Aunque este ya sea el cuarto año que os escribo y probablemente me conocéis, sé que no está de más recordaos que soy Leo, el de La Torre. Sí, el mismo que el año pasado se convirtió en hermano mayor. Pero no en uno cualquiera, no, sino en el mejor del mundo mundial. Quiero un montón al pequeñajo de Luca (así es como se llama) lo entretengo, le hago reír, le pongo su chupe, ayudo cuando hay que descontaminarlo… Os digo todo esto para que no se os olvide la cantidad de cosas buenas que hago, que la experiencia me dice que la probabilidad de que me dejéis todo lo que os he pedido es directamente proporcional a lo bien que me haya portado. Por eso también os informo que he sido un buen estudiante, me he adaptado fenomenal al cole de mayores y allí estoy aprendiendo un montón. Y en casa, pues más de lo mismo, ayudo a poner y recoger la mesa, mis juguetes, me visto solito de forma más o menos aceptable… En fin, que si buscáis en el diccionario mágico la definición de “niño bueno” seguramente encontréis una foto mía.
Puede que si consultáis cómo ha sido mi comportamiento a otras personas os digan que a veces soy un poco borriquillo, que grito un montón cuando me enfado, que hago oídos sordos a ciertas órdenes, que soy como el aceite, que siempre tengo que quedarme encima y a lo mejor que hasta tengo la mano un pelín larga. Pero vamos, vosotros ni caso, eso son mitos sin fundamento sobre mi persona, leyendas urbanas que no se corresponden con la realidad. Así que espero que no las tengáis en cuenta y en vuestra infinita generosidad, me traigáis todo lo que os he pedido y lo que consideréis sea oportuno para mí, pues también. Os dejo con mi carta, ¿os habéis fijado que casi no me he salido al pintarla? Es porque puse mucho esmero en hacerla bien para vosotros, ya sabéis, ¿eh?
Vuestro viejo amigo,
Leo
P.D. lo de los chupes lo dejamos para otro año, ¿vale? Venga, vale.
Habla Luca:
Queridos Reyes Magos:
Me llamo Luca y tengo siete meses y medio. Esta es la primera vez que os escribo, porque claro, como es mi primera Navidad… Aún ando un poco impresionado con todo este tema: las luces, los adornos, las reuniones familiares, las cenas copiosas, trasnochar… Todo es nuevo para mí. Pero sin duda hay algo que me tiene realmente desconcertado y, bueno, perdonad que sea tan sincero y directo, pero sois vosotros. Es que según me han explicado sois unos magos que traeis juguetes a los niños la noche del 6 de enero. Lo primero que pensé cuando me enteré es, con todos mis respetos, que igual no escogísteis la mejor época del año para el reparto, que menudo frío debéis pasar en plena madrugada por mucho que estéis atareados entrando y saliendo de las casas. Tal vez hubiera sido mejor hacerlo en primavera, por ejemplo, cuando las noches son ménos fresquitas. Pero entonces mi mamá me explicó no sé qué de un niño que nació en diciembre y al que vosotros fuisteis a conocer y que además la primavera ya está pillada con una semana un poco santa o algo así. La verdad es que no la entendí muy bien, pero bueno, cuando te dicen que hay por ahí unos tipos que te dejan juguetes por todo el morro no hacen falta más explicaciones. Lo único, saber que todo esto se cumplirá siempre y cuando sea un niño bueno. Y vamos, a eso no me gana nadie, ¡si soy un bebé! ¿Qué maldad puede haber en mí? Pues está más que claro, ninguna. Porque el hecho de que me pase la vida en brazos y sea un poco llorón y cabreoso no cuenta, ¿verdad?
Mi hermano Leo, que en este tema ya es todo un experto, me ha ayudado a escribir mi carta. También mi mamá, que coloreó el arbolito por mí. El año que viene, que ya seré más mayorcito, prometo esforzarme en hacerla yo solito. Y como no, os aseguro que me portaré bien hasta que volváis de nuevo con otro cargamento de juguetes, ¡que me han dicho que nos vigiláis todo el tiempo!
