Leo y Luca en nunca jamás

La vida de Leo

¡Feliz Navidad!

24 de diciembre de 2011 en La vida de Leo, La vida de Luca

Las notas del cole: UPDATE

21 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

A estas alturas de mi vida académica lo de las notas al finalizar un trimestre no es nada nuevo para mí. Si ya en la guarde nos daban puntualmente nuestro “Boletín Informativo” con todos los progresos que íbamos haciendo, además de las cosas en las que aún teníamos esforzarnos para conseguir, en el cole de mayores el tema no iba a ser diferente, ¡ni mucho menos! Así que aquí estoy, a punto de empezar las vacaciones de Navidad y… ¡con mis primeras notas del cole recién sacadas del horno!

Los mayores siempre me dicen que con mi edad esto de ir a la escuela está chupado, que nos pasamos el día jugando, pintando, haciendo plastilina, manualidades varias y cantando canciones. Pues qué queréis, ¿que me ponga a hacer integrales y derivadas? ¿Análisis sintáctico? ¿Que me aprenda la tabla periódica? Vamos, lo que faltaba, con tres añitos que tengo. Lo que pasa es que esa es nuestra forma de aprender, a base de divertirnos. ¿O acaso no es así mucho mejor? A mí desde luego este sistema me funciona, y a las pruebas me remito, que entré allá por el mes de septiembre sin saber una sóla letra y llego a Navidad conociéndo el alfabeto enterito. ¡Enterito! Y no sólo eso, que también reconozco todos los nombres de mis compañeros de clase y escribo el mío propio. Sí, sin duda el descubrimiento de las letras ha sido lo mejor de este trimestre. Aunque no todo. Además he aprendido un montón de canciones (also in english) y poesías, a observar el tiempo, que Pablo Picasso pintó “El niño del pichón” (Niño con paloma), que hay un montón de animales en peligro de extinción (Oso pardo, tortuga del mediterráneo, foca monje, mariposa isabelina, lince ibérico y águila imperial. ¡Todas las reconozco y me las sé!) e incluso algo tan práctico como ponerme el abrigo yo solito con una técnica muy particular que nuestra seño nos ha enseñado y que incluye el lanzamiento de la prenda con un gracioso estilo al suelo para luego meter los brazos y a la de una, a la de dos y a la de tres levantarlos y colocárselo. Quizás debería poner un vídeo de todo ello…

Pero en las notas no sólo se evalúa el que aprendas más o menos, sino que además se tienen en cuenta un montón de aspectos no tan… ¿académicos? Por ejemplo, el que participe en las fiestas que se hagan, que recoja cuando llegue la hora de recoger, que me integre con los compañeros, que muestre interés por lo que se haga en clase… En general también he salido airoso en estos apartados, aunque en lo del tema de “conocer y respetar las normas” aún tengo que mejorar. Aunque yo creo que el ítem está mal planteado. Deberían haber separado los conceptos y poner por un lado “Conoce las normas” y por otro “Respeta las normas”. Con total seguridad lo primero hubiera estado conseguido, aunque lo segundo muy probablemente no. Porque yo las normas las conozco, sé que no hay que levantarse de la silla mientras se trabaja o estamos en la Asamblea, que no hay que pegarle a los compañeros (yo añadiría, salvo en defensa propia), que no se corre por el pasillo… Sí, si yo todo eso lo sé, pero es que… es que a veces se me olvida. Aunque ya cada vez menos. Os explico por qué. El caso es que nuestra seño suele dar pegatinas de formas al terminar la mañana a los niños que han hecho bien sus tareas y no han cometido ninguna atrocidad. No lo hace todos los días, pero el día que las saca y veo que no me pone una… uf, el disgusto que pillo me dura hasta que me acuesto esa noche. Salgo del cole todo triste y compungido, haciendo pucheros y diciéndole a mamá que no me han puesto pegatina porque tal y cual. Entonces mamá (y antes mi seño) me explica que es que tal y cual no se puede hacer por esto y por lo otro y que si el próximo día no lo hago y me porto bien entonces recibiré mi forma geométrica de colores (que, como casi siempre, me colocaré en la frente). Sé que el objetivo es aprender lo que no se debe hacer y por qué esta mal hacerlo, pero, sinceramente, a mí lo que realmente me importa es la pegatina, así que aunque sólo sea por ella soy capaz de portarme como un santo.

