mi nunca jamás

Sésamo

por Se el 06 de julio de 2010 en La vida de Leo

Cada noche mi mamá me lee un cuento antes de ir a dormir. Ella dice que le gustaría poder invertarse divertidas historias para mí, con personajes únicos y llenas de sorpresas, pero por lo visto su cerebro a ciertas horas del día no da para mucho. Por eso recurre a un libro, que digo yo, tampoco está mal que conozca los clásicos de la literatura infantil, mira que si luego me examinan de eso en la guarde…

Uno de los cuentos es el de “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, que como su propio nombre indica, trata de un tipo llamado Alí Babá y de unos ladrones, concretamente cuarenta, que guardaban sus tesoros robados en una cueva a la que se accedía con unas palabras secretas: ábrete, sésamo. El joven Babá descubrió su secreto, eliminó a los ladrones y se quedó con el tesoro sin ningún remordimiento, que ya se sabe que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

Y os preguntaréis, ¿a qué viene todo esto? Pues viene a que yo, el pequeño Leo, me he convertido en el Alí Babá del siglo XXI. O algo por el estilo…

Yo no entiendo de eso que llaman fines de semana en cuanto a horarios se refiere, al menos en los de levantarse. Mis papás no están muy de acuerdo con esto, pero es que tengo el biorritmo muy marcado. Así que como madrugamos nos da tiempo a un montón de cosas. Lo primero es sesión de juegos en la cama, lo segundo desayunar y lo tercero… Ahí es cuando me convierto en medio árabe de cuento, pero adaptado a los tiempos que corren. El tesoro ya no está en una cueva, sino detrás de una pantalla de televisión, y no hay ladrones, que esos están ocupados en otros ministerios, uy, perdón, menesteres. Eso sí, la palabra mágica sigue siendo… ¡sésamo! Que enciendo la tele y ahí aparecen un montón de marionetas que me encantan y que viven en un sitio así llamado. Era lo lógico, después de las de Baby Einstein y Bunnytown éstas acabarían atrapándome, tengo vena titiritera. Está Coco, el Monstruo de las Galletas, la Rana Gustavo, El Conde Draco, Elmo… y mis favoritos, Epiiiiiiiiiiiiiiii y Blas.

Mis papás están muy contentos de que me gusten estos dibujitos, porque aunque modernizados, son los que ellos veían cuando eran pequeños y salían del cole (antes había cole por la tarde, ¡increíble!). Eso sí, mamá sigue sin entender ese amor que Blas siente por las palomas. Y papá aún se pregunta si Epiiiiiiiiiiiiiiii y Blas son pareja de hecho o no. Desde luego, qué complicados son. ¡Si sólo hay que disfrutar de las marionetas, hombre!

Sésamo

P.D. Gracias a mi tita Teresa por regalarme la camiseta ;)

Mi mamá me mima

por Se el 01 de julio de 2010 en La vida de Leo

Mi mamá me mima,
pero no porque sea su obligación.
Lo hace porque me quiere,
y, más concretamente, porque me quiere un montón.

A veces es un poco pesada,
todo el día con los abrazos y los besos.
Cualquiera diría, mamá,
que estás loquita por mis huesos.

Yo intento hacerme el duro,
pero no hay manera, no lo consigo.
Así que al final me contagia,
y quiero tenerla siempre conmigo.

Me agarro fuerte a su pierna,
pido sus brazos a cada momento.
La busco mientras hace pipí o se ducha,
porque sólo así estoy contento.

Muchos dicen que padezco una severa mamitis,
pero yo creo que no tienen razón.
Lo que pasa es que yo también la quiero mucho,
con tooooooooodo mi corazón.

Y para demostrárselo, qué remedio, la beso y abrazo,
y hasta le escribo preciosas poesías,
que hoy me he levantado inspirado,
aunque… ¡sólo me ha durado hasta mediodía!

Mamitis

El megacharco

por Se el 29 de junio de 2010 en La vida de Leo

Cuando uno crece todo lo que le rodea lo hace en proporción. Que eres más grande, pues tu ropa cambia de talla, tus platos de comida son más abundantes (esto es fundamental), tus conocimientos aumentan… Estos cambios apenas son perceptibles para un niño como yo, ya que ocurren de forma natural con el trascurso de los días. Se notan cuando uno echa la vista atrás y ve cómo la camiseta que hace dos semanas le estaba bien hoy le queda repicorta y cosas así.