Tened cuidado en vuestro viaje y abrigaos mucho, que luego vienen los resfriados y no me gustaría que acabárais hasta arriba de mocos vosotros también.
Vuestro nuevo amigo,
Luca
P.D. No hagáis caso de eso que dicen que yo ya tengo muchos juguetes de Leo, ¡nunca hay juguetes suficientes para un niño!
Acabamos de empezar un nuevo año, y aunque yo lo recibí durmiendo plácidamente en brazos de mamá, antes de caer sopa vi cómo los mayores se preparaban doce uvas por cabeza para comérselas cuando dieran las campanadas. Dicen que así se atrae la buena suerte para iniciar el año con buen pie. Y digo yo, ya puestos a empezar el 2012 a lo grande, ¿por qué hacerlo sólo con un pie? ¿Por qué no hacerlo a cuatro patas? Pensadlo, ¡así la fortuna se multiplicaría por cuatro! Para que luego digan que soy demasiado pequeño para tener ideas brillantes… Así que, pregonando mi propia filosofía, de esa manera es como he decidido dar la bienvenida al año nuevo.
Por lo visto ese es el primer paso para adentrarse en el liberador mundo del gateo. Que no sé yo por qué con la cantidad de animales cuadrúpedos que existen tuvieron que asociar esa forma de desplazamiento tan nuestra con los mini felinos… Puede que sea porque como la persona que nos corte las uñas se descuide lo más mínimo acabemos arañando como un minino, y no miro a nadie… En fin, el caso es que desde hace unos días vengo practicando lo de apoyar las rodillas en el suelo y levantar el culete, que oye, eso en mi caso tiene un mérito enorme, porque a la coordinación de movimientos que exige hay que sumar además la fuerza que se necesita para elevar esas carnes mías. De momento soy capaz de mantener esa postura por algún tiempo, no demasiado porque al final me cabreo de no poder avanzar y acabo pegando el barrigonazo en el suelo. Pero ahí, en plan serpiente, sí que puedo desplazarme a izquierda y derecha, hacia delante y hacia atrás, siempre claro está en busca de algún objetivo: un juguete, el borde de la cama, a mamá… La verdad es que eso es lo peor de esta fase previa a la independencia, que supone no estar en brazos y eso… eso no lo llevo demasiado bien. Por eso no sé hasta qué punto debo profundizar en lo de ponerme en plan gato, a ver si al final los mayores van a ver en ello la excusa perfecta para no llevarme todo el día como a un koala, ¡con lo que a mí me gusta eso!
2011 será un año inolvidable para nosotros, lleno de juegos al despertar cada mañana, de risas con papá y mamá, de nuevos descubrimientos, de enormes avances, de amigos de acá y de allá, de sueños hechos realidad… sí, ha sido un buen año y lo recordaremos toda la vida con muchísimo cariño.
Al 2012 le pedimos sobre todo salud, salud para nosotros y para todos los que queremos, que son muchos. Que no falten los buenos momentos, el trabajo, los besos, las fiestas y las aventuras. Que sea un año lleno de diversión y alegrías y que dentro de 365 días lo despidamos con el mismo buen sabor de boca con que decimos adiós a este 2011.
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
Objetivo de mamá para el nuevo año: Conseguir una foto decente de los dos hermanos juntos
Sé que muchos pensarán que a mis casi tres años y medio aún soy demasiado pequeño para tomar decisiones o saber qué es lo que quiero en cada momento. Pues dejadme que os diga que todo el que sea de esta opinión se equivoca de cabo a rabo. Suy un chico con carácter, eso creo que ha quedado ya demostrado en más de una ocasión. Me gusta que las cosas se hagan cuando y dónde yo quiera y que se hagan… a mi manera.
Poco me importa, por ejemplo, que mis papás me digan una y otra vez cómo han de lanzrse los bolos en la wii, nuestra entretenta familiar en las tardes (muy) aburridas del invierno. yo tengo mi técnica particular para hacerlo. Puede que no sea la más ortodoxa del mundo, pero es igual de válida, y lo que es más importante, de efectiva. Porque sí, amigos, con este orquestado hipermovimiento de brazo, aquí el que escribe ha sido capaz de hacer hasta seis plenos (cuatro seguidos) en una sóla partida.
