí, yo creo que tengo un poco de cada uno.

Resumiendo, que uno cuando nace hereda las cosas de su familia: lo bueno, lo malo… y la ropa. Si le preguntas a mamá que era lo peor de ser la hermana y prima más pequeña te dirá que era tener que reciclar los vestidos de las demás cuando a ellas ya les quedaban pequeños, con lo fashion que mi mamá ha sido siempre y lo que le gustaba estrenar. Yo creía que no pasaría por esto, ya que soy el primogénito y para mí sería todo lo nuevo, pero no caí en que tengo dos primos machotes con los armarios llenos de pantalones, camisas, camisetas, chándals, abrigos, jerseys, rebecas, bodys y prendas varias que ya no les quedan bien y que el pequeño de la familia podría aprovechar.

La última adquisición ha sido una bata para estar en casa. Hasta ahora mi mamá solía ponerme una sudadera pero así mis piernecitas siempre se quedaban heladas, más aún con estos fríos que corren. Sin embargo, gracias a mi bata heredada que es suave y muy calentita mantengo todo mi cuerpo a una perfecta temperatura. Puede que parezca un abuelillo con ella, pero no me importa porque ya lo dice el refrán: ande yo caliente… ríase la gente!!!

Embatado

Dedicado a mi amigo Mikel, pionero en el uso y disfrute del batín.

El no carnaval

16 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

Una de las muchas cosas buenas que tiene ser un jovenzuelo como yo es que las neuronas las tenemos recién estrenaditas y nuestro disco duro está al mínimo de su capacidad, de modo que los recuerdos de todo lo vivido, oído o visto aún se conservan perfectamente. Con la edad se va perdiendo esta facultad, y sino que se lo digan a mi mamá. Puede ser que por eso los mayores no recuerden lo que allá por el mes de octubre más o menos dijeron esos que dicen llamarse meteorólogos/as porque sino más de uno/a estaría siendo perseguido por injurias y calumnias varias. Entonces aventuraron que el que vendría sería un invierno seco y no demasiado frío. A ver que me asomo a la ventana… mmmmm, llueve. A ver que saco la manita… mmmmm, me congelo. Y así desde hace ya dos meses. Estoy por fiarme más de las predicciones de Rappel y compañía que de las de estos señores y señoras del tiempo porque vamos, es más que evidente que no acertaron con el pronóstico.

Y por culpa del frío y la lluvia que nos acompaña, repito, desde hace ya más de dos meses este año nos hemos quedado sin carnaval. Sólo el domingo pudimos ver algo, pero mi mamá ni siquiera se atrevió a disfrazarme por miedo a que mi resfriado continuo se agravara. La verdad es que a mí no es que me importe demasiado. El año pasado ya me dejé hacer bastante vistiéndome de pollo, ficha de parchís y mariquita, pero este me he resistido sobremanera, sobre todo en la guarde donde me pasé media mañana llorando porque me habían colocado un disfraz que, por otra parte, yo creo que no me favorecía demasiado.

Puede que el próximo sábado, el día del desfile de carrozas, el tiempo nos dé una tregua y, si me dejo, salga disfrazado con mi mamá y los compañeros de la guarde, que teníamos unos trajes muy chulos preparados para el día del carnaval infantil. Y con nosotros el resto de niños de los colegios, que los pobrecitos también se quedaron compuestos y sin pasacalles. De momento hoy en casa el pequeño Leo ha sido convertido gracias a la aportación de su primo Alejandro y en contra de su voluntad en Leo el enanito. Eh, y sin cachondeos.

Enanito

Más allá de Baby Einstein

14 de Febrero de 2010 en La vida de Leo

Soy un animal televisivo. Sé que eso no está demasiado bien, que los niños tan pequeños no deberíamos estar enganchados a la caja tonta pero oye, tampoco es que me pase la tarde viendo “Sálvame” o no duerma por esperar la última temporada de “Perdidos” (como las mamás de algunos de mis amiguitos) ni nada de eso. Además, eso lo dicen los expertos, unos adultos que no niego sean muy inteligentes y doctos en la materia pero que seguramente no tienen que entretener a una culebrilla de niño un día lluvioso detrás de otro, y de otro, y de otro… Que la teoría está muy bien, pero luego la práctica es otra cosa muy diferente.

Desde pequeñito me gusta ver el Baby Einstein. Disfruto con la música y sobre todo con las marionetas. Habré visto cada DVD unas cien veces, pero no me canso. Y creo que tampoco lo haré en un futuro próximo, más aún viendo como mis primos siempre se quejan cuando estando juntos mi mamá me los pone y al final acaban tan enganchados como yo. La señora esa que los creó desde luego pegó un pelotazo con los muñequitos. Lo único que me pregunto es si tendrá que pagar derechos de autor al tal Beethoven, Bach, Da Vinci o a los Strauss porque como sea así… más que un negocio es una ruina, sobre todo como estén los de la SGAE detrás, que esos no pasan por alto nada.

Pero no sólo de Baby Einstein vive Leo. Desde que descubrí Clan TV y Disney Channel puedo tragarme casi cualquier cosa. Veo Dora la Exploradora, Bob Esponja, MaXcotas, Manny Manitas, Harry y su cubo de dinosaurios, Caillou, La Casa de Mickey Mouse… Pero si hay unos dibujos que me gustan por encima de todos son Pocoyó y Bunnytown.

Lo mejor de Pocoyó es la musiquilla del principio. Cuando la escucho siempre digo “Eiiiiiii” (traducido, Elyyyyyy”). Es que Pocoyó aún no me sale y además creo que algunos se ofenderían si aprendiera a llamar antes al niño de azul que a ellos. Después de la música me disperso un poco, pero vamos, que me gusta.

Bunnytown, una ciudad llena de conejitos de colores, es genial. Está gobernada por el Rey Conejito, que tiene un ayudante real y un bufón. Luego está el conejito inventor, que se pasa el día con su máquina de burbujas y chispas intentando crear extraños artilugios. Hay un coro y una escuela, en la que Louise siempre sorprende con sus presentaciones a todos sus compañeros, entre los que está Melvin, el de la mantita Winchi. Hay un conejito inspector con acento francés, piratas buenos, conejitos cavernícolas, granjeros… Y mis favoritos, superconejito y el conejito espacial. Superconejito siempre acude al rescate de los habitantes de Bunnytown cuando el conejito malo malísimo les roba sus zanahorias. Como ya me sé los episodios, antes de que aparezca ya estoy levantando mis manos y apuntando con mi dedo índice hacia el cielo avisando de que a continuación llega volando el héroe conejil. Y cuando sale el conejito espacial, lo mismo, porque también está en el cielo. Son unos conejitos muy marchosos que se pasan el día cantando. Mis papás luego intentan imitarlos, pero desafinan a más no poder. Ahora que lo pienso, quizás tanto frente atlántico sea por su culpa…

Tele

Y aunque yo no veo muchos anuncios, algo he podido ver por ahí de cierto día que es hoy de corazones, cenas con velitas, bombones y rosas rojas. Hoy es San Valentín y yo me pregunto ¿hay algo de malo en que, más allá del negocio, lo celebremos también los niños? No, ¿verdad? Pues eso, ¡¡¡ Feliz Día del Amor y la Amistad !!!

Love

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