Sin embargo hay cambios que son drásticos, a lo bestia vamos. Yo lo he notado en el tamaño de mi piscina, que de un año para otro ha pasado de ser un charquito de agua a convertirse casi en un océano. Y es que mi querida y bien amortizada piscina de estrellitas se me ha quedado pequeña y ha sido sustituída por una enooooooorme que mi abuelo ha comprado e instalado en el patio de su casa para disfrute de mis primos y mío y pesadilla de nuestros vecinos, que menudo griterío armamos cada vez que nos ponemos en remojo. Pero ah, se siente, hay que combatir el calor como sea y qué mejor forma que hacerlo pasado por agua, cual garbanzo en vísperas.

Piscina 1

De momento la megapiscina y yo nos estamos conociendo. Mamá está haciendo de intermediaria, o lo que es lo mismo, se baña conmigo cada vez que a mí me apetece. Pero vamos, que de aquí a mediados de julio ya le habré cogido la confianza suficiente como para meterme yo solo con unos manguitos de Bob Esponja o de Nemo, lo mismo da que da lo mismo.

Piscina 2

Sobra decir lo que disfruté con el agua ¿verdad?

El telón se vuelve abrir

por Se el 27 de junio de 2010 en La vida de Leo

Si revisamos el orden de entrega de los Oscars, que según tengo entendido son los premios del espectáculo más importantes del mundo mundial, veremos que se entregan según el orden de importancia pero a la inversa, es decir, los últimos son los que más expectación generan, los más prestigiosos, los mejores. ¿Y sabéis cuál es el penúltimo en la lista? Pues os lo digo yo, el de director. Va después que el de actriz, y que el de actor. Eso quiere decir que el director es mucho más importante que las estrellas rutilantes que dan la cara en una peli, aunque a priori pueda parecer lo contrario.

Yo he nacido para director, lo sé. Soy un Spielberg en potencia, un Coppola, un Wilder. Porque eso de estar de cara al público no es lo mío. Ya lo demostré el año pasado cuando por primera vez pisé las tablas de un escenario y este año lo he corroborado. Era la fiesta de fin de curso de mi guarde y otra vez teníamos que actuar frente a todos los papás y mamás. Que digo yo, ¿no hubiera sido mejor que cada uno demostrase su talento en el salón de su casa, en plan íntimo? Pues no, allí que nos subieron a todos los niños a bailar una canción de los tiempos de maricastaña de una tal Xuxa (apellidada rubia de bote). Y algunos bailaron, sí, sobre todo las niñas que deben tener unos genes para eso que nosotros los chicos no tenemos, mientras que otros nos dedicamos a llorar. No todo el tiempo, pero sí la mayoría.

Actuacion 1

Algunos creen que yo es que he nacido para actor de culebrones, todo el día con la lágrima floja, ay mi amol, pero no, es que lo mío no es el escenario.

Actuacion 2

Sin embargo he de decir que, paradójicamente, la gente se fijó mucho más en mí que en el resto de los niños, así que aún sin quererlo me volví a convertir en el protagonista de la actuación. Mi seño le dijo a mis papás que debo tener miedo escénico o algo así, porque en la clase bailaba y cantaba sin parar. Pues digo yo, igual sí…

Actuacion 3

Por eso mi mamá quiso comprobar al día siguiente si, como un buen director, conocía a la perfección el papel que se debía interpretar. Y parece ser que sí, oh, oh, oh…

Así que… ¡que se preparen en Hollywood que llega el relevo de Almodóvar!

El chupete marginado

por Se el 23 de junio de 2010 en La vida de Leo

Tengo muchos chupes, como seis o siete, porque sí, soy un chupóctero. Antes solían estar por toda la casa, pero ahora que mis papás creen que sólo debo usarlos para dormir porque ya empiezo a ser un niño grande es más difícil encontrarlos. Y es que si por mí fuera andaría todo el día con el caucho ese en la boca. Bueno, me lo quitaría para comer, que aunque lo he intentado he descubierto que las dos cosas no se pueden hacer al mismo tiempo… Por eso este par de crueles sin corazón que dicen ser mis padres me los esconden y sólo los sacan en casos que ellos consideran de emergencia. Esto me llevaría a escribir un post sobre la diferencia de criterios para definir las emergencias que me apunto para otro día.