Y aunque insistan en que para ponerme el abrigo no es necesario que antes barra el suelo con él, a mí me gusta hacerlo como me han enseñado en el cole. Y qué que se ensucie, para eso está la lavadora, ¿no?
Así que tomad nota, papás del mundo, que no porque seamos pequeños nos falta criterio propio. Por eso cuando insistamos en hacer algo a nuestra manera, dejadnos, que de esta forma ganamos confianza y mejoramos nuestra autoestima. Y qué porras, ¡porque nos gusta!
Lo sé, soy como el borriquillo del villancico. Mejor voy arreando… ¡que se me está haciendo tarde! Que ya ha pasado la lotería, la nochebuena, el día del gordito de rojo, nos encaminamos vertiginosamente a fin de año y yo aún no he hablado de la Navidad, ¡mi primera Navidad! No, no, eso no puede ser, que la primera vez de todo siempre es especial y por tanto hay que contarlo, a pesar de todo el rollo ese que dicen de que soy demasiado pequeño para darme cuenta de lo que pasa. Pero vamos, hasta donde yo sé la edad no es incompatible con tener ojos en la cara… Y es que estos días casi todo entra por la vista: las luces de las calles, los adornos en casa, los juguetes en las tiendas… Aunque no hay que descartar el resto de los sentidos. Por ejemplo, gracias a mi desarrollado oído estoy pudiendo escuchar cancioncillas típicas de esta época, como esa la del Burrito Sabanero que Leo canturrea de vez en cuando mientras hace cualquier cosa. Lástima que el del gusto aún lo tenga limitado, porque ya he visto cada cosa por ahí que la boquita bidentada se me ha hecho agua. Ese jamón, esas gambas… desde luego, estos mayores sí que saben organizar fiestas de cumpleaños. Porque lo de la nochebuena es un cumpleaños, ¿verdad? Sí hombre, de un niño me han dicho, uno que por lo visto es un suertudo porque ya han pasado más de dos mil años desde que nació y la gente aún se reúne para homenajearlo. Se nota que era chico porque de haber sido niña seguro que hubiera parado la cifra allá por los 30, je, je, je.
Pues bien, nosotros celebramos el cumple en casa de mi tita en Algeciras. Esta vez el viaje ha sido relámpago, apenas 48 horas pero muy bien aprovechadas. No sé por qué mis papás no me sacan más por ahí, porque la verdad es que esto de cambiar de aire me sienta fenomenal. Puede que lo que les asuste sea el viaje en sí, tantas horas con el culo pegado a una silla no es lo mío, pero vamos, nada que no pueda arreglarse con la entretenta que pueda proporcionar un DVD, un hermano gracioso, unos globos, un libro de plástico, un juguete de luces y sonidos, unas llaves, una botella de agua medio llena, un cable o… ¡unos gusanitos! Que mira que se han hecho esperar (más que con Leo), pero por fin el día de nochebuena en un punto indeterminado de la AP-45 probé mis primeros gusanitos. Bueno, yo, mi silla, mi camiseta, mis cejas, los lóbulos de mis orejas y hasta mis calcetines. Así que nadie se escandalice si digo que mi mamá me dio cinco de esos palos salados, que hay que quitarle todo lo que dejé por ahí pegado. Pero oye, ¡cómo los disfruté!
Y ya puestos a destacar las últimas novedades gastronómicas, ahí va otra: ¡ya he probado la papilla! Sí, por fin mi mamá se decidió a empezar con el cuchareo y desde el día 19 en que debuté me tomo cada noche un rico preparado de cereales sin gluten mezclados con su leche. Lo bueno de haber empezado tan tarde (dice ella) es que ya no tengo ese reflejo tan divertido (añado yo) de escupirlo todo, así que de momento salimos más o menos airosos del momento papilla, que todo hay que decirlo, está bastante buena.