En fin, que se puede decir que este trimestre me he empapado de conocimientos, cosa que no sólo me satisface enormemente sino que además me hace crecer a una velocidad de vértigo. Y lo mejor de todo es que me lo he pasado fenomenal haciéndolo. Me encanta ir al cole, aprender divirtiéndome y divertirme aprendiendo. Probablemente cuando llegue a eso de las integrales y la sintaxis verbal todo será mucho más aburrido, así que, como de momento es lo que me toca… ¡seguiré disfrutando de la escuela el próximo trimestre!

UPDATE:

Uf, menos mal que dieron las notas ayer y que el incidente de hoy con mi amigo Carlos no se ha podido tener en cuenta en la evaluación. Espero que para Semana Santa a mi seño ya se le haya olvidado lo de la inundación del cuarto de baño…

Do it yourself

15 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

Vivimos en un mundo de tendencias. El cine, la música, el diseño, los trapitos y ropajes varios… todo se mueve por lo que se lleva y lo que no. Si hasta la economía ha tenido su boom del año con la prima esa que es como la pesada de la famila, sí, esa que nadie quiere recibir de visita en su casa porque de escucharla al final te entran ganas de pegarte un tiro. La misma. Y yo, como persona sociable que vivo en una sociedad, al fnal siempre acabo influido por lo que está a la última.

Por ejemplo, sé que desde hace un tiempo está de moda una cosa que se llama Do It Yourself, lo que viene siendo el Hazlo Tú Mismo de toda la vida vamos, el recorta pega, el cose por aquí y pespuntea pos allá, el pinta y decora…Pues yo que me apunto a lo que sea he decidido practicar esta filosofía tan económica y gratificante. No tenéis más que darme un papel, unos cuantos colores (preferiblemente rotuladores que hay que apretar menos. Sí, qué pasa, creativo pero vaguete) y enseguida tendréis un precioso lienzo al que no hay más que ponerle un marquito para que luzca original y único decorando tu habitación.

O ahora que estamos en Navidad, nada como un aro de lo que encuentres por tu casa (o la de tu abuelo) y unas lanas del año de la polca para fabricar tu propio adorno para colgar en el árbol del cole. Sí, ¡lo hice (casi) yo solito!

También sé que se lleva lo del reciclaje y la reutilización, que aunque no lo parezca son dos cosas diferentes. Me ha dicho mi mamá que esto es muy importante porque aunque por lo visto hay cosas que son inagotables, como las pelusas de nuestro salón o los mocos, hay otras que no se regeneran tan fácilmente y algunas que incluso cuando acabemos con ellas… cero, desaparecerán para siempre. Y en nuestro cole, que también estamos concienciados con el tema, a veces le damos a los objetos otros usos diferentes a los originales. Somos un poco como Dios, regalándoles una nueva vida. Es así como una nuez, después de alimentarnos con su fruto, se puede convertir en una encantadora tortuguita o en un delicado barquito.

¿Y qué me decís de la comida? La satisfación que da entrar en la cocina con unos cuantos ingredientes y salir de ella un par de horas y un fregadero lleno de cacharros sucios después con un delicioso plato con el que disfrutar junto a un buen trozo de pan y un vaso de agua fresquita. Sí, aún con estos fríos que padecemos me gusta el agua como si la trajeran del polo. Aunque bueno, como no sólo de platos de cuchara vive Leo, también puedo meterme entre fogones para elaborar ricas galletitas. Vale, las galletas ya me las dieron hechas, pero que conste que yo también sé hacerlas. Lo que no sabía era decorarlas como hace tan requetebien mi tita mamimanitas. Porque, hay que reconocerlo, una galleta, incluso para los que somos más de salaíllo, siempre es una delicia, pero una galleta decorada es además una obra de arte comestible. Bueno, las suyas más que las mías… ¡de momento!

Así que ya sabéis, hay que apuntarse a la moda de hacer las cosas uno mismo. Es más barato, entretiene en las interminables y oscuras tardes del invierno y encima proporciona resultados únicos además de una enorme satisfación. ¡Que viva el DIY!

