Leo y Luca en nunca jamás

Ocho meses

por Se el 18 de enero de 2012 en La vida de Luca

Y así, sin prisa pero sin pausa, hoy, el primero de los dieciochos de este 2012, cumplo ocho meses.

La verdad es que este último mes, con todo el jaleo de la Navidad, las salidas, la familia y los juguetes nuevos se ha pasado en un suspiro. Es lo que tiene saltarse la rutina y hacer algo nuevo cada día, que cuando vienes a darte cuenta te has merendado las semanas sin enterarte. Y con lo de hacer algo nuevo cada día no me refiero sólo a las novedades de la época del año que hemos vivido, no, sino que va sobre todo por mí. Que no veáis la cantidad de descubrimientos que puede hacer un bebé en el viaje de los siete a los ocho meses de vida, ¡un montón! Para no liarme mucho los iré desarrollando por partes, ¿vale? Pues venga, vamos a la tarea.

Alimentación. Aunque la teti de mamá sigue siendo la base fundamental de mi dieta (sobre todo de noche), este últimos mes he experimentado una revolución gastronómica que me tiene enormemente satisfecho. Ya había ido probando cositas sueltas, que si un trozo de zanahoria, que si algo de patata, mandarina por allí, manzana por allá… Y oye, eso está muy bien si tienes el estómago de una hormiga, pero lo que es a mí me dejaba como soltaras un garbanzo en un tonel. Yo quería más, y así se lo hacía saber a mamá cada vez que ella, mi papá y Leo se sentaban a la mesa. Soltaba mi chupe y empezaba a hacer ruiditos, a mover la boca y a ponerme realmente nervioso. Así que desde hace unas semanas, y viendo este gran entusiasmo por la comida que empezaba a mostrar, soy uno más a la hora de comer. Mi mamá por fin empieza a darle uso a su thermomix preparándome ricos pures con verduritas, pollo, ternera o arroz que yo degusto con mucho gusto. Al final lo del Baby Led Weaning ese lo estamos haciendo a medias, que si bien me tomo estos purés hay otras muchas cosas que directamente me como a trocitos. Como el jamón, ¡me encanta! Y quien dice jamón dice un buen lomo embuchado, o maíz, o guisantes… La fruta también me la sigo tomando así, entera, y me gusta mucho. Y aunque empecé muy bien con lo de la papilla de cereales ahora ya no me hace tanta gracia, a pesar de que mi mamá me la da con su leche. Pero bueno, tampoco nos preocupa demasiado. El único inconveniente de esta nueva dieta es que mis deposiciones han pasado de nivel cero de alerta a nivel tres por lo menos y aquellas caquitas de olor no demasiado desagradable de la leche de mamá han pasado a ser realmente apestosas. Pero qué le vamos a hacer, eso son daños colaterales que hay que asumir, ¿no?

Movimiento. Iba a decir que me muevo mucho pero creo que es más ilustrativo decir que no paro quieto. Soy puro nervio, incluso cuando estoy durmiendo. Y el nervio precisamente es lo que según mis papás no me deja avanzar con el tema del gateo. Lo de ponerme a cuatro patas lo tengo más que superado, pero ahora me falta coordinar mis movimientos para poder avanzar en esta posición. Y no lograrlo me desespera. Me cabreo, me echo al suelo y me pongo a gruñir… ¡dando marcha atrás! Sí, de momento se me da mejor eso de retroceder que lo de ir hacia adelante. Pero es que no es nada fácil, que si hay que mover esta pierna con esta mano, que si las otras se quedan atrás… Pero bueno, ahí vamos, poco a poco. Lo que también he conseguido es recorrerme parte de mi parque de pie. Agarradito al filo, ejercitando mis hermosas piernas, voy desplazándome por el interior de esa cárcel multicolor sorteando todos los juguetes que contiene… hasta que me cabreo y me pongo a llorar para que alguien venga a rescatarme. Porque sí, eso sigue sin cambiar por muchos meses que pasen, yo sigo prefiriendo estar en brazos.

Sueño. Bueno, eso tampoco ha cambiado demasiado. Mis dos siestas diarias siguen siendo con mamá, y por la noche seguimos durmiendo pegaditos. Me despierto muchas veces según ella, las habituales en mi opinión teniendo en cuenta que de vez en cuando me gusta tomarme mi ración de teta y que necesito comprobar que ella está a mi lado. La verdad es que no me gusta separame de su lado nada de nada. Dice mi papá que en lugar de Luca deberían haberme llamado Marco porque me paso el día buscando a mi mamá. Yo no tengo ni la más remota idea de quién es el tal Marco ese, pero seguro que si buscaba a su mamá era por una buena razón.

Carácter. Dicen que últimamente tengo mucho genio porque me enfado si no consigo lo que quiero o si me quitan algo que ya tengo. Yo prefiero pensar que soy un chico de ideas claras y defensor de la propiedad. No pido lo de los demás, sólo quiero lo mío. Como mi chupe, que ya sé localizar, agarrar y colocar en su sitio. Suerte que sigo compensando al personal con mis sonrisas arrebatadoras y mis divertidas carcajadas.

Habla. Pues hablar lo que se dice hablar no hablo, más bien articulo algunas sílabas sueltas y grito, sobre todo grito mucho. ¡Es que si no no me hacen caso!

Bichejos. Y aunque parecía que ese mes nos íbamos a librar, los odiosos, malvados y despreciables virus se han colado por la puerta de atrás en esta celebración de cumplemés: otra vez tengo bronquitis. Desde anoche volvemos a las tres sesiones diarias de conciertos de trompeta, al paracetamol (que esta vez sí que me ha dado fiebre), el antinflamatorio de las celebrities (así lo llama mi mamá por los 55 € que cuesta el paquete de 28 sobres), los lavados nasales, las noches interminables, la tos de perro y los mimos, muchos, muchos mimos.

En fin, como veis un montón de novedades. Y dicen los que ya han pasado por esto que a partir de ahora serán muchas más. Aunque si os digo la verdad yo sólo espero una, ¡que me den de una vez por todas un trozo de pan!

Los buhítos

por Se el 16 de enero de 2012 en La vida de Leo, La vida de Luca

Hace tiempo que la exclusividad murió, o al menos eso es lo que dice nuestra mamá. Y es normal, vivimos en el siglo XXI y, entre otras cosas, Zara ya vende on line. Ahora es habitual que esa camiseta tan molona que tienes la tenga también tu vecino de tres calles más abajo, o que descubras viendo los blogs de tus amigos que tenéis el mismo pijama o una sudadera idéntica. Dicen que es porque las cosas hoy en día se fabrican en serie, en la China mandarina, y porque la globalización también ha llegado al mundo de la moda.

Pero como ya se comentó en este blog, últimamente va ganando terreno el Do it yourself, también en el tema de la moda. O mejor deberíamos decir que va recuperando el terreno perdido, porque aunque nosotros somos pequeños y no lo hayamos vivido, los mayores nos han contado que antes era de lo más normal que sus mamás les hicieran la ropa: jerseys, camisas, pantalones, abriguitos… No hacía falta más que agujas, dedal, tela o lana para confeccionar un modelito exclusivo que nadie en el mundo tenía expepto tú. Nosotros tenemos el problema de que la habilidad de nuestra mamá con la máquina de coser es nula al doscientos por cien, así que por más que nos pese (no creo que a ella le pase igual) seguiremos vistiendo la ropa de las tiendas del señor gallego. Pero… también tenemos la suerte de que nuestra nuestra tita Ana es una manitas en el tema del puntó y el croché (también llamado ganchillo por las abuelas) y lo mejor de todo es que tiene tiempo para hacernos cositas a todos los peques de la casa, desde unos fabulosos patucos estilo Converse para el último en llegar hasta muñequitos de todas las clases, formas y colores. Y la última de sus creaciones, unos gorritos de búho (de pirata para Miguel) que no sólo protejen nuestras cabezas del frío jaenero, sino que además nos hacen lucir guapos y originales allá donde vayamos. Lástima que sólo los podamos utilizar en invierno porque con lo chulos que son no nos los quitaríamos en todo el año. Quién sabe, igual para el verano unos bañadores de croché… pero unos de secado rápido, ¿eh?

¡Gracias Ana!

Espíritu competitivo

por Se el 13 de enero de 2012 en La vida de Leo

En este 2012 que acabamos de estrenar cumpliré cuatro años, que se dice pronto. Aún no me sé la tabla del cuatro, de hecho ni siquiera la del uno, que por lo visto es súperfácil. Por no saber no me sé ni la del cero que es la más sencilla de todas, y eso a pesar de que mi primo Miguel intentó enseñármela. Pero lo que sí sé porque me lo han dicho mis papás es que cada vez que yo cumpla un múltiplo de cuatro el calendario nos regalará un día en el mes de febrero. Y no sólo eso, sino que también ocurrirá que millones de personas verán por televisión a un montón de deportistas desfilar en un estadio llenetico de gente y con una hoguera enorme que deberá estar permanentemente encendida durante los quince días que todos esos atletas competirán por ser los primeros y llevarse a casa una medalla de oro. Vamos, que este año vuelve a haber Olimpiadas.

Y es posible que sea precisamente porque nací en año olímpico, pero eso de la competición lo llevo en la sangre. Y no hablo ya de las carreras de motos en el parque con mis amigos, que también. Me refiero a que de un tiempo a esta parte me gusta competir absolutamente por todo. Aunque para ser más exacto y fiel a la realidad, a mí lo que me gusta es ganar. Si hay que ponerse el pijama tengo que hacerlo antes que Luca, que papá y que mamá. Quiero ganar. Si hay que beberse un vaso de agua, así me derrame la mitad por la camiseta, yo lo haré primero. Quiero ganar. Si hay que comerse el plato de lentejas al mediodía, las cucharadas más grandes serán las mías porque, puede que la digestión sea de órdago, pero yo acabaré el plato el primero. Quiero ganar. Si hay que lavarse las manos, yo correré raudo y veloz hasta el cuarto de baño, aunque por el camino tenga que apartar a algún primo usando posiblemente una técnica ilegal. No me importa. Yo lo que quiero es ganar. Y que nadie intente convencerme de que no hacerlo también es divertido porque no, no lo es. Que bonico me pongo cuando pierdo…

Mi mamá anda un poco preocupada por este giro que está tomando mi vida. Dice que es bueno querer superarse y tener ambiciones, pero que también hay que saber admitir que no siempre seré el mejor en todo. Que tengo que aprender a manejar la frustración y que no sólo cuenta llegar hasta arriba, sino también hacerlo de la manera correcta, sin trampas y después de un trabajo bien hecho. Sí, es que mi mamá a veces parece que está en medio de un seminario de psicología infantil… al cual por lo visto debería haber asistido en su más tierna infancia, que me ha contado un pajarito que ella no es que fuese precisamente el ejemplo del buen perdedor, ¿eh mami? Así que yo le digo que mejor se deja de sermones, ¡que esta astilla ha salido de un buen palo!

Cargaditos de juguetes

por Se el 11 de enero de 2012 en La vida de Leo, La vida de Luca

Vinieron los Reyes Magos, sí. Y como no podía ser de otra forma tratándose de dos angelitos como nosotros lo hicieron… ¡cargaditos de juguetes!

Habla Leo:

Todos los días deberían ser como el 6 de enero. Te acuestas la noche anterior hartico de coger caramelos en la cabalgata, con el estómago bien lleno después de unos buenos churros con chocolate y con la emoción de saber que a la mañana siguiente te encontrarás con un montón de regalos cortesía de los magos más enrollados de todo el mundo mundial, ¿verdad que es genial? Y lo mejor es que no hace falta expresar con palabras lo que se siente al abrir la puerta de tu salón y ver el tinglado que han montado en sólo unas cuantas horas (¿cómo lo harán en todas las casas del mundo? Ah sí, se me olvidaba que son magos…). Porque con sólo ver nuestra cara ya se adivina lo felices que nos hacen Sus Majestades de Oriente.

Este año he debido de ser un bendito, porque no sólo me han dejado lo que les pedí en mi carta sino también un montón de juguetes más. Por lo visto tengo la suerte de que allá en Algeciras mis titos también escriben una carta por mí a los Reyes dejando recado de que el pedido lo entreguen en mi casa, sin pagar portes adicionales ni nada, si es que son más majetes… Allí estaban el barco pirata del Capitán Garfio (que no de Peter Pan), los auténticos Buzz Lightyear y Woody, un juego de plastilina con todo el abecedario para modelar, una pizarra como la de mi seño Rocío con unas tizas y rotuladores que además decoran pijamas… ¡y hasta un jersey! Menos mal que acertaron con la talla…

Pero no sólo dejaron juguetes, no, también tuvieron el detallazo de obsequiarme con montón de bolsas de chuches, ¡cómo saben lo que me gusta!

Y lo mejor de todo es que este año casi todos los regalos eran del modo “abrir y usar”, que no veáis el rollo que es tener que esperar a que tu papá te los monte para empezar a disfrutarlos. Sólo tuvo que esmerarse con el barco pirata. Y es que lo de mi papá son los buques, sí, pero gobernarlos, no construirlos, que como él mismo dijo por poquitas tiene que llamar a los de la Bazán para que le echaran una manita. Menos mal que con un poco de paciencia y maña lo consiguió y por fin por la tarde pude jugar con él.

Y como cada año, en casa del abuelo nos esperaban más regalos.

A partir de ahora podré hacerle la competencia a mi tita Teresa con las tartas. La única diferencia será que las suyas parecerán de plastilina y las mías realmente lo serán. Y como este año el tema estrella son las letras, no podía faltar un libro precioso para seguir afianzando mis conocimientos del alfabeto. Y para pasar un buen rato… ¡dos puzzles gigantes!

En fin, como veis otra vez he vuelto a triunfar, ¡me encantan los Reyes!

Habla Luca:

Si algo he aprendido en estos casi ocho meses de vida es que muchas veces por más que se empeñen en explicarme cómo es algo hasta que no lo veo, pruebo o vivo yo mismo no consigo entender a que se están refiriendo exactamente. Me pasó por ejemplo con el mar, o con la comida sólida y he vuelto a experimentar la misma sensación con el tema de los Reyes Magos. Todos me habían dicho lo especiales que son y cómo consiguen hacernos felices a los niños dejándonos un montón de regalos, pero hasta que no me levanté mi primera mañana del 6 de enero y vi nuestro pequeño salón lleno de regalos y globos no comprendí lo increible que era aquello.


Yo ya había visto los juguetes, claro que sí, de hecho las visitas al Carrefour son una constante en nuetra vida. Pero cuando los encontré ahí colocaditos para mí para siempre, uf, ¡qué emoción! Había un cochecito para pasearme, un juguetito musical de animalitos para (ver si aguanto un poco más en) el parque, un abriguito, una alfombra musical, una lamparita que gira, gira y gira sin parar…¡un montón de cosas!

Además, aunque Leo de momento dice que soy demasiado pequeño para jugar con sus juguetes, yo ya le eché el ojo al barco pirata tan chulo que a él le trajeron, porque no todo va a ser heredar ropa de él, ¿verdad?

Lo que más me gustó fue sin duda mi cochecito para pasear y eso a pesar de yo soy más bien bracero, que eso de llevar mis posaderas en un asiento no es lo mío. Pero este vehículo es diferente, tengo libertad de movimiento, en él voy de cara al mundo y lo mejor de todo, me permitirá hacer carreras con Leo en el parque. Él en su moto, patinete, triciclo o lo que sea que lleve ese día y yo en mi vehículo papapropulsado.

Pero la cosa no quedó sólo ahí no, que después de dejar nuestro salón como la sala de pruebas de una fábrica de juguetes, fuimos a casa del abuelo a por más regalos. Sí, sí, ¡más regalos! Aún no me creo lo afortunado que soy. Allí me encontré un chupete de lo más propio para mí (uno que pone “Hola mamá”) con su portachupetes, un cochecito de madera, una mantita rana y lo que yo creía que era un caballito de madera, mi mamá un reno y al final resultó ser un alce, en el que por cierto, pueden montarse niños de todas las edades, ¿eh Leo?, ¿eh primos?

No sé si el día de Reyes será así de genial todos los años, pero vamos, yo por si acaso creo que voy a descartar lo de hacerme republicano y abiertamente voy a apoyar la monarquía, ¡y que vivan los Reyes Magos de Oriente!

¡Ya vienen los Reyes Magos!

por Se el 04 de enero de 2012 en La vida de Leo, La vida de Luca

Habla Leo:

Queridos Reyes Magos:

Aunque este ya sea el cuarto año que os escribo y probablemente me conocéis, sé que no está de más recordaos que soy Leo, el de La Torre. Sí, el mismo que el año pasado se convirtió en hermano mayor. Pero no en uno cualquiera, no, sino en el mejor del mundo mundial. Quiero un montón al pequeñajo de Luca (así es como se llama) lo entretengo, le hago reír, le pongo su chupe, ayudo cuando hay que descontaminarlo… Os digo todo esto para que no se os olvide la cantidad de cosas buenas que hago, que la experiencia me dice que la probabilidad de que me dejéis todo lo que os he pedido es directamente proporcional a lo bien que me haya portado. Por eso también os informo que he sido un buen estudiante, me he adaptado fenomenal al cole de mayores y allí estoy aprendiendo un montón. Y en casa, pues más de lo mismo, ayudo a poner y recoger la mesa, mis juguetes, me visto solito de forma más o menos aceptable… En fin, que si buscáis en el diccionario mágico la definición de “niño bueno” seguramente encontréis una foto mía.

Puede que si consultáis cómo ha sido mi comportamiento a otras personas os digan que a veces soy un poco borriquillo, que grito un montón cuando me enfado, que hago oídos sordos a ciertas órdenes, que soy como el aceite, que siempre tengo que quedarme encima y a lo mejor que hasta tengo la mano un pelín larga. Pero vamos, vosotros ni caso, eso son mitos sin fundamento sobre mi persona, leyendas urbanas que no se corresponden con la realidad. Así que espero que no las tengáis en cuenta y en vuestra infinita generosidad, me traigáis todo lo que os he pedido y lo que consideréis sea oportuno para mí, pues también. Os dejo con mi carta, ¿os habéis fijado que casi no me he salido al pintarla? Es porque puse mucho esmero en hacerla bien para vosotros, ya sabéis, ¿eh?

Vuestro viejo amigo,

Leo

P.D. lo de los chupes lo dejamos para otro año, ¿vale? Venga, vale.

Habla Luca:

Queridos Reyes Magos:

Me llamo Luca y tengo siete meses y medio. Esta es la primera vez que os escribo, porque claro, como es mi primera Navidad… Aún ando un poco impresionado con todo este tema: las luces, los adornos, las reuniones familiares, las cenas copiosas, trasnochar… Todo es nuevo para mí. Pero sin duda hay algo que me tiene realmente desconcertado y, bueno, perdonad que sea tan sincero y directo, pero sois vosotros. Es que según me han explicado sois unos magos que traeis juguetes a los niños la noche del 6 de enero. Lo primero que pensé cuando me enteré es, con todos mis respetos, que igual no escogísteis la mejor época del año para el reparto, que menudo frío debéis pasar en plena madrugada por mucho que estéis atareados entrando y saliendo de las casas. Tal vez hubiera sido mejor hacerlo en primavera, por ejemplo, cuando las noches son ménos fresquitas. Pero entonces mi mamá me explicó no sé qué de un niño que nació en diciembre y al que vosotros fuisteis a conocer y que además la primavera ya está pillada con una semana un poco santa o algo así. La verdad es que no la entendí muy bien, pero bueno, cuando te dicen que hay por ahí unos tipos que te dejan juguetes por todo el morro no hacen falta más explicaciones. Lo único, saber que todo esto se cumplirá siempre y cuando sea un niño bueno. Y vamos, a eso no me gana nadie, ¡si soy un bebé! ¿Qué maldad puede haber en mí? Pues está más que claro, ninguna. Porque el hecho de que me pase la vida en brazos y sea un poco llorón y cabreoso no cuenta, ¿verdad?

Mi hermano Leo, que en este tema ya es todo un experto, me ha ayudado a escribir mi carta. También mi mamá, que coloreó el arbolito por mí. El año que viene, que ya seré más mayorcito, prometo esforzarme en hacerla yo solito. Y como no, os aseguro que me portaré bien hasta que volváis de nuevo con otro cargamento de juguetes, ¡que me han dicho que nos vigiláis todo el tiempo!

Tened cuidado en vuestro viaje y abrigaos mucho, que luego vienen los resfriados y no me gustaría que acabárais hasta arriba de mocos vosotros también.

Vuestro nuevo amigo,

Luca

P.D. No hagáis caso de eso que dicen que yo ya tengo muchos juguetes de Leo, ¡nunca hay juguetes suficientes para un niño!

A cuatro patas

por Se el 02 de enero de 2012 en La vida de Luca

Acabamos de empezar un nuevo año, y aunque yo lo recibí durmiendo plácidamente en brazos de mamá, antes de caer sopa vi cómo los mayores se preparaban doce uvas por cabeza para comérselas cuando dieran las campanadas. Dicen que así se atrae la buena suerte para iniciar el año con buen pie. Y digo yo, ya puestos a empezar el 2012 a lo grande, ¿por qué hacerlo sólo con un pie? ¿Por qué no hacerlo a cuatro patas? Pensadlo, ¡así la fortuna se multiplicaría por cuatro! Para que luego digan que soy demasiado pequeño para tener ideas brillantes… Así que, pregonando mi propia filosofía, de esa manera es como he decidido dar la bienvenida al año nuevo.

Por lo visto ese es el primer paso para adentrarse en el liberador mundo del gateo. Que no sé yo por qué con la cantidad de animales cuadrúpedos que existen tuvieron que asociar esa forma de desplazamiento tan nuestra con los mini felinos… Puede que sea porque como la persona que nos corte las uñas se descuide lo más mínimo acabemos arañando como un minino, y no miro a nadie… En fin, el caso es que desde hace unos días vengo practicando lo de apoyar las rodillas en el suelo y levantar el culete, que oye, eso en mi caso tiene un mérito enorme, porque a la coordinación de movimientos que exige hay que sumar además la fuerza que se necesita para elevar esas carnes mías. De momento soy capaz de mantener esa postura por algún tiempo, no demasiado porque al final me cabreo de no poder avanzar y acabo pegando el barrigonazo en el suelo. Pero ahí, en plan serpiente, sí que puedo desplazarme a izquierda y derecha, hacia delante y hacia atrás, siempre claro está en busca de algún objetivo: un juguete, el borde de la cama, a mamá… La verdad es que eso es lo peor de esta fase previa a la independencia, que supone no estar en brazos y eso… eso no lo llevo demasiado bien. Por eso no sé hasta qué punto debo profundizar en lo de ponerme en plan gato, a ver si al final los mayores van a ver en ello la excusa perfecta para no llevarme todo el día como a un koala, ¡con lo que a mí me gusta eso!

2011

por Se el 31 de diciembre de 2011 en La vida de Leo, La vida de Luca

Se va el año en el que el cole de mayores entró en nuestras vidas, el año de los paseos en vehículos varios y en fulares naranjas, el año en que dijimos adiós a los pañales de la talla 5 para sustituirlos por otros de recién nacido porque sí… ¡se va el año en el que nuestra pequeña familia creció!

2011 será un año inolvidable para nosotros, lleno de juegos al despertar cada mañana, de risas con papá y mamá, de nuevos descubrimientos, de enormes avances, de amigos de acá y de allá, de sueños hechos realidad… sí, ha sido un buen año y lo recordaremos toda la vida con muchísimo cariño.

Al 2012 le pedimos sobre todo salud, salud para nosotros y para todos los que queremos, que son muchos. Que no falten los buenos momentos, el trabajo, los besos, las fiestas y las aventuras. Que sea un año lleno de diversión y alegrías y que dentro de 365 días lo despidamos con el mismo buen sabor de boca con que decimos adiós a este 2011.

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

Objetivo de mamá para el nuevo año: Conseguir una foto decente de los dos hermanos juntos ;)

A mi manera

por Se el 29 de diciembre de 2011 en La vida de Leo

Sé que muchos pensarán que a mis casi tres años y medio aún soy demasiado pequeño para tomar decisiones o saber qué es lo que quiero en cada momento. Pues dejadme que os diga que todo el que sea de esta opinión se equivoca de cabo a rabo. Suy un chico con carácter, eso creo que ha quedado ya demostrado en más de una ocasión. Me gusta que las cosas se hagan cuando y dónde yo quiera y que se hagan… a mi manera.

Poco me importa, por ejemplo, que mis papás me digan una y otra vez cómo han de lanzrse los bolos en la wii, nuestra entretenta familiar en las tardes (muy) aburridas del invierno. yo tengo mi técnica particular para hacerlo. Puede que no sea la más ortodoxa del mundo, pero es igual de válida, y lo que es más importante, de efectiva. Porque sí, amigos, con este orquestado hipermovimiento de brazo, aquí el que escribe ha sido capaz de hacer hasta seis plenos (cuatro seguidos) en una sóla partida.

Y aunque insistan en que para ponerme el abrigo no es necesario que antes barra el suelo con él, a mí me gusta hacerlo como me han enseñado en el cole. Y qué que se ensucie, para eso está la lavadora, ¿no?

Así que tomad nota, papás del mundo, que no porque seamos pequeños nos falta criterio propio. Por eso cuando insistamos en hacer algo a nuestra manera, dejadnos, que de esta forma ganamos confianza y mejoramos nuestra autoestima. Y qué porras, ¡porque nos gusta!

Un novato de la Navidad

por Se el 27 de diciembre de 2011 en La vida de Luca

Lo sé, soy como el borriquillo del villancico. Mejor voy arreando… ¡que se me está haciendo tarde! Que ya ha pasado la lotería, la nochebuena, el día del gordito de rojo, nos encaminamos vertiginosamente a fin de año y yo aún no he hablado de la Navidad, ¡mi primera Navidad! No, no, eso no puede ser, que la primera vez de todo siempre es especial y por tanto hay que contarlo, a pesar de todo el rollo ese que dicen de que soy demasiado pequeño para darme cuenta de lo que pasa. Pero vamos, hasta donde yo sé la edad no es incompatible con tener ojos en la cara… Y es que estos días casi todo entra por la vista: las luces de las calles, los adornos en casa, los juguetes en las tiendas… Aunque no hay que descartar el resto de los sentidos. Por ejemplo, gracias a mi desarrollado oído estoy pudiendo escuchar cancioncillas típicas de esta época, como esa la del Burrito Sabanero que Leo canturrea de vez en cuando mientras hace cualquier cosa. Lástima que el del gusto aún lo tenga limitado, porque ya he visto cada cosa por ahí que la boquita bidentada se me ha hecho agua. Ese jamón, esas gambas… desde luego, estos mayores sí que saben organizar fiestas de cumpleaños. Porque lo de la nochebuena es un cumpleaños, ¿verdad? Sí hombre, de un niño me han dicho, uno que por lo visto es un suertudo porque ya han pasado más de dos mil años desde que nació y la gente aún se reúne para homenajearlo. Se nota que era chico porque de haber sido niña seguro que hubiera parado la cifra allá por los 30, je, je, je.

Pues bien, nosotros celebramos el cumple en casa de mi tita en Algeciras. Esta vez el viaje ha sido relámpago, apenas 48 horas pero muy bien aprovechadas. No sé por qué mis papás no me sacan más por ahí, porque la verdad es que esto de cambiar de aire me sienta fenomenal. Puede que lo que les asuste sea el viaje en sí, tantas horas con el culo pegado a una silla no es lo mío, pero vamos, nada que no pueda arreglarse con la entretenta que pueda proporcionar un DVD, un hermano gracioso, unos globos, un libro de plástico, un juguete de luces y sonidos, unas llaves, una botella de agua medio llena, un cable o… ¡unos gusanitos! Que mira que se han hecho esperar (más que con Leo), pero por fin el día de nochebuena en un punto indeterminado de la AP-45 probé mis primeros gusanitos. Bueno, yo, mi silla, mi camiseta, mis cejas, los lóbulos de mis orejas y hasta mis calcetines. Así que nadie se escandalice si digo que mi mamá me dio cinco de esos palos salados, que hay que quitarle todo lo que dejé por ahí pegado. Pero oye, ¡cómo los disfruté!

Y ya puestos a destacar las últimas novedades gastronómicas, ahí va otra: ¡ya he probado la papilla! Sí, por fin mi mamá se decidió a empezar con el cuchareo y desde el día 19 en que debuté me tomo cada noche un rico preparado de cereales sin gluten mezclados con su leche. Lo bueno de haber empezado tan tarde (dice ella) es que ya no tengo ese reflejo tan divertido (añado yo) de escupirlo todo, así que de momento salimos más o menos airosos del momento papilla, que todo hay que decirlo, está bastante buena.

Así que ahí voy, experimentando cada día nuevas cosas. Lo mismo me da que sean unas fiestas llenas de ilusión, un grupo alimenticio diferente o alguna nueva destreza. Y dicen que pronto descubriré también lo que son los Reyes Magos, unos tipos que al parecer traen un montón de juguetes a los niños. No veo el momento, ¡qué nervios!

¡Feliz Navidad!

por Se el 24 de diciembre de 2011 en La vida de Leo, La vida de Luca

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