Así que ahí voy, experimentando cada día nuevas cosas. Lo mismo me da que sean unas fiestas llenas de ilusión, un grupo alimenticio diferente o alguna nueva destreza. Y dicen que pronto descubriré también lo que son los Reyes Magos, unos tipos que al parecer traen un montón de juguetes a los niños. No veo el momento, ¡qué nervios!
A estas alturas de mi vida académica lo de las notas al finalizar un trimestre no es nada nuevo para mí. Si ya en la guarde nos daban puntualmente nuestro “Boletín Informativo” con todos los progresos que íbamos haciendo, además de las cosas en las que aún teníamos esforzarnos para conseguir, en el cole de mayores el tema no iba a ser diferente, ¡ni mucho menos! Así que aquí estoy, a punto de empezar las vacaciones de Navidad y… ¡con mis primeras notas del cole recién sacadas del horno!
Los mayores siempre me dicen que con mi edad esto de ir a la escuela está chupado, que nos pasamos el día jugando, pintando, haciendo plastilina, manualidades varias y cantando canciones. Pues qué queréis, ¿que me ponga a hacer integrales y derivadas? ¿Análisis sintáctico? ¿Que me aprenda la tabla periódica? Vamos, lo que faltaba, con tres añitos que tengo. Lo que pasa es que esa es nuestra forma de aprender, a base de divertirnos. ¿O acaso no es así mucho mejor? A mí desde luego este sistema me funciona, y a las pruebas me remito, que entré allá por el mes de septiembre sin saber una sóla letra y llego a Navidad conociéndo el alfabeto enterito. ¡Enterito! Y no sólo eso, que también reconozco todos los nombres de mis compañeros de clase y escribo el mío propio. Sí, sin duda el descubrimiento de las letras ha sido lo mejor de este trimestre. Aunque no todo. Además he aprendido un montón de canciones (also in english) y poesías, a observar el tiempo, que Pablo Picasso pintó “El niño del pichón” (Niño con paloma), que hay un montón de animales en peligro de extinción (Oso pardo, tortuga del mediterráneo, foca monje, mariposa isabelina, lince ibérico y águila imperial. ¡Todas las reconozco y me las sé!) e incluso algo tan práctico como ponerme el abrigo yo solito con una técnica muy particular que nuestra seño nos ha enseñado y que incluye el lanzamiento de la prenda con un gracioso estilo al suelo para luego meter los brazos y a la de una, a la de dos y a la de tres levantarlos y colocárselo. Quizás debería poner un vídeo de todo ello…
Pero en las notas no sólo se evalúa el que aprendas más o menos, sino que además se tienen en cuenta un montón de aspectos no tan… ¿académicos? Por ejemplo, el que participe en las fiestas que se hagan, que recoja cuando llegue la hora de recoger, que me integre con los compañeros, que muestre interés por lo que se haga en clase… En general también he salido airoso en estos apartados, aunque en lo del tema de “conocer y respetar las normas” aún tengo que mejorar. Aunque yo creo que el ítem está mal planteado. Deberían haber separado los conceptos y poner por un lado “Conoce las normas” y por otro “Respeta las normas”. Con total seguridad lo primero hubiera estado conseguido, aunque lo segundo muy probablemente no. Porque yo las normas las conozco, sé que no hay que levantarse de la silla mientras se trabaja o estamos en la Asamblea, que no hay que pegarle a los compañeros (yo añadiría, salvo en defensa propia), que no se corre por el pasillo… Sí, si yo todo eso lo sé, pero es que… es que a veces se me olvida. Aunque ya cada vez menos. Os explico por qué. El caso es que nuestra seño suele dar pegatinas de formas al terminar la mañana a los niños que han hecho bien sus tareas y no han cometido ninguna atrocidad. No lo hace todos los días, pero el día que las saca y veo que no me pone una… uf, el disgusto que pillo me dura hasta que me acuesto esa noche. Salgo del cole todo triste y compungido, haciendo pucheros y diciéndole a mamá que no me han puesto pegatina porque tal y cual. Entonces mamá (y antes mi seño) me explica que es que tal y cual no se puede hacer por esto y por lo otro y que si el próximo día no lo hago y me porto bien entonces recibiré mi forma geométrica de colores (que, como casi siempre, me colocaré en la frente). Sé que el objetivo es aprender lo que no se debe hacer y por qué esta mal hacerlo, pero, sinceramente, a mí lo que realmente me importa es la pegatina, así que aunque sólo sea por ella soy capaz de portarme como un santo.