En modo Navidad

09 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

Me parece increible que ya sea 9 de diciembre y yo todavía no haya hablado de Navidad. Que los de la lotería llevan vendiendo décimos desde que aún cantaban las chicharras y yo lucía cuerpazo en bañador, que los de los mantecados y turrones hace ya meses que agotaron las existencias de harina y almendras, ¡que los juguetes se salen por las puertas de las tiendas desde hace semanas! Y bueno, no será porque este año no hemos comenzado pronto… Pero es que, digo yo, ya que te pones a plantar árboles en el salón de casa y a llenarlos de figuritas varias al tiempo que haces una reconstrucción a escala más o menos exacta del Belén de hace más de dos mil años, lo suyo es que lo hagas con tiempo y así lo puedas disfrutar lo máximo posible, ¿no creeis?

Pues eso es lo que hemos hecho nosotros este año. Normalmente esperábamos a que llegara esta especie de puente-acueducto del mes de diciembre, que este año nos ha dejado sólo dos días de clase en toda la semana, para poner la casa en modo Navidad. Pero con la excusa de inaugurar un calendario de adviento que me ha hecho mi mamá, ella, que para qué vamos a negarlo, es la que decide estas cosas en casa, pensó que ya puestos dedicábamos una tarde del recién estrenado mes de diciembre a hacer de decoradores.

Con toda la paciencia del mundo… bueno, con toda la que te permite tener un niño de tres años que no para quieto y un bebé de seis meses y medio que ha venido a hacer santo al primero, mamá me explicó que el mes que acababa de comenzar era el de la Navidad, esa época del año en que se celebra el nacimiento del niño Jesús, te juntas con la familia, empieza un nuevo año y sí, ¡en la que vienen los Reyes Magos! Y que aunque los de la lotería, los mantecados y turrones y los de los juguetes se empeñen en adelantarla, no comienza oficialmente hasta el día 24. Y eso es lo que íbamos a contar con ese calendario, los días que faltaban a partir de ese momento para que llegara la Navidad (y ya de paso, repasar los números, que esta no pierde ocasión para afianzar mis conocimientos).

Por lo visto cada sobrecito contenía un regalito y debía esperar a que llegara el día correspondiente para abrirlo y descubrirlo. Sí, claro, dile tú a un niño que tiene un montón de sorpresas ante sí que no puede abrirlas todas de golpe, a ver qué hace. Pues lo normal, que en cuanto abre el uno pues quiere abrir el dos, y luego el tres, el cuatro… Pero no, abrí el uno, me comí el coche de chocolate que escondía y me tuve que esperar al día siguiente para seguir abriendo sobres.

Suerte que acepté lo de la espera, que si no ya veía al Rey dando el discurso el mismo día uno…

Lo del árbol ya más o menos sabía cómo iba, que ya el año pasado me titulé en lo de colgador de bolitas. El árbol sigue siendo el mismo, los adornos siguen siendo los mismos y hasta las luces con música incluida, también las mismas. Pero yo… yo sí que he cambiado. Ahora soy un niño decidido, independiente y con carácter así que lo que entonces hice con ayuda este año he exigido hacerlo yo solito. Porque sí, proque me basto y me sobro para dejar el abeto que ni el de la Puerta del Sol.

Después de acabar mi obra vino mamá. Siempre viene mamá. Me dijo que si es que en el árbol había no sé qué agujero negro que tendía a tragarse las bolas y por eso todas estaban concentradas en el mismo sitio, esperando a ser devoradas. Yo la miré con cara de “pero qué narices me estás contando, mamá, si está la mar de bonito”. Ella decía que uy sí, que qué maravilla de árbol, que qué precioso me había quedado, que era el campeón de las bolas… pero que mejor las poníamos así, asá, subíamos esta, bajábamos la otra… vamos, ¡que mejor lo hacíamos a su manera! De nuevo la ortodoxia y la simetría se impuseron a la creativividad, pero te lo advierto mamá, que esto no quedará así. Algún día tendré mi propio arbolito y lo dejaré como a mí me dé la gana, ¿entendido? Pues eso,

¡Feliz pre-navidad!