Todos mis chupes son iguales, sólo varía el color. Y son de la misma marca, del Mercadona. Y no acepto otra, ni NUK, ni Chicco, ni Suavinex… nada, del Mercadona y punto. Los demás me dan asco, y no exagero que un día hasta vomité cuando intentaron colarme un intruso. Mis papás encantados, claro, que dicen que ya bastante pasta se dejan en la farmacia como para andar comprándome chupetes de marca. De vez en cuando toca renovación de chupes, porque aunque cada vez los cato menos los exprimo que da gusto. Sobre todo cuando justo antes de dormir o justo después de despertar los encuentro todos juntos en el cabecero de la cama de mis papás, que los dejan ahí cada noche por si el que uso se me cae o se me pierde entre las sábanas. Entonces los cojo y juego con ellos, me quito uno y me pongo otro, me pongo dos, se los pongo a mis papás… ay, qué feliz soy con mis chupes. A lo que iba, el otro día mamá compró dos y tiró dos. Las gallinas que entran por las que salen, que diría mi papá. Las dos nuevas adquisiciones eran exactamente iguales a todas las demás, o bueno, eso pensaba yo porque ahora resulta que a los señores del Mercadona les ha dado por renovar los chupetes con nuevos diseños. Y claro, cuando mi mamá los vio debió pensar que ya era hora y le faltó tiempo para cogerme uno de los nuevos, pensando que yo no notaría la diferencia. Pero mi mamá me subestimó, y apenas vi el conejito sobre fondo rojo del nuevo chupete lo rechacé de inmediato. Ella intentó explicarme que era igual que los demás, que sólo cambiaba el dibujito, que la tetina era la misma, pero no hubo manera. No quiero saber nada de ese chupe. Ese conejo no me da confianza y punto. Pero como ya he dicho que mi mamá es cruel muchas noches, aprovechando que no me entero porque estoy medio dormido, lo usa cuando ese que tengo se me pierde, enchufándomelo sin piedad. Ella dice que sólo le tengo manía, porque por la mañana cuando me despierto sigo con él sin problemas… hasta que me lo quito y lo veo. Entonces lo tiro lo más lejos posible, a ver si desaparece para siempre. Vuela conejo.

Así que visto lo visto he decidido que me voy a ir al Mercadona a comprar todo el stock de chupes monocromáticos que tengan, que ya se sabe que los conejos se reproducen muy rápidamente y antes que quiera darme cuenta habrán barrido de las estanterías a mis queridos y fieles amigos. Y ya estoy viendo a mis papás con la excusa perfecta para desterrar para siempre el chupe de mi vida…

¡¡¡ Noooooooooooooooo !!!

Chupe rojo

P.D. Hoy, 23 de junio, celebro mi cumplemés número 23, ¡chiiiiii! Y eso significa que sólo quedan 30 días para mi segundo cumpleaños, ¿podéis creerlo?

Creo que comienzan los preparativos para una fiestaaaaaaa…

El logro del día, dos

por Se el 20 de junio de 2010 en La vida de Leo

Siempre he sido un tipo muy positivo. La prueba está en que mientras la mayoría de los niños aprenden muy pronto a decir que no y pasan una etapa de negación continua que desespera a sus papás (no lo neguéis amigos), yo, Leo el optimista, he preferido usar esa corta pero contundente palabra lo menos posible. Eso no quiere decir que no me enfade y emita un gruñido reprobatorio de vez en cuando para demostrarlo, pero lo que es el “no” típico pocas veces sale de mi linda boquita. Además, para eso ya están mis padres, que se pasan todo el santísimo día con la dichosa palabra en la boca, desde hace bastante tiempo además

Bueno, para que engañarnos, tampoco es que le diga a todo que sí. Hay ciertas cosas por la que no paso, como tener que tomarme un medicamento a pelo, que mutilen mis preciosos cabellos sin mi consentimiento, que me cambien de ropa cada dos por tres, seis… Pero para eso está el carácter de cada uno, para defender lo que se cree injusto. Sólo hay una cosa a la que digo siempre que sí. Efectivamente, a la comida. Ayer, por ejemplo, estuvimos comiendo todos en casa de mi abuelo y fui el primero en sentarme a comer y el último en levantarme. Claro, es que ellos me decían, toma Leo, ¿quieres? Y yo, entre que no me gusta decir que no y que me apasiona la comida, pues hala, a poner a trabajar la mandíbula. Es eso que dicen, que se junta el hambre con las ganas de comer. Pues lo mismo.