En fin, que se puede decir que este trimestre me he empapado de conocimientos, cosa que no sólo me satisface enormemente sino que además me hace crecer a una velocidad de vértigo. Y lo mejor de todo es que me lo he pasado fenomenal haciéndolo. Me encanta ir al cole, aprender divirtiéndome y divertirme aprendiendo. Probablemente cuando llegue a eso de las integrales y la sintaxis verbal todo será mucho más aburrido, así que, como de momento es lo que me toca… ¡seguiré disfrutando de la escuela el próximo trimestre!
UPDATE:
Uf, menos mal que dieron las notas ayer y que el incidente de hoy con mi amigo Carlos no se ha podido tener en cuenta en la evaluación. Espero que para Semana Santa a mi seño ya se le haya olvidado lo de la inundación del cuarto de baño…
Cuando eres un bebé tu vida transcurre entre rutinas: las siestas, las salidas, las comidas… dicen que así la vida es más fácil para nosotros porque nos permite anticiparnos a todo aquello que va a suceder, dándonos seguridad y confianza. Y cuando tus días se suceden uno igual que el otro parece que el tiempo no pasa. Pero sí, como diría mi mamá, no sólo pasa, sino que además lo hace volando.
Hoy cumplo siete meses, el número mágico. Poco a poco me voy convirtiendo en un pequeño hombrecito al que hay que tener muy en cuenta en esta casa. Que yo ya lo vengo avisando con mi carácter desde hace tiempo, así que ahora que no se sorprenda nadie. Nunca he sido el típico bebé tranquilo que apenas da un ruido, de hecho soy diametralmente lo opuesto a este tipo de churumbel. A mí me gusta llamar la atención y que todos estén pendientes de mí y lo mismo me da hacerlo a base de sonrisas que de llantos. O de gritos. Sí, esa es una de las cosas que he aprendido este mes, a chillar. Me gusta cómo me oigo y, aunque suene un poco malvado, ver que los mayores se ponen algo nerviosos cuando lo hago. Así acuden antes a satisfacer mis necesidades, lo tengo todo pensado. Pero no penséis que soy siempre así de bichejo, que la misma intensidad que le pongo a los gritos también se la pongo a las risas. Yo lo veo en los demás, que cuando se ríen todo funciona mucho mejor, así que, ¿por qué no hacer lo mismo? Y es precisamente el proceso de imitación otra de las novedades de estas últimas semanas. El caso es que me ha dado por hacer una especie de ruidito-gesto-guiño que parece un besito. A veces me acuerdo de mi nueva habilidad y me pongo a hacerla yo solito pero otras veces es mi mamá la que empieza y yo la imito. Lo mismo si me saca la lengua. Es muy divertido. Últimamente también he empezado a vocalizar algunas sílabas. Mis favoritas son la ta, la da y la te de dien-te. ¿O debería decir de dien-TES? Que sí, que cumplí los seis meses mellado como un abuelillo y llego a los siete con dos, ¡dos dientes! Me ha pasado exactamente igual que a Leo, que el primer inquilino de mi boca no venía sólo, sino con un compañero que ha tardado un par de días más en instalarse. Yo creo que es genial, porque desde que la gente tuvo conocimiento del blanquito que asomaba no paran de decirme que siga así porque ya pronto podré probar el bocadillo de jamón. Y oye, eso me tiene intrigadísimo, ¿estará tan bueno como dicen? De momento me conformo con ir degustando cositas, lo último patatas cocidas con judías verdes y el toque especial de nuestra tierra, chorreoncito de aceite de oliva. Plato lleno, plato vacío. Se ve que soy de buen diente (y medio).