La casita del campo

30 de noviembre de 2011 en La vida de Leo, La vida de Luca

Este fin de semana hemos estado de turismo rural. Eso para alguien que viva en una gran cuidad rodeado de asfalto, luces, ruido y contaminación debe ser lo más. Desconectar del estrés de atascos y aglomeraciones varias y perderse en alguna casita en medio del campo seguro que les ayuda a relajarse y a respirar aire puro. Pero si ya de por sí vives entre olivos y a un tiro de piedra de cualquier terruño, lo de la casita no parece que sea un plan demasiado novedoso… ¡a menos que vayas con un montón de amigos!

Es lo que hemos hecho nosotros. Porque sí, porque hay vida más allá de las salidas al Carrefour, a veces nuestros papás se apiadan de estos dos pequeñajos que necesitan cambiar de aires de vez en cuando para, a su manera, buscar también un poco de paz y tranquilidad.

La verdad es que no tuvimos que irnos muy lejos, que para eso tenemos a un paso el Parque Natural más grande de toda España. Lo que se suele buscar cuando se hacen este tipo de excursiones es contacto directo con la naturaleza, pero en nuestro caso esta necesidad está más que cubierta. Por eso lo que realmente fuimos buscando nosotros era pasar unos días con nuestros amigos, que con esto de que ahora pasamos más tiempo encerrados que en la calle ya casi no nos vemos. Y no, eso no es bueno. Así que allá que nos fuimos cargados de, de… ¡de todo! Madre del amor hermoso, ¡si parecía que nos mudábamos! El salón de la casita nada más llegar parecía la sección de puericultura y equipajes de El Corte Inglés. Maletas por aquí, parques cuna por allá, bolsas llenas de juguetes varios, biberones, silletas… Pero es que claro, éramos cinco niños en total de seis meses a tres años, ocho adultos y una perra que no era precisamente una chihuaha. Bueno, y eso sin contar que los mayores llevaban víveres como para sobrevivir todo el invierno. Vamos, que si ese día hubiera caído un nevisco y nos deja allí incomunicados una semana seguro que no pasamos hambre. Ni sed, claro está, que todo el colesterol que llevaron había que mojarlo con algo…

Lo primero que hicimos nada más aterrizar fue encender la chimenea, que para eso se va a una casa en el campo, para vivir en plan rústico. Lo último que hicimos antes de irnos el domingo fue apagarla. Entre estos dos momentos no le faltó llama, ni de día ni de noche. Y es que claro, siempre necesitábamos de unas buenas ascuas para cocinar algún derivado cerdícola, asar unas castañas o dorarnos unas rebanaditas de pan para hacer unas ricas tostadas con aceite. Sí, amigos, ese es el segundo objetivo de una escapada rural, comer, comer y comer sea la hora del día que sea. Aunque como no sólo de carnaza vive el hombre, también pudimos probar una deliciosa paellita digna del mejor restaurante de la costa levantina.

Jugamos en el jardín de la casa, en el salón de la casa, en los dormitorios de la casa… sí, puede decirse que jugamos un montón.

Vimos dibujitos todos juntos, cantamos, dibujamos y disfrutamos un montón los unos de los otros.

Y bueno sí, ya que estábamos admiramos el paisaje y aunque algunos tuvieran más que visto el lugar, también salimos a pasear por el pueblo.

Y a pesar de que más de uno pensara que aquello de juntar a tanto chiquillo acabaría con los nervios del personal, podemos decir que al final ha sido un fin de semana fenomenal. Buen tiempo, buena compañía y ningún niño malito, ¿para cuando la próxima chicos?

Un beso a nuestros amigos Juan Antonio, Lidia y Carla :)

El otoño

27 de noviembre de 2011 en La vida de Leo

Porque no sólo de letras vive el niño, en clase también estamos estudiando estos días el otoño. ¿Y por qué el otoño? Pues es evidente. No hay más que mirar por la ventana para entenderlo: hojas amarillas que caen de los árboles, viento frío que sopla, charcos en la calle, gente con abrigo… Sí, estamos en la estación de las castañas, así que el tema nos venía como anillo al dedo para comenzar con los proyectos del cole.