Pero eso fue ayer. Hoy, repito, HOY, he dado un paso más. Lejos queda aquél día en que sorprendí a mamá afirmando querer postre con la cabeza. Porque hace apenas unas horas he pasado al siguiente nivel y he verbalizado mi primer SÍ ante un ofrecimiento de mi mamá. Y no, no me ha ofrecido comida. Ella me ha preguntado, “Leo, ¿quieres que vayamos a ver la luz roja?” A lo que claro está yo he contestado… “chi“. Bueno, bueno, mi mamá casi me come a besos. Aún con la duda de si había sido una casualidad me lo ha vuelto a preguntar. Y yo, que ya he dicho que soy un chico positivo, he vuelto a decir…“chi“. Y así, despejadas sus dudas y convencida de que mi capacidad comunicativa crece por momentos, lleva desde entonces preguntándome si quiero algo. “Leo, tesoro, ¿quieres ir al parque?“, ”Leo, cariño, ¿quieres que te quite los zapatos?“, ”Leo, guapo, ¿quieres agua?“, ”Leo, gordito, ¿quieres ir a dormir la siesta?

“Chiiiiiiiiiiiiiiiiiii”, anda y déjame dormir un rato y descansar… ¡¡¡que menuda me ha caído con este nuevo logro!!!

Pero bueno, mejor irme a la cama con el estómago lleno así que antes dame un poco de pollo, ¿chi?

P.D. En la entrada anterior se alcanzaron los 2.000 comentarios de este blog. Muchas gracias a todos los que gastáis un poquito de vuestro tiempo en compartir mis historias porque eso me hace muy feliz.

Comentario 2000

Como véis mi querido amigo Àlex (vía secretaria) tuvo el honor de hacer ese comentario tan redondo, aunque teniendo en cuenta que mi tita Teresa hizo justo el anterior y el posterior creo que también es justo nombrarla. Es como si Álex fuera la mortadela y ella el pan, mejor comértelos juntos que separados, ¿verdad? A mi amigo estos días más mexicano que español le espera como premio una sesión de juegos conmigo (que esperamos sea pronto) y a mi tita, mmmm…, ya sé, le dejaré el enorme privilegio de hacerme una de sus espectaculares tartas para el día de mi cumple ;)

2000 comentarios

España . . . ¡na de na!

por Se el 16 de junio de 2010 en La vida de Leo

Si ya lo decía yo, que no se puede ser tan eufórico. Tanto España es la favorita, España es la mejor selección, España es un verdadero equipo… y toma, el primero en la cara. Que vienen unos relojeros navajeros que de neutrales tenían lo que el ácido clorhídrico y nos bajan los humos en noventa minutos (más el añadido).

Cierto es que el árbitro no ha colaborado demasiado, que por ahí se han visto demasiado cariñitos de los del país de las vacas moradas hacia los nuestros. Incluso uno ha acabado sangrando, pobre muchacho, que le han clavado todos los tacos en la frente en la jugada del churrogol ese.

¿Y ahora a quién le echamos la culpa? Porque está claro que alguien tiene que pagar los platos rotos… ¿Serán los jugadores que se acobardan en las grandes ocasiones? ¿El entrenador que les dio a la perfección la lección del toque-toque-toque y se le olvidó la del chute-chute-chute? ¿Los periodistas que nos venden la moto y ya nos habían plantado en la final? ¿O será la Leti que es gafe?

En fin, sea como fuere el caso es que hemos perdido en nuestro debut mundialista, con lo que se complica el asunto para pasar de ronda. Pero bueno, si bien no hay que ser demasiado optimista tampoco hay que ser catastrofista. La cosa está difícil, pero no imposible, ¿no?

Y vosotros qué decis, ¿le damos un voto de confianza a la “jaja” (roja)?

España, ¡na de na!

¡España, ta, ta, ta!

por Se el 15 de junio de 2010 en La vida de Leo

Ya ha empezado el mundial de fútbol. ¿Que no os habíais enterado? Imposible. Si estuviéramos hablando del campeonato del mundo de tiro con arco, del de petanca o del de judo lo entendería. Nadie tiene en cuenta a estos deportes (ni a muchos otros), ¿pero el fútbol? ¡Si no se habla de otra cosa! Sólo falta que en mitad de mis Pocoyós y mis Baby Einsteins aparezcan anunciando los partidos de la jornada o den la repetición de los goles de Argentina. Que yo me pregunto, ¿qué tendrá este deporte que nos vuelve locos a todos? Porque yo desde la sabiduría de mis casi dos años no le veo mucho misterio al asunto: veintidós tíos persiguiendo una pelota con el objetivo de meterla entre tres palos y supervisados por un señor con un silbato. Apasionante, sin duda.

