Vinieron los Reyes Magos, sí. Y como no podía ser de otra forma tratándose de dos angelitos como nosotros lo hicieron… ¡cargaditos de juguetes!

Habla Leo:
Todos los días deberían ser como el 6 de enero. Te acuestas la noche anterior hartico de coger caramelos en la cabalgata, con el estómago bien lleno después de unos buenos churros con chocolate y con la emoción de saber que a la mañana siguiente te encontrarás con un montón de regalos cortesía de los magos más enrollados de todo el mundo mundial, ¿verdad que es genial? Y lo mejor es que no hace falta expresar con palabras lo que se siente al abrir la puerta de tu salón y ver el tinglado que han montado en sólo unas cuantas horas (¿cómo lo harán en todas las casas del mundo? Ah sí, se me olvidaba que son magos…). Porque con sólo ver nuestra cara ya se adivina lo felices que nos hacen Sus Majestades de Oriente.

Este año he debido de ser un bendito, porque no sólo me han dejado lo que les pedí en mi carta sino también un montón de juguetes más. Por lo visto tengo la suerte de que allá en Algeciras mis titos también escriben una carta por mí a los Reyes dejando recado de que el pedido lo entreguen en mi casa, sin pagar portes adicionales ni nada, si es que son más majetes… Allí estaban el barco pirata del Capitán Garfio (que no de Peter Pan), los auténticos Buzz Lightyear y Woody, un juego de plastilina con todo el abecedario para modelar, una pizarra como la de mi seño Rocío con unas tizas y rotuladores que además decoran pijamas… ¡y hasta un jersey! Menos mal que acertaron con la talla…

Pero no sólo dejaron juguetes, no, también tuvieron el detallazo de obsequiarme con montón de bolsas de chuches, ¡cómo saben lo que me gusta!

Y lo mejor de todo es que este año casi todos los regalos eran del modo “abrir y usar”, que no veáis el rollo que es tener que esperar a que tu papá te los monte para empezar a disfrutarlos. Sólo tuvo que esmerarse con el barco pirata. Y es que lo de mi papá son los buques, sí, pero gobernarlos, no construirlos, que como él mismo dijo por poquitas tiene que llamar a los de la Bazán para que le echaran una manita. Menos mal que con un poco de paciencia y maña lo consiguió y por fin por la tarde pude jugar con él.

Y como cada año, en casa del abuelo nos esperaban más regalos.

A partir de ahora podré hacerle la competencia a mi tita Teresa con las tartas. La única diferencia será que las suyas parecerán de plastilina y las mías realmente lo serán. Y como este año el tema estrella son las letras, no podía faltar un libro precioso para seguir afianzando mis conocimientos del alfabeto. Y para pasar un buen rato… ¡dos puzzles gigantes!

En fin, como veis otra vez he vuelto a triunfar, ¡me encantan los Reyes!
Habla Luca:
Si algo he aprendido en estos casi ocho meses de vida es que muchas veces por más que se empeñen en explicarme cómo es algo hasta que no lo veo, pruebo o vivo yo mismo no consigo entender a que se están refiriendo exactamente. Me pasó por ejemplo con el mar, o con la comida sólida y he vuelto a experimentar la misma sensación con el tema de los Reyes Magos. Todos me habían dicho lo especiales que son y cómo consiguen hacernos felices a los niños dejándonos un montón de regalos, pero hasta que no me levanté mi primera mañana del 6 de enero y vi nuestro pequeño salón lleno de regalos y globos no comprendí lo increible que era aquello.

Yo ya había visto los juguetes, claro que sí, de hecho las visitas al Carrefour son una constante en nuetra vida. Pero cuando los encontré ahí colocaditos para mí para siempre, uf, ¡qué emoción! Había un cochecito para pasearme, un juguetito musical de animalitos para (ver si aguanto un poco más en) el parque, un abriguito, una alfombra musical, una lamparita que gira, gira y gira sin parar…¡un montón de cosas!

Además, aunque Leo de momento dice que soy demasiado pequeño para jugar con sus juguetes, yo ya le eché el ojo al barco pirata tan chulo que a él le trajeron, porque no todo va a ser heredar ropa de él, ¿verdad?

Lo que más me gustó fue sin duda mi cochecito para pasear y eso a pesar de yo soy más bien bracero, que eso de llevar mis posaderas en un asiento no es lo mío. Pero este vehículo es diferente, tengo libertad de movimiento, en él voy de cara al mundo y lo mejor de todo, me permitirá hacer carreras con Leo en el parque. Él en su moto, patinete, triciclo o lo que sea que lleve ese día y yo en mi vehículo papapropulsado.

Pero la cosa no quedó sólo ahí no, que después de dejar nuestro salón como la sala de pruebas de una fábrica de juguetes, fuimos a casa del abuelo a por más regalos. Sí, sí, ¡más regalos! Aún no me creo lo afortunado que soy. Allí me encontré un chupete de lo más propio para mí (uno que pone “Hola mamá”) con su portachupetes, un cochecito de madera, una mantita rana y lo que yo creía que era un caballito de madera, mi mamá un reno y al final resultó ser un alce, en el que por cierto, pueden montarse niños de todas las edades, ¿eh Leo?, ¿eh primos?

No sé si el día de Reyes será así de genial todos los años, pero vamos, yo por si acaso creo que voy a descartar lo de hacerme republicano y abiertamente voy a apoyar la monarquía, ¡y que vivan los Reyes Magos de Oriente!