Desde hace unas semanas parte de nuestro horario lo dedicamos a realizar tareas relacionadas con el otoño. A la hora de colorear pintamos hojas, árboles, frutos, prendas y objetos propios de esta estación, cantamos canciones, aprendemos poesías… Pero eso no es todo, que en casa también tuvimos que hacer deberes y todo. Nuestra seño les pidió a los papis que nos ayudaran a recopilar información sobre el tema, así que en casa, que somos muy aplicados, nos pusimos manos a la obra. La parte que más me gustó fue la de recoger hojas secas. Encontré algunas realmente enormes, tanto que no me cabían en la bolsa donde las guardaba y tuve que llevalas en la mano. Luego hice de reportero gráfico y con una cámara de verdad (¡de verdad!) saqué unas cuantas fotos representativas: un charco, un cielo gris, un árbol pelado… Y para terminar mi mamá y yo descuartizamos una revista e hicimos un collage con con los colores del otoño: amarillo, naranja, rojo y marrón. Bueno, siendo sincero he de decir que la que recortó fue mi mamá, pero eso es porque a mí no me dejan usar aún las tijeras. Yo me centré en la parte del pegamento, aunque cuando empecé a mezclar colores y a pegar aquí y allá mi mamá decidió que mejor lo terminaba ella. Muy mal mamá, porque se trataba de hacerlo juntos, no de que quedara bonito. Así que la próxima vez ya lo sabes, déjame a mi aire y no limites mi enorme creatividad: Bueno, vale, yo prometo no irme a ver Clan a mitad del trabajo…

Con todo lo que cada niño llevó a clase nuestra seño hizo un precioso mural y hasta un centro decorativo que ya lo quisiera la Preysler en una de sus fiestas de los bombones. Y para que los papás vean las cositas que vamos haciendo, de vez en cuando coloca nuestras creaciones en un tablón en el pasillo.

Me está gustando un montón este proyecto. En casa ando todo el día canturreando la canción del otoño y desde que mi mamá descubrió que además me sé una poesía, no para de pedirme que se la repita una y otra vez.

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Podéis añadir declamador profesional a mi curriculum ;)

En ocasiones veo letras. . .

21 de noviembre de 2011 en La vida de Leo

Es posible que alguien piense que quizás me esté volviendo un tanto repetitivo-cansino-pesado con los temas de mis post últimamente. Aunque mejor habría que decir con el monotema: las letras. Pero es que ellas son mi gran-enorme-gigantesco descubrimiento de los últimos meses y, claro, normal que quiera estar todo el día dándole vueltas al asunto. Soy como Newton después de descubrir la gravedad, como Galileo tras afirmar lo de que la Tierra era redonda o como Einstein y su E igual a M por C al cuadrado (¡letras!). O si no a ver de qué estuvieron ellos hablando todo el santísimo día desde que lanzaron a la comunidad científica sus hallazgos. Pues el uno de lo que nos mantiene con los pies en el suelo, el otro de por aquí también puedo llegar a las Indias y el último de lo del tiempo y el espacio. Y lo famosos que se hicieron y lo que contribuyeron al mundo de la física. Pues yo lo mismo, sólo que en mi caso hablo de letras.

Y es que aunque pretendiera evitarlas me es más que imposible porque allá donde mire es lo único que veo. He visto una V en la luna delantera del coche de mi papá un día que yendo al cole tempranito dos gotas de agua que caían fueron a converger dejando tras de sí un caminito que asemejaba esa letra. He visto una L en uno de los gusanitos que me comía una tarde después de merendar. Y cuando le di la vuelta al gusanito, sorpresa, allí estaba la J. He visto la C en la galleta de chocolate que le quité a mamá después de pegarle un buen bocado y la O en una baba de mi hermano Luca sobre la sábana. He visto, he visto… ¡he visto todas las letras!

Pero lo mejor de todo esto es que ahora no sólo las veo sino que además algunas hasta las escribo. Empecé con la A, siempre se empieza con la A… y bueno, superado con nota lo de la montañita y el palito ahora en clase estamos con la E (un palito para abajo, una patita allí, otra patita allí y otra patita allí). Aunque como yo soy un tío muy espabilado no dejo que la cosa se quede ahí, no. Porque aprovechando que mis papás me pusieron un nombre tan corto (y tan bonito), y que dos de las tres letras que lo forman ya las sé escribir, que con eso de que la O es un circulito y las formas ya las traía estudiadas de la guarde… ¡he aprendido a escribir mi nombre! Ay, mi primera palabra escrita con sentido, ¡qué ilusión! Sólo quedaba añadir la L, y mi seño que es muy enrollada me ha enseñado a hacerlo (un palito para abajo, y un asiento). Así que juntando una y otra he conseguido ser de los primeros en poder firmar con su nombre de pila todas sus obras de arte (lo siento por Juan Manuel o Francisco José, pero son las ventajas del short name). ¡Y ya soy un experto!