En cuanto al tema de la psicomotricidad estoy que me salgo. Ya logro quedarme de pie en el parque un ratito cuando me dejan en esa posición. De hecho esa es la única forma en la que aguanto dentro de esa cárcel multicolor. Por que sí, un mes más, yo sigo prefiriendo vivir la vida en brazos. Y el que piense que eso es impedimento para poner la lavadora, pasar la aspiradora, fregar el suelo, doblar la ropa, recoger juguetes y un largo etcétera de tareas domésticas, se equivoca. Pero, ¿y lo que yo estoy aprendiendo? Vamos, que lo del programa delicado y el orden en casa ya lo tengo más que superado, una joyita para las niñas, eso es lo que soy. Mi mamá está que no puede tirar más de mí, sobre todo ahora que me ha dado por intentar lanzarme en plan kamikaze desde sus brazos cuando algo a mi alrededor me llama la atención. Sé lo que quiero y no me corto a la hora de intentar alcanzarlo. Y por lo visto sujetar mis más de 9 kilazos no es nada fácil. Pesas, esos es lo que deberías hacer mamá, pesas.
También estoy empezando con mis pinitos dentro del mundo del gateo, aunque ahora de momento lo único que hago es arrastrasrme e impulsarme con los pies, donde por cierto, tengo un montón de cosquillas. Mis noches siguen siendo también muy moviditas, cosa que también mosquea bastante a los que duermen (o intentan dormir) conmigo. Desde luego, qué ingratos que son. Yo lo hago por su bien, porque aún de noche siempre hay que estar alerta por si cualquier cosa pasara. Desde hace un par de semanas ya viajo también en silla de mayores en el coche, lo cual agradezco un montón porque eso de ir mirando hacia atrás no era nada agradable. Así puedo ver el DVD con Leo e incluso aguantar un poquito más sin mosquearme. Mi mamá tiene pendiente ponerme también la silla de paseo de mayores, pero vamos, prisa ninguna porque yo sigo siendo bebé de fular, y eso… ¡creo que seguirá igual en mi próximo cumplemés!
Vivimos en un mundo de tendencias. El cine, la música, el diseño, los trapitos y ropajes varios… todo se mueve por lo que se lleva y lo que no. Si hasta la economía ha tenido su boom del año con la prima esa que es como la pesada de la famila, sí, esa que nadie quiere recibir de visita en su casa porque de escucharla al final te entran ganas de pegarte un tiro. La misma. Y yo, como persona sociable que vivo en una sociedad, al fnal siempre acabo influido por lo que está a la última.
Por ejemplo, sé que desde hace un tiempo está de moda una cosa que se llama Do It Yourself, lo que viene siendo el Hazlo Tú Mismo de toda la vida vamos, el recorta pega, el cose por aquí y pespuntea pos allá, el pinta y decora…Pues yo que me apunto a lo que sea he decidido practicar esta filosofía tan económica y gratificante. No tenéis más que darme un papel, unos cuantos colores (preferiblemente rotuladores que hay que apretar menos. Sí, qué pasa, creativo pero vaguete) y enseguida tendréis un precioso lienzo al que no hay más que ponerle un marquito para que luzca original y único decorando tu habitación.
O ahora que estamos en Navidad, nada como un aro de lo que encuentres por tu casa (o la de tu abuelo) y unas lanas del año de la polca para fabricar tu propio adorno para colgar en el árbol del cole. Sí, ¡lo hice (casi) yo solito!
También sé que se lleva lo del reciclaje y la reutilización, que aunque no lo parezca son dos cosas diferentes. Me ha dicho mi mamá que esto es muy importante porque aunque por lo visto hay cosas que son inagotables, como las pelusas de nuestro salón o los mocos, hay otras que no se regeneran tan fácilmente y algunas que incluso cuando acabemos con ellas… cero, desaparecerán para siempre. Y en nuestro cole, que también estamos concienciados con el tema, a veces le damos a los objetos otros usos diferentes a los originales. Somos un poco como Dios, regalándoles una nueva vida. Es así como una nuez, después de alimentarnos con su fruto, se puede convertir en una encantadora tortuguita o en un delicado barquito.