Pero sí, algo tiene que tener cuando tanta gente lo sigue. Y yo, pues a ver, no iba a ser menos. Así que si hay que animar a la nuestra selección, esa que ahora todos llaman “la roja”, se anima. Aunque igual ellos no lo necesitan, porque según toooooooodo el país ya somos los campeones. Yo no es que desconfíe, pero prefiero ser prudente e ir poquito a poco. Además, no las tengo todas conmigo en eso de que lleguemos a la final. Es más, ni nosotros ni ningún equipo porque lo de jugar en estadios llenos de enjambres de abejas tiene que ser muy pero que muy peligroso para la integridad de los “pobres” futbolistas…

En definitiva, que mañana debuta nuestra selección y aunque sea a miles de kilómetros yo, como todos los españoles, la estaré apoyando con mi particular grito de guerra: “España, ta, ta, ta!

La cámara no estaba del revés, era yo ;)

Me voy de botellón

por Se el 13 de junio de 2010 en La vida de Leo

Un botellón puede ser un recipiente para contener líquidos muy, muy grande, enorme. También podría ser una ex-primera dama del Gobierno de España muy, muy grande, enorme, quizás consecuencia del tamaño de la cabeza de la señora en cuestión.

Pero un botellón también es otra cosa. Según la Leopedia “una reunión de gente, generalmente jóvenes, para el consumo de bebidas en la vía pública“. Analicemos la definición:

Reunión de gente: Yo soy gente, y mi mamá también. Y aunque dos no sean multitud son suficientes para hacer una reunión (y si no que se lo digan a los de mi comunidad de vecinos).

Generalmente jóvenes: Bueno, más joven que yo que tengo 22 meses y medio… Mi mamá no es que sea una mocita pero como juega conmigo como si tuviera diez años la incluiremos dentro del grupo de edad “joven”.

Consumo de bebidas: Ah, no dice qué clase de bebidas son. Yo me he enterado que suelen ser de esas espirituosas que alegran el ánimo pero como yo no tengo aún la edad legal para ello y mi mamá ya pasó la edad tonta para ello las restringiremos al agua y/o refrescos.

En la vía pública: Pues no podía ser de otra manera, creo que paso ahí más tiempo que en mi casa…

Así que teniendo en cuenta todos estos puntos he llegado a la conclusión de que desde hace mucho tiempo cada tarde hago un botellón, porque me voy con mi mamá al parque y me pongo tibio de agua, además de otras cosas de picar, que ya se sabe que no hay que beber con el estómago vacío. Lo bueno es que yo soy mucho más civilizado que esos jóvenes que se ven por la tele: recojo mi basura y no molesto a los vecinos. Es más, los entretengo con mis ocurrencias y mis espectáculos pirotécnicos. Mis papás dicen que esperan que mis botellones se reduzcan a estas horas de relax vespertinas en el parque por lo menos hasta que tenga veintiocho años. Pero en el fondo saben que no será así, que creceré, saldré de fiesta y me convertiré en un macarrilla que vuelva locas a todas las chicas. Y que antes o después el agua sólo la usaré para la higiene personal.

Oh, oh, ¡¡¡creo que mis papás me van a encerrar de por vida!!!

Botellón

P.D. La foto no es de archivo, repito, NO es de archivo. Las temperaturas veraniegas del pasado sábado han caído empicado, para desesperación de todos nosotros. Verano, ¡vuelve!

Amor de Leo

por Se el 09 de junio de 2010 en La vida de Leo

Podéis llamarme egocéntrico, presumido, vanidoso, narcisista, arrogante, ególatra… y así hasta acabar con todos los sinónimos que se encuentran en internet.

Podéis pensar que me creo el ombligo del mundo.

Pero mis razones tengo. Porque cuando te pasas el día escuchando lo guapo, lo bonico, lo gracioso, lo simpático, lo listo y lo cariñoso que eres lo más normal es que termines por asumir todas esas virtudes como parte de ti mismo. Y para qué vamos a negarlo, soy un tío con un encanto y un atractivo irresistible que crece cada día que pasa. Aunque bueno, mi mamá dice que tengo que ser un poquito humilde y no tenérmelo tan creído. Pero ella es la primera que alimenta mi ego, así que gran parte de la culpa es suya. Se siente.

De momento lo que debería dejar de hacer es comprarme camisetas con mensaje porque, ya se sabe, acaban volviéndose en su contra ;)

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