El resultado de tanto escribir está más que claro, ¡Leo, Leo y Leo por todas partes!

Y como con esto de estar en el siglo XXI la práctica digital de la escritura también es importante últimamente también escribo en el ordenador, aunque eso sí, estoy deseando ver a mi tita Teresa para que me deje su súper teléfono con su recién instalada aplicación de ABCkit (gracias mamá de Laia y Àlex ;) ) para hacerlo con mi propio dedito, ¡debe molar un montón!

Vehículos XXL

16 de noviembre de 2011 en La vida de Leo

Los que vivimos en un sitio pequeño como yo estamos rodeados de cosas idem. Pequeñas, quiero decir. Nuestros parques, nuestras tiendas, nuestras calles… Incluso nuestros colegios, sí, aquí todo es de reducidas dimensiones. Olvidaos encontrar centros comerciales con pistas de esquí incluidas, edificios de más de tres plantas o inmensas avenidas llenas de semáforos. Esto, entre otras cosas, supone que nuestras posibilidades de ocio sean bastante limitadas, aunque yo, como chico optimista que soy, prefiero quedarme con lo bueno de vivir en el campo: aire puro, espacios abiertos y mucha tranquilidad. Sólo hay unas cuantas excepciones a esta regla de lo diminuto, que por aquí hay unas cuantas cosas que sí que son grandes de verdad. Una es la gente, y como ejemplo, un servidor. Otra es los olivos, esos viejos árboles centenarios que ahí todo enfiladitos conforman nuestro paisaje. Y la otra, los vehículos.

Se acerca el mes de diciembre, que es cuando comienza la recogida de la aceituna. Es una época un tanto extraña porque mientras en otros sitios más grandes las calles se llenan de luces y adornos de Navidad en la mía lo único que puedes encontrar son tractores: azules, verdes (mis favoritos, ¡los John Deere!), amarillos, rojos… los hay de todos los colores. Algunos llevan remolque, otros algún apero, pero eso sí, todos incluyen una luz como la de los coches de policía, sólo que esta no hace ni no, ni no, ni, noooooo. Aunque no importa, porque cuando se hace de noche, cosa que ahora ocurre demasiado pronto para mi gusto, y los ves a todos desfilar con su luz es muy chulo. Aún no conozco ningún niño al que no le gusten los tractores así que en ese sentido puedo considerarme más afortunado que alguno que viva en una gran cuidad, porque allí, la verdad, pocos de estos podrán ver.

Y hablando de vehículos grandes… bueno, vale, ya sé que estos no son endémicos de los sitios chicos como mi pueblo, pero, ¿verdad que también molan los autobuses? A mí es que me chiflan desde que era bien pequeñito. De hecho una de las primeras palabras que aprendí a decir fue “bus“, cosa bastante lógica si tenemos en cuenta que me he criado prácticamente en la calle y justo al lado de casa está la parada. He visto cientos de ellos y, aunque suene exagerado decirlo, me emociono con el último como si fuera el primero. Al principio sólo los señalaba y gritaba, pero cuando me dí cuenta de que pueden ser interactivos empecé a saludarlos con el mismo ímpetu que demuestro en todo lo que hago y claro, ¿quién puede resistirse a un niño sonriente de tres años agitando la mano desde la acera? Pues es evidente, nadie. Así que los señores autobuseros, muchos de los cuales ya son amigos míos, empezaron a tocar el claxon cada vez que pasaban por mi lado. Sí, el sonido asusta un poco, pero al final acabas acostumbrándote. Ahora no importa que sea el de las 8:50 de la mañana (cuando me voy al cole), el de las 14:30 o el de las 18:15 que viene de Granada (podéis preguntarme horarios y destinos, me los sé toditos), que autobús que pase y salude, autobús que me pita. Y yo… ¡entusiasmado!

San Leo

10 de noviembre de 2011 en La vida de Leo

No, de momeno no estoy en los altares, aunque méritos para ello tengo unos cuantos. Por ejemplo, soy un buen estudiante que ya se sabe casi todas las letras del abecedario (las últimas en identificar, la G y la H), gracioso como yo sólo, simpático, alegre, cariñoso y el mejor hermano mayor del mundo mundial, que ese pequeñajo que ahora anda un poco bronquítico me tiene robado el corazón. Sin embargo, y siempre según el dudoso criterio de mis papás, por lo visto a veces soy un poco desobediente, lo cual me resta algunos puntos en esto de la carrera celestial. Pero a ver, quién me dice mí que San Anacleto o San Judas Tadeo nunca tuvieron tres años e hicieron las travesuras propias de su edad, ¿eh? Más aún, seguro que hasta el mismísimo Jesucristo se hubiera columpiado de la puerta de la lavadora si por aquél entonces hubiera habido lavadoras. O quién sabe si no hubiera pintado en los muebles de su cuarto con sus rotuladores de Pocoyó si la tienda de las letras amarillas hubiera abierto sede en Nazaret y los Reyes Magos en lugar de traerle esas cosas tan raras que le llevaron le hubieran dejado las pinturas del niño de azul como a mí.

En fin, que me enrollo y no digo lo realmente importante, aunque como sois muy listos seguro que ya lo habéis adivinado. Efectivamente…

¡HOY ES MI SANTO!

Y este año que ya soy mucho más consciente de lo que eso significa pienso pasármelo bomba. Porque habrá regalos y el famoso bizcocho de papá para merendar, muchos besos y felicitaciones y hasta un detallito súper chulo para mis compañeros de cole cortesía de la mejor repostera aficionada del mundo mundial, mi tita Teresa.

Así que hoy toca fiesta, que para eso es mi día especial. ¡A divertirse!

No dejéis de pasar por el blog de mamimanitas para ver mis fabulosas galletas. Otra vez, y ya van unas cuantas… ¡GRACIAS TITA!

 

Con P de progresando: UPDATE

04 de noviembre de 2011 en La vida de Leo

Hace apenas unas semanas escribí este post con vídeo incluido sobre cómo en clase estábamos empezando a estudiar las vocales. Entonces mi mamá utilizó un método un poco rudimentario para practicar en casa lo que allí habíamos aprendido. Por aquél entonces reconocía todas las vocales, aunque a la “E” me empeñara en llamarla por su mote, el peine roto. Además cuando veía escrito mi nombre sabía lo que ahí ponía, suerte lo de tenerlo cortito.

Pues bien, desde entonces he progresado un montón en esto del adecedario y además de las cinco amiguitas, ya sé un montón de consonantes. Casi todas las que he aprendido son las iniciales de los nombres de los compañeros de clase, que eso lo estamos trabajando mucho con unas láminas que nuestra súper seño Rocío (con erre) nos ha preparado. También ayuda que nos identifique cada una de las letras con un objeto, sí, como el peine roto. Así tenemos por ejemplo la lunita C, la serpiente S o el martillito T. Jo, ¡nunca pensé que aprender fuese tan divertido!

Ahora mi principal entretenta consiste en ir identificando letras. No importa que estemos en casa y las vea escritas en algún libro, en un folleto o en la tele. Tampoco que vayamos por la calle y estén un cartel publicitario o impresas en algún camión. Y siempre que veo la luna, aunque esté llena o en creciente la señalo y grito: “¡Mira, la lunita C de Carlos!”. Ay, si es que soy un monstruo…

Perdonad por la escasa calidad técnica de este vídeo, pero mamá lo grabó sosteniendo en la misma mano la cámara y a un bebé hiposo y un poco cabreado mientras con la otra me suministraba el material didáctico. Igual necesitamos un trípode. Para la cámara digo, no para el bebé ;)

UPDATE:

Qué cabeza la mía. Se me ha olvidado decir que también estoy aprendiendo a escribir las letras. Y como siempre… ¡empezamos por la A!

Subimos una montañita… y bajamos… ¡y una rallita en medio!

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