¿Y qué me decís de la comida? La satisfación que da entrar en la cocina con unos cuantos ingredientes y salir de ella un par de horas y un fregadero lleno de cacharros sucios después con un delicioso plato con el que disfrutar junto a un buen trozo de pan y un vaso de agua fresquita. Sí, aún con estos fríos que padecemos me gusta el agua como si la trajeran del polo. Aunque bueno, como no sólo de platos de cuchara vive Leo, también puedo meterme entre fogones para elaborar ricas galletitas. Vale, las galletas ya me las dieron hechas, pero que conste que yo también sé hacerlas. Lo que no sabía era decorarlas como hace tan requetebien mi tita mamimanitas. Porque, hay que reconocerlo, una galleta, incluso para los que somos más de salaíllo, siempre es una delicia, pero una galleta decorada es además una obra de arte comestible. Bueno, las suyas más que las mías… ¡de momento!
Así que ya sabéis, hay que apuntarse a la moda de hacer las cosas uno mismo. Es más barato, entretiene en las interminables y oscuras tardes del invierno y encima proporciona resultados únicos además de una enorme satisfación. ¡Que viva el DIY!
A puntito de cumplir siete meses de vida sigo con mi monodieta a base de teta. Mira, rima y todo. Hay mucha gente que aún se sorprende de ello, incluso quien ha llegado a dudar de que fuera cierto viéndome lucir carnes. Como si un tierno bebé como yo fuera contando trolas por ahí, vamos. Y como si mi mamá tuviera necesidad de mentir… En fin, que opiniones sobre el tema hay para todos los gustos. Algunos creen que hace tiempo debería estar tomando ya otras cosas como fruta, verdura, cereales e incluso algo de pollico, que la leche de mamá está bien pero que ya no debe llenarme. Y digo yo, ¿acaso esa es la finalidad de alimentarse? ¿Atiborrarse de comida hasta no poder moverse del sofá? Pues yo creo que no, si no todos los días del año serían Nochebuena y eso le quitaría gracia al asunto. Lo suyo, como muy bien dicen los que saben de esto, es comer poco pero frecuentemente. Y bueno, eso es lo que hago yo, que por suerte y para eso llevo la despensa incorporada.
Pero como comer también es un placer (y si no que se lo digan a Leo y a la pizza, la sopa, las salchichas, las lentejas, los macarrones, los bocadillos… bueno, que se lo digan a Leo a secas) mi mamá ha decidido, quizás por cómo me lanzo sobre la comida cuando la veo en el plato, que ha llegado el momento de ir probando otras cositas. Bueno, de hecho hace ya algún tiempo que de vez en cuando me da a probar algún que otro alimento nuevo, más que nada para que me vaya familiarizando con otras texturas y sabores. Hasta el momento he saboreado plátanos, mandarinas, peras, manzanas, ciruelas, caquis, puré de calabaza, sopa, algún que otro trocito de pollo, patatas cocidas, arroz y galletitas. Todo (salvo el puré) en trocitos. Y es que mi mamá está pensando en innovar conmigo pasando de las papillas y triturados para darme directamente comida de mayores y que yo aprenda desde el principio y a mi ritmo a comer como ellos. Pero no, no está inventando nada nuevo, que es algo que ya practica mucha gente, el baby led weaning que se llama. Yo estoy deseando que se decida de una vez, pero me temo que a mi mamá le da pánico que pueda atragantame, amén del hecho de que lo pueda poner todo perdidico (como seguramente pasaría). Así que no sé yo si al final colará lo de este método o si acabaré dándole a la cuchara y a los purés de verdura como hizo Leo. De momento he visto que ha sacado una silla súpergigante que antes era suya con bandeja extraíble y lavable (fundamental esto último en cualquier caso) y entre papá y ella la andan dejando preparada para que mi rollizo culete tome posesión de ella.
Ojalá dentro de poco pueda participar de las comidas familiares, sobre todo ahora que se acerca la Navidad y habrá tantas cosas ricas para comer. Además, así podré empezar a darle uso a mi nuevo diente, que con el trabajito que me costó echarlo… ¡como para tenerlo en